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Darío Silva-Silva

VI-AGO-02

Cuando Marx y Freud se abrazaron | La luz interior

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Un esfuerzo esencialista debería llevarnos a revisar antiguas creencias y prácticas que lucen para muchos anacrónicos. Los cuáqueros, por ejemplo, nos enseñaron durante su clara vigencia – precisamente en los orígenes de los Estados Unidos – un gran énfasis en la espiritualidad de la fe cristiana en contra del ritualismo y el formalismo. Ellos querían reeditar el cristianismo primitivo y propiciaban la inauguración de una nueva edad: la edad del Espíritu Santo.

Su perfil más nítido, que hoy hace buena falta a quienes provienen de la Reforma, es la doctrina de la ‘luz interior’, según la cual, en todo hombre existe tal  luz, conducida por el Espíritu Santo para llevarlo a la conversión. Ellos atacaron con ardentía la esclavitud, abogaron por los derechos de la mujer y fueron autores de profundas reformas educativas y penitenciarias. Las mismas persecuciones que afectaron a los puritanos alcanzaron también a los cuáqueros, y éstos, liderados por Willian Penn, fundaron las colonias que hoy constituyen los estados de Pennsilvania y Delaware, donde desde un principio se instituyeron los principios de la libertad religiosa, la armonía social y la convivencia con las minorías indígenas.

Estados Unidos, los evangélicos y el mundo entero tienen una deuda con los cuáqueros: fueron ellos los promotores por excelencia del principio de la tolerancia universal, tan caro a la democracia. Hoy muchos cristianos evangélicos se han especializado en el fanatismo, el sectarismo y el terrorismo verbal hacia sus feligreses y sus propios hermanos de otras congregaciones tan legítimas como las suyas propias.

La consigna es buscar otra vez esos tesoros extraviados de la iglesia cristiana y colocarlos en primera línea, desechando los accesorios que se han ido acumulando al ritmo del crecimiento denominacional, lleno de novedades constantes. El siglo XXI necesita un reexamen del verdadero sentido de la encarnación, muerte y resurrección de Jesucristo. Nos preocupamos por dogmas secundarios, hemos perdido las prioridades doctrinarias y ya vemos, casi con indolencia, a la mayoría de nuestros congéneres dando palos de ciego en medio  de la oscuridad sin encontrar la puerta para entrar a la Verdad. Tal vez Hermann Ridderbos nos vuelva a aterrizar en la realidad del hombre caído, sin brújula en su congoja existencial:

Lo que trae la muerte al ser humano es el hecho de que vive en  enemistad con Dios. Allí radica la destrucción de la verdadera humanidad, y es a partir de esa enemistad, que también se debe entender el pecado en sus implicaciones antropológicas.

El conflicto del hombre moderno fue volverse de espaldas a Dios. El esfuerzo del hombre posmoderno es regresar a Dios en reversa. Solo una Iglesia Cristiana Integral puede dirigir esa maniobra para que concluya con éxito.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, páginas 159-160)

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VI-AGO-01

La obediencia

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El libro de Deuteronomio se atribuye a Moisés, quien, antes de ir a la presencia de Dios, decidió colocar por escrito alguna serie de recomendaciones a sus connacionales, recordándoles cómo Dios los bendeciría si ellos permanecían en obediencia. La parte final del tratado, su colofón, no es de Moisés sino, al parecer de alguno de sus colaboradores, probablemente Josué, quien relata los últimos días del gran legislador hebreo. De este testamento espiritual extractaremos algunas lecciones valiosas.

     

Si realmente escuchas al Señor tu Dios, y cumples fielmente todos estos mandamientos que hoy te ordeno, el Señor tu Dios te pondrá por encima de todas las naciones de la tierra.  Si obedeces al Señor tu Dios, todas estas bendiciones vendrán sobre ti y te acompañarán siempre.

Deuteronomio 28:1-2.

