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Visión Integral

VI-2017-04-02

Apocalipticismo y Esperanza

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

La visión escatológica en boga no es esperanzadora sino catastrófica, como ha solido serlo en tiempos terminales, y más ahora, es obvio, por tratarse de un cruce de siglos y milenios, coincidencia ideal para mentalidades agoreras, que olvidan el carácter esencialmente optimista de la escatología cristiana. No debe pasarse por alto que las mitologías indígenas abundan en vaticinios escatológicos, especialmente la maya, a través de su libro sagrado, el Popol Vuh, y que tales leyendas han influido, tal vez inconscientemente, en la interpretación bíblica de no pocos maestros evangélicos. Durante decenios  nuestra comunidad cristiana ha reemplazado el gozo de la esperanza bienaventurada por un temor enfermizo a las señales del tiempo final, todo ello auspiciado por videntes de endeble formación bíblica.  Convendría rescatar los aspectos positivos de la Teología de la Esperanza  para poner en orden la actual barahúnda doctrinaria sobre las últimas cosas.  Intentemos el esencialismo.

 

No existe un tema que merezca más atención de los estudiosos bíblicos como la Escatología, precisamente cuando nos hallamos al inicio del siglo XXI y el tercer milenio de la era cristiana, y muchos se apresuran a pronosticar el nacimiento de una ‘nueva era’, que, para ellos, no solo será postmoderna, sino postcristiana.  Como quien dice, el reinado mismo del anticristo.

 

Deplorablemente la iglesia que podríamos llamar organizada -ese cuerpo homogéneo de ortodoxia que trasciende a los tiempos- descuidó casi por completo la doctrina de las últimas cosas, permitiendo así que ésta cayera en manos de iluminados y charlatanes, forjadores de sectas marginales y, en general, miembros de lo que hemos llamado ‘religión informal’, que es como el cinturón de miseria de la religión.  Y, por supuesto, la ignorancia y el emocionalismo propios de tales gentes, mezclados a veces de ingenuidad o de astucia, han formado un colosal embrollo interpretativo sobre materia tan delicada, llegando, en no pocos casos, a movimientos de histeria que concluyeron en suicidios masivos, o en definitivo desencanto de los adeptos de tales especulaciones. Con todo, la doctrina escatológica debería ser parte sustancial del discipulado cristiano

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Reto de Dios, páginas 153-154)

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VI-2017-04-01

El Pulpo Colosal | Utopías

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Pero la esperanza cristiana ha sido abandonada en manos de sectarios, fanáticos y lunáticos apocalípticos, sin ningún recurso práctico para los problemas humanos. Desconocen el solucionismo. Y, por eso, sus seguidores viven expuestos al resurgir de las utopías, una de las tendencias más perniciosas del quijotismo humano y que solo son caricaturas del Reino de Dios.  Evoquemos las principales:

* Utopía: Diseñada por el humanista Tomás Moro, amigo de Erasmo, tiene orientación cristiana, pero con tolerancia a toda creencia en Dios, lo cual la hace universaloide.  Su remoto antecedente está en la filosofía griega.

* La República: Diseñada por Platón como una meritocracia formada por protectores o gobernantes, auxiliares o guerreros, trabajadores, agricultores o artesanos, y, finalmente, esclavos.

* Abadía de Théleme: Su autor es el satírico renacentista francés Rabelais, quien despreciaba la vida monacal y las doctrinas escolásticas.  Descrita en Gargantúa, es un enorme castillo hexagonal convertido en abadía, donde una aristocracia del conocimiento dedica su tiempo al placer y la comodidad.

* Cristianápolis: Ideada por el erudito, reformador social y predicador luterano Johan Valentin Andrea.  Se trata de una isla donde una comunidad de trabajadores vive en igualdad, renuncia a las riquezas y participa en todos los asuntos cívicos y religiosos.  Los delitos contra Dios son más severamente castigados que los otros.

* Armonía: Diseñada por Charles Fourier, mantiene el concepto de propiedad privada, pero la producción es estrictamente cooperativa y regulada según la necesidad individual.

* Icaria: En esta utopía de Etianne Cabet todo es reglamentado por la ley, desde la religión hasta el menú familiar.

* Pala: Debida a la imaginación de Aldous Huxley, pretende una monarquía constitucional, en la cual la calidad de rajá es hereditaria.  Busca la fusión de la ciencia y la religión.

* Shangri-la: Teocracia gobernada, según James Hilton, por un Gran Lama.  Se trata de un cura francés llamado Perrault, quien llega al Tibet a organizar un monasterio cristiano.  Es una simbiosis de Biblia e Hinduismo.

