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VI-NOV-03

El carpintero es la puerta P4

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Uno de los iconos más firmemente grabados en el inconciente colectivo  es, precisamente,  el que muestra a Jesús llamando a la puerta con los nudillos de una mano, mientras en la otra sostiene una lámpara  cuyo resplandor se extiende por todo el contorno venciendo las tinieblas. Se trata, por supuesto, de la conocida escena del libro de Apocalipsis:

 

«Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo». Apocalipsis 3:20

 

Resulta significativo que en todas las iglesias de Apocalipsis Jesucristo se halle situado dentro del templo, menos en la de Laodicea, a la cual se dirige el mensaje citado. Allí el Señor está afuera, a la intemperie, golpeando a la puerta sin cesar, a ver si hay alguien, un solo  feligrés obvio,  a quien se le ocurra la idea elemental de abrirle la puerta al Dueño de casa. Laodicea es, en términos generales, la iglesia cristiana de la posmodernidad.

 

Hay dos obras de arte que me conmueven al respecto, entre las muchísimas que han recibido inspiración en la  imagen de Apocalipsis. Una es literaria y se trata de un clásico soneto castellano, obra del llamado “fénix de los ingenios”, Lope de Vega:

 

“¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?

¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,

que a mi puerta, cubierta de rocío,

pasas las horas del invierno a oscuras?

 

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras

pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío

si de mi ingratitud el hielo frío

secó las huellas de tus plantas puras!.

 

Cuántas veces el ángel me decía:

—Alma, asómate ahora a la ventana,

verás con cuánto amor llamar porfía;

 

Y cuántas, hermosura soberana,

‘mañana le abriremos’, respondía,

para lo mismo responder mañana”.

 

 

La otra obra de arte a la que me refiero es el  famoso lienzo del pintor William Holman Hunt, ‘Luz del mundo’, que representa a Jesús llamando a la puerta. Se dice que, cuando el cuadro fue develado al público,  había en el lugar un aguafiestas, porque nunca falta alguien así; y, en medio de los elogios, el hombre comentó que el cuadro era defectuoso, porque el maestro había olvidado un detalle elemental: la puerta no tenía picaporte; a lo cual Hunt, de inmediato, aclaró:  —-No se trata de un olvido de mi parte, solo que esa es la puerta del corazón humano y  solo puede  abrirse desde adentro. ¡Esa es la clave!

 

En el episodio comentado, las cosas se complican aún más cuando el Carpintero que dice ser  la Puerta, ahora es quien llama a la puerta. ¿Una puerta que toca a otra puerta? Esa idea  no se le habría ocurrido ni siquiera a Guiillaume Apollinaire, “abuelo” del movimiento surrealista.

 

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, página 202-204)

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AUTHOR - Casa Roca

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