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VI-JUL-01

La quimera del ángel | El nuevo nacimiento

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Un gran engaño de quienes sustentan tales creencias es afirmar que la Biblia confirma la reencarnación, y que aún Jesucristo predicó de ella porque la había experimentado.  Analicemos algunos pasajes, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, para encontrar la falsedad de tales afirmaciones.  El libro de Job es muy terminante:  Si a un árbol se le derriba, queda al menos la esperanza de que retoñe y de que no se marchiten sus renuevos.  Tal vez sus raíces envejezcan en la tierra y su tronco muera en su terreno, pero al sentir el agua, florecerá; echará ramas como árbol recién plantado.  El hombre, en cambio, muere y pierde su fuerza; exhala el último suspiro y deja de existir.  Y así como del mar desaparece el agua, y los ríos se agotan y se secan, así los mortales, cuando se acuestan, no se vuelven a levantar.  Mientras exista el cielo, no se levantarán los mortales ni se despertarán de su sueño. