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Darío Silva-Silva

VI-ENE-03

El Proveedor es la misma provisión

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Es precisamente en el campo espiritual donde Jesús quiere ubicar a aquellos provincianos que lo han buscado con tanta diligencia. Ellos tenían grabado en el ‘disco duro’ de su inconsciente colectivo el dato de que sus antepasados habían recibido directamente “pan del cielo” para alimentarse durante la penosa travesía del desierto; pero no sabían, y Jesús se lo aclara, que el maná dado por medio de Moisés no era el verdadero pan del cielo.

 

Sin embargo, eran tan torpes que ni siquiera caían en la cuenta de claves elementales. No se percataron, por ejemplo, de cómo el personaje que discutía con ellos en esa ocasión, había nacido en la ciudad de Belén, nombre que significa directamente “casa de pan”. ¿No es esta una clave? Aquel diálogo se torna rápido y cortante:

 

«El pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo. —Señor —le pidieron—, danos siempre ese pan. —Yo soy el pan de vida —declaró Jesús—. El que a mí viene nunca pasará hambre, y el que en mí cree nunca más volverá a tener sed.

(Juan 6:33-35)

 

Un momento. No estamos aquí para discusiones teológicas, simplemente queremos saber cómo se llenan nuestros refrigeradores y alacenas; y ahora, este Carpintero loco quiere convencernos de que él ha bajado directamente del cielo; más aún, aunque lo vemos como un muchacho común y corriente, dice que no es un hombre sino un pan. Esto parece una película surrealista diez y nueve siglos antes de Luis Buñuel.

 

«Ciertamente les aseguro que el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. Los antepasados de ustedes comieron el maná en el desierto, y sin embargo murieron. Pero éste es el pan que baja del cielo; el que come de él, no muere. Yo soy el pan vivo que bajó del cielo. Si alguno come de este pan, vivirá para siempre. Este pan es mi carne, que daré para que el mundo viva. Los judíos comenzaron a disputar acaloradamente entre sí: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?”

 

—Ciertamente les aseguro —afirmó Jesús— que si no comen la carne del Hijo del hombre ni beben su sangre, no tienen realmente vida. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él».

(Juan 6:47-56)

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 164-166)

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VI-ENE-02

El Proveedor es la misma provisión

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Lastimosamente, aquella multitud, de la cual formamos parte todos sin excepción, no busca a Jesucristo para decirle: -Queremos escuchar otro de tus sermones para alimentar nuestros espíritus. Lo único que aquellos amotinados  —nosotros mismos— querían —queremos— es que Jesús les llenara —nos llene— las panzas. Lo dice el refranero: “Barriga llena, corazón contento”. Bíblicamente hablando, “comamos y bebamos que mañana moriremos”, como escribió Isaías.

 

Cierto que el pan es necesario para la vida; tanto que, después de la desobediencia original,  los descendientes de Adán hemos tenido que ganarlo con el sudor de la frente. En buen romance, “ganarse el pan” es trabajar. La propia palabra pan es, simplemente, en todos los idiomas y todas las culturas, el símbolo por antonomasia de la alimentación.

 

El pan tiene, además, connotaciones sagradas. Desde los tiempos más remotos, el culto a los dioses lo ha incorporado  como parte de las ceremonias religiosas. Melquisedec, rey de Salén  y sacerdote del Dios altísimo, bendice a Abraham mediante la ofrenda de pan y vino, como una misteriosa contraseña.

 

«Y Melquisedec, rey de Salén y sacerdote del Dios altísimo, le ofreció pan y vino. Luego bendijo a Abram con estas palabras: “¡Que el Dios altísimo, creador del cielo y de la tierra, bendiga a Abram! ¡Bendito sea el Dios altísimo, que entregó en tus manos a tus enemigos!”. Entonces Abram le dio el diezmo de todo».

 (Génesis 14:18-20)

 

Para conectarse con Baal, los cananeos comían un muñequito de pan que era el cuerpo mismo de su dios, según ellos creían. Hay quienes afirman que la palabra caníbal es una formación —o deformación— que significa originalmente: “el cananeo que se come a Baal”. Se utiliza este argumento para combatir la creencia supersticiosa en la transubstanciación.

 

Ahora bien, en el rito judío, los llamados ‘panes de la proposición’ eran doce porciones, cocidas en vasos especiales, que se ofrecían y colocaban en el tabernáculo todos los sábados, cabalmente en memoria de las doce tribus de Israel.

