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Darío Silva-Silva

VI-JUN-01

Toda la luz en una lámpara P3

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Como ya lo hemos señalado, todas las religiones falsas contienen algún esbozo de la religión verdadera. Entre los persas, por ejemplo, el dios Ahura-Mazdá encarnaba el bien, la belleza y el conocimiento; por oposición, Ahrimán, personificación del mal, era el príncipe de las tinieblas. La adoración pagana del sol nace del deseo inconciente de rendir culto a la luz. Eso ocurría con el antiguo Ra de los egipcios, hoy recurso de crucigramistas apurados.

 

La palabra ‘luz’, en todas las culturas de todas las épocas, supera lo físico para adquirir categoría de un ideal que ilumina, no ya  las cosas materiales, sino los espíritus. A fines de la Edad Media, cuando se pusieron de moda en España las ideas del pensador árabe Averroes, el rabino sefardita Hasday Crescas produjo su obra maestra ‘La luz del Señor’, que criticaba severamente la metafísica y el aristotelismo, para darle un reconocimiento expreso a los derechos del corazón.

 

Es precisamente en el corazón donde reside lo que los cuáqueros llamaron “la luz interior”, esa pauta divina que le permite a toda persona, en forma natural, distinguir lo bueno de lo malo, lo falso de lo verdadero, la virtud del pecado. Aún los gentiles, dice san Pablo, “llevan escrito en el corazón lo que la ley exige” (Romanos 2:15)

 

Ahora bien, la Luz con mayúscula produce luz con minúscula. Lo que los científicos materialistas no han podido explicar es el fiat lux, la operación primigenia del Logos.  El astrofísico vietnamita Trinh Thuan, en un reportaje para la revista ‘Paris Match’, hizo afirmaciones sorprendentes:

 

“La cosmología moderna (el estudio del universo en su conjunto) ha

impuesto la idea de una creación original y la cuestión de la existencia de

un Creador se plantea inevitablemente. En efecto, nosotros sabemos ahora

que el universo tuvo un comienzo, por el ‘big bang’. Pero ¿cómo todo esto

ha evolucionado? A esta pregunta algunos prefieren responder: “por azar”

Por  mi parte, considerando la fabulosa precisión de los mecanismos que

precedieron la evolución del universo para desembocar en el hombre, yo

prefiero situarme abiertamente  en el campo de los que creen en la

hipótesis de un Creador”.

 

El doctor Thuan es autor de un libro de vasta circulación a finales de los años ochenta: ‘La melodía secreta’, en el cual sostiene que el hombre y el universo deben considerarse en estrecha simbiosis: “si el universo es tal como él es, es porque el hombre está hoy en él para observarlo y plantearse preguntas”. La conclusión del científico vietnamita tiene un aire poético: “Más allá del universo en expansión, se percibe a Alguien tocando en un violín una melodía secreta”.

¿La ‘música de las esferas’ de  Pitágoras?

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 172-174)

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VI-MAY-05

Toda la luz en una lámpara P2

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Hallaremos una buena clave si recordamos lo ocurrido en el templo de Jerusalén unos treinta años atrás. Un anciano justo llamado Simeón esperaba ansiosamente la redención de su pueblo; y, claramente, el Espíritu Santo le había revelado que no moriría sin conocer al Mesías prometido por los profetas. Cuando el niño Jesús fue llevado al templo para circuncidarlo, Simeón lo tomó en sus brazos temblorosos y pronunció estas solemnes palabras: «Según tu palabra, Soberano Señor, ya puedes despedir a tu siervo en paz. Porque han visto mis ojos tu salvación, que has preparado a la vista de todos los pueblos: luz que ilumina a las naciones y gloria de tu pueblo Israel». (Lucas 2:29-32)

 

Imagino la reacción de algún farsante religioso presente allí:

 

—Oye, viejito, ese bebé nació en condiciones muy precarias, en un establo, entre una mula y un buey. ¿Cómo puedes pensar que es el Mesías? Francamente ya te está afectando el mal de Alzheimer, Simeón… “Luz que ilumina a las naciones”, ¡vaya despropósito!