 

Tendremos ahora la llave de la obediencia. El tema es impopular. Todos, dicen las Sagradas Escrituras, somos rebeldes por naturaleza. Dicho de manera elemental, en palabras sencillas: La rebelión es el pecado original y, por eso, todos nacemos con la inclinación a ser rebeldes.  El trabajo de Jesucristo consiste, a través del Espíritu Santo, en llevarnos otra vez a la obediencia, al plan original de Dios. Esta llave abre puertas de bendición sobre la vida humana, pero es una llave de dos vueltas: La primera, escuchar a Dios; la segunda, cumplir fielmente sus mandamientos. Oír la Palabra y llevarla a la conducta. La llave de doble vuelta es, pues, la obediencia. Todo el arte de la vida exitosa depende de esas dos acciones: Escuchar y practicar, pues ciertamente la obediencia es una ciencia.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, páginas 239-240)

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VI-JUL-04

El fin de una era | A la penúltima moda

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Latinoamérica fue evangelizada por un fundamentalismo extremo -a veces hirsuto-en contravía con el pensamiento moderno.  Casi la única tangencial referencia al modernismo teológico fue el apretado resumen del Dr. James W. McClendon. ¿Qué ocurrió con los grandes pensadores cristianos del siglo XX?

 

* Reinhold Niebuhr: Pocos especialistas tuvieron el coraje de soportar a esta especie de antiteólogo que hizo sangrar proféticamente el orgullo y los prejuicios de los evangélicos.

* William Temple: Algunos, a regañadientes, aceptaron su conjunción del Dios-presente-en-los-acontecimientos con el Dios-guiador de las mentes proféticas.

* Emil Brunner: Contados estudiosos profundizaron en su idea de que, en teología, la fe es útil para todo, y la razón debe subordinarse a ella.

* W. T. Conner: Pocos y lúcidos comprendieron su afirmación de que es bueno eludir por igual el sobrenaturalismo supersticioso y el naturalismo sicológico.

* Austin Farrer: Casi nadie se afilió junto a él para aceptar la nueva filosofía analítica como un método de trabajo, sin abandonar la fe cristiana.

* E. J. Cornell: alcanzó un poco más de difusión por haber revestido al fundamentalismo de un aire de actualista novedad.

* Rudolph Bultmann: ha sido, en general, rechazado por su propuesta de desmitologización; y, por supuesto, hay cosas que deben ser desmitologizadas, pero no todas, porque no todo lo milagroso en la Biblia tiene carácter de mito.

* Paul Tillich: Algunos de sus planteamientos básicos se han difundido, más por su propia fuerza gravitacional, que por un serio estudio del gran teólogo existencialista que descubrió en la Cruz de Cristo el ancla de la angustia humana.

* Karl Barth: Ha corrido mejor suerte, como es lógico, debido a su trasfondo presbiteriano y a su acierto de modernización sin afectar la estructura de la ortodoxia.

 

Si es verdad que todos los mencionados, y varios más, vieron rápidamente rectificados muchos de sus puntos de vista, obligaron al fundamentalismo raizal a no pocas revisiones; y así, éste y aquellos dieron aportes inapreciables hacia la meta de una teología integral, que hoy empieza a perfilarse. Deplorablemente, los evangélicos latinoamericanos, en su generalidad, se quedaron en textos simples, de evangelismo  elemental, y, no pocas veces, de vulgarización dogmática, sin abrir ventanas para los nuevos aires refrescantes. Y eso muestra al Evangelio en el contexto latinoamericano como un sistema religioso demodé –preterizado-, incapaz de enfrentar la postmodernidad, o bien, rindiéndose a ella impúdicamente, en una futurización irreflexiva de minúsculos grupos.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Reto de Dios, páginas 178-180)

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VI-JUL-03

El fin de una era | Teología sin Dios

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El fin del modernismo y comienzo del postmodernismo ocurre, propiamente, en los 60s. Los atolondrados gestores de Woodstock proclamaron la clausura del cristianismo -era de Piscis, o de los pescadores- y el inicio de la Nueva Era, que es la del signo Acuario. Durante los 60s lo eclesiástico pierde valor como técnica de salvación por sus fríos rituales y falta de vivencia. La teología se desdiviniza para humanizar a Dios. Emergen los curas y pastores comunistas. Alfons Auer proclama: El hombre se halla siempre en camino hacia un todo: el todo de sí mismo y el todo del mundo, único lugar donde puede conquistar su propia plenitud.