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 163-164)

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VI-ENE-01

El Proveedor es la misma provisión

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Las autoridades romanas  distribuían  pan gratis  para promover el reino de César, y

Jesús hubiera podido hacer lo mismo para promover el suyo.

Philip Yancey

 

 

«Yo soy el pan de vida. Los antepasados de ustedes comieron el maná en el desierto, y sin embargo murieron. Pero éste es el pan que baja del cielo; el que come de él, no muere». (Juan 6:48-50)

 

Se ha cumplido con éxito la multiplicación de los peces y los panes y la muchedumbre saciada es un multiplicador exponencial del milagro. Ahora muchas personas más saben que Jesús saca lo grande de lo pequeño, la demasía de la pequeñez, lo extraordinario de lo ordinario. No cabe duda de que él debe ser el Mesías prometido, hay que coronarlo rey sin demora, porque si algo hace falta es, precisamente, alguien que haga abundar la comida.

 

Me fascina interpretar el relato evangélico de Juan 6:14,24. El lago está lleno de barcas como si hubiera preparativos para una gran regata. Los boteros bracean hacia el otro lado, en  grupos que van y vienen afanosamente por la ribera buscando a Jesús, quien se ha retirado solitario a la montaña, adivinen a hacer qué cosa.

 

¡Adivinaron: a orar!

 

Cuando, por fin, los incontables barqueros arriban a la otra orilla, se llevan un gran fiasco: los discípulos de Jesús han dejado abandonada una barca, como para despistarlos. Ya no quedaban ni rastros de Jesús por ahí.

 

¿Qué había pasado? Solo un ‘truco’ sencillo. Jesús pronunció el ‘amén’ al terminar sus oraciones, descendió ágilmente por la ladera de la montaña y se fue a buscar a sus discípulos caminando  sobre el agua como si se tratara de una pista pavimentada, subió a la barca y dijo: —Vamos, señalando de vuelta hacia Capernaúm.

 

Pese a tantos inconvenientes, los desilusionados aldeanos no desmayaron en su empeño de encontrar al Multiplicador de los recursos a toda costa y regresaron a la otra orilla, donde Jesús, muy campante, charlaba con los miembros de su staff sobre los últimos acontecimientos. Y entonces:

 

«Cuando lo encontraron al otro lado del lago, le preguntaron: —Rabí, ¿cuándo llegaste acá? —Ciertamente les aseguro que ustedes me buscan, no porque han visto señales sino porque comieron pan hasta llenarse». (Juan 6:25,26)

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 161-163)

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VI-DIC-04

La Obediencia Como Mandamiento

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Obediencia a los gobernantes. ¿Qué leímos al principio de este capítulo? Que vendrán las bendiciones si nosotros damos las dos vueltas a esta llave: Oír y guardar la Palabra de Dios.  Si no la oímos -o si solamente la oímos- y no la cumplimos, no habrá bendiciones sobre nuestra vida, porque toda bendición tiene una condición.

     

Todos deben someterse a las autoridades públicas, pues no hay autoridad que Dios no haya dispuesto, así que las que existen fueron establecidas por él.  Por lo tanto, todo el que se opone a la autoridad se rebela contra lo que Dios ha instituido.  Los que así proceden recibirán castigo.

 (Romanos 13:1-2).

 

Una costumbre malsana es vivir criticando a los gobernantes.  Dios dice que debemos someternos a ellos.  Y esto no es cuestión de opiniones políticas, sino un mandamiento del Señor.  Pero, un momento.  ¿Podemos expresar criterios contrarios a lo que hacen los gobiernos? Terminantemente sí, pero con respeto. Otra pregunta clave: ¿Puede un cristiano desobedecer a las autoridades gubernamentales en la tierra?  Sí, bajo ciertas circunstancias. Si la autoridad gubernamental nos quiere obligar a hacer algo contrario a la voluntad de Dios, no solamente tenemos el derecho, sino la obligación de rebelarnos. ¿Cómo actuaron los apóstoles cuando el Imperio Romano, la gente del Sanedrín y las autoridades civiles en Jerusalén  los acosaron?

 

¡Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres! -respondieron Pedro y los demás apóstoles.

(Hechos 5:29).

