CR - Colombia
CR - España
CR - Panamá
CR - USA

 

Blog

VI-SEP-03

El tesoro de la amabilidad | Ejemplos de amabilidad p2

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Jesús de Nazaret. La gente, en algunos casos,  tiene la imagen de un Jesús un poco pendenciero, ¿no es cierto? “Lo cortés no quita lo valiente”, dicen los viejos españoles. Sin embargo, al  observar minuciosamente  la conducta de Jesucristo, se llega a una conclusión asombrosa: jamás, en  ningún caso, trató con dureza a personas en particular; sus grandes sermones admonitorios, sus famosas “andanadas” -perdóname, Señor tan dura expresión- eran todas dirigidas al  grupo, nunca al individuo. Observen los plurales: “Fariseos hipócritas, publicanos tales por cuales”, etc.  Siempre  al colectivo, nunca a la persona en particular. Por el contrario, a las personas individualmente las trató siempre con respeto y cordialidad; en suma, con un amor inmenso. He aquí una prueba de ello:

 

Uno de los fariseos invitó a Jesús a comer, así que fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa.  Ahora bien, vivía en aquel pueblo una mujer que tenía fama de pecadora. Cuando ella se enteró de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, se presentó con un frasco de alabastro lleno de perfume.  Llorando, se arrojó a los pies de Jesús, de manera que se los bañaba en lágrimas. Luego se los secó con los cabellos; también se los besaba y se los ungía con el perfume.

Lucas 7:36-38.

 

Imagínese que está usted en su casa sentado a la mesa con un huésped muy especial y, súbitamente, irrumpe al comedor  una prostituta tristemente famosa y se tira a los pies de su invitado. ¿Cómo reaccionaría usted? Piense en la escena del evangelio: está Jesús en la casa de alguien  importante, un principal entre los fariseos, quien ofrece un  banquete en su honor; al acto social concurre   toda la gente principal, y esta mujerzuela protagoniza  semejante drama. En medio del estupor general, el fariseo piensa cosas feas en su torcida mente, pero Jesús le lee el pensamiento:

 

40-43. Entonces Jesús le dijo a manera de respuesta: __Simón, tengo algo que decirte.__Dime, Maestro —respondió. Dos hombres le debían dinero a cierto prestamista. Uno le debía quinientas monedas de plata, y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagarle, les perdonó la deuda a los dos. Ahora bien, ¿cuál de los dos lo amará más? Supongo que aquel a quien más le perdonó —contestó Simón.__Has juzgado bien —le dijo Jesús.

“Tranquilo, Simón,  yo sé qué clase de mujer es esta promiscua y conozco todos sus horribles pecados; no pienses que soy tonto. Me gustaría que observaras algunos contrastes entre ella y tú”:

 

44-47. Luego se volvió hacia la mujer y le dijo a Simón: __¿Ves a esta mujer? Cuando entré en tu casa, no me diste agua para los pies, pero ella me ha bañado los pies en lágrimas y me los ha secado con sus cabellos. Tú no me besaste, pero ella, desde que entré, no ha dejado de besarme los pies.  Tú no me ungiste la cabeza con aceite, pero ella me ungió los pies con perfume.  Por esto te digo: si ella ha amado mucho, es que sus muchos pecados le han sido perdonados. Pero a quien poco se le perdona, poco ama.

 

Es impactante el respeto, la gentileza, la cordialidad con que Jesús trata por igual al fariseo y a la prostituta que está a sus pies. Toda su enseñanza en esta anécdota  está centrada en el amor; no olvidemos que  “amable” significa que ama y que merece ser amado, Es el amor  el que origina la amabilidad. No se es amable si no se ama, sería un contrasentido. El que  no es amable  no ama, el que no ama no es amable. Sería muy bueno que, dentro y fuera de la  iglesia, rescatáramos algunos detalles de amabilidad: por ejemplo, saludar; hay gente que ni siquiera saluda al feligrés que se sienta a su lado en el templo.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Fruto Eterno, página 158-163)

Comparte...Email this to someoneShare on Google+Pin on PinterestTweet about this on TwitterShare on Facebook

AUTHOR - Casa Roca

No Comments

Post A Comment