 

Ya hemos explicado qué es el Logos, la palabra creadora en acción continua. Ahora tenemos una clave adicional: la palabra es la misma luz, conclusión a la que se puede llegar al comparar Génesis 1:4 y Juan 1.4. El primer acto de la creación consiste en que Dios ordena por medio de su Palabra que haya la luz y así sucede; pero hay un detalle que no debe pasarse por alto: la Palabra, es decir, el Verbo —Logos— era Dios desde el principio y  “en él estaba la vida, y la vida era la luz”.

 

«Esa luz verdadera, la que alumbra a todo ser humano, venía a este mundo.

El que era la luz ya estaba en el mundo, y el mundo fue creado por medio de él,

pero el mundo no lo reconoció»

(Juan 1:9,10)

 

Ahora tenemos la luz, toda la luz, enfrascada dentro de una bombilla humana que se llama Jesús de Nazaret. Se nos ha enseñado en el colegio, en las clases de física elemental, que el comportamiento de los cuerpos frente a la luz permite considerarlos como reluctantes o absorbentes, según la rechacen o la asimilen. Espiritualmente ocurre lo mismo: a Jesucristo lo asimilamos o lo rechazamos sin términos medios. No puede suceder de otra manera ya que Él es la luz. Frente al Jesús-Luz, ¿qué somos: absorbentes o reluctantes?

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 171-172)

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VI-MAY-04

Toda la luz en una lámpara P1

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El dolor viene de la oscuridad y lo llamamos sabiduría.

Randall Jarrell

 

«Una vez más Jesús se dirigió a la gente, y les dijo: —Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida».

(Juan 8:12)

 

Acaba de escenificarse uno de los episodios más espectaculares y dramáticos en la vida de Jesús de Nazaret. Estaba él enseñando en el templo, cuando un grupo de maestros religiosos irrumpió al recinto arrastrando de los cabellos a una asustada mujer que había sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. De acuerdo a la Ley de Moisés, ella debía ser apedreada sin juicio previo alguno.

 

Con su proverbial astucia, escribas y fariseos pusieron a Jesús en un tremendo aprieto:

Si decía:

—No la apedreen, se hacía trasgresor de la ley y él mismo debería ser juzgado.

Si decía, por el contrario:

-Apedréenla, entraría en contradicción consigo mismo y sus particulares enseñanzas. Es entonces cuando el Nazareno, como solía hacerlo, se sale con la suya de la manera más inesperada, al decirles:

—No hay problema, que tenga el honor de inaugurar la lapidación, tirando la primera piedra, aquel que esté libre de pecado.

 

¡Sorpresa! Los que a sí mismos se consideraban limpios y puros, son acusados directamente por ese  juez íntimo e implacable que todos llevamos dentro del corazón: la conciencia. Ninguno podía —ninguno puede— levantar su mano en juicio contra nadie a no ser contra sí mismo. Al quedarse solo con la adúltera, lo lógico habría sido que el único santo viable procediera a juzgar el caso con rigor. Sin embargo, él en persona, de cuerpo entero ante la mujer, se limita a decirle:

 

—¿Sabes una cosa? Ninguno de tus acusadores te podía condenar; yo, que  tengo plena autoridad para hacerlo, tampoco lo haré. Vete tranquila y no  vuelvas a pecar. (Juan 8:3,11) De esta manera, Jesucristo demuestra que hay una ley superior a la ley, que es la conciencia; y que hay, también, una ley superior a la conciencia, que es el amor.

 

¿Cómo puede Jesús hacer que luzca muy casual algo tan fuera de serie? Inmediatamente, ya ida del recinto la pecadora perdonada, el rabí retoma el curso de su interrumpido sermón y responde a los mudos interrogantes con una declaración de cuatro palabras: “Yo soy la luz”. Eso explica, tácitamente, el por qué Jesús todo lo tiene claro, sin sombras ni matices. Dicho nítidamente, sin dudas.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 169-171)

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VI-MAY-03

La Obediencia | Los Estragos de la Desobediencia P4

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Uza contra el Arca de Dios. Esta historia es patética. Recordemos: En el Antiguo Testamento eran sagradas las cosas, en el Nuevo Testamento son sagradas las personas. El Arca sagrada ha estado en tierra de filisteos, y David la rescata y la trae a Jerusalén para colocarla en el monte santo. Los coatitas -es decir, los hijos de Coat-, tenían exclusivamente el encargo de transportarla. Eran instruidos desde pequeños, para ser los portadores del Arca santa y cumplían unas normas muy estrictas y precisas que no podían infringir por ningún motivo. Miremos lo que pasa aquí con el coatita Uza:

