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VI-MAR-04

Cuando Marx y Freud se abrazaron | La gran síntesis P2

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Uno de los pontífices mundiales de la Nueva Era, David Spangler, afirma que el ser que ayuda al hombre a alcanzar su punto culminante es Lucifer, a quien él llama ‘el ángel de la evolución del hombre, el espíritu de luz en el mundo microscópico, un agente del amor de Dios actuando por medio de la evolución’.

 

El cuadro se completa con la influencia de la música que siempre ha sido decisiva sobre la sociedad. Muchos inmigrantes, especialmente judíos, enriquecieron el repertorio norteamericano, elevando el jazz a música sinfónica. Tal es el caso de George Gershwin, Leonard Berstein e Irving Berlin, para citar algunos. El poder de asimilación de los Estados Unidos es tremendo: el italiano Toscanini, el ruso Stravinsky, el checo Dvorak, el austríaco Schoenberg y muchos más de varias nacionalidades, han realizado gran parte de su obra musical en Norteamérica.

 

Hubo un momento en que resultaba difícil escoger al mejor violinista del mundo porque tres judíos norteamericanos se disputaban la preeminencia: Yehudi Menuhin, Hacha Haifetz e Isaac Stern.  Hoy, en el terreno de la música popular, los latinoamericanos son los favoritos.  Este es, como se ha dicho razonablemente, el país de las oportunidades, donde se vale por lo que se es individualmente, sin tomar en cuanta raza, color, posición económica, religión, ideas políticas o nacionalidad.

 

Pero es forzoso reconocer que esta apertura generosa al inmigrante ha traído, también, estragos inevitables en muchos casos. Preocupa actualmente el caso latinoamericano, para ser precisos. Un síntoma de la pauperización que los inmigrantes del tal origen ocasionan sobre sus sitios de influencia se hizo notorio en el sur de la Florida. Recientemente, una estación radial que se especializaba en transmitir música culta, ante el fracaso de su pauta publicitaria, se dedicó al rock pesado y otras formas rastacueras del pentagrama popular, bajo estruendoso aplauso del respetable público, que antes bostezaba con Beethoven y Bach.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, páginas 152-153)

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AUTHOR - Casa Roca

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