* Oneida: Nacida del movimiento perfeccionista, fundado por John Humphrey Noyes, aboga por la erradicación total e inmediata del pecado.  Comenzó en la Escuela Bíblica para Adultos, de Putney, Virginia, como una ‘comunidad de afectos’, pero destruyó rápidamente el principio de la monogamia.

 

La descripción de estas utopías solo tiene por objeto alertar a los cristianos sobre movimientos similares detectables hoy en el mundo.  Mirada objetivamente, la Nueva Era es una utopía.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Reto de Dios, páginas 151-152)

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VI-2017-03-30

El Pulpo Colosal | Inautenticidad

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Los latinoamericanos somos inauténticos; y, podría decirse, bastante esnobistas. Padecemos arribismo social y camuflaje cultural. Luis María Mora lo percibió así en la primera mitad del siglo XX:

No somos aún civilizados y ya queremos ser decadentes; estamos al pie del monte, y ya sentimos los vértigos de la cumbre.

En Colombia, por ejemplo, queremos convencernos de que el coloso García Márquez es el escritor nacional por antonomasia; pero Macondo no es Colombia, Macondo es el Caribe. Colombia, además del litoral, son los paisas con Carrasquilla, los cundiboyacenses con Caballero Calderón, la selva y el Llano con José Eustasio Rivera. En Venezuela, Arturo Uslar-Pietri no es Rómulo Gallegos, pues algo va de Caracas al Llano. En México, Alfonso Reyes y Juan Rulfo tienen perspectivas distintas, como en Argentina el europeizante Aleph de Jorge Luis Borges se distancia del pampero Martín Fierro, de José Hernández. Tampoco el vallenato es nuestro ritmo por antonomasia; sino, dependiendo la región, puede serlo el bambuco, el torbellino, la guabina, el pasillo, el sanjuanero, la cumbia. Así en México, el son de Veracruz difiere de la canción yucateca, lo mismo que del corrido ranchero de Jalisco.

Es fácil observar cómo León De Greiff no escribió rimas castellanas, sino runas vikingas, y Gabriela Mistral, baladas provenzales. En ese orden de ideas, el mexicano Octavio Paz es un escritor indoitaliano; el nicaragüense Rubén Darío, un poeta persa; el uruguayo José Enrique Rodó, un pensador griego; el argentino Astor Piazzola, un músico francés; el peruano Hugo Alegre, un pintor holandés; y así sucesivamente.

De forma similar, muchos de nuestros criollos predicadores se esfuerzan por parecerse a las estrellas del televangelismo y las megaiglesias norteamericanas: el look, el vestuario, la decoración escénica, el back projection y el histrionismo son mera imitación de los modelos estereotipados y hollywodenses del norte. Latinoamérica es, apenas, un proyecto, dentro del cual, algunos comentaristas regionales posan de originalidad: según tradición oral, el escritor y político Armando Solano quiso definir las cosas cuando habló de ‘nuestra América india, mulata, mestiza y tropical’. Y el peruano Víctor Raúl Haya de la Torre, creador del Apra, (Alianza Popular Revolucionaria Americana) adoptó una palabra afortunada: Amerindia, para referirse al que algunos han llamado, acertadamente, el continente de la esperanza.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Reto de Dios, páginas 149-151)

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VI-2017-03-23

¿Quién es Jesús para Jesús?

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El erudito judío Jacob Neusner, en su libro ‘Un rabino habla con Jesús’, se muestra sinceramente conmovido con las enseñanzas del Sermón del Monte, en general todo lo que el evangelio transmite lo impacta positivamente, pero se aparta de Jesús radicalmente por sus afirmaciones sobre sí mismo. Al respecto afirma:

 

“Jesús da un paso importante en la dirección equivocada al transferir el

énfasis del ‘nosotros’ como comunidad judía a un ‘Yo’. El desacuerdo se

da en la persona de Jesús, y nunca en sus enseñanzas… Al fin el maestro Jesús

exige algo que solo Dios exige”.

 

Aunque Neusner —como muchos judíos— no lo acepte, el humilde Carpintero que nació en el pesebre, bajo el calor de animales domésticos, en un estado de indefensión y de pobreza, es el gran “Yo Soy el que Soy” de los hebreos, “el Dios no conocido” de los griegos, el Gran Quién Sabe. Solo que voluntariamente se ha despojado a sí mismo (kenosis) al descender hasta el agujero negro donde se halla el hombre caído para levantarlo, con la palanca de la cruz, en la dinámica de la redención.

 

En tales condiciones, a nadie debe extrañarle el absoluto desparpajo con que Él mismo se autocalifica, mejor dicho, se identifica como YHWH.

