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DE TÚ CASA

VI-OCT-03

Cuando Marx y Freud se abrazaron

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Hemos descubierto al enemigo; somos nosotros mismos

Pogo

 

El tercer milenio de la era cristiana se ha iniciado frente a un panorama complejo, de pronóstico reservado, como un crucigrama lleno de casillas en blanco y preguntas capciosas.  Pero, analizados los acontecimientos con la simple lógica que el cristianismo nos ha enseñado durante dos mil años, podemos extraer lecciones claras y valiosas:

 

La medición del tiempo es imprecisa en los calendarios ideados por el hombre para tasar su propia temporalidad. Los acontecimientos son gotas insignificantes en el gran océano de la eternidad. El tiempo es relativo a la velocidad; el futuro se hace presente y cruza al pasado raudamente porque el hombre posmoderno vive de prisa. Hoy todo es rápido: el ya casi se transforma en el ahora y el ahora en el ya fue en una intemporalidad incomprensible y angustiosa.

 

El 11 de septiembre del año 2001 ha sido marcado con fuego como un hito en el humano caminar hacia la muerte, ese puerto final donde no hay fechas, ni calendarios, ni milenios, ni instantes, ni minutos, ni eras, ni siglos, ni semanas.  Solo la edad de Dios que es la eternidad.  Destinado a  vivir en ella, el hombre solo tiene dos opciones voluntarias en la disyuntiva dramática de su interminable porvenir que es el eterno presente: o está con Dios para siempre, o separado de Dios por siempre.

 

Es en este punto focal donde las cosas que ocurren adquieren contenido y significación.  Por eso existe la profecía, el oficio de indagar en la Mente Divina los signos de los tiempos y darlos a conocer a quienes pueden beneficiarse con el diagnóstico de las señales cifradas que el Sí Mismo nos envía desde más allá del Cosmos para ayudarnos en nuestra debilidad e ignorancia.

 

Varios profetas advirtieron que pasaría lo que ha pasado, pero no les prestaron atención.  Las gentes posmodernas como en los tiempos de Jeremías, se procuran profetas que les digan lo que quieren oír y no lo que Dios les manda a decir. Por eso, aquel fiel siervo del Señor vio transformadas sus profecías en lamentaciones. Como hoy David Wilkerson y Billy Graham.

 

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, páginas 145-146)

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VI-OCT-02

La Conexión Misteriosa | Símbolos y Médiums

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Stephan Mallarmé fue el gran mentor de los simbolistas, y es fácilmente detectable su similitud con las actuales técnicas de la Nueva Era.  En su Tratado del Verbo, leemos:

 

La A es negra, la E blanca, la I roja, la U verde y la O azul.  La A corresponde al órgano y expresa la monotonía, la duda y la sencillez.  La E expresa lo que las arpas, esto es, la serenidad.  La I hace el oficio de trompeta y produce el sentimiento de la gloria y la ovación.  La O es el violín y nos impresiona con la plegaria y la pasión.  La U es la flauta y da el resultado de la ingenuidad y la sonrisa.

 

Mallarmé dijo que los artistas son antenas que reciben mensajes del más allá y los transmiten en símbolos humanos.  Dicho en términos ocultistas, el simbolismo poético era (¿o es?)  una mediumnidad, idea tomada de la mitología griega que llamó musas a los espíritus guías de los artistas.  Los simbolistas fueron muy excéntricos: su antecesor Edgar Allan Poe, especialista de cuentos terroríficos con almas en pena y posesiones demoníacas, murió de delirium tremens y su cadáver, lamentablemente, fue hallado junto al basurero de Nueva York; otro de sus precursores, el marqués de Sade, dio origen a la palabra que define una penosa aberración: sadismo. Algunos de estos artistas eran homosexuales e hicieron vida en común. En una ocasión Paul Verlaine disparó sobre el llamado ‘niño terrible’ Arthur Rimbaud. Los apodados ‘poetas malditos’ eran, por lo general, opiómanos, que hoy llamaríamos drogadictos; y su gran estrella, Charles Baudelaire, escribió Las Flores del Mal,  libro en el cual figura un poema de título escandaloso: Oración a Satán.  Fue el propio Baudelaire quien dijo que la mayor argucia del diablo es convencernos de que no existe.

