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La luz de la bondad | El fruto de la bondad P3

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Bondad en la estrechez: No quiero desprenderme del gran experto en la relación del hombre con Dios que es David, porque su himnario es una cantera inagotable de inspiración sobre la bondad divina.

 

 Tu familia se estableció en la tierra que en tu bondad, oh Dios, preparaste para el pobre.

Salmo 68:10.

 

 Habla con Dios el rey y le dice “tu familia”, es decir, la familia de Dios ha podido tomar posesión y establecerse en la tierra que “en tu bondad” habías preparado “para el pobre”. Obsérvese que eran pobres y nunca más lo fueron cuando Dios en su bondad les hizo entrega de la tierra. Mirar hoy a los judíos en todas partes del mundo es estimulante; ellos son ricos de varias maneras, no solamente la económica, sino, también, la científica, filosófica, literaria, artística, etc. En su bondad Dios prepara una tierra, para que su familia humana pueda enriquecerse. Él dispone posesión para el desposeído, para que el pobre precisamente deje de serlo.

 

 Deplorablemente, el inconciente colectivo causa un daño terrible a quienes provienen de países latinoamericanos.  ¿Cuál es la diferencia básica de mentalidad sobre los bienes materiales entre católicos y protestantes? Muy sencilla: el catolicismo tiende a la teología de la miseria, según la cual, para agradar a Dios se tiene que vivir en la inopia y vestidos de remiendos, según creencia popular; pues Dios, supuestamente, se agrada de tales personas. La mentalidad protestante, por el contrario, cree lo dicho de mil maneras en la Palabra de Dios: que lo importante no es tener o no tener bienes materiales; que habrá dificultades, que, a veces, pasaremos por momentos de estrechez económica; pero que, si confiamos en Dios, él sin duda hará que no nos falte lo necesario e, incluso, nos puede sobreabundar.

 

La prosperidad económica no es una maldición, pero es necesario entender la función social de las riquezas -muchas o pocas- que Dios pone en nuestras manos y que no son nuestras, sino de él. Cada uno de nosotros sólo es un administrador, un mayordomo, a quien Dios le tomará cuentas al revisar sus libros de contabilidad. ¿Cómo le ha manejado usted a su Amo y Señor los tesoros que le confió? El dinero es para bendecir a mucha gente. Lo que la Biblia condena es la codicia, la avaricia, el apego a los bienes materiales, el hacer del dinero un dios; por eso Pablo ha dicho tan claramente que “avaricia es idolatría”.

 

 Alguien me dirá: pero es que san Agustín, a quien usted a veces cita, dijo que “el dinero es el estiércol del diablo”. Sí, lo dijo san Agustín, pero no estoy de acuerdo con él en este punto, porque el profeta Miqueas dice, hablando por Dios: “Mío es el oro, mía la plata y míos todos los tesoros”; y ¿cómo de algo que Dios declara como suyo, puede decirse que es “estiércol del diablo”?

 

El dinero no es bueno ni malo, sino totalmente neutro; es malo o bueno nuestro corazón al usarlo en uno u otro sentido. Una pregunta sencilla, aquí entre nos: ¿por qué será que las potencias del mundo son los países protestantes? La respuesta es simple: es cuestión de mentalidad, porque lo que piensas es lo que sientes, lo que sientes es lo que dices, lo que dices es lo que recibes en tu vida. David, como vemos, habla muchísimo en sus salmos de la bondad de Dios, porque él la conoció como pocas personas sobre la tierra. Y observa cómo David liga la bondad a la prosperidad.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Fruto Eterno, página 179-181)

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AUTHOR - Casa Roca

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