 

¿Quién es Jesús para Jesús?

—Lo que Jesús es: simplemente Dios.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, página 149)

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VI-2017-03-16

¿Quién es Jesús para Jesús?

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Durante la Edad Media, los místicos buscaron lo que se llamaba el sumum bonum, es decir, el bien supremo, que para ellos era, precisamente, ver a Dios. Sabían que la ‘visión beatífica’ estaba reservada exclusivamente para los limpios de corazón, según el propio Jesús lo había enseñado en las Bienaventuranzas (Mateo 5:8). Para citar un caso notable, Francisco de Asís se alejó del mundo y sus fascinaciones para limpiar los ojos interiores y poder ver a Dios en su corazón, ya que físicamente le era imposible hacerlo.

 

En Jesucristo nadie ve a Dios COMO un hombre, sino EN un hombre, porque ese Hombre, nacido de una mujer, exhibe un carácter moral, unos atributos y unas obras que solo pueden calificarse de divinos. Esa es la clave. Por eso, con toda autoridad, dialoga con los fariseos sobre temas ordinarios en forma extraordinaria:

«Abraham, el padre de ustedes, se regocijó al pensar que vería mi día; y lo vio y se alegró. —Ni a los cincuenta años llegas —le dijeron los judíos—, ¿y has visto a Abraham? —Ciertamente les aseguro que, antes que Abraham naciera, ¡yo soy!». (Juan 8:56-58)

 

Aquí la respuesta de Jesús es estremecedora: —Bien, muchachos, ciertamente —esto es verdad— les aseguro —no les sugiero— que ANTES de que Abraham naciera, YO SOY. No  dice: “Yo era”, en pretérito, para retrotraerse al tiempo de Abraham; sino “Yo Soy”, en un eterno presente.

 

La Biblia  identifica el nombre de Dios con el llamado ‘tetragrámaton’, representado por las letras YHWH, que es impronunciable. Generalmente se lo nombra bajo dos aproximaciones fonéticas: la clásica Yavéh y la  variante no muy ortodoxa y, más bien, acomodaticia, Jehová; pero que, en todo caso, significa “Yo Soy”.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 147-148)

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VI-2017-03-09

¿Quién es Jesús para Jesús?

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Yo creo radicalmente en la Trinidad porque mi corazón, instrumento de la fe, la discierne sin apoyarse en la razón de mi mente, instrumento de la duda. Pero hay razonamientos que me auxilian:

 

LÓGICA —Dios es el silogismo eterno: el Padre es tesis, el Hijo es antítesis, el Espíritu Santo es síntesis.

GRAMÁTICA —Dios  es el gran Yo-Tú-Él, el eterno pronombre: el Padre es Yo, el Hijo es Tú, el Espíritu Santo es Él.

CARIDAD  —Dios es el ágape eterno: el Padre es el amante, el Hijo es el amado, el Espíritu Santo es el amor.

 

En lo personal,  yo soy Darío, uno en esencia, mi ser en mí mismo, pero trino en subsistencia: espíritu, alma y cuerpo; y, aunque mi espíritu, mi alma y mi cuerpo son diferentes entre sí, soy un solo Darío, una trinidad humana a imagen y semejanza de mi Dios, que es la Trinidad divina.

 

Ahora bien: si Dios es trino en subsistencia (Padre, Hijo y Espíritu) pero uno en esencia, bien puede el Hijo decir que es uno con el Padre y bien puede afirmarse que el Señor —es decir, el Hijo— es el Espíritu.

 

El gran deseo del hombre ha sido, a través de las edades, ver a Dios. Nadie ha podido hacerlo en realidad y, cuando la Biblia misma informa sobre visiones de Dios, lo hace en sentido figurado. Las llamadas ’teofanías’ no son apariciones materiales de Dios; si no, más bien, misteriosas proyecciones que Él hace de alguna manera —transmisiones vía satélite, hologramas, iconos cibernéticos qué se yo- generalmente a través de ángeles; pero nunca, eso es seguro, somatizaciones del propio Dios.

 

Ahora bien, aunque los espíritus no tienen formas físicas, los ángeles y los demonios las asumen a veces, fenómeno del cual hay abundantes testimonios antiguos y contemporáneos. Sin embargo,  Dios mismo no lo hace porque Él es el Espíritu que habita en luz inaccesible.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 146-147)

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VI-2017-03-02

¿Quién es Jesús para Jesús?

