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Darío Silva-Silva

El acuerdo | Cómo manejar los desacuerdos P3

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Pablo y Bernabé. Bernabé es la persona que sirvió de puente para que Pablo se hiciera amigo de los otros apóstoles.  Bernabé era la llave de Pablo, andaban juntos para todas partes.

 

Algún tiempo después, Pablo le dijo a Bernabé: Volvamos a visitar a los creyentes en todas las ciudades en donde hemos anunciado la palabra del Señor, y veamos cómo están.  Resulta que Bernabé quería llevar con ellos a Juan Marcos, pero a Pablo no le pareció prudente llevarlo, porque los había abandonado en Panfilia y no había seguido con ellos en el trabajo. 

Hechos 15:36-38.

 

Marcos es sobrino de Bernabé.  Cuando hicieron la primera campaña evangelística, Marcos que era un adolescente, se asustó porque los apedrearon y abandonó a Pablo y a su tío.  Ahora Pablo piensa razonablemente no llevarlo consigo.  Hasta ahora, Pablo y Bernabé han trabajado como cerradura y llave para abrir la puerta del acuerdo.  Nuevamente tienen un desacuerdo, porque son hombres; las diferencias de opinión se van a presentar siempre y las diferencias temperamentales son inevitables. No hay creyentes clones, cada ser humano es un original sin fotocopia.  Ahí tienen a Pablo y a Bernabé desacordados por causa de Juan Marcos.  No siguen juntos, pero nos enseñan cosas sabias.  Si no estamos de acuerdo, es mejor separarnos para no seguir peleando. (Esto no cuenta con los matrimonios. La única causal de disolución de un matrimonio es el adulterio irremediable). Pero a todas estas ¿se fue Pablo solo? ¿Se fue Bernabé solo?  Este último, claramente razonó: Mi llave  necesita una cerradura.  Me llevo a Marcos como cerradura de la llave del acuerdo.  Cualquiera diría, San Pablo, un coloso espiritual, no necesita quien lo acompañe, él se basta a si mismo.  Pero Pablo es espiritual y sabe cómo vienen las bendiciones del Señor.

     

Mientras que Pablo escogió a Silas. Después de que los hermanos lo encomendaron a la gracia del Señor, Pablo partió.

Vers. 40.

 

El dijo: Yo también necesito una cerradura para mi llave del acuerdo, y se llevó a Silas.  A veces hay diferencias de opinión, de visión y de opción.  Cuando hay una diferencia de opinión es fácil allanarla, es más difícil cuando se trata de diferencias de opción, o cuando hay, sobretodo, diferencias de visión.  La iglesia no puede ser bizca y debe tener una sola visión.  Si el desacuerdo se trata bien, se convertirá en acuerdo.  Un desacuerdo bien manejado es acuerdo.

 

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, página 282-283)

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El acuerdo | Cómo manejar los desacuerdos P2

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Esaú y Jacob. En la tierra de Mesopotamia, Padan-aram, en casa de su tío Labán, Jacob es tremendamente prosperado por su fidelidad.  Se agachó durante catorce años, y ahora, riquísimo recibe instrucciones de Dios.  Obediente toma sus mujeres y sus hijos, sus criados y todos sus ganados y vuelve a Canaán, la tierra de su padre. Pero Esaú todavía se encuentra en Canaán y ha jurado que lo matará.

 

Cuando Jacob alzó la vista y vio que Esaú se acercaba con cuatrocientos hombres, repartió a los niños entre Lea, Raque y las dos esclavas.  Al frente de todos colocó a las criadas con sus hijos, luego a Lea con sus hijos, y por último a Raquel con José.  Jacob, por su parte, se adelantó a ellos, inclinándose hasta el suelo siete veces mientras se iba acercando a su hermano.  Pero Esaú corrió a su encuentro y, echándole los brazos al cuello, lo abrazó y lo besó.  Entonces los dos se pusieron a llorar.  Luego Esaú alzó la vista y, al ver a las mujeres y a los niños, preguntó: -¿Quiénes son estos que te acompañan? -Son los hijos que Dios le ha concedido a tu siervo -respondió Jacob. 