 

Falsedad doctrinaria: la plenitud del hombre sólo se conquista en el cielo. Pero el cielo no importa en los 60s. Importa la tierra. Es más, en la tierra están el cielo y el infierno. Lo subjetivo sobra, hay que ir a lo objetivo: ciencia y técnica. Sociología, biología, sicología, economía, planificación, estadística. Todo se materializa. Si amor es sexo, sexo es amor; y el amor de todos por todos se traduce en sexo de todos con todos. Promiscuidad. Simone de Beauvoir diseña la reconstrucción de Sodoma. La nueva forma de ateísmo -autonomismo humanista- predica: el hombre es Dios. Encaramado al púlpito existencialista, el pontífice Sartre dogmatiza: -El infierno son los otros. La libertad, como una ramera deslenguada, se desgañita a los cuatro vientos: -Haz lo que te dé la gana. La juventud lo toma en serio: No me cortaré el pelo, no me bañaré, ni cambiaré mis ropas. Tampoco, mucho menos, trabajaré. Soy lo que se me antoja. I am hippie.

 

La tecnocracia, profesión de moda, codifica desdichas: marginalidad, enfermedades masivas, mortalidad infantil, miseria, hambre y drogadicción. Los beduinos hacen la santa alianza de la OPEP contra los perros judíos y cristianos. Sobre Vietnam se estrenan las armas químicas, el gran invento después de Openheimer. El pop art emerge de los basureros y las letrinas. Pawlles y Bergier certifican el retorno de los brujos. Marxismo y freudismo se hermanan, se confabulan. A través de las rejas de su gueto dorado en Harvard, Marcusse observa la rebelión de los estudiantes que han oído la voz de su antiprofeta hebreo proclamar: -Necesidad de ser libre, de gozar, de que el trabajo no sea una sujeción ni una alienación.  La liberación de la conciencia está en marcha: se llama LSD. El nadaísmo declara que Charles Manson es el mesías; su apellido quiere decir ‘hijo del hombre’.  La cruz se llama silla eléctrica. Como endemoniados gesarenos, los Beatles declaran ante una masa de lisérgicos y homosexuales que chilla su infernal aprobación: -¡Somos más populares que Jesucristo!.  Pero el apocalipsis aún no comienza. Alguien sigue siendo Jesucristo Superestrella.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Reto de Dios, páginas 176-178)

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VI-JUL-02

El fin de una era | Fundamentalismo

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Como respuesta a la modernización, surge el Fundamentalismo, que no es en sí censurable, pues, mirado objetivamente, sus orígenes lo muestran como un movimiento esencialista. Fue muy ilustre y nutrido el grupo de teólogos británicos, canadienses y estadounidenses que, en los dos primeros decenios del siglo XX, concretó los Cinco Fundamentos que dieron nombre a esta corriente, a saber:

 

* La inerrancia literal de la Biblia

* El nacimiento virginal de Cristo

* La expiación por su sacrificio en la cruz

* Su resurrección física real y su ascensión al cielo

* Su Segunda Venida visible y corporal en el último tiempo

 

¿Quién no está de acuerdo básicamente con este pentágono doctrinario?.  Fueron los desarrollos posteriores del fundamentalismo los que lo hicieron, en muchos casos, preterizante e inflexible al vertiginoso cambio de su centuria. Se formaron, por otra parte, innumerables fundamentalismos denominacionales, repelentes entre sí, y hubo –y sigue habiendo- quienes confunden deplorablemente fundamentalismo con legalismo. Ya llegada la postmodernidad, ha surgido el neo-fundamentalismo, menos sectario y radical que su antecesor.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Reto de Dios, páginas 176)

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VI-JUL-01

El fin de una era | Los años de plástico

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La mitad del siglo XX marca una transición. En los años 50s aun la vida de la calle en las ciudades latinoamericanas tenía cierta dignidad. No había drogadictos ni homosexuales exhibiendo cinismo por ahí, escaseaban los mendigos, y las prostitutas de esquina permanecían rígidamente acuarteladas en especies de distritos rojos bien definidos.

 

Los adolescentes nadábamos sobre la cresta de la ‘nueva ola’. Fuimos una generación transitiva, producto de la postguerra. Cruzamos como en salto de garrocha, del bolero al rock an roll, del pistón a la turbina, del cliché al offset. Atestiguamos el nacimiento de las computadoras, el sonido estereofónico y el cinemascopio a colores que exhibía las exhuberancias de Marilyn Monroe y Brigitte Bardot. Se declaró la guerra fría, con la excepción caliente de Corea. Soldados colombianos fueron a morir a las antípodas por ideales ajenos. Los estantes de las librerías se colmaron de nombres novedosos: Camus, Sartre, Hemingway, Miller, escritores de bolígrafo, otra invención coetánea. El sombrero dejó de usarse para que no estorbara al radio transistor sobre la oreja.