 

Los encarcelaron, pero ellos no tenían alternativa. Una de dos: O le obedeces al Gobernante de arriba, o al gobernante de abajo.  Cuando el gobernante de abajo te quiere obligar a hacer algo contrario al Gobernante de arriba, debes rebelarte sin vacilaciones.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, páginas 246-247)

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VI-DIC-03

La Obediencia Como Mandamiento

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Obediencia a los patronos.  Hay cristianos de orientación más bien socialista.  Un Socialismo democrático, es el sistema que ha influido en Europa. ¿O Suecia no es un país socialista? Sí. ¿Inglaterra no es un país socialista? También. ¿España no progresó en tres lustros de socialismo democrático?  Por supuesto. Hecha esta necesaria aclaración, ¿en qué consiste la obediencia a los patronos? Los trabajadores no prosperan porque no entienden la idea simple que Max Weber -luterano, por más señas- describió en su famoso libro La Ética Protestante, que merece ser revisado a fondo otra vez, como lo ha propuesto el profesor Salomón Kalmanovich. ¿Qué es lo que Weber dice exactamente? Que cada trabajador es un ministro de Dios, que allí donde tú laboras, le estás sirviendo a Dios. Y no sólo las profesiones liberales, o de carácter intelectual: Abogados, médicos, ingenieros, científicos o técnicos, sino aún los oficios más humildes, son un ministerio dado por Dios a cada hombre.  Ese es un gran aporte de la Reforma Protestante para extirpar el feudalismo e imponer la democracia.

 

Esclavos, obedezcan en todo a sus amos terrenales, no sólo cuando ellos los estén mirando, como si ustedes quisieran ganarse el favor humano, sino con integridad de corazón y por respeto al Señor. Hagan lo que hagan trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo.

(Colosenses 3: 22-23).

 

Un abogado que te preste una asesoría legal, no te asesora a ti, sino a Jesús. Un lustrabotas que arregle tus zapatos, se ocupa de los zapatos de Jesús. Una lavandera que lave mi ropa, no lavará la ropa sucia de Darío, está arreglando la ropa de Jesús. Ética del trabajo, desde la perspectiva cristiana. Pero, ¡cuidado! ¿Puedo llegar a mi oficina, o a mi taller, a donde tenga a algunos bajo mi autoridad, con un látigo en la mano a intentar sojuzgarlos o esclavizarlos? No, mil veces no. Todos somos iguales ante Dios, aunque haya que respetar a las autoridades delegadas. Midamos el equilibrio y el balance del cristiano.

 

Amos, proporcionen a sus esclavos lo que es justo y equitativo,

conscientes de que ustedes también tienen un Amo en el cielo.

(Colosenses 4:1).

 

En los tiempos de Pablo se decía siervos y esclavos, hoy decimos patronos y trabajadores.  El Patrón de los patronos está en el cielo y tomará cuenta de cómo ellos tratan a sus subalternos, pues un principio elemental enseña que el que ejerce autoridad debe someterse a ella.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, páginas 244-246)

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VI-DIC-02

La Obediencia Como Mandamiento

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Obediencia a los padres.  En los últimos tiempos la sicología ha invertido algunos principios y valores, lo ha puesto todo patas arriba, ha autorizado a los pájaros a tirarles a las escopetas.  Sin embargo, la Palabra de Dios afirma:    

Hijos, obedezcan a sus padres en todo, porque esto agrada al Señor.

(Colosenses 3:20).

 

Un negocio redondo hace el buen hijo, porque éste es el único mandamiento con promesa: “Honra a tu padre y a tu madre para que tengas largos años sobre la tierra y todo lo que emprendas te salga bien”. Este mandamiento nos recuerda que Dios se identifica como Padre. ¿Qué quiere decir Abba? No quiere decir padre, escuetamente, sino más bien papito o daddy.  Dios se identifica con la paternidad. Y, por cierto, el Decálogo no contiene mandamiento alguno de los padres hacia los hijos. Danny Berríos, un querido amigo, me hace llorar cuando canta. No sé que me pasa con la unción de Danny.  Y él tiene una canción muy linda en la que le ora al Padre celestial por su hijo, y le dice:

 

Señor, yo quiero ser como tú,

porque él quiere ser como yo.

 

¿Cuál es el modelo de padre? Nadie razone: Yo soy el padre, o la madre, y me tienen que hacer reverencias y obedecerme en forma ciega. ¡No! La palabra es clara:

 

Padres, no exasperen a sus hijos, no sea que se desanimen.

(Vers. 21).

 

Todas las cosas deben hacerse con amor.  El que ejerce autoridad, hágalo con amabilidad y los hijos no olviden que el que honra al padre terrenal, honra al padre celestial.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, páginas 243-244)

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VI-DIC-01

La Obediencia Como Mandamiento

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Obediencia entre cónyuges.  Dios es la Suprema Autoridad, pero tiene autoridades delegadas. Uno de los errores más graves que se cometen, aún dentro del ámbito cristiano, consiste en pensar que, como yo estoy sometido a la autoridad de Dios, puedo evadir a las autoridades delegadas por Él. Cuando usted desacata a la autoridad delegada, desobedece directamente a quien hizo la delegación. Pasar por alto las autoridades que Dios puso sobre usted, equivale a pasar por alto la autoridad misma de Dios.