Génesis 33:1-5.

 

Jacob no tiene tan mal carácter como la gente se imagina.  Después de ser perfeccionado por el Espíritu Santo, se convierte en una gran figura de la historia bíblica.

 

Las esclavas y sus hijos se acercaron y se inclinaron ante Esaú.  Luego, Lea y sus hijos hicieron lo mismo y, por último, también se inclinaron José y Raquel.  -¿Qué significan todas estas manadas que han salido a mi encuentro? -preguntó Esaú. -Intentaba con ellas ganarme tu confianza -contestó Jacob.  -Hermano mío -repuso Esaú-ya tengo más que suficiente.  Quédate con lo que te pertenece. -No, por favor -insistió Jacob; si me he ganado tu confianza, acepta este presente que te ofrezco. Ya que me has recibido tan bien, ¿ver tu rostro es como ver a Dios mismo! Acéptame el regalo que te he traído.  Dios ha sido muy bueno conmigo, y tengo más de lo que necesito.  Fue tanta la insistencia de Jacob que, finalmente, Esaú aceptó. ,

Vers. 6-11.

 

El final de esta historia es hermoso: Cuando muere Isaac, sus dos hijos se unen en su sepelio. Esaú se quería convertir en otro Caín contra ese Abel que era su hermano.  Ahora el uno sirvió de cerradura y el otro de llave, para abrir la puerta del acuerdo.  Recuerda que Esaú había jurado matar a Jacob.  Dios había dicho a Jacob que regresara a Canaán, él viene al encuentro de su hermano, después de muchos años de separación.  No sabe cómo va a reaccionar Esaú cuando lo vea, porque lo ha odiado durante todas esas décadas. Y ¿qué hace Jacob? Siete inclinaciones, siete reverencias ante su propio potencial homicida.  Jacob, un gran carácter, nos enseña dos cosas: La tristeza de las contiendas familiares y la alegría de los acuerdos familiares.  La humildad hace amigo al enemigo.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, página 280-281)

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El acuerdo | Cómo manejar los desacuerdos P1

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Somos de carne y hueso, e inevitablemente tendremos desacuerdos.  La Biblia nos enseña cómo se manejan los desacuerdos cuando se presentan como cosa ineludible.

 

Abraham y Lot.  Estos dos parientes cercanos ofrecen un ejemplo edificante.

 

Abram se había hecho muy rico en ganado, plata y oro. Génesis 13:2.

Era riquísimo el padre de la fe.

 

Por eso comenzaron las fricciones entre los pastores de los rebaños de Abram y los que cuidaban los ganados de Lot. Además, los cananeos y los ferezeos también habitaban allí en aquel tiempo. Vers. 7.

Hay un desacuerdo entre Abram y su sobrino Lot por causa de las riquezas materiales.

Así que Abram le dijo a Lot: No debe haber pleitos entre nosotros, ni entre nuestros pastores, porque somos parientes.  Vers. 8.

 

El padre de la fe es Abram. Siempre supo manejar la llave del acuerdo. Inmediatamente comienza un problema, hay que ponerle punto final, es su clave.

 

Allí tienes toda la tierra a tu disposición.  Por favor, aléjate de mí.  Si te vas a la izquierda, yo me iré a la derecha, y si te vas a la derecha, yo me iré a la izquierda,  Vers. 9.

 

¿Qué nos dice la Biblia? Lot, a pesar de que su tío actuó con tanta generosidad, no le dijo, como sería de esperarse: Tú eres mi autoridad y tienes el derecho a elegir.

Lot levantó la vista y observó que todo el valle del Jordán, hasta Zoar, era tierra de regadío, como el jardín del Señor o como la tierra de Egipto.  Así era antes de que el Señor destruyera a Sodoma y a Gomorra. Vers. 10.

