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VI-OCT-06

La obediencia |Bendiciones de la obediencia P2

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Bendición rural. Frente al colosal progreso urbano, el campo sigue siendo importantísimo.

 

“Y bendito en el campo”.

Deuteronomio. 28: 3b.

 

Cuando comenzó el auge industrial, las ideas de Marx y de Engels impulsaron el fin de las sociedades pastoriles para entrar a las industrializadas urbanas. Los campos se desmantelaron, y todos los países que llegaron a progresar a través de la industria se quedaron sin agricultura y sin ganadería, con la evidente excepción de los Estados Unidos de América, que no sólo progresaron en lo propiamente industrial, sino industrializaron el campo. Por eso, tienen la agricultura y la ganadería más desarrollada del mundo, lo que hoy se conoce como Agropoder. Los futurólogos afirman que en los próximos 300 años, gobernará la tierra los que tengan los alimentos; y a pesar de que en los Estados Unidos solamente el 10% de la población está dedicado al campo, se cultiva, en primer lugar, para que cada norteamericano coma dos veces -son 300 millones los habitantes-; luego para almacenar la reserva estratégica de guerra, y, por último, para la exportación. Pero hay algo censurable: Lo que les sobra no lo dan para los pobres, sino lo lanzan al mar. Sin duda, el Señor tomará cuenta de tan cínico abuso. Con todo, el principio por el cual fueron prosperados, nació de los protestantes que llegaron a las playas del Atlántico norte, después de una travesía penosa, y lo primero que hicieron fue arrodillarse y proclamar: Esta tierra es para Cristo. Y, según algunas tradiciones, procedieron a leer esta Escritura en la cual se promete: Bendito tú en el campo. Se dice que en el próximo siglo, el mundo necesitará enormes despensas campesinas. Allí es donde Colombia tiene su oportunidad más grande, si el Señor nos da la paz que tanto anhelamos. Podemos ser una potencia en el siglo XXI, si le pedimos a Dios que ésto se cumpla. Pero, para poderlo hacer, es necesario comprometernos nosotros mismos a cumplir lo que el Señor nos exige.

 

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, páginas 259-260)

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AUTHOR - Casa Roca

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