 

Este contacto artístico con el reino de tinieblas fue palpable en militantes de otros movimientos de vanguardia.  Por ejemplo, gran agitación produjo José Carducci con su Himno a Satanás, de un naturalismo panteísta contra las disciplinas religiosas; y a Héctor Berlioz, emblema del pentagrama impresionista, especialmente por su Sinfonía Fantástica, un sector de la crítica lo llamó abiertamente ‘el músico del diablo’.  Preocupa, por lo tanto, (no hay para que disimularlo)  un cierto tipo de iluminados que se infiltran en grupos cristianos a transmitir mensajes que provienen del más allá.  Pero, ¿de cuál sector del más allá?

 

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Reto de Dios, páginas 164-165)

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VI-OCT-01

La Conexión Misteriosa | Contextualización

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Durante dos mil años de actualista vigencia el cristianismo ha demostrado su capacidad para contextualizarse culturalmente, sin renunciar a su esencialismo. Jesús realizó su trabajo dentro del contexto cultural de su tiempo, pero sus enseñanzas permanecen inalterables a través de la historia y en todas las culturas. ¿Qué hizo  Pablo? Contextualizar el mensaje cristiano dentro del marco cultural grecolatino. Ahora bien, la contextualización no debe consistir en que la cultura «inficione» a la iglesia, sino en que ésta utilice los elementos de cada época y sociedad para orientar la historia.

 

Lamentablemente, las modas han logrado afectar a la iglesia; los grandes movimientos de vanguardia que se iniciaron en el último cuarto del siglo XIX la afectaron profundamente, sin percatarse.  El 1886 es un año clave: durante él nacen los dos más grandes teólogos modernos, Karl Barth y Paul Tillich; y, simultáneamente, Jean Moreas publica en Le Figaro de París el Manifiesto Simbolista, punto de partida de toda la ebullición artística mundial hasta la frontera de la postmodernidad.

 

No fueron los teólogos liberales, como podría pensarse a la ligera, quienes causaron la lesión más grande a la Iglesia, sino algunos fundamentalistas proclives al manifestacionismo. No en balde el despertar de los carismas, hace ya un siglo, coincidió con el auge de las ciencias psíquicas, que originaron, a su vez, la decadencia artística.

 

REALISMO FANTÁSTICO

En Latinoamérica, concretamente, toda la cultura está impregnada del realismo mágico, el célebre movimiento literario que produjo la explosión de las décadas de los sesenta y setenta, con Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar y demás brillantes novelistas de la región. La Iglesia Evangélica no ha sido ajena a esta influencia, ya que su acción poco pragmática y, más bien, contemplativa, ha tenido incursiones al mundo de la fantasía.

 

Entre los escatólogos hubo quienes dieron sermones sobre una plataforma espacial de dimensiones insospechadas que servía de contenedor a la Jerusalén que Juan vio descender del cielo, y describieron sus calles de oro, su mar de cristal, sus puertas de piedras preciosas y demás detalles pertinentes, en narraciones como para Premio Nobel. No pocas manifestaciones sobrenaturalistas de corte profético hacen recordar a los surrealistas, antecesores del realismo mágico, y aún a los simbolistas, inmediato antecedente del surrealismo.  Hay que llegar al fondo de este asunto, si queremos contextualizar al cristianismo en la formativa y compleja cultura posmoderna latinoamericana.

