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VI-SEP-02

El tesoro de la amabilidad | Ejemplos de amabilidad p1

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Aparte de Jesús, que no admite clasificaciones, la Biblia ofrece casos de amabilidad destacados, de los cuales recordaremos solo algunos.

 

El patriarca Abraham. No en balde  llamaron a este personaje clave de la historia universal “el padre de la fe”. En casi todos los sermones sobre el fruto del Espíritu, Abraham  hace presencia obvia, debido a su sólida personalidad de creyente; pues, como pronto lo veremos,  la fe es básica para  fructificar  espiritualmente. En cuanto a la amabilidad, tema que ahora nos ocupa, Abraham ofrece un ejemplo perfecto cuando su mujer Sara fallece y él busca un sepulcro para enterrar el cadáver.

 

Sara vivió ciento veintisiete años,  y murió en Quiriat Arbá, es decir, en la ciudad de Hebrón, en la tierra de Canaán. Abraham hizo duelo y lloró por ella.  Luego se retiró de donde estaba la difunta y fue a proponer a los hititas lo siguiente: Entre ustedes yo soy un extranjero; no obstante, quiero pedirles que me vendan un sepulcro para enterrar a mi esposa. Los hititas le respondieron: Escúchenos, señor; usted es un príncipe poderoso entre nosotros. Sepulte a su esposa en el mejor de nuestros sepulcros. Ninguno de nosotros le negará su tumba para que pueda sepultar a su esposa.

Génesis 23:1-6

 

Abraham hace una nueva reverencia ante los hititas y les pide que, por favor, intercedan ante el dueño de la cueva de Macpela a fin de que se la venda para sepultar allí a Sara. El propietario, meneando la cabeza, le responde que, de ninguna manera, que él le regala la cueva para la sepultura de Sara. Sin embargo,

 

V.12-13. Una vez más, Abraham hizo una reverencia ante la gente de ese lugar,  y en presencia de los que allí estaban le dijo a Efrón: __Escúcheme, por favor. Yo insisto en pagarle el precio justo del campo. Acéptelo usted, y así yo podré enterrar allí a mi esposa.

 

Se trata de una situación embarazosa: Sara ha muerto, Abraham es un extranjero en aquella tierra, no tiene dónde sepultar el cadáver de su esposa; pero  es de observarse  la amabilidad del trato social,   tanto del padre de la fe como de las gentes que viven en Canaán, que eran idólatras, politeístas, estaban lejos de la fe verdadera. Sin embargo, el viudo los trata con reverencia, respeto, cortesía, amabilidad.  Abraham hace  una nueva reverencia ante los nacionales del lugar e insiste en pagar un precio por la tierra, pese a que el dueño de esta, el inconverso Efrén, se la quiere regalar y, también, derrocha reverencias y cortesías, es decir, amabilidad.

 

En tanto se lleva a cabo esta gentil discusión,  el cadáver de la vieja Sara espera a la intemperie a que se decida dónde lo van a depositar finalmente.  El trato que les da el padre de la fe a los incrédulos nos enseña algo valioso: todo hombre es una imagen de Dios, no importa su religión, su raza, su partido político, etc; y por todos sin excepción el Señor derramó gota a gota su sangre en el Calvario. Por esa razón, en el Sermón del Monte, Jesús nos encarece: “Sean imparciales como el Padre Celestial que hace salir el sol sobre los buenos y sobre los malos y que hace llover sobre los justos y sobre los pecadores”. No escuché nunca que el Señor ordenara en la madrugada: “Que hoy salga el sol sólo para los evangélicos y que haya lluvia sólo para los bautizados; es mi voluntad -¿o mi capricho?- que  los demás  se queden sin agua y sin sol”.

 

Esa misma imparcialidad que muestra Dios, la debemos mostrar sus hijos.  No tenemos ninguna autoridad ni nos asiste ningún derecho para cometer el abuso de desacreditar el nombre de nuestro Padre con nuestra conducta. La amabilidad es fruto del Espíritu Santo, no simple muestra de urbanidad.  Abraham era un hombre, por sobre todo, cortés.  La amabilidad y la fe marchan juntas.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Fruto Eterno, página 158-160)

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AUTHOR - Casa Roca

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