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VI-ABR-03

La obediencia | Bendiciones de la obediencia P8

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

La bendición del prestigio.  Seamos precisos en el lenguaje: Prestigio no significa popularidad. Realmente somos muy impopulares los cristianos, pero tenemos prestigio. Son cosas diferentes. Por eso decimos: La bendición del prestigio, no la bendición de la popularidad.

 

“Todas las naciones de la tierra te respetarán al reconocerte como el pueblo del señor.”

Deuteronomio 28: 10

 

Te respetarán. Aunque no somos populares, se oye decir a la gente: Es mejor no meterse con los cristianos porque eso es un problema. Ellos tienen algo raro y especial. La gente comenta. Yo lo he oído muchas veces.

 

Bendición de la preeminencia.  Preeminencia significa importancia. Dios hace de cada uno de sus hijos una persona sobresaliente.

 

“El Señor te pondrá a la cabeza, nunca en la cola. Siempre estarás en la cima,  nunca en el fondo, con tal de que prestes atención a los mandamientos del Señor tu Dios  que hoy te mando, y los obedezcas con cuidado”.  Deuteronomio 28: 13

 

Hay muchos cristianos que se consideran cola y viven como si fueran tal; pero son cabeza, sólo que no se han dado cuenta.  No tienen identidad.  Oír y cumplir, los dos giros, las dos vueltas de la llave de la obediencia. Algunas personas confunden orgullo con autoestima, que son conceptos bien diferenciados.  Qué fastidioso es el hermanito, con carita de yo no fui y olor a santidad,  que tira la cabeza a un lado y dice: Yo soy tan humilde, que me siento orgulloso de lo humilde que soy.  Sólo es un grandísimo farsante, un hipócrita.  Pablo afirma que los que afectan humildad no son humildes.  La virtud de la humildad no consiste en menospreciarse a sí mismo, sino en no considerarse uno más de lo que es.  Que nadie tenga de si más alto concepto que el que debe tener, escribe a los romanos.  Pero no dice que lo tenga más bajo.  Te pondrá a la cabeza y no a la cola; estarás en la cima y no en el fondo.  ¿Qué dijo Dios sobre su pueblo? A mis ojos fuiste de alta estima, fuiste honorable y yo te amé. ¿Cuánto vales para el Padre? ¿En qué precio te tiene tasado o valorado? Piénsalo: El pagó por tu vida toda la sangre de su Hijo.  Vales para Dios toda la sangre de Jesús. ¿Y por qué no recibimos las bendiciones? Porque no cumplimos las condiciones.  Un día el Dios eterno, por amor a ti y a mi, se hizo hombre.  Se convirtió en criatura siendo el criador y se humillo hasta ser tratado como un criminal y morir en la cruz. ¿Por qué lo hizo? ¿Para qué lo hizo? El apóstol se lo aclaró a los filipenses en forma magistral.

       

“La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse.  Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos.  Y al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz! Por eso Dios lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre que está sobre todo nombre, para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”.

 Filipenses 2:5-11.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, página 265-268)

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AUTHOR - Casa Roca

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