 

Esposas, sométanse a sus esposos, como conviene en el Señor.

(Colosenses 3:18).

 

Esta es una cosa que casi nunca cumplen las señoras, para después preguntar: ¿Por qué no recibo las bendiciones de Dios? Pero, por supuesto, no podemos aceptar la común calumnia contra el cristianismo, y muy particularmente contra San Pablo, sobre supuesto machismo.  Porque, si uno sigue leyendo esta Epístola, encontrará el equilibrio y el balance de la fe cristiana.

 

Esposos, amen a sus esposas y no sean duros con ellas.

(Vers. 19).

 

Hay quien cree que vale sólo la parte que Dios le ordena a la mujer, e invalida la que le ordena al varón. Pero ¿es tan autoridad sobre el hombre como sobre la mujer el mismo Dios eterno?. Es un absurdo pretender que exista alguna forma de servidumbre o esclavitud en los hogares. No se encuentra una sola porción en la Palabra divina que le dé a una persona la potestad de humillar o sojuzgar a un semejante. Lo que la Biblia dice, desde el principio hasta el fin, es que no hay acepción de personas frente al Señor. La mujer es llamada ayuda idónea o adecuada, no esclava. Tiranías como: Aquí yo doy las órdenes y la mujer tiene que obedecer, son extrabíblicas. El Señor le dice a Abraham, ejemplo de creyente: En todo lo que te dijere tu mujer, oye su voz. La mujer no toma la decisión, la tiene que tomar el varón; pero la mujer con su intuición natural -si es muy espiritual, con su palabra de ciencia – detecta situaciones que al hombre le pasan inadvertidas. Lo que el hombre debe hacer es analizar  el dato aportado por la mujer y tomar la decisión.

 

Para las Sagradas Escrituras, el hombre y la mujer se tienen que complementar, someterse el uno al otro a las obligaciones de esta vida, respetando el natural reparto que Dios ha dado a cada uno de los sexos, sin interferencias. Pero no hay tal cosa como que el uno manda olímpicamente y el otro obedece con sumisión. Cónyuge significa el que comparte el yugo, como en las yuntas de bueyes. Los esposos se tienen que ayudar y su autoridad sobre los hijos es compartida.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, páginas 241-243)

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VI-NOV-05

Obediencia | La Obediencia Como Mandamiento

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No se puede juzgar a la obediencia como consejo, o como recomendación, o como sugerencia.  La obediencia solo puede mirarse como mandamiento.

 

Obediencia a Dios.  Jesús es, por supuesto, el mayor ejemplo de obediencia. Examinar sus reacciones nos ayudará enormemente a desarrollar esta escasa virtud en nuestra vida.

 

De nuevo lo tentó el diablo, llevándolo a una montaña muy alta, y le mostró todos los reinos del mundo y su esplendor.  -Todo esto te daré si te postras y me adoras. -¡Vete, Satanás! -le dijo Jesús-. Porque escrito está: Adora al Señor tu Dios y sírvele solamente a él.  (Mateo 4:8-10).

 

Aquí tenemos, ni más ni menos, el enfrentamiento definitivo entre la salvación y la condenación, entre la luz y las tinieblas. Es decir, entre Cristo y Satanás. Pero observemos cómo la confrontación es, en realidad, entre la rebelión y la obediencia. El primer desobediente no es un ser humano, es el antiguo comandante de las huestes angélicas, el portador de la luz, que se rebeló contra Dios, e inauguró la desobediencia en el Universo.  En este pasaje vemos al gran desobediente enfrentado a Aquél que encarna la obediencia suprema, nuestro Señor Jesucristo. El diablo busca que le adoren y le sirvan y, al que se comprometa a adorarlo y a servirlo, le ofrece como contraprestación todos los reinos de la tierra. Jesús no se deja seducir, él es el mejor ejemplo de obediencia que el universo conoce y simplemente contesta: Solo a Dios hay que obedecer. ¿Qué es obedecer a Dios? Allí se dice: Adorarlo y servirlo. Por consiguiente, obedecer es adorar y servir, y toda forma de desobediencia, por pequeña que sea, por minúscula que parezca, es adoración satánica.  Siempre que se incurre en un acto de desobediencia, se adora y sirve al príncipe de las tinieblas.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, páginas 240-241)

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VI-NOV-04

La Soledad Compartida | La Pureza

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Ahora bien, el apóstol San Pablo, sistematizador de la doctrina cristiana, ha explicado a las claras que el matrimonio, simultáneamente con otras funciones específicas que tiene, es un poderoso escudo contra las tentaciones, un muro de contención frente a la inmoralidad sexual.