 

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Reto de Dios, páginas 162-164)

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VI-SEP-04

La Conexión Misteriosa

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Este no es un libro de crítica literaria ni artística, pero debe ocuparse de esos temas para completar su marco teórico.  Cerrar ojos y oídos a las expresiones culturales que la circundan, ha hecho de la Iglesia Evangélica un jugador de fútbol en permanente off-side, con un récord de goles anulados. Además, su ignorancia del smog medioambiental, hace que lo respire y se intoxique con él sin darse cuenta. Quienes no nacimos dentro de la nube de gracia sino llegamos a ella desde afuera, percibimos cosas que pasan inadvertidas a los evangélicos nativos; y es nuestra obligación compartir tales observaciones, con la humilde esperanza de que haya buena voluntad en quienes las reciben. Gran parte de los fenómenos que hoy afronta la iglesia cristiana procede de una incomprensión sobre las relaciones entre el cristianismo y la cultura.

 

* El sobrenaturalismo, en el cual forman mayoritariamente gentes supersticiosas, menosprecia lo cultural.

* El  naturalismo, integrado sobre todo por materialistas, lo sobrevalora.

 

Valdría la pena, colocar las cosas en su sitio adecuado. Veamos:

 

* El cristianismo no es cultural. Pretender que la fe hace parte de la cultura es una negación de la trascendencia divina sobre el acontecer humano.

* El cristianismo no es anticultural. Sostener que la fe contradice a la cultura, debe atacarla o menospreciarla, es invalidar la eficacia del cristianismo para encauzar la sociedad.

* El cristianismo no es transcultural. Transculturización es mestizaje.  O sincretismo, si se prefiere esta palabra. Es lo que ha hecho el catolicismo romano al introducir ornamentos, liturgias y creencias paganos en su sistema. Es el camino que empiezan a tomar algunos grupos derivados de la Reforma.

* El cristianismo no es acultural. Predicar la indiferencia de la fe frente a la cultura es invalidar la responsabilidad cristiana para producir cambios sociales.

 

Es indispensable hacer una lectura cristiana de la realidad pagana, como la Teología moderna lo propuso hace ya medio siglo.

 

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Reto de Dios, páginas 161-162)

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VI-SEP-03

Apocalipticismo y Esperanza | El Ahora

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El dogma cristiano es la Segunda Venida del Señor, y no el cuándo de tal evento. Por tanto, deberíamos vivir cada día como si el Señor viniera hoy mismo, pero trabajar como si tardara mucho aún en venir. No sintamos enfermiza compulsión por el final de la escatología -lo que podría llamarse ‘las cosas últimas de las últimas cosas’- sino construyamos cada día escatológicamente, sin pasar por alto que el judeo-cristianismo es el único grupo humano que tiene escrita la historia de su pasado y escrita ya, también, la historia de su futuro.

 

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras jamás pasarán. 

Mateo 24:35.

 

Espectáculo lamentable protagonizan, en el muy normal comienzo del tercer milenio, los profetas de desastres que, durante la segunda mitad del siglo XX, gastaron tiempo y energías en vaticinios aterradores que finalmente no se cumplieron sobre rapto, anticristo, marca de la bestia y gran tribulación. Ahora, ¿de qué predicarán? Aprovechando sus experiencias, podrían hacerlo con la misma temática, pero bajo una óptica distinta. Los errores de buena fe son fácilmente corregibles, y de ellos, con sincera humildad, todos aprendemos lecciones excelentes, a través de un adecuado actualismo profético. Ningún ahora es permanente, pero lo permanente es una sucesión de ahoras.

 

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Reto de Dios, páginas 159-160)

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VI-SEP-02

Apocalipticismo y Esperanza | Señales y Advertencias

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Este razonamiento no elimina el factor profético de la escatología, sino lo mira como culminación de un proceso ininterrumpidamente actualista que se halla en marcha y  nunca se detiene.  En esta óptica, la profecía es diaria.  Más aún, continúa.  Cada átomo de tiempo aquí y ahora contiene un elemento escatológico. ¿Profecía actualista?. La escatología cristiana no es sólo un estudio del futuro, sino algo que viene del pasado, pues se gesta en la cruz misma del calvario, florece en la resurrección y atraviesa las edades  -milenio a milenio, siglo a siglo, año a año, mes a mes, día a día; aún más, hora a hora, minuto a minuto y segundo a segundo- construyendo el futuro.  Como quien dice, construyéndose a sí misma.  Actualismo futurizador.