 

Fue un decenio tejido con fibras sintéticas. Todo se volvió de plástico, desde las muñecas hasta los automóviles.  La voluptuosidad pasó la raya: piernas femeninas forradas de nylon, gafas oscuras montadas sobre pestañas postizas. Los bellos cuerpos se enturbaron en vestiduras mórbidas. El blue jean vino para inquietar a los legalistas, porque:

 

La mujer no se pondrá ropa de hombre, ni el hombre se pondrá ropa de mujer (Deuteronomio 22:5).

 

Yo no me convertiría en aquel tiempo, pues llegó a decirse desde púlpitos que las mujeres que llevaran esa prenda no subirían con el Señor en el arrebatamiento de la Iglesia. ¿Y qué de las que se hallen bajo la ducha?, podría pensarse. Ciclismo y fútbol se convirtieron en catalizadores de la emoción colectiva, y Efraín Forero y Alfredo Distéfano en sus símbolos. La colombiana Luz Marina Zuluaga fue, por todo un año, la mujer más bella del mundo. La televisión –mula concebida por el burro cine y la yegua radio- tuvo su parto retardado en la región.

 

La luna perdió el encanto como novia de los poetas por la competencia de sus ilegítimos hermanos, los satélites artificiales. Arriba, el hombre, apoyado en Eistein como palanca, ensayaba la conquista del espacio. Abajo, en Nueva York, Billy Graham actualizaba la evangelización en el Madison Square Garden, ante una muchedumbre jubilosa que vitoreaba a Jesucristo. ¡El espectáculo de la fe! Los sobrevivientes de los hornos crematorios volvían de la diáspora a Tierra Santa, para reconstruir su patria con las uñas, como siempre. La voz del profeta sonaba asombrosamente actual, dos mil seiscientos años después de pronunciada.

 

Y todas las naciones de la tierra se juntarán contra ella. En aquel día convertiré a Jerusalén en una roca inconmovible para todos los pueblos. Los que intenten moverla quedarán despedazados.

Zacarías 12:3

 

Ministros protestantes, guiados por el Espíritu Santo, se entrevistan con Juan XXIII, y su diálogo inspira el Concilio Vaticano II. En la Unión Soviética, Nikita Kruschev intenta la primera glasnotz, llamada coexistencia pacífica. En los Estados Unidos, Kennedy esboza su sonrisa fascinante sobre las tarimas electorales.  Aparentemente los años 50s fueron el Monte Ararat, donde las cosas comenzarían de nuevo después del Diluvio.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Reto de Dios, páginas 174-175)

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VI-JUN-04

El fin de una era

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El concepto últimamente entendido por modernismo trasciende a las convenciones históricas: Edad Antigua, desde la escritura hasta la caída de Roma; Edad Media hasta la caída de Constantinopla; Edad Moderna hasta la Revolución Francesa, y Edad Contemporánea hasta nuestros días. También al modernismo artístico: pictórico, poético, arquitectónico, etc. Se refiere, más bien, al movimiento de reforma del cristianismo que quiso encauzarlo en las corrientes científicas y sociales del siglo XIX. Dentro de la Iglesia Romana, este modernismo fue condenado por Pío X en su decreto Lamentabili y su encíclica Pascendi.

 

 

En el seno de la Iglesia Evangélica, esta corriente tomó su máxima expresión en la llamada Teología Liberal, cuyos maestros y promotores fueron duramente criticados y, a veces, rechazados, sin tomar en cuenta que, en todas las épocas, los pensadores cristianos han trabajado con los elementos de la cultura coetánea. Orígenes, Basilio,  Agustín, Tomás, Buenaventura, Lutero, Calvino, Pascal, Hegel, Otto, etc. exploraron nuevos terrenos para entender mejor las verdades eternas. Solamente los escolásticos de la decadencia son culpables de que la teología se haya momificado, fenómeno especialmente agudo en Latinoamérica, donde el nihilismo y el narcisismo propios de la postmodernidad se extienden como plagas egipcias sobre la inanidad religiosa.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Reto de Dios, páginas 173-174)

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VI-JUN-03

Toda la luz en una lámpara P5

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El viernes, en el Calvario, la mano de Dios activó el off’. Satanás, el príncipe de las tinieblas, tuvo su cuarto de hora porque el Padre desconectó el interruptor de su Hijo, instalado en la cruz, cuando cargaba sobre sus hombros todos los pecados de todos los hombres de todas las épocas. Anselmo de Canterbury vio la expiación como el acto supremo por medio del cual Dios supera para siempre el conflicto entre su amor y su ira. «Desde el mediodía y hasta la media tarde toda la tierra quedó en oscuridad. Como a las tres de la tarde, Jesús gritó con fuerza: —Elí, Elí, ¿lama sabactani? (que significa: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”». (Mateo 27:45,46)

 

El domingo, la mano de Dios activó de nuevo el on Y, cuando el Padre prendió el interruptor del Jesús-Luz, Satanás fue cegado definitivamente por el resplandor de la resurrección y los poderes demoníacos se replegaron, aterrados, a sus agujeros negros.