 

Colocaron el arca de Dios en una carreta nueva y se la llevaron de la casa de Abinadab, que estaba situada en una colina. Uza y Ajío, hijos de Abinadab, guiaban la carreta nueva que llevaba el arca de Dios. Ajío iba delante del arca, mientras David y todo el pueblo de Israel danzaban ante el Señor con gran entusiasmo y cantaban al son de arpas, liras, panderetas, sistros y címbalos. Al llegar a la parcela de Nacón, los bueyes tropezaron; pero Uza extendiendo las manos sostuvo el arca de Dios. Con todo, la ira del Señor se encendió contra Uza por su atrevimiento y lo hirió de muerte ahí mismo, de modo que Uza cayó fulminado junto al arca. (2 Samuel 6:3-7).

 

Uno primeramente se cuestiona: ¿Cómo puede morir trágicamente un muchacho sólo por la preocupación de que el arca no caiga al suelo, y se llene de lodo, de pasto, o de polvo?.  Las cosas son menos sencillas que eso.  Las órdenes de Dios no se pueden interpretar, hay que cumplirlas tal cual él las da, al pie de la letra, como se dice en los textos literarios: Sic, así como está escrito.  He aquí las minuciosas instrucciones de Dios sobre este tema.

 

Cuando Aarón y sus hijos hayan terminado de cubrir el santuario y todos sus accesorios, los israelitas podrán ponerse en marcha.  Entonces vendrán los coatitas para transportar el santuario, pero sin tocarlo para que no mueran.  También transportarán los objetos que están en la Tienda de reunión  (Números 4:15).

 

Uza y sus hermanos cometieron un error garrafal. Debiendo cargar en sus propios hombros el arca, la colocaron sobre un carro tirado por bueyes. El sagrado utensilio debía ser llevado por hombres y no por animales. La regla decía: No la tocarás. El arca estaba dotada de argollas de metal para introducir en ellas unas varas que permitían el transporte a hombros. Estaba absolutamente prohibido tocar el arca, y ahora, además que la llevan sobre los lomos de unos bueyes, el  preocupado y obediente Uza, al ver cómo el arca se balancea al ritmo de los animales, siente temor normal de que se caiga a tierra y, automáticamente, la sostiene con su mano. De inmediato es fulminado por la ira de Dios, quien había dicho no toquen mi arca porque morirán. Uza lo sabía, no podía alegar que no lo instruyeron desde pequeño en casa de su padre sobre la manera de manipular las cosas sagradas. Estos detalles nos ayudan a entender el celo de Dios por la autoridad, a despecho de quienes se alarman por lo que le pasó al hijo de Coat, el joven Uza. En este caso, a Dios no le preocupaba que el arca fuera sobre los lomos de unos animales, tampoco si caía a tierra, si se enlodaba, o si se llenaba de pasto o de polvo.  Dios podría pasar esos detalles por alto. Lo que Dios no podía tolerar era que tocara la santidad de su arca la mano pecadora de un desobediente.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, páginas 253-255)

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VI-MAY-02

La Obediencia | Los Estragos de la Desobediencia P3

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Nadab y Abiú contra Aarón.  Aquí hablaremos de actividades litúrgicas y religiosas, y de la participación de sacerdotes y levitas en ellas.

       

Pero Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario y, poniendo en ellos fuego e incienso, ofrecieron ante el Señor un fuego que no tenían por qué ofrecer, pues él no se lo había mandado.  Entonces salió de la presencia del Señor un fuego que los consumió, y murieron ante él.  Moisés le dijo a Aarón: De esto hablaba el Señor cuando dijo: Entre los que se acercan a mí, manifestaré mi santidad, y ante todo el pueblo manifestaré mi gloria. Y Aarón guardó silencio.

 (Levítico 10:1-3).