Lot visualizó la mejor parte de la tierra, y puso sus tiendas a la orilla del río Jordán hasta Sodoma, que era una gran ciudad de la época.  Compró un pent-house en el Central Park y fue tremendamente prosperado.  Y aunque Abraham  tuvo que resignarse a un peladero, también en este caso funciona la llave del acuerdo. Abraham renunció a sus derechos en beneficio de su sobrino, ¿y qué sucedió? La tierra que escogió Lot, empezando por la gran ciudad de Sodoma con el pent-house de Lot, fue arrasado por el fuego del cielo, y el peladero que le tocó en suerte a Abraham se convirtió, por un milagro divino, porque Abraham manejó la llave del acuerdo, en la tierra que fluye leche y miel.  El fruto del acuerdo es inocultable en este caso.  Lot  es un ingrato.  Abraham lo ha traído consigo, y, cuando su tío elimina la contienda renunciando a sus derechos, elige la mejor parte, lo que después queda reducido a cenizas.  Este episodio demuestra que el desprendimiento elimina el desacuerdo.

El apóstol San Pablo le dice a los Corintios: He oído que tienen pleitos entre ustedes, ¿cómo es posible que los cristianos tengan pleitos entre sí? ¿Por qué más bien no se dejan defraudar antes que tener pleitos?.  No dijo Jesús: Al que te pida el manto dale también la capa?  El acuerdo es el que permite que la bendición venga sobre Abraham.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, página 277-279)

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La luz de la bondad | La bondad Divina P2

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Esa es la quimera católico-romana que produjo -por reacción y gracias a Dios- la Reforma Protestante.  Los jubileos, las peregrinaciones, las limosnas, las penitencias, las indulgencias plenarias o de las otras, no sirven absolutamente para nada. Dios no se deja sobornar de nadie a base de buenas obras. No es por tu hoja de vida repleta de méritos que se te va a dar la salvación. Somos salvos únicamente cuando, por medio de la fe, aceptamos de Dios su amor y su bondad humanados  en Jesucristo, lo cual añade un elemento clave: misericordia. La ecuación perfecta   que plantea Pablo es: amor + bondad = misericordia.

 

Si seguimos leyendo este pasaje en su contexto, encontraremos cómo interactúan las tres personas de la Deidad. Últimamente en el cristianismo evangélico hay una nociva tendencia a fraccionar la  Trinidad. Algunos ya se llaman “los solo Jesús”, y hay otros que se centran exclusivamente en el Espíritu Santo. Tales posturas son erróneas. Como lo he dicho varias veces, si un cristiano se especializa en el Padre, se vuelve místico contemplativo; si se especializa en el Hijo se vuelve humanista; y, si se especializa en el Espíritu Santo, se vuelve ocultista. La Trinidad no se puede dividir, pues Dios es uno.

 

Dicho lo anterior, observemos cómo interactúan las tres personas divinas en el misterio de la salvación: El Padre, que es amor y bondad, nos da la salvación por su misericordia; pero lo hace mediante  el lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo. El Padre actúa, pues,  por el Espíritu. ¿Cómo lo hace? Veamos: Lavamiento, ¿qué implica? Que estoy sucio y me doy un baño   para quedar limpio. Eso es lo que simboliza el bautismo en agua: limpieza, completo aseo interior. Ahora bien, regeneración, ¿qué significa? Nuevo nacimiento. No que usted es reformado, sino que  muere y vuelve a nacer, que es hecho una nueva criatura. Y, finalmente, renovación. Por desgracia, hay personas que confunden los conceptos: pero, por supuesto,  no es lo mismo regeneración que renovación. Regeneración es el acto de nacer de nuevo, renovación es el trabajo diario de mejoramiento de la personalidad, hecho por el Espíritu Santo. Significa que cada día soy mejor. “Mejor” no, digamos “menos peor”.

 

Allí tenemos, entonces, lavamiento, regeneración y renovación; luego, ya mencionados el Padre y el Espíritu, se añade que Éste fue derramado abundantemente por Aquel sobre nosotros por medio de Jesucristo nuestro Salvador. Dios actúa siempre como Trinidad, no separadamente. No soy yo por mis obras  meritorias quien logro mi propia salvación; tampoco la puedo obtener por medio de María o de los santos; El Salvador es Jesucristo, la salvación es sólo por medio de Él. Punto final. Y allí tenemos, ni más ni menos,  la más grande expresión de la bondad de Dios: nuestra salvación gratuita, sin merecerla. Somos salvos por la bondad de Dios.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Fruto Eterno, página 171-173)

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La luz de la bondad | La bondad Divina P1

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Siguiendo el método lógico que debe  aplicarse, examinaremos la bondad divina a través de la forma como se manifiesta en las tres personas de  la Santísima Trinidad.

 

La bondad del Padre. Al analizar la bondad del Padre Celestial, viene a mi memoria el viejo catecismo del sacerdote jesuita  Gaspar Astete, que redujo a fórmulas simples la doctrina del catolicismo; pero que, de todas maneras, contiene verdades básicas de la fe cristiana. Una de sus esencialistas definiciones dice en forma cabal: “Dios es un ser infinitamente bueno”; por eso, al manifestarse su bondad y su amor  nos dio salvación, no por nuestros propios méritos justificativos -que no los poseemos-, sino exclusivamente por su misericordia.

 

Pero cuando se manifestaron la bondad y el amor de Dios nuestro Salvador,  él nos salvó, no por nuestras propias obras de justicia sino por su misericordia. Nos salvó mediante el lavamiento de la regeneración y de la renovación por el Espíritu Santo,  el cual fue derramado abundantemente sobre nosotros por medio de Jesucristo nuestro Salvador.

Tito 3:4,6

 

Tenemos aquí claramente expuesto por el apóstol San Pablo, que es el sistematizador del cristianismo, cómo la bondad y el amor de Dios actúan juntos para salvarnos. Obviamente, nadie puede ser bondadoso si no es amoroso. Dios manifiesta su bondad y su amor en forma simultánea, porque  van de la mano, son “siameses”, el amor y la bondad. El amoroso es bondadoso, el bondadoso es amoroso. Es muy triste ver en iglesias cristianas que se suponen de sana doctrina,  multitudes de personas tratando de hacer méritos ante Dios para que las salve. ¡Qué contradicción, qué despropósito tan grande!

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Fruto Eterno, página 170-171)

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La luz de la bondad

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Por tanto, considera la bondad y la severidad de Dios: severidad hacia los que cayeron y bondad hacia ti. Pero si no te mantienes en su bondad, tú también serás desgajado.

Romanos 11.22

 

La bondad es la sexta característica del fruto espiritual, según la bien conocida enumeración paulina. Es este  un capítulo de Romanos en el cual el propio apóstol  habla sobre la relación de los cristianos con los judíos; en su perspectiva, ellos son el olivo natural, y nosotros, ramas silvestres  injertadas; y, por lo tanto, debemos tener la mejor relación posible con el pueblo de Israel. Pero, al margen de la deseable amistad entre judíos y cristianos, la referencia a la bondad de Dios -y a su severidad- nos viene como anillo al dedo ya que, en nuestra serie, vamos a hablar de la bondad.