 

Lástima que los grandes textos escatológicos, y comenzando por Apocalipsis, hayan sido manoseados por neófitos que literalizan lo simbólico, simbolizan lo literal, vuelven histórico lo virtual o virtual lo histórico;  refunden y confunden lo judío con lo cristiano y lo cristiano con lo gentil, originando un caos de imprecisiones, que siempre son desmentidas por el rigor divino dentro de la historia, pero sirven a un propósito satánico de confusión.

 

En todo caso, hay que procurar un equilibrio que no elimine el sano y profundo examen de tales textos a la luz de las señales dadas por Jesucristo para el tiempo final, y para el tiempo más allá del tiempo, cuando habrá, sin dudas, nuevos cielos y nueva tierra.  Pero convendría examinar también, y sobre todo, las advertencias:

 

Tengan cuidado de que nadie los engañe.

Mateo 24:4.

Pero en cuanto al día y la hora, nadie lo sabe, ni siquiera los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre.  Mateo 24:36.

Por lo tanto, manténganse despiertos, porque no saben qué día vendrá su Señor.

Mateo 24:42.

El día en que el siervo menos lo espere y a la hora menos pensada el Señor volverá.

Mateo 24:50.

 

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Reto de Dios, páginas 158-159)

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VI-SEP-01

Dios Como Hijo del Hombre

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La idea de la deificación humana tomó fuerza durante el siglo XIX. Incluso el Libertador Simón Bolívar -producto típico de la Revolución Francesa, liberal y masón- llegó a sugerir que en Jesucristo se había dado “la asunción del hombre en Dios”. Otros hablaron de la “cristificación” que consistiría en un auto-deificarse el ser humano, tal y como, supuestamente, Jesús de Nazaret lo había logrado. La mal llamada “nueva era”  insiste hoy en posibilidades similares. Sin embargo, «Nadie ha subido jamás al cielo sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre». (Juan 3:13)

 

El gran misterio es la humanización de Dios, no la divinización del hombre; y no consiste, de ningún modo, en que el efecto-hombre se convierte en su causa-Dios, sino en que el Creador se hace criatura. No se olvide que Jesús es hijo adoptivo de José; lo cual significa, en otras palabras, que Dios se hace adoptar como Hijo del hombre para que el hombre pueda ser adoptado como hijo de Dios. Esa es la clave.

 

La única diferencia esencial entre Jesús de Nazaret y los demás hombres, sus hermanos, es que él fue tentado, como todos sin excepción, pero permaneció impecable. Sobre este tópico resulta apropiada la aclaración de Charles Ryrie: «Cristo no pudo pecar: no significa meramente que Cristo pudo no pecar.

 

» Objeción: Si Cristo no podía pecar, no pudo haber sido tentado en realidad  y, por tanto, no pudo ser un sumo sacerdote capaz de compadecerse  (Hebreos 4:15).

» Respuesta: La realidad de la prueba no se basa en la naturaleza moral del que es tentado; y la posibilidad de compadecerse no depende de corresponder exactamente en el resultado del problema planteado, con el resultado que tuvo en otra persona.

» Resultados: 1. La tentación probó la impecabilidad de Cristo. 2. También hizo de Él un sumo sacerdote que pudiese compadecerse”.

 

El apóstol Pablo recela de las genealogías, pero nadie puede retirarlas del texto sagrado; si el Espíritu Santo las puso allí algún objeto tienen, pues ni una tilde sobra en la Palabra de Dios. En el Antiguo Testamento son prolijas y, a veces, aburridas de leer, pero gracias a ellas conocemos los remotos orígenes de las sociedades humanas. Conviene destacar cómo en el linaje de Jesús de Nazaret figuran sobresalientes pecadores: asesinos, perjuros, prostitutas, polígamos, idólatras, adúlteros, incestuosos…

 

¡Oh, misterio del amor de Dios, cuya Segunda Persona no quiso ser de mejor familia que ninguno de los vástagos del desventurado Adán! .En realidad, no podía hacerlo, si es que había de ser hombre verdadero. Quizás por eso, el título que prefirió durante su ministerio terrenal fue, precisamente, el de Hijo del Hombre.

