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La luz de la bondad | El fruto de la bondad P2

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Bondad en el país: Sé que resulta un poquito irónico o sarcástico hablar de bondad en los países que forman el mundo de hoy. Creo que Nehemías es una escritura pertinente, pues, al hablar de las bendiciones que el pueblo de Dios ha recibido, expresa:

 

Conquistaron ciudades fortificadas y una tierra fértil; se adueñaron de casas repletas de bienes, de cisternas, viñedos y olivares, y de gran cantidad de árboles frutales. Comieron y se hartaron y engordaron; ¡disfrutaron de tu gran bondad! Nehemías 9:25

 

En el país a donde llegaron los israelitas pudieron regocijarse disfrutando de la gran bondad de Dios. A los que creen, en medio de las tinieblas nacionales que los circundan, que es irónico o sarcástico hablar de bondad en algún país del mundo, quiero recordarles que en Canaán hubo guerras, violencia, muerte y destrucción, pero Dios intervino sobrenaturalmente y, entonces, aquel fue el país que aquí describe Nehemías. Ahora bien, hay que creer las promesas de Dios, apropiarse de ellas y esperarlas con certeza.

 

Bondad en la vida terrenal: Algunos se imaginan que las bendiciones de Dios son para el cielo. Claro que en el lugar así llamado es ya total la bendición divina; pero es un error de enfoque y apreciación pretender -como muchos lo hacen, desventuradamente- que la vida terrenal carezca de bendiciones. Vamos a confirmar, entonces, la bondad divina en nuestra vida terrenal.

 

Pero de una cosa estoy seguro: he de ver la bondad del SEÑOR en esta tierra de los vivientes. Salmo 27:13

 

David, que es experto en reconocer la realidad de Dios, está seguro de que verá la bondad del Señor “en esta tierra de los vivientes”; es decir, aquí mismo, en este planeta, durante el transcurso de esta vida. Cierto que tengo vida eterna, que mi lugar en el cielo no me lo quitará nadie; pero cierto, también, que yo veré -como David- la bondad del Señor ahora y aquí, en esta tierra y en esta vida. Y que conste: David atravesaba por enormes dificultades cuando compuso este salmo.

 

En ese momento, como rey, se hallaba en una situación muy parecida a la que tienen hoy los presidentes de muchos países. Había violencia, pestes, guerra civil, destrucción sobre la tierra santa; pero, así y todo, él decía estar seguro de que verá la bondad de Dios. David era un hombre de fe profunda, sin duda. La bondad de Dios vendrá no sólo para darnos la salvación eterna, no únicamente para asegurarnos la vida celestial, que es lo más importante; se hará evidente también aquí y ahora, en este mundo y en esta existencia transitoria.

 

La bondad como testimonio: Para no desaprovechar a un personaje tan rico en significado como David -experto en reconocer la bondad de Dios-, tomemos otro de sus maravillosos salmos:

 

Cuán grande es tu bondad, que atesoras para los que te temen, y que a la vista de la gente derramas sobre los que en ti se refugian.  Salmo 31:19

 

¿Te imaginas a Dios guardando su bondad como un tesoro? Ahora, ¿para qué o para quién es ese tesoro? Allí dice claramente: “para los que le temen”. En una imagen que denota abundancia, el salmista dice que Dios “derrama a la vista de la gente” su bondad; ésta es, pues, como una catarata permanente cayendo sobre nosotros, a los ojos de quienes nos rodean, para que todos se den cuenta que Dios es bueno con los que en él se amparan, los que han hecho de él su refugio. De todo corazón espero que sea realmente para ustedes esta bellísima palabra, para que den un testimonio público evidente de la bondad del Señor.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Fruto Eterno, página 177-178)

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AUTHOR - Casa Roca

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