 

En una definición básica, primaria, la bondad es propiamente la condición de bueno. Necesariamente, la bondad nace de un corazón bueno, pues un corazón malo produce maldad; y, como se trata de algo espiritual, obviamente la bondad proviene de Dios; exactamente, del corazón mismo de Dios. La razón es sencilla, porque Dios es infinitamente bueno, en su propia naturaleza esencial palpita la bondad. Miraremos por lo tanto el tema apasionante de la bondad de Dios.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Fruto Eterno, página 169-170)

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El tesoro de la amabilidad | Ejemplos de amabilidad P4

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Unidad, convivencia y tolerancia. Por haber  dicho que con los católicos hay que tener “convivencia en la diferencia”, algunos sectores evangélicos me han criticado. Por Dios, ¿no entienden qué significa convivencia? Convivencia -en este caso- no implica acuerdo ni, mucho menos, contubernio, puesto que se añade  “en la diferencia”; y, aquí sí como decían los viejos, “juntos pero no revueltos”.  Lo que no  puede hacerse, en unos países  que ya tienen suficientes enfrentamientos, conflictos y guerras,  disensiones y discordias,   es trasladar a América Latina la anacrónica guerra de Irlanda entre protestantes y católicos como otro factor de perturbación.

 

Los cristianos debemos ser pacificadores y, aunque tracemos una línea divisoria bien clara con los católico-romanos,  tenemos  que convivir con ellos. Convivir es “vivir con”. ¿Acaso ellos viven en  países distintos a los nuestros? Compartimos el mismo espacio, acatamos las mismas autoridades y sufrimos los mismos problemas, aunque no tengamos los mismos dogmas y las mismas creencias. Y ¿de qué manera se logra esto? Tal como convivía con los hititas el patriarca Abraham, por ejemplo.

 

Por último,   frente a los demás sistemas  propiciamos “tolerancia en la distancia”. Yo no puedo tener la misma clase de relación con un politeísta que con un agnóstico, ni el mismo tipo de contacto con un agnóstico que con un monoteísta. Los judíos y los musulmanes creen en el  Dios de Abraham, son monoteístas como nosotros; pero,  dentro del monoteísmo, mi relación tampoco puede ser igual con un musulmán que con un judío.  Hay ciertas diferencias y graduaciones en el trato con las personas dentro de esas “empatías” espirituales; y, por eso, promovemos “tolerancia en la distancia”.

 

Es necesario mantener cierto trecho, más que nada con los practicantes de sistemas religiosos falsos; no es posible sostener el mismo grado de  comunicación con los miembros de las diferentes creencias, aunque se debe ser amable con todos por igual.  No es cierto que “todos los caminos conducen a Roma”. (Bueno, a Roma puede que sí, pero no a Dios).  Respecto a  este tema de la amabilidad, francamente debiéramos volver a la enseñanza sencilla de Agustín de Hipona en el siglo IV:

 

En lo esencial, unidad

En lo no esencial, libertad

Y en todas las cosas, caridad.

 

Si entendiéramos y aceptáramos estas consideraciones tan sencillas,  nuestra amabilidad crecería y seríamos seguidores más auténticos de Aquel a quien San Pablo describe como el máximo ejemplo de amabilidad conocido en la historia. Las instrucciones del apóstol tienen validez para todos los tiempos y, en cortos versículos, nos dan un marco teórico de la amabilidad:

 

Por tanto, si sienten algún estímulo en su unión con Cristo, algún consuelo en su amor, algún compañerismo en el Espíritu, algún afecto entrañable,  llénenme de alegría teniendo un mismo parecer, un mismo amor, unidos en alma y pensamiento.  No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos.  Cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses sino también por los intereses de los demás.

Filipenses  2:1-4

 

Amabilidad, fruto del Espíritu Santo que, al producirse en cada hijo de Dios, multiplica su semilla prodigiosa en los surcos de la sociedad para que ésta produzca  una gran cosecha jovial de seres humanos gentiles y respetuosos unos con otros. Soñemos con ese milagro de la productividad espiritual de Cristo.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Fruto Eterno, página 165-167)

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El tesoro de la amabilidad | Ejemplos de amabilidad P3

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Los ángeles son amables. Saludar  es un acto de amabilidad  elemental que se ve hasta en los ángeles.   ¿Recuerdan cuando viene Gabriel en persona a visitar a la adolescente María de Nazaret?  Ella no era una princesa ninivita, egipcia o babilónica, sino una mujer realmente muy humilde. Un ángel es un ser superior a un ser humano; sin embargo, lo primero que Gabriel hace ante esta jovencita tímida y con acné es saludarla amablemente: “Salve, muy favorecida”. Cortesía angelical.