 

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 157-159)

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VI-AGO-05

Dios Como Hijo del Hombre

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Se trata, pues, de un hombre con todo lo que tal condición implica. De hecho, una revisión cuidadosa de su biografía, dada en los libros del Nuevo Testamento, arroja completa luz al respecto. En primer lugar, es evidente que nació de una mujer, lo cual informa Pablo (Gálatas 4:4). Todo el  que es parido de un vientre femenino es, necesariamente, un ser humano. Además, no cabe duda de que crecía física e intelectualmente, como lo atestigua el famoso médico de Antioquia: «Jesús siguió creciendo en sabiduría y estatura, y cada vez más gozaba del favor de Dios y de toda la gente». (Lucas 2:52)

 

Soportaba, sin lugar a dudas, todas las limitaciones propias de la naturaleza humana y compartía los problemas ordinarios que todos enfrentamos sin remedio. Su famoso encuentro con la mujer samaritana no deja dudas al respecto (Juan 4:6,8) Veamos algunas cosas significativas:

 

  • Se cansaba: “Fatigado del camino” (v.6)
  • Sentía hambre: “Sus discípulos habían ido al pueblo a comprar comida”. (vv.7,8)
  • Padecía sed: “En eso llegó a sacar agua una mujer de Samaria y Jesús le dijo: —Dame un poco de agua” (vv.7,8)

 

Hay otros relatos en los cuales la humanidad de Jesucristo es patente, a menos  que quien los recibe sufra de sordera, en cuyo caso es innecesario cualquier intento de convicción. Hay que  lograr, antes, que los oídos se abran a la evidencia. Ciertamente, “no hay peor sordo que el que no quiere oír”. He aquí dos datos irrefutables:

 

—Primero: Se airaba. Un día entró al templo con un látigo en la mano, expulsó a los mercaderes religiosos, regó por el piso el dinero de los negocios piadosos y volcó la estantería estrepitosamente. (Juan 2.15). La ira es, ciertamente, una emoción humana, que llega a ser pecado solo cuando no hay justicia plena en su motivación.

—Segundo: Lloraba, lo cual hizo, para citar un ejemplo ya analizado en este libro, cuando se detuvo ante la tumba de su amigo Lázaro. (Juan 11:35). No se diga que el llanto no es algo propio del ser humano, aunque alguien pudiera argumentar que existen también, las llamadas “lágrimas de cocodrilo”.

 

Jesús de Nazaret es, pues, un hombre integral  dotado de espíritu, alma y cuerpo, como queda  claro en varias porciones bíblicas que resuelven el tema satisfactoriamente. Hemos visto que  tenía un cuerpo físico (soma) que se cansaba, sentía sed y hambre;  estaba dotado de un alma (psyche), que lo hacía llorar y airarse, y que,  también, lo llevaba a la depresión: “Es tal la angustia que me invade que me siento morir”. (Mateo 26:38).

 

Para completar el cuadro, estaba dotado de un espíritu humano, lo cual es evidente cuando, en el momento de su muerte en la cruz, le entrega su espíritu (pneuma) al Padre (Lucas 23:46). Ahora bien, la clave reina de su humanidad es que pudo morir.

 

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 156-157)

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VI-AGO-04

Dios Como Hijo del Hombre

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Los escritores del Nuevo Testamento le salieron al paso, con gran diligencia,  a toda pretensión deshumanizadora del Hijo de Dios. El apóstol Juan, por ejemplo, escribe su primera epístola para refutar a quienes veían en Jesús un ángel o un eón despojado de humanidad aunque pareciera o apareciera en forma humana: él  mismo, personal y directamente, lo vio, lo oyó y lo palpó a través de sus órganos de los sentidos. «Lo que ha sido desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que hemos contemplado, lo que hemos tocado con las manos, esto les anunciamos respecto al Verbo que es vida» ( 1 Juan 1:1)

