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VI-SEP-04

El poder de la paciencia | Paciencia en toda situación P2

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

La paciencia es dinámica

Desgraciadamente, todos nos impacientamos de alguna manera. Los católicos no nos tienen paciencia a los protestantes, los protestantes tampoco les tenemos paciencia a los católicos. En los hogares, los hombres se impacientan con las mujeres y las mujeres se impacientan con los hombres; los padres con los hijos, y estos con aquellos; los patronos y los trabajadores se impacientan entre sí; los alumnos y los maestros viven en mutua impaciencia; los pastores se impacientan con las ovejas, y las ovejas con los pastores.

 

A este respecto, convendría recordar el ejemplo del más grande de los sabios antiguos que fue Sócrates. Encarcelado por sus ideas lo condenaron a muerte, obligándolo a tomar la cicuta para envenenarse.  Estando en prisión, uno de sus discípulos que era multimillonario, sobornó a la guardia y tenía todo listo para llevárselo al exterior; pero, cuando le dijo: -Las puertas de la cárcel están abiertas, vente conmigo, Sócrates le respondió: -Eso no lo puedo hacer, debo cumplir una condena impuesta por la ley. Entonces el discípulo le dijo: -¿Y cómo vas a morir inocente?, y Sócrates le respondió: -Pero tú me estás proponiendo que muera culpable.

 

La biografía de este hombre excepcional, nos cuenta que cierto día,  estando sentado junto a una  alberca, en actitud reflexiva -como posando para El Pensador de Rodin-, vino su mujer Xantipa a hacerle una larga serie de reclamos. Trascurrió un buen rato con el viejo pensando y ella regañando: Que tal cosa, que tal otra, que no se qué, que sí  se cuándo; pero Sócrates no se inmutaba. La buena señora, finalmente, furiosa, tomó una jofaina, sacó agua de la alberca y se la echó encima al pensativo Sócrates. Éste se levantó, sacudió su túnica y comentó: “Era muy natural que después de tanto tronar lloviera”.

 

Trabajemos desde hoy en oración y acción por el desarrollo de una paciencia activa dentro del cristianismo.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Fruto Eterno, páginas 145-146)

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AUTHOR - Casa Roca

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