 

En los tiempos actuales, ve uno descortesía aún en los noviazgos, los muchachos  no saben lo que es cortejar correctamente a una mujer. En mis tiempos de juventud se decía: “Las damas primero”; pero, por supuesto, en la amabilidad había tarifas diferenciales: “Primero la edad que la belleza”. También se acostumbraba dejar la acera al anciano, al limitado, a la dama; ceder el puesto a las personas mayores en edad, dignidad y gobierno; abrir y cerrar la puerta  del automóvil a las señoras, etc.  Hoy lo que   se ve es descortesía, todo el mundo quiere pasar primero,  nadie dice: “Siga usted”, siendo que no se pierden diez  segundos dejando pasar al otro adelante.

 

El cristiano debería ser conciente de que  puede ganar -o perder- un alma con su conducta social. No es simplemente humanitario, sino cristiano, levantar al que ha caído, darle la mano al anciano que está cruzando la calle. La amabilidad   tiene mucho que ver con la misericordia. Ayudar a los necesitados en sus urgencias y, también, ser solidario con la gente en sus alegrías no son solo amabilidades sino principios de ética elemental. Últimamente  a muchos les cuesta trabajo sonreír, algo fácil de hacer y gratuito; y, claro,  no significa que yo debo andar exhibiendo  una sonrisa permanente de oreja a oreja, como un payaso de circo. No se trata de fingimiento, no es derrochar hipocresía, colocarse caretas, y cosas así. Pero practicar la amabilidad en todas las relaciones interpersonales es una  ordenanza  bíblica de ineludible cumplimiento.

 

Amabilidad entre padres e hijos, amabilidad entre cónyuges, amabilidad entre patronos y trabajadores, amabilidad entre hermanos y amabilidad con los inconversos. En mi iglesia se ha enseñado desde el principio esta consigna:

 

Entre cristianos, unidad en la variedad;

con católicos y ortodoxos, convivencia en la diferencia;

 frente a los demás sistemas, tolerancia en la distancia.

 

Un error grave de apreciación se comete al pensar que uno es descortés porque no está de acuerdo con algunos dirigentes eclesiásticos  sobre la forma  como manejan los temas bíblicos. Eso no es descortesía, sino búsqueda de una genuina identidad cristiana. Dentro de la sana doctrina, los grupos evangélicos son  diferentes entre sí, no hay congregaciones clones ni creyentes clonables; la iglesia es una vid y muchas ramas y, en ese conjunto,  unas ramas son largas y otras  cortas, unas  delgadas y otras  gruesas, pero todas están adheridas a la misma vid verdadera que es Jesucristo. Es importante entender lo que significa estar unidos siendo variados; pues,  si decimos “unidad en la variedad”, es porque somos variados, no porque somos iguales. Lo importante es que se trate con respeto al que ve algunas cosas diferentes a como uno las percibe.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Fruto Eterno, página 163-165)

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Los hijos de Abraham | La nueva sinagoga

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Hoy en día hay un cierto hispanoisraelismo que se hace evidente en comunidades sefarditas que optan por la fe cristiana.  Todos debemos alegrarnos de que en el pueblo del Señor haya gente que lo acepte como su Mesías; sin embargo, las sinagogas mesiánicas hispanas que hoy surgen comportan riesgos para los cristianos gentiles.  Algunas personas se han dado a la tarea de excavar en sus árboles genealógicos para identificar el  elemento hebreo.  Hace varias décadas el poeta colombiano Rafael Ortiz González escribía:

 

Pero es tan fuerte el fiel determinismo

por estas latitudes milenarias,

que he sacudido el árbol de mi sangre

a ver si de la fronda de mis venas

vuela una vieja golondrina hebraica.

