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VI-SEP-01

El tesoro de la amabilidad | Lo que sí es la amabilidad p3

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Amabilidad con los incrédulos.

Gracias a Dios que nos obliga a ser amables con los inconversos; pues, si así no fuera, difícilmente les daríamos siquiera el saludo. La tendencia al fanatismo es deplorable, pero real, en el pueblo cristiano, pese a admoniciones tan precisas como esta:

 

Más bien, honren en su corazón a Cristo como Señor. Estén siempre preparados para responder a todo el que les pida razón de la esperanza que hay en ustedes.  Pero háganlo con gentileza y respeto, manteniendo la conciencia limpia,

1 Pedro 3:15-16a

 

El apóstol habla de responder; su consejo es para cuando te preguntan, no  que tú andes con el libro negro debajo del brazo en los autobuses, los trenes,  las paradas y los supermercados, dándole un garrotazo con la Biblia a cada persona que encuentras a tu paso por ahí. Por esa clase de proselitismos mal entendidos,  muchos  creerán  que tú eres mormón o testigo de Jehová, o miembro de alguna secta extravagante por  fuera de la sana doctrina. Dice también Pedro que hay que actuar en todo caso con gentileza y respeto, manteniendo la conciencia limpia. No es precisamente  gentileza, respeto y limpia conciencia  lo que se ve   en muchos cristianos, sino  todo lo contrario: una gran autosuficiencia, un irrespeto por el otro, una enorme chabacanería, una gran sordidez en la forma de transmitir el evangelio; y, deplorablemente, cierto aire de santa soberbia frente a los inconversos.

Por supuesto, esa conducta no convierte a nadie; sin  gentileza -que es amabilidad- no podremos ganar las almas.  Para citar un ejemplo clásico, Jesús le compartió su mensaje a la samaritana, que era una idólatra, junto al monte donde estaban las imágenes de Baal y de Asera que ella adoraba. ¿Qué falta de consideración y de respeto tuvo Jesús con ella? Sólo le ofreció amor. Se limitó a transmitirle la verdad con gentileza, con respeto y con limpia conciencia y, por eso, esta mujer recibió el agua viva del Espíritu Santo. Por otra parte, ¿cómo le compartió a Nicodemo que tenía algunas confusiones sobre el nuevo nacimiento? Con gentileza y respeto, como debe ser siempre.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Fruto Eterno, página 157-158)

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AUTHOR - Casa Roca

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