 

El hombre posmoderno repite, en la vida real, la vieja y oscura saga del doctor Fausto, un ser complejo, lleno de contradicciones, que se deja comprar por Mefistófeles para seducir a Margarita y tener éxito en la vida. En la pluma de Goethe, esta leyenda germano-escandinava se convierte en “el mito filosófico por excelencia”, según Hegel.

 

Desde la óptica religiosa, el tema de “venderle el alma al diablo” propio de Fausto, fue tratado a fondo por Kierkegaard en su maravillosa obra ‘Temor y temblor’, que hace temer y temblar a las almas sensibles.

 

Se dice que Goethe, al momento de entregar el espíritu, exclamó con voz suave: “Luz, más luz”. De ser ello verdad, lo que el genio alemán estaba viendo en ese instante supremo no era el reino de aquel personaje que él bautizó con el nombre germano del príncipe de las tinieblas, Mefistófeles. ¡Gracias  a Dios si el poeta vio la luz eterna! El asunto es simple, como lo percibió Un Monje de la Iglesia de Oriente: “En torno de Jesús no hay tragedia, porque ningún problema permanece sin solución. De ahí que la dificultad de ser su discípulo radica no en desconocer lo que hay que hacer, sino en tener la fuerza de hacerlo. Lo que se ha llamado la tragedia de la existencia humana desaparece en Cristo. Si se ve la luz, se puede andar en la luz”.

 

El hombre posmoderno es, pues, un doctor Fausto que le ha vendido el alma al diablo. Quiera Dios que, en medio de su ‘sorda ceguera’, finalmente escuche, como el personaje literario lo hizo,  la voz de Aquel que dice todo el tiempo: «Yo soy la luz que ha venido al mundo, para que todo el que crea en mí no viva en tinieblas». Juan 12:46

 

Todavía ese ‘Fausto corporativo’ que es la humanidad de hoy, puede romper el contrato firmado con el extorsionista espiritual que vive en las tinieblas, ama las tinieblas y gobierna las tinieblas, y suscribir el nuevo pacto con el Hombre-Luz, que garantiza el vitalismo espiritual de su fotosíntesis eterna. Ese contrato también se firma con sangre, solo que no es la propia de Adán-Fausto, sino la de Jesús de Nazaret, una sangre que alumbra.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 176-178)

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VI-JUN-02

Toda la luz en una lámpara P4

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El Logos es la luz que produce la creación y la armonía que la sostiene. (Colosenses 1:16,17). La luz es música y la música es luz, porque el Logos es luz y música. A propósito, el pentagrama es un código que tiene claves, el clavicordio es una clave que tiene cuerdas; y, por eso, me  pregunto ahora mismo: ¿no será  cada melodía un esfuerzo artístico por descifrar la Luz? Mientras escribo, estoy oyendo ‘El evangelio según San Mateo’, de Juan Sebastián Bach; y, en este instante, caigo en la cuenta de algo: es música cósmica. ‘El clave bien temperado’, del mismo autor, es música científica.

 

Tuvo mucha razón el popular cosmólogo Carl Sagan cuando, en una de sus últimas entrevistas antes de morir, le dijo a un ministro cristiano que ya era tiempo de que los científicos y los teólogos se sentaran a dialogar. Pensándolo bien, así como hay una ciencia de la teología, debiera haber una teología de la ciencia. Sería provechoso intentar en el futuro el desarrollo de una Teociencia capaz de  reconciliar la información sobre las criaturas con el conocimiento del Creador.