 

A muchos les queda fácil hallar el hilo que desenrede el ovillo de sus ancestros judíos.  Recientemente recibí un correo electrónico desde Atenas,  enviado por el judío mesiánico Félix Guttmann, en el cual se me informa que los Silvas son sefarditas que huyeron de la Inquisición y se afincaron en Colombia y Chile.  (Por este descubrimiento no se me ocurriría mandarme a circuncidar.) El gran inconveniente de esta nueva ola radica en que muchos entusiastas neófitos organizan grupos informales que se dedican a judaizar a los cristianos hasta descristianizarlos, o bien a cristianizar a los judíos desjudaizándolos y no cristianizándolos propiamente.

En Estados Unidos, por suerte, existen mejores controles de calidad para estos productos y, por supuesto, hacen presencia sólidas y correctas comunidades como la Alianza Judeo–Mesiánica Internacional que lidera el rabino y pastor David Sedaca, argentino por más señas, quien aporta elementos culturales latinoamericanos muy valiosos a este movimiento insurgente de grandes proyecciones.

Alguien pensará que las propuestas de este libro son utópicas.  Pretender que Estados Unidos, como eje del mundo actual, sea el núcleo de fusión de tantas fuerzas contradictorias suena a mera ilusión.  Sin embargo, lo que hoy es la Civilización Cristiana Occidental se amalgamó en Roma – los romanos eran los gringos de aquel tiempo – conciliando elementos disímiles en apariencia: la filosofía griega, la legislación romana, la ética semítica, la cultura celtogermánica, todo ello con el soplo del Espíritu Santo a través de las Sagradas Escrituras.  El cristianismo es el gran catalizador humano, pero ha sido funesto error considerarlo como una cultura en sí mismo, pues uno puede ser cristiano y anglosajón, cristiano y latinoamericano, cristiano y chino, cristiano e indígena, sin dejar de ser lo uno para poder ser lo otro.  La Biblia es bien clara al respecto:

Después de esto miré, y apareció una multitud tomada de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas; era tan grande que nadie podía contarla.  Estaban de pie delante del trono y del Cordero, vestidos de túnicas blancas y con ramas de palma en la mano

Apocalipsis 7:9

Lo maravilloso de los Estados Unidos es la diversidad sin límites.  La xenofobia es mal desconocido en su territorio, salvo el caso de fanáticos – terroristas nunca faltan – para quienes el ser humano superior es el que forma en sus propias filas.  De ahí que resulte relevante, en un examen de posibilidades futuristas, a la luz – o a la sombra – de la tragedia septembrina, detenerse a pensar en un posible acuerdo sobre temas mínimos entre las distintas vertientes del monoteísmo, sin descartar sus perfiles particularistas. La historia no se estanca, ni puede hacerlo, en pequeños reductos raciales, religiosos o culturales.  La virtud del cristianismo es aprovecharlo todo, sintetizarlo todo, organizarlo todo, del caos al concierto, bajo la batuta del Gran Maestro Universal.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, página 185-187)

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Los hijos de Abraham | ¿Hispanoisraelismo?

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España fue, propiamente, la segunda patria de los judíos.  El rabino Hananel Sevilla, jefe religioso de una comunidad  sefaradí en Sofía, Bulgaria, ha dicho que la presencia de su pueblo en tierras españolas se remonta a los tiempos de la dominación babilónica, cuando muchos huyeron por el Mediterráneo hacia Tarsis, en Andalucía.  Los sefarditas suelen decir que ellos no son culpables de la muerte de Jesús, puesto que se encuentran en Sefar o Sefarad (nombre bíblico de España) desde quinientos años antes de Cristo.