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Ahora las cosas empiezan a aclararse: Dios es uno en esencia (el ser en sí),  pero trino en subsistencia (el ser en actividad). De hecho, una observación más o menos minuciosa del universo, las criaturas y sus componentes, tiempos, espacios y estados, nos permite percibir atisbos y proyecciones de la Trinidad. He aquí algunas de tales sugerencias creativas del Creador:

 

Trinidad humana: Espíritu, alma y cuerpo.

Trinidad lumínica: Rayos invisibles, rayos visibles y rayos sentidos.

Trinidad atómica: Protón, electrón y neutrón.

Trinidad espacial: Longitud, latitud y altura.

Trinidad temporal: Pasado, presente y futuro.

Trinidad ovípara: Cáscara, clara y yema

Trinidad vegetal: Raíz, árbol y fruto.

Trinidad frutal: Corteza,  pulpa y savia.

Trinidad corporal: Cabeza, tronco y extremidades.

Trinidad orgánica: Órganos ectodermo, mesodermo y endodermo.

Trinidad psíquica: Mente, emociones y voluntad.

Trinidad familiar: Padre, madre, hijo.

Trinidad natural: Reinos animal, vegetal y mineral.

Trinidad gramatical: Sustantivo, verbo y participio.

Trinidad pronominal: Yo, tú, él.

Trinidad geométrica: Triángulo.

Trinidad triangular: Equilátero, escaleno e isósceles.

Trinidad acuática: Sólido, líquido y gaseoso.

 

En este último caso, la esencia es la  misma: H20, según su fórmula química, pero cambia la subsistencia: el iceberg, el río y la niebla son agua manifestada de tres modos distintos.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 145-146)

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008

El Silencio | La Reacción del Creyente

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Dios habla en el silencio. En estas grandes manifestaciones de la naturaleza, Dios no se manifiesta, no habla, no se revela. Por cierto, el profeta no reacciona frente al viento huracanado, ni reacciona frente al terremoto, ni frente al fuego calcinador. Sin embargo, tras el fuego, hay un murmullo apacible y delicado. No en el estruendo del huracán, del terremoto, del fuego crepitante. Cuando se hace completo silencio, cuando se restablece la paz, se percibe un silbo suave. Entonces el profeta, que es espiritual, que no reaccionó frente a los otros fenómenos, lo hace positivamente.

 

Cuando Elías lo oyó, se cubrió el rostro con el manto y, saliendo, se puso a la entrada de la cueva. Entonces oyó una voz que le dijo: -¿Qué haces aquí Elías? Vers. 13.

 

La voz del Señor en el silencio. A través de un siseo delicado y apacible en una cueva de la montaña. Dios no habla en el estruendo, sino en el silencio. Algunas personas piensan que en medio de grandes manifestaciones el Señor hablará. No es verdad. En reposo y descanso te pastorearé. El Señor se manifiesta, si, a través de fenómenos naturales, porque su presencia es incontenible. Hasta los seres inanimados reaccionan a ella. Sopla el viento y la tierra tiembla, viene un fuego que quema la arboleda porque Dios está allí. Pero la voz de Dios solo puede oírse cuando todo está en calma y en silencio. El silbo apacible y delicado nos enseña una lección espiritual. Dios no habla en el estruendo sino en el silencio.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, páginas 228-229)

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007

El Silencio | La Reacción del Creyente

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Dios habla en el silencio. En el silencio nos podemos oír a nosotros mismos. En el bullicio es muy difícil escucharnos. Uno de mis poetas favoritos, Antonio Machado, creía en Jesucristo, aun cuando no se supo que estuviera matriculado en alguna iglesia. A veces en sus versos dice cosas que solo pueden ser de un renacido. Cuando él murió, Rubén Darío, el más grande de los poetas de lengua castellana, le escribió una elegía, cuyo estribillo es elocuente y conmovedor.

 

Silencioso y misterioso
iba una y otra vez,
su mirada era tan profunda
que apenas se podía ver.

 

Gran descripción sobre el carácter de Antonio Machado. Tenía esa mirada tan profunda, que apenas se podía ver, por ser un hombre que escuchaba en el silencio cosas extraordinarias. El propio Machado, en un poema autobiográfico expresa:

 

Detesto las romanzas de los tenores huecos
Y el coro de los grillos que chillan a la luna;
A distinguir me paro las voces de los ecos
Y entre las voces oigo, únicamente, una.