 

Más adelante, el propio Juan entrega una clave infalible para identificar a los falsos profetas, que en su época abundaban y hoy constituyen un fenómeno que ha pasado rápidamente de epidemia a endemia y ya va para pandemia. ¡Hay que vacunarse  de inmediato! El apóstol trae la jeringa lista en la mano: «Queridos hermanos, no crean a cualquiera que pretenda estar inspirado por el Espíritu, sino sométanlo a prueba para ver si es de Dios, porque han salido por el mundo muchos falsos profetas. En esto pueden discernir quién tiene el Espíritu de Dios: todo profeta que reconoce que Jesucristo ha venido en cuerpo humano, es de Dios». (1 Juan 4:1,2)

(La clave maestra que descifra al profeta auténtico es reconocer que el Cristo ha venido en cuerpo humano).

 

Los enemigos de Jesús no encuentran límites: unos atacan su divinidad y otros, su humanidad, sin darse cuenta de que, en muchos casos, los unos terminan refutando a los otros sin remedio. En efecto, hay quienes al negarle a Jesús su humanidad le reconocen su divinidad; y quienes, al no aceptarlo como divino, terminan  reconociéndolo como humano.

 

Este último es el caso de Ernesto Renán en su popular Vida de Jesús, que intenta un relato escueto de lo que el autor considera científicamente comprobable sobre el Nazareno. Con el rigor analítico propio de la crítica histórica positivista, el especulador francés despoja al personaje examinado de todo contenido milagroso y divino, pero concluye su ensayo con una afirmación que no puede pasar inadvertida: «Jesús no será superado. Su culto se rejuvenecerá sin cesar; su leyenda provocará infinitas lágrimas, sus sufrimientos enternecerán los mejores corazones; todos los siglos proclamarán que entre los hijos de los hombres no ha nacido ninguno más grande que Jesús».

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 154-155)

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VI-AGO-03

Dios Como Hijo del Hombre

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Curiosamente, ninguna de las dos genealogías menciona a Joaquín ni a Ana, considerados por cierta tradición oral como padres de la virgen María. Para evitar “irse por las ramas”, conviene atender a san Pablo cuando le recomienda a Timoteo no prestar atención a “genealogías interminables” que “provocan controversias”. (1 Timoteo 1:4)

 

Ahora lo importante es establecer en forma clara la humanidad de Jesucristo. Deja graves preocupaciones intelectuales el hecho de establecer que Él es Dios y aceptar, al mismo tiempo,  que pueda ser un hombre con todo lo que tal condición implica. Un hombre limitado no puede ser Dios; el Dios ilimitado no puede ser hombre. Cómo será de grave la cosa que, incluso las mitologías, llamaron solo ‘semidioses’ a algunos seres humanos extraordinarios, especialmente los héroes.

 

Alguien preguntaría: ¿se hace criatura el creador? Entonces, Edison podría ser una bombilla, Graham-Bell un teléfono, Goodyear un neumático, Gillette una afeitadora y Darío Silva-Silva un  libro. Es una broma, claro, pero esa clase de puerilidades y otras similares suelen   escucharse en un mundo gobernado por el más crudo materialismo, donde suelen confundirse los conceptos de inventor y creador.

 

Con todo, es necesario reconocer que ha habido muchos comentaristas, desde los tiempos iniciales del cristianismo, empeñados en demostrar que Jesús de Nazaret es un ser sobrenatural sin ninguna característica natural. No pocos han afirmado que Él es Dios pero no Hombre.

 

Los antiguos gnósticos fueron —y los que hoy subsisten son— enconados negadores de la “humanización de Dios”. Para ellos, el cuerpo es esencialmente malo y, por lo tanto, un “espíritu superior”, —en este caso Dios mismo—, no podría tener esa clase de habitación. Pero, un poco antes de la encarnación de Jesucristo, los esenios ya insinuaban al cuerpo humano como “templo del Espíritu”, lo cual vino a concretarse en el misterio de la encarnación.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 153-154)

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