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VI-FEB-03

La luz de la bondad

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Por tanto, considera la bondad y la severidad de Dios: severidad hacia los que cayeron y bondad hacia ti. Pero si no te mantienes en su bondad, tú también serás desgajado.

Romanos 11.22

 

La bondad es la sexta característica del fruto espiritual, según la bien conocida enumeración paulina. Es este  un capítulo de Romanos en el cual el propio apóstol  habla sobre la relación de los cristianos con los judíos; en su perspectiva, ellos son el olivo natural, y nosotros, ramas silvestres  injertadas; y, por lo tanto, debemos tener la mejor relación posible con el pueblo de Israel. Pero, al margen de la deseable amistad entre judíos y cristianos, la referencia a la bondad de Dios -y a su severidad- nos viene como anillo al dedo ya que, en nuestra serie, vamos a hablar de la bondad.

 

En una definición básica, primaria, la bondad es propiamente la condición de bueno. Necesariamente, la bondad nace de un corazón bueno, pues un corazón malo produce maldad; y, como se trata de algo espiritual, obviamente la bondad proviene de Dios; exactamente, del corazón mismo de Dios. La razón es sencilla, porque Dios es infinitamente bueno, en su propia naturaleza esencial palpita la bondad. Miraremos por lo tanto el tema apasionante de la bondad de Dios.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Fruto Eterno, página 169-170)

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AUTHOR - caro

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