 

Aquí hay sabiduría. Pablo dijo: Examinadlo todo y retened lo bueno. Lo que escucha Antonio es la voz interior, la voz de Dios. Es en el silencio donde podemos percibir voces, sonidos, diapasones que no se oyen en medio del bullicio. Dios habla siempre en la armonía del silencio. Tengo un ejemplo bíblico maravilloso. El profeta Elías ha tenido una gran batalla con los sacerdotes de Baal y de Asera y los ha derrotado. Ahora Jezabel lo busca para quitarle la vida. Ha estado deprimido largo tiempo, le ha pedido a Dios que se lo lleve, que no resiste más la vida terrenal. Está muy triste, realmente desalentado, lleno de angustia. Entonces un ángel viene, lo reconforta y le ordena que vaya al monte para escuchar la nueva revelación que Dios tiene para darle.

 

El Señor le ordenó: -Sal y preséntate ante mí en la montaña, porque estoy a punto de pasar por allí. Como heraldo del Señor vino un viento recio, tan violento que partió las montañas e hizo añicos la roca; pero el Señor no estaba en el viento. Al viento lo siguió un terremoto, pero el Señor tampoco estaba en el terremoto. Tras el terremoto vino un fuego, pero el Señor tampoco estaba en el fuego. Y después del fuego vino un suave murmullo. 1 Reyes 19:11-12.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, páginas 227-228)

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006

El Silencio | La Reacción del Creyente

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Se supone que nosotros estamos en la iglesia para aprender a ser imitadores de Cristo. Él vino a nosotros para enseñarnos cómo vivir en la tierra y no exclusivamente darnos la salvación eterna. Él dijo: Aprended de mí. Pero no dice que aprendamos solo lo que nos parece agradable; sino que debemos aprender absolutamente todos los secretos conductuales que Él nos enseñó. Para que las cosas queden claras, no estoy enseñando a callar cuando hay que hablar. Se trata de no hablar cuando tenemos que callar, puesto que Jesús calló, pero después habló. El rey Salomón discierne la oportunidad de las cosas humanas: Hay tiempo para callar y hay tiempo para hablar. Tenemos la llave de la palabra y la llave del silencio. No trabaja la una sin la otra. Hay una llave de la palabra y hay una llave del silencio, que deben usarse alternativamente, pero en concordancia.

 

Con motivo de un documento que firmaron en la ciudad del Vaticano la Federación Luterana Mundial y la Iglesia Católica Romana, mucha gente afirma que ya se unificó el cristianismo. No sean ligeros, hay que pensar antes de hablar. Claro yo celebro mucho que 500 años después de Martín Lutero, la iglesia romana haya dado el primer paso algo tímidamente.

 

¿Qué fue lo que acordaron los luteranos y los católico-romanos? Declarar solemnemente, de acuerdo las dos iglesias, que la salvación y el perdón de Dios vienen únicamente por fe mediante la gracia de Dios, y que las obras son un resultado de la fe. Es una buena rectificación de Roma. Me alegro que esta iglesia se empiece a reformar, pero no voy a tirar las campanas al viento porque sucede que Martín Lutero tuvo noventa y cinco desacuerdos con Roma y apenas han acordado uno. Faltan noventa y cuatro todavía por discutir.

 

Un buen ejemplo, pues, de que no hay que hablar antes de pensar, porque podemos cometer un error grave.

 

La paciencia del silencio. Este salmo es uno de mis favoritos. Hay que leerlo con frecuencia. ¿De qué nos habla fundamentalmente? De cómo prosperan los malos a la vista de los buenos. Pero ¿cuál será el final de los malos? Y ¿cuál será el final de los buenos? Y ¿cómo debemos reaccionar cuando vemos que la maldad crece?

 

“No te irrites a causa de los impíos ni envidies a los que cometen injusticias; porque pronto se marchitan, como la hierba; pronto se secan, como el verdor del pasto. Confía en el Señor y haz el bien; establécete en la tierra y manténte fiel. Deléitate en el Señor, y él te concederá los deseos de tu corazón. Encomienda al Señor tu camino; confía en él, y él actuará. Hará que tu justicia resplandezca como el alba; tu justa causa, como el sol de mediodía. Guarda silencio ante el Señor, y espera en él con paciencia; no te irrites ante el éxito de otros, de los que maquinan planes malvados”. Salmo 37:1-7.

 

El salmo tiene una columna vertebral, un eje, alrededor del cual gira todo su contexto: Es el versículo 7. El gran secreto consiste en guardar silencio delante de Dios y que entonces las bendiciones del salmo vendrán todas sobre tu vida. Es guardando silencio. Algunas personas se imaginan que el silencio es solo ausencia de ruido. Eso es ser muy elemental y mediocre en las apreciaciones. El silencio es algo mucho más profundo. El silencio es música. Los grandes creadores realizaron su obra, no en medio del bullicio, sino en medio del silencio.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, páginas 225-227)

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