 

“Yo soy la luz” es la majestuosa presentación personal que Jesús hace en medio de sus perplejos conciudadanos, entre ellos los fariseos; estos, como es obvio, replican de inmediato increpándole a Jesús  que sea tan presuntuoso para auto-representarse siendo incapaz de traer algún testigo creíble en quien su descomunal afirmación encuentre algún respaldo. Sin perder la compostura, él se atreve a decir algo que hoy debiera resonar en las orejas del mundo perdido: «En la ley de ustedes está escrito que el testimonio de dos personas es válido. Uno de mis testigos soy yo mismo, y el Padre que me envió también da testimonio de mí. —¿Dónde está tu padre? —Si supieran quién soy yo, sabrían también quién es mi Padre». (Juan 8:17-19)

 

Aquellas gentes sufrían de amnesia. Su profeta Isaías, gran favorito de los mesiánicos, había hecho una advertencia clara y directa sobre “Galilea, tierra de paganos, en el camino del mar, al otro lado del Jordán”. Allí, precisamente en Nazaret, ese vaticinio había tenido cumplimiento de manera impactante, sin que la ciudadanía en general se diera cuenta:

 

«A pesar de todo, no habrá más penumbra para la que estuvo angustiada. En el pasado Dios humilló a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí; pero en el futuro honrará a Galilea, tierra de paganos, en el camino del mar, al otro lado del Jordán». El pueblo que andaba en la oscuridad». Isaías 9:1,2

 

Jesús andaba entre la gente como una lámpara con el dimmer atenuado hasta el mínimo. La transfiguración se produce cuando el atenuador vuelve a subir al máximo, y Jesús-Luz se muestra tal como es. «Allí se transfiguró en presencia de ellos; su rostro resplandeció como el sol, y su ropa se volvió blanca como la luz».  (Mateo 17:2)

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 174-176)

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VI-JUN-01

Toda la luz en una lámpara P3

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Como ya lo hemos señalado, todas las religiones falsas contienen algún esbozo de la religión verdadera. Entre los persas, por ejemplo, el dios Ahura-Mazdá encarnaba el bien, la belleza y el conocimiento; por oposición, Ahrimán, personificación del mal, era el príncipe de las tinieblas. La adoración pagana del sol nace del deseo inconciente de rendir culto a la luz. Eso ocurría con el antiguo Ra de los egipcios, hoy recurso de crucigramistas apurados.

 

La palabra ‘luz’, en todas las culturas de todas las épocas, supera lo físico para adquirir categoría de un ideal que ilumina, no ya  las cosas materiales, sino los espíritus. A fines de la Edad Media, cuando se pusieron de moda en España las ideas del pensador árabe Averroes, el rabino sefardita Hasday Crescas produjo su obra maestra ‘La luz del Señor’, que criticaba severamente la metafísica y el aristotelismo, para darle un reconocimiento expreso a los derechos del corazón.

 

Es precisamente en el corazón donde reside lo que los cuáqueros llamaron “la luz interior”, esa pauta divina que le permite a toda persona, en forma natural, distinguir lo bueno de lo malo, lo falso de lo verdadero, la virtud del pecado. Aún los gentiles, dice san Pablo, “llevan escrito en el corazón lo que la ley exige” (Romanos 2:15)

 

Ahora bien, la Luz con mayúscula produce luz con minúscula. Lo que los científicos materialistas no han podido explicar es el fiat lux, la operación primigenia del Logos.  El astrofísico vietnamita Trinh Thuan, en un reportaje para la revista ‘Paris Match’, hizo afirmaciones sorprendentes:

 

“La cosmología moderna (el estudio del universo en su conjunto) ha

impuesto la idea de una creación original y la cuestión de la existencia de

un Creador se plantea inevitablemente. En efecto, nosotros sabemos ahora

que el universo tuvo un comienzo, por el ‘big bang’. Pero ¿cómo todo esto

ha evolucionado? A esta pregunta algunos prefieren responder: “por azar”

Por  mi parte, considerando la fabulosa precisión de los mecanismos que

precedieron la evolución del universo para desembocar en el hombre, yo

prefiero situarme abiertamente  en el campo de los que creen en la

hipótesis de un Creador”.

 

El doctor Thuan es autor de un libro de vasta circulación a finales de los años ochenta: ‘La melodía secreta’, en el cual sostiene que el hombre y el universo deben considerarse en estrecha simbiosis: “si el universo es tal como él es, es porque el hombre está hoy en él para observarlo y plantearse preguntas”. La conclusión del científico vietnamita tiene un aire poético: “Más allá del universo en expansión, se percibe a Alguien tocando en un violín una melodía secreta”.

¿La ‘música de las esferas’ de  Pitágoras?

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 172-174)

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