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VI-MAR-01

El tesoro de la amabilidad | Lo que no es la amabilidad

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

 

Después que miremos la parte negativa, miraremos también la positiva, en un esfuerzo dialéctico por desentrañar el sentido original de esa virtud hoy tan escasa, pero tan necesaria, que es la amabilidad. Tropieza uno casi a diario con cristianos altaneros, mordaces, de malos modales, y siente ganas de reeditar el maravilloso Manual de Urbanidad y Buenas Maneras,  que fue todo  un “best-seller” en viejas épocas y ahora parece una especie de incunable porque no se consigue por ninguna parte. Su autor,  Manuel Antonio Carreño, era un buen protestante presbiteriano y  lo único que hizo con su librito fue codificar la ética elemental que debe tener todo cristiano. ¿Qué no es la amabilidad?

 

No es halagar a Dios

Hay personas que oran como tratando de adular a Dios: “Señor, eres tan lindo, yo te amo tanto, tú significas todo  para mí”, pero le están mintiendo con la lengua y no se dan cuenta de que él mira directamente el corazón. ¿Qué dice el salmo?

 

Pero entonces lo halagaban con la boca, y le mentían con la lengua.

Salmo 78:36

 

El Señor no atiende a estos aduladores eclesiásticos; más bien les dice: “Farsante, mentiroso, lo que me están diciendo no lo sientes en tu corazón”.  ¿Debemos ser amables con Dios?, sí, pero amabilidad no significa hipocresía. Escucha uno oraciones grandilocuentes a través de las cuales las personas halagan a Dios con palabras infladas de su boca, y le dicen una cantidad de mentiras. ¡Qué tontos son! Deberían saber que Dios no se deja sobornar de nadie, pues  no necesita que nadie le “eche cepillo”, ni lo trate diplomáticamente. En el mundo político, diplomacia es falacia.

 

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Fruto Eterno, página 150-151)

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AUTHOR - Casa Roca

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