Nadie pone en tela de juicio la patente judeidad étnica de Antioquia en Colombia, Córdoba en Argentina y Monterrey en México.  Hay también quienes se aventuran con Menasé ben Israel y Antonio de Montezinos en la hipótesis de que en la América precolombina se afincaron algunas de las tribus israelitas perdidas en tiempos de Salmanasar.  Se encuentran indicios judaicos en algunas costumbres indígenas: la circuncisión en Yucatán y Acuzamil, el jubileo cada cincuenta años en Nueva España, el matrimonio con la viuda del hermano en el Perú, la guarda eterna del fuego en los altares por los Totones, el relato del diluvio universal y la Torre de Cholula, similar a Babel, para citar pocos ejemplos.

América Latina, por todo lo anotado anteriormente, es un crisol donde se funde el porvenir humano, y su presencia creciente en los Estados Unidos debe orientarse positivamente para que la masa migratoria entregue sus aportes creativos hacia la meta común de una humanidad más humana, si se permite tal expresión.  Dicho directamente, más cristiana.  Mejor aún: cristiana a secas.

No se crea que estoy propiciando, en medio de la actual confusión, algún tipo de ecumenismo.  ¡Dios me libre! Nadie podría válidamente acuñar un medallón en el cual lucieran juntos la Torah, el Evangelio y el Corán; pero yo he visto, por ejemplo, a Don Francisco, teleanimador chileno judío, presentar a Shakira, cantante colombiana árabe.

Hace algunos años el presidente egipcio Anwar el Sadat se impuso una obra faraónica: la construcción de un gigantesco templo en el monte Sinaí para estímulo de paz entre los hombres.  Las acciones de este líder egipcio le dieron una robusta imagen histórica, aunque fueron incomprendidas por los fanáticos, adversos a lo magnánimo.  Fueron terroristas de corte islámico los que asesinaron a Sadat,  dicho sea de paso.

Según pensaba este musulmán ilustrado, se hacía necesario un monumento para honrar la fe monoteísta; él ordenó al autor del proyecto coronar la nueva pirámide con la cruz, la estrella de David y la Media Luna, símbolos de las religiones que nacieron de la fe de Abraham.  Es verdad histórica que la región  levantina ha tenido sus momentos estelares cuando se produce la empatía entre agarenos y hebreos, cosa que ha ocurrido esporádicamente,  por desdicha.  Si los cristianos contribuimos a ello, despojados de prejuicios, con la neta ley de Jesucristo, que es el amor, podemos hacer mucho, sin ser ecumenistas. Ecumenismo no es sino la nueva esfinge.

En la agenda norteamericana de las misiones hoy no tiene prioridad la América Latina; la preocupación primordial se dirige hacia los países de la antigua órbita soviética en la Europa Oriental y, por supuesto, hacia los musulmanes, y  la tendencia se incrementa ahora mismo ante las necesidades creadas por la guerra de Afganistán.  Actualmente las grandes misiones transnacionales se empeñan en reclutar a latinoamericanos para que reciban adiestramiento y marchen a predicar en Irak, Irán, Paquistán, Arabia y aledaños.

Sin criticar tales esfuerzos,  es menester decir que América Latina  misma necesita ser, en gran medida, convertida a Cristo; o, por lo menos reevangelizada. Ante esta prioridad muchos prefieren dedicar todos los esfuerzos a la mano para la obra misionera a quienes hablan español en cualquier lugar del mundo.  Las megalópolis norteamericanas, europeas y asiáticas albergan a hispanohablantes por millones  y ellos no encuentran una visión eclesiástica que se acomode a sus particularidades.

Una de las lecciones más valiosas del 11 de septiembre fue observar a muchas familias enlutadas que hablaban español asistidas por clérigos de varias religiones, menos la iglesia cristiana evangélica. Hay mucho trabajo para hacer.  Y hay que empezar a hacerlo en forma inmediata.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, página 183-185)

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