 

Aarón entiende perfectamente lo que ha pasado con sus hijos y no hace reclamos a Dios.  No dijo, por ejemplo: Señor, eso fue simplemente una ligereza de los muchachos.  ¿Por qué callar? El es el Sumo Sacerdote, y sus hijos se hallan autorizados para subir al altar y ministrar las cosas sagradas.  Pero aquí lo hacen a espaldas de su padre, sin estar autorizados a prender el fuego, pues el único que podía hacer tal cosa era Aarón.  Hoy en día, en no pocas iglesias, no todos los colaboradores se someten a la autoridad del líder.  A veces, aún las ovejas cometen ligerezas al estilo de Nadab y Abiú, que pueden traer consecuencias fatales sobre sus vidas.  En grupos caseros de oración, y, sobre todo, en ejercicio de dones espirituales, hay personas no autorizadas que, a espaldas de su pastor, prenden el fuego extraño.  Esta es una forma de rebelión más común de lo que uno se imagina, y quienes la practican suelen preguntarse: ¿Por qué Dios no me bendice? ¿Por qué no llegan las promesas bíblicas a mi vida, mi familia, mis finanzas?  Porque es necesario oír y cumplir la Palabra del Señor, y nunca un desobediente recibirá bendición del cielo.  No es asunto de poca monta entregarse a imponer manos, profetizar y, en general, realizar actividades espirituales, sin autorización para ello.  Es peligroso acercarse al fuego espiritual sin estar bajo autoridad, porque su llama consume a los rebeldes.  El fuego extraño siempre causa daño.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, páginas 252-253)

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VI-MAY-01

La Obediencia | Los Estragos de la Desobediencia P2

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Cam contra Noé. Ya pasó el Diluvio.  Los hombres cultivan otra vez los campos.  Se está recreando la especie humana sobre este planeta.

 

Noé se dedicó a cultivar la tierra, y plantó una viña.  Un día, bebió vino y se embriagó, quedándose desnudo dentro de su carpa.  Cam, el padre de Canaán, vio a su padre desnudo y fue a contárselo a sus hermanos,

 que estaban afuera. 

(Génesis 9:20-22).

 

Cam no se conforma con burlarse de su padre, sino comunica a sus hermanos el lamentable estado del patriarca para que ellos participen de su rebelión.  Pero, qué diferencia de conducta se observa entre la suya y la de Sem y Jafet.

 

Entonces Sem y Jafet tomaron un manto, se lo echaron sobre los hombros, y caminando hacia atrás cubrieron la desnudez de su padre.  Como miraban en dirección opuesta, no lo vieron desnudo.

(Vers. 23).

 

Reverencia, respeto: Sí, es cierto, nuestro padre se ha emborrachado, pero nosotros no lo infamaremos por eso.  Al fin y al cabo, él es nuestra autoridad.

 

Cuando Noé despertó de su borrachera y se enteró de lo que su hijo menor le había hecho, declaró:

¡Maldito sea Canaán! Será de sus dos hermanos el más bajo de sus esclavos.

(Vers. 24-25).

 

Dios había bendecido a Noé y a sus tres hijos, y el patriarca no podía revocar la bendición de Cam.  Por eso, le maldice su descendencia.  Sin entrar en muchos detalles, la historia nos enseña por los desarrollos inmediatos que la simiente de Cam surgió bajo maldición, hasta el punto de que Canaán es el antepasado de Nimrod, el primer rebelde espiritual después del Diluvio, constructor de la Torre de Babel, quien se endiosa a sí mismo, e inicia la religión babilónica, culto satánico por excelencia.  Por su parte los hijos de Canaán -los cananeos- fundaron una religión de error en su tierra.  Aprendamos un principio elemental, que Watch Man Nee enseñó hace décadas: Nadie tiene autoridad para juzgar a su autoridad. ¿Las autoridades cometen errores? Sí, pero el que está bajo autoridad no tiene ningún derecho a infamarlas.  En otras palabras, Cam no podía juzgar a su padre, aunque éste hubiera pecado.  Noé tenía quién lo juzgara, sobre él reposaba la autoridad suprema de Dios.  Hay que ser muy cuidadosos para no asemejarnos a este joven inconsciente que trajo maldición sobre su propia descendencia de generación en generación, ya que la desobediencia corrompe la conciencia.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, páginas 250-252)

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VI-ABR-04

La Obediencia | Los Estragos de la Desobediencia P1

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Satanás ya se encuentra instalado en la tierra.  Juan lo identifica con la serpiente antigua que rondaba por el Edén.  Aquí comienza la erosión de la desobediencia.