 

“El hombre debe cumplir su deber conyugal con su esposa, e igualmente la mujer con el esposo. La mujer ya no tiene derecho sobre su propio cuerpo, sino su esposo. Tampoco el hombre tiene derecho sobre su propio cuerpo, sino su esposa. No se nieguen el uno al otro, a no ser de común acuerdo, y solo por un tiempo, para dedicarse a la oración. No tarden en volver a unirse nuevamente; de lo contrario, pueden caer en tentación de Satanás por falta de dominio propio” (1 Corintios 7: 3-5).

 

Pese a tan claras instrucciones, es inquietante ver cómo el negarse a tener relaciones sexuales se usa a menudo a manera de castigo o desquite por actuaciones del cónyuge. Actitud semejante solo contraría el plan de Dios, pues  en una pareja de creyentes todo ha de hacerse de mutuo consentimiento. Para los cristianos la unión conyugal debe ser la tumba del machismo y el feminismo por igual. Se sobreentiende que el matrimonio no es un simple biombo detrás del cual pueda practicarse toda clase de aberraciones sin límite alguno; deleitarse no significa mancillarse.

 

“La voluntad de Dios es que sean santificados; que se aparten de la inmoralidad sexual; que cada uno aprenda a controlar su propio cuerpo de una manera santa y honrosa, sin dejarse llevar  por los malos deseos como lo hacen los paganos, que no conocen a Dios” (1 Tesalonicenses 4:3-5).

 

¿Permitiría usted que su pastor alquilara el tempo de su iglesia para ser usado como discoteca, bar, expendio de drogas o burdel? No, desde luego, su destinación exclusiva es la de un lugar de culto a Dios. De igual manera, siendo su cuerpo el templo viviente del Espíritu Santo, ¿cómo degradarlo para actividades viles, contrarias a las que su propio Morador desea que tenga?

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Sexo en la Biblia, páginas 212-214)

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VI-NOV-03

Cuando Marx y Freud se abrazaron | El Gueto Dorado

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Otro judío, también germánico, el vienés Viktor Frankl, no tuvo gueto dorado durante la guerra, sino un horrible campo de concentración nazi.  Allí, en la soledad y el dolor, redescubrió sus raíces espirituales y pudo afirmar que el hombre es ‘un espíritu rodeado de capas sicosomáticas’, y propone que se pase de la idea dicótoma a la tricótoma, lo cual lo sintoniza con san Pablo.

 

Que Dios mismo, el Dios de paz, los santifique por completo, y conserve todo su ser-espíritu, alma y cuerpo- irreprochable para la venida de Nuestro Señor Jesucristo

1Tesalonicenses 5:23

 

En el campo cristiano ha bajado de volumen la discusión entre tricótomos y dicótomos, ya que estos últimos reconocen en la parte inmaterial del hombre dos componentes: alma y espíritu.

 

Esta discusión alrededor de Marcuse, el inmigrante que conmocionó a los Estados Unidos, no es caprichosa ni traída de los cabellos.  Con el arribo de la élite alemana a las universidades y los medios de comunicación norteamericanos,  el llamado ‘cinturón bíblico’ dejo de ser cinturón de castidad para el buen gringo.  Muy atrás quedaron los bucólicos tiempos  que la Casita de la Pradera y los Ingalls quisieron perpetuar en la TV con la capilla del pueblo endomingada por una feligresía de punto en pie y un pastor de cuello y estola dirigiendo la acción de gracias al Creador por la abundancia de la tierra y la inocencia de los niños.

 

Y así llegó la posmodernidad con todos sus estragos: la descomposición de la familia, la libertad sexual, la prohibición de la enseñanza religiosa en las escuelas, Elvis Presley, los Beatles, los hippies, la muerte de Dios…Las iglesias, en tanto, sometidas a presiones delirantes, tomaron  uno de dos caminos: un fundamentalismo hirsuto, en contravía con el pensamiento de actualidad; o un liberalismo desbordado que trajo la incontrolable permisividad que hizo de sus creyentes caricaturas de cristianos, lejos de la santidad predicada por Wesley.

 

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, páginas 150-151)

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