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VI-MAR-03

El tesoro de la amabilidad | Lo que no es la amabilidad P3

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

 

La adulación es simulación

¡Qué observador perspicaz era el rey Salomón! Veamos cómo  trata temas que se relacionan entre sí, y que respaldan la línea de pensamiento que venimos exponiendo:

 

A fin de cuentas, más se aprecia al que reprende que al que adula.

Proverbios 28:23

 

Es mejor reprensión que adulación. Simular, palabra que he utilizado, es fingir. Por eso hay simulacros. Simulador es el fingidor, aquel que anda  por la vida como en un baile de máscaras, cambiando de careta cada vez que se encuentra con una persona, pero nunca se muestra como es. Y, ¡cosa terrible! disimular es simular dos veces. ¿Se ha dado cuenta que la gente  disimula muchas cosas? El que disimula es doblemente hipócrita, dos veces simulador, dos veces fingidor.

 

La amabilidad fingida es una trampa

No es necesario movernos del maravilloso libro de los Proverbios para continuar con nuestra enumeración. Leamos:

El que adula a su prójimo le tiende una trampa.

Proverbios 29:5

 

¿Saben una cosa?  Yo siempre me pongo en guardia cuando alguien se me acerca y me dice: “Oye, pastor, como tú no hay nadie en la zona tórrida, eres  la versión rústica de San Pablo” y cosas por el estilo. Me hacen temblar esa clase de palabras porque detrás de ellas está agazapado un traidor. Ahora bien, uno debe reconocer el mérito ajeno, por supuesto; pero hacerlo sin adulación y sin exageración. Digamos  lo justo, como Jesús lo enseñó. Y mucho cuidado, pues la falsa amabilidad despierta la vanidad.

 

Los estafadores son amables

Ahora volvemos a las valiosas enseñanzas del apóstol de los gentiles:

 

Como saben, nunca hemos recurrido a las adulaciones ni a las excusas para obtener dinero; Dios es testigo.

1 Tesalonicenses 2:5

 

Lo que Pablo afirma aquí es bien simple: “Yo no soy un estafador,  nunca le he  sacado la plata a nadie utilizando adulaciones ni zalamerías. Dios mismo es testigo de que jamás he actuado en esa forma”. Adulaciones y excusas dice el apóstol. Cuántas personas se nos acercan en las iglesias, llenas  de buenas maneras, gente aparentemente amable, pero que solo trata de ablandarnos a base de adulaciones para sacar provecho de nosotros. Hay que tener especial cuidado con tales burladores y engañadores que abundan en los grupos cristianos de hoy. Eso no es  amabilidad, sino solamente un disfraz. Mucho ojo, porque el adulador puede ser un estafador.

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Fruto Eterno, página 152-153)

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AUTHOR - Casa Roca

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