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La anatomía de Cristo P2

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Durante el siglo XX, el campesinado fue perdiendo importancia debido al colosal empuje de la agroindustria que, en los Estados Unidos de América, se ha transformado en el coloso que Amitai Etzioni llama “el agro-poder”;  y, muy pronto, quizás, el labriego de pico y pala será un cliché recordatorio de tiempos rústicos. Hay una anécdota que tiene relación con el tema. Cuando un desconocido poeta fue premiado al presentar como suyos unos versos campesinos originales de Virgilio, el verdadero autor compuso su célebre ‘sic vos non bovis’ que sigue la misma línea rural:

    

“Así vosotros, y no para vosotros,

lleváis vuestra lana, ovejas,

sacáis vuestra miel, abejas,

y cargáis el arado, bueyes”

    

Ovejas, abejas y bueyes son animales bíblicos. La experiencia de Virgilio es algo que ocurre frecuentemente en la sementera, labranza o campo de cultivo de Dios. Hay cizaña infiltrada (Mateo 13:25) y un demonio que se llama ‘espíritu de competencia’. El propio Pablo recomienda severamente “no edificar sobre fundamento ajeno” (Romanos 15:20). Y, a propósito, la segunda comparación paulina nos dice que la iglesia es el edificio de Dios:

    

«Según la gracia que Dios me ha dado, yo, como maestro constructor, eché los cimientos, y otro construye sobre ellos. Pero cada uno tenga cuidado de cómo construye, porque nadie puede poner un fundamento diferente del que ya está puesto, que es Jesucristo».

1 Corintios 3:10,11

    

Esta imagen coincide con  la idea expresada por el apóstol Pedro sobre la construcción de una casa espiritual con piedras vivas, que son los creyentes. (1 Pedro 2:4,5).  Los dos apóstoles se valen de un tema favorito de los griegos y los romanos por igual: la construcción, y especialmente la arquitectura, fue  refinada en el Mar Egeo y había progresado aún más en Roma. Hoy el turismo se beneficia grandemente en Grecia e Italia gracias a la supervivencia de  asombrosas edificaciones que atestiguan el pasado histórico de tales naciones.

 

 

 (Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, página 216-218)

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AUTHOR - Casa Roca

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