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La otra cara de América | Conservadurismo

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Es la renuencia al cambio, o a la actualización, lo que ubica a grupos cristianos al margen de la historia.  Aunque Ripley no lo crea, todavía hay denominaciones que utilizan las Sagradas Escrituras en versiones revisadas de 1908.  ¿Cómo no aceptar que el idioma ha pasado por muy notables variaciones durante un siglo? ¿Por qué no reconcer los nuevos descubrimientos arqueológicos  que no solo confirman  sino enriquecen nuestro conocimiento de los textos bíblicos? Es increible que todo esfuerzo honesto y responsable por actualizar el lenguaje de la Biblia, despierte de inmediato críticas acerbas e ignorantes cuestionamientos.

 

El conservadurismo es el reducto donde los taxidermistas religiosos embalsaman sus momias ¡Oh si ante esos inmensos sarcófagos se oyera la voz del Nazareno clamar:  ‘¡Levántate!’  Los preteristas detestan el progreso porque temen que lo nuevo vulnere su seguridad ¿De qué se sienten seguros? ¿Del pasado?  El pasado es, precisamente, el tiempo más inseguro, pues ya no existe, ya no puede volver, ya ha dejado de ser.

 

La rebeldía de esta gente, como la del obispo Marcel Lefébvre en la otra orilla, consiste en no aceptar el cambio, en atarse al pasado.  Para algunos de los militantes de esta legión, el mundo es plano y está sostenido sobre los lomos de cuatro elefantes, el sol gira alrededor de la tierra, y en el infierno, literalmente, pailas de aceite hirviente esperan a los condenados para freirlos por toda la eternidad.  Hasta la muy preterista iglesia romana puso fuera de sus toldas al cavernario prelado francés cuyo grupo sigue campante varios años después de la muerte de su fundador.  No podemos ser intolerantes con los lefebvristas evangélicos, pues ello sería darle la razón al viejo latinajo: Abyssus abyssum invocat, es decir, el abismo llama al abismo; pero no podemos desconocer su presencia, perturbadora de la legítima libertad cristiana.

 

Tampoco debemos rechazar a los católicos por el hecho de serlo.  Siempre he predicado que con ellos hemos de mantener convivencia en la diferencia.  En Estados Unidos, concretamente, el catolicismo anglosajón, como ya se ha señalado en este libro, se halla muy cerca del protestantismo histórico y esa vecindad no tiene por qué molestar a nadie.  Porque Judá y Samaria eran limítrofes, Jesús pudo convertir a muchos mestizos espirituales de su tiempo.  En Miami, por ejemplo, el pastor Martín Añorga, figura patriarcal de exilio cubano, se sienta a la misma mesa, para discutir problemas comunes con el arzobispo de la iglesia romana, y eso no lo hace menos evangélico. ¿No se sentaba Jesús a comer con fariseos y publicanos?

 

 

 (Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, páginas 198-200)

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AUTHOR - Casa Roca

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