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VI-MAY-03

La Obediencia | Los Estragos de la Desobediencia P4

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Uza contra el Arca de Dios. Esta historia es patética. Recordemos: En el Antiguo Testamento eran sagradas las cosas, en el Nuevo Testamento son sagradas las personas. El Arca sagrada ha estado en tierra de filisteos, y David la rescata y la trae a Jerusalén para colocarla en el monte santo. Los coatitas -es decir, los hijos de Coat-, tenían exclusivamente el encargo de transportarla. Eran instruidos desde pequeños, para ser los portadores del Arca santa y cumplían unas normas muy estrictas y precisas que no podían infringir por ningún motivo. Miremos lo que pasa aquí con el coatita Uza:

 

Colocaron el arca de Dios en una carreta nueva y se la llevaron de la casa de Abinadab, que estaba situada en una colina. Uza y Ajío, hijos de Abinadab, guiaban la carreta nueva que llevaba el arca de Dios. Ajío iba delante del arca, mientras David y todo el pueblo de Israel danzaban ante el Señor con gran entusiasmo y cantaban al son de arpas, liras, panderetas, sistros y címbalos. Al llegar a la parcela de Nacón, los bueyes tropezaron; pero Uza extendiendo las manos sostuvo el arca de Dios. Con todo, la ira del Señor se encendió contra Uza por su atrevimiento y lo hirió de muerte ahí mismo, de modo que Uza cayó fulminado junto al arca. (2 Samuel 6:3-7).

 

Uno primeramente se cuestiona: ¿Cómo puede morir trágicamente un muchacho sólo por la preocupación de que el arca no caiga al suelo, y se llene de lodo, de pasto, o de polvo?.  Las cosas son menos sencillas que eso.  Las órdenes de Dios no se pueden interpretar, hay que cumplirlas tal cual él las da, al pie de la letra, como se dice en los textos literarios: Sic, así como está escrito.  He aquí las minuciosas instrucciones de Dios sobre este tema.

 

Cuando Aarón y sus hijos hayan terminado de cubrir el santuario y todos sus accesorios, los israelitas podrán ponerse en marcha.  Entonces vendrán los coatitas para transportar el santuario, pero sin tocarlo para que no mueran.  También transportarán los objetos que están en la Tienda de reunión  (Números 4:15).

 

Uza y sus hermanos cometieron un error garrafal. Debiendo cargar en sus propios hombros el arca, la colocaron sobre un carro tirado por bueyes. El sagrado utensilio debía ser llevado por hombres y no por animales. La regla decía: No la tocarás. El arca estaba dotada de argollas de metal para introducir en ellas unas varas que permitían el transporte a hombros. Estaba absolutamente prohibido tocar el arca, y ahora, además que la llevan sobre los lomos de unos bueyes, el  preocupado y obediente Uza, al ver cómo el arca se balancea al ritmo de los animales, siente temor normal de que se caiga a tierra y, automáticamente, la sostiene con su mano. De inmediato es fulminado por la ira de Dios, quien había dicho no toquen mi arca porque morirán. Uza lo sabía, no podía alegar que no lo instruyeron desde pequeño en casa de su padre sobre la manera de manipular las cosas sagradas. Estos detalles nos ayudan a entender el celo de Dios por la autoridad, a despecho de quienes se alarman por lo que le pasó al hijo de Coat, el joven Uza. En este caso, a Dios no le preocupaba que el arca fuera sobre los lomos de unos animales, tampoco si caía a tierra, si se enlodaba, o si se llenaba de pasto o de polvo.  Dios podría pasar esos detalles por alto. Lo que Dios no podía tolerar era que tocara la santidad de su arca la mano pecadora de un desobediente.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, páginas 253-255)

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AUTHOR - Casa Roca

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