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VI-JUL-01

El fin de una era | Los años de plástico

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

La mitad del siglo XX marca una transición. En los años 50s aun la vida de la calle en las ciudades latinoamericanas tenía cierta dignidad. No había drogadictos ni homosexuales exhibiendo cinismo por ahí, escaseaban los mendigos, y las prostitutas de esquina permanecían rígidamente acuarteladas en especies de distritos rojos bien definidos.

 

Los adolescentes nadábamos sobre la cresta de la ‘nueva ola’. Fuimos una generación transitiva, producto de la postguerra. Cruzamos como en salto de garrocha, del bolero al rock an roll, del pistón a la turbina, del cliché al offset. Atestiguamos el nacimiento de las computadoras, el sonido estereofónico y el cinemascopio a colores que exhibía las exhuberancias de Marilyn Monroe y Brigitte Bardot. Se declaró la guerra fría, con la excepción caliente de Corea. Soldados colombianos fueron a morir a las antípodas por ideales ajenos. Los estantes de las librerías se colmaron de nombres novedosos: Camus, Sartre, Hemingway, Miller, escritores de bolígrafo, otra invención coetánea. El sombrero dejó de usarse para que no estorbara al radio transistor sobre la oreja.

 

Fue un decenio tejido con fibras sintéticas. Todo se volvió de plástico, desde las muñecas hasta los automóviles.  La voluptuosidad pasó la raya: piernas femeninas forradas de nylon, gafas oscuras montadas sobre pestañas postizas. Los bellos cuerpos se enturbaron en vestiduras mórbidas. El blue jean vino para inquietar a los legalistas, porque:

 

La mujer no se pondrá ropa de hombre, ni el hombre se pondrá ropa de mujer (Deuteronomio 22:5).

 

Yo no me convertiría en aquel tiempo, pues llegó a decirse desde púlpitos que las mujeres que llevaran esa prenda no subirían con el Señor en el arrebatamiento de la Iglesia. ¿Y qué de las que se hallen bajo la ducha?, podría pensarse. Ciclismo y fútbol se convirtieron en catalizadores de la emoción colectiva, y Efraín Forero y Alfredo Distéfano en sus símbolos. La colombiana Luz Marina Zuluaga fue, por todo un año, la mujer más bella del mundo. La televisión –mula concebida por el burro cine y la yegua radio- tuvo su parto retardado en la región.

 

La luna perdió el encanto como novia de los poetas por la competencia de sus ilegítimos hermanos, los satélites artificiales. Arriba, el hombre, apoyado en Eistein como palanca, ensayaba la conquista del espacio. Abajo, en Nueva York, Billy Graham actualizaba la evangelización en el Madison Square Garden, ante una muchedumbre jubilosa que vitoreaba a Jesucristo. ¡El espectáculo de la fe! Los sobrevivientes de los hornos crematorios volvían de la diáspora a Tierra Santa, para reconstruir su patria con las uñas, como siempre. La voz del profeta sonaba asombrosamente actual, dos mil seiscientos años después de pronunciada.

 

Y todas las naciones de la tierra se juntarán contra ella. En aquel día convertiré a Jerusalén en una roca inconmovible para todos los pueblos. Los que intenten moverla quedarán despedazados.

Zacarías 12:3

 

Ministros protestantes, guiados por el Espíritu Santo, se entrevistan con Juan XXIII, y su diálogo inspira el Concilio Vaticano II. En la Unión Soviética, Nikita Kruschev intenta la primera glasnotz, llamada coexistencia pacífica. En los Estados Unidos, Kennedy esboza su sonrisa fascinante sobre las tarimas electorales.  Aparentemente los años 50s fueron el Monte Ararat, donde las cosas comenzarían de nuevo después del Diluvio.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Reto de Dios, páginas 174-175)

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AUTHOR - Casa Roca

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