 

Adán y Eva contra Dios. Dios coloca a la especie humana en el Edén para que viva a plenitud, sin ningún problema.  El hombre no fue diseñado para sufrir, ni para enfermarse, ni para cansarse.  El proyecto original era otro: Dios entrega al ser humano todos los bienes de la tierra pero le pone una condición.

 

Pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no deberás comer.

El día que de él comas, ciertamente morirás. 

(Génesis 2:17).

 

Requisito Único. Son libres, son felices, tienen una relación con Dios, no van a morir, ni siquiera a envejecer.  Pero la condición es: No me desobedezcan, los pruebo con el conocimiento del bien y del mal.  Captamos cómo lo que la Nueva Era ofrece hoy a la gente es ser como Dios, por medio del conocimiento.  Tal doctrina no es ni tan nueva, ni tan era.  Sólo era la era que no era.  ¿Cuál es el desenlace trágico de este asunto?

 

La serpiente era más astuta que todos los animales del campo que Dios el Señor había hecho, así que le preguntó a la mujer: -¿Es verdad que Dios les dijo que no comieran de ningún árbol del jardín? -Podemos comer del fruto de todos los árboles -respondió la mujer-. Pero, en cuanto al fruto del árbol que está en medio del jardín, Dios nos ha dicho: No coman de ese árbol, ni lo toquen; de lo contrario, morirán. Pero la serpiente le dijo a la mujer: -¡No es cierto, no van a morir! Dios sabe muy bien que, cuando coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y llegarán a ser como Dios, conocedores del bien y del mal. 

(Génesis 3:1-5).

 

Hoy lo que anda vendiendo por ahí la Nueva Era es precisamente ese embuste.  El hombre es dios, a través del conocimiento seremos divinos. La Biblia muestra cómo el origen del pecado humano es querer ser como Dios.  ¡Qué diferencia radical!  La Biblia dice: Hay que creer.  La Nueva Era dice: Hay que conocer.  Pero como lo analizamos al exponer la llave de la fe, para nosotros no es importante conocer, nos basta creer.  Si Dios lo dice, yo lo creo, aún contra toda evidencia de mi mente.  Por lo tanto, la desobediencia es el pecado.  Lean bien: No he escrito: La desobediencia es pecado, ni la desobediencia es un pecado, sino la desobediencia es el pecado.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, páginas 248-250)

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VI-ABR-03

La Obediencia | La Obediencia como Mandamiento

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Obediencia en la iglesia.  Algunas personas se imaginan que, cuando uno es la autoridad en un lugar, debe eludir los temas relativos a la obediencia.  Esa es una soberana equivocación.  Si algo ha caracterizado al liderazgo espiritual bíblico -es decir, judeo-cristiano-, es que siempre hizo respetar su autoridad.  La Biblia dice

 

Acuérdense de sus dirigentes, que les comunicaron la palabra de Dios. Consideren cuál fue el resultado de su estilo de vida, e imiten su fe.

( Hebreos 13:7).

 

Observemos: Hay aquí exigencias difíciles para los dirigentes de una iglesia.  ¿Cuál es su estilo de vida?  Si la mía es indigna, no tengo ningún derecho a reclamar que mis ovejas me obedezcan.  Pero si no se encuentra en mi conducta algo contrario a la moral, a los principios y valores que inspiran el pastorado, mis ovejas podrán obedecerme.  Por otra parte, si no soy una persona de fe, las ovejas no tienen por qué imitarme.  Es un asunto muy serio.  Tanto, que merecería todo un libro.  Por eso, he instrumentado en mi iglesia esta consigna:

 

El Señor es mi pastor,

el pastor no es mi Señor.

 

Ciertamente un pastor en la tierra no puede enseñorearse de las ovejas, pero la Biblia desea que las ovejas respeten al pastor que Dios ha puesto sobre ellas.

 

Obedezcan a sus dirigentes y sométanse a ellos, pues cuidan de ustedes como quienes tienen que rendir cuentas. Obedézcanlos a fin de que ellos cumplan su tarea con alegría y sin quejarse, pues el quejarse no les trae ningún provecho. ( Hebreos 13:17).

