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VI-JUL-04

El fin de una era | A la penúltima moda

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Latinoamérica fue evangelizada por un fundamentalismo extremo -a veces hirsuto-en contravía con el pensamiento moderno.  Casi la única tangencial referencia al modernismo teológico fue el apretado resumen del Dr. James W. McClendon. ¿Qué ocurrió con los grandes pensadores cristianos del siglo XX?

 

* Reinhold Niebuhr: Pocos especialistas tuvieron el coraje de soportar a esta especie de antiteólogo que hizo sangrar proféticamente el orgullo y los prejuicios de los evangélicos.

* William Temple: Algunos, a regañadientes, aceptaron su conjunción del Dios-presente-en-los-acontecimientos con el Dios-guiador de las mentes proféticas.

* Emil Brunner: Contados estudiosos profundizaron en su idea de que, en teología, la fe es útil para todo, y la razón debe subordinarse a ella.

* W. T. Conner: Pocos y lúcidos comprendieron su afirmación de que es bueno eludir por igual el sobrenaturalismo supersticioso y el naturalismo sicológico.

* Austin Farrer: Casi nadie se afilió junto a él para aceptar la nueva filosofía analítica como un método de trabajo, sin abandonar la fe cristiana.

* E. J. Cornell: alcanzó un poco más de difusión por haber revestido al fundamentalismo de un aire de actualista novedad.

* Rudolph Bultmann: ha sido, en general, rechazado por su propuesta de desmitologización; y, por supuesto, hay cosas que deben ser desmitologizadas, pero no todas, porque no todo lo milagroso en la Biblia tiene carácter de mito.

* Paul Tillich: Algunos de sus planteamientos básicos se han difundido, más por su propia fuerza gravitacional, que por un serio estudio del gran teólogo existencialista que descubrió en la Cruz de Cristo el ancla de la angustia humana.

* Karl Barth: Ha corrido mejor suerte, como es lógico, debido a su trasfondo presbiteriano y a su acierto de modernización sin afectar la estructura de la ortodoxia.

 

Si es verdad que todos los mencionados, y varios más, vieron rápidamente rectificados muchos de sus puntos de vista, obligaron al fundamentalismo raizal a no pocas revisiones; y así, éste y aquellos dieron aportes inapreciables hacia la meta de una teología integral, que hoy empieza a perfilarse. Deplorablemente, los evangélicos latinoamericanos, en su generalidad, se quedaron en textos simples, de evangelismo  elemental, y, no pocas veces, de vulgarización dogmática, sin abrir ventanas para los nuevos aires refrescantes. Y eso muestra al Evangelio en el contexto latinoamericano como un sistema religioso demodé –preterizado-, incapaz de enfrentar la postmodernidad, o bien, rindiéndose a ella impúdicamente, en una futurización irreflexiva de minúsculos grupos.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Reto de Dios, páginas 178-180)

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AUTHOR - Casa Roca

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