 

Son multitud las personas que en la iglesia desobedecen hasta en mínimos detalles lo que ordenan los dirigentes.  Y toda forma de desobediencia, por minúscula que sea, es honrar y servir al Enemigo de Dios.  Esto no significa que haya creyentes clones, o simples robots.  Como ya se ha dicho, podemos disentir, pero con el debido respeto.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, páginas 247-248)

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VI-ABR-02

Cuando Marx y Freud se abrazaron | Complejidad VS Simplicidad P2

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Me impactó en mi adolescencia un académico sueco que, al comentar el Premio Nobel de Literatura otorgado a Juan Ramón Jiménez en 1956, dijo a la BBC de Londres que el gran poeta andaluz había dominado como nadie ‘el difícil arte de la sencillez’. Difícil arte ciertamente, en el cual las parábolas de Jesús habrían sido declaradas fuera de concurso.  Fastidian los aires prepotentes de quienes creen que Dios ha hablado al hombre para que éste no lo entienda. El gran problema del cristianismo evangélico es, precisamente, su poder desintegrador. La maraña denominacional ha creado tal trama de contradicciones en sí misma que hoy el creyente desprevenido no sabe francamente a qué atenerse. La iglesia A dice que algo es blanco, la B afirma que ese algo es negro, la C pontifica que todo es gris.

 

En la orfandad de liderazgo que se vive, contrista ver apagarse vidas que han sido teas en la caverna. Billy Graham, por ejemplo, un actualista que permaneció durante largos años siempre vigente, empleando en  forma adecuada los medios del progreso para llevar la luz del evangelio a las almas angustiadas, ha sido hombre sencillo. Una revisión de sus mensajes clásicos sería refrescante para los amigos de las novedades. Auténtico comunicador, el doctor Graham nunca quiso ser original, no empleó frases rebuscadas ni conceptos abstractos, pero nadie ha convertido más almas que él en cien años de historia cristiana.

 

Algo parecido podría afirmarse de Bill Bright, el fundador de la Cruzada Estudiantil y Profesional, poderoso instrumento de evangelización. Hoy, cuando él se apresta, en medio del dolor colectivo, a ir ‘al encuentro del Amado’ – como lo dice con labios sonrientes – sus ‘cuatro llaves’ siguen siendo elementos simples y directos para golpear los corazones y llevarlos al arrepentimiento, la conversión y el encuentro personal con Jesucristo.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, páginas 156-157)

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VI-ABR-01

Cuando Marx y Freud se abrazaron | Complejidad VS Simplicidad P1

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En mi libro El Reto de Dios he planteado el esencialismo, que consiste en desechar todo lo accesorio en aras de lo fundamental. Si algo caracteriza a la sociedad posmoderna es su complejidad. La cultura humana ha acumulado tantos elementos contradictorios entre sí, que hoy no sabemos dónde se encuentra el hilo conductor de un asunto. Existen múltiples ideas para desarrollar cada propósito. Las asesorías, dependiendo de dónde procedan, ofrecen al hombre necesitado de una solución múltiples opciones, algunas disparatadas, otras obvias, pero todas analizables por igual.

 

¿Qué hacer?, es la pregunta clave. El médico con la diagnosis, el abogado con el código, el ingeniero con el teodolito, el economista con la divisa, el jardinero con el abono, el pescador con la red, el financista con el interés, el sastre con la tijera, el cocinero con el adobo, la bruja con el brebaje, el pastor con los versículos, el confesor con las penitencias, el judío con la ley, el juez con el martillo, el futbolista con el balón, el niño con el juguete, todos presumen poseer salidas para todo.

 

Nos hemos complicado en un laberinto de especializaciones donde cada uno de nosotros supone tener siempre para cada problema la última solución, para cada pregunta la última respuesta; o bien, donde cada cual vive en su cubículo reducido y particular, encerrado en lo suyo, ensimismado, sin preocuparse poco ni mucho de lo que otros, en otros cubículos, encerrados en sus particulares mundillos, pueden estar experimentando.

 

Hace falta la simplificación de todas las cosas, el esencialismo de cada profesión. Pero, por supuesto, no se pueden confundir los términos ni las definiciones. Por ejemplo, no es igual lo simple que lo simplista. Simple significa sin gracia, plano, monótono. Un hombre simple es un ingenuo, alguien sin sagacidad. Lo suyo es simpleza. Simplista es el que reduce todo a fórmulas obvias. Simplismo tampoco es simplicidad. Simplicidad es el arte de desenredar los ovillos, de hacer fácil lo difícil, de volver sencillo lo complejo.

 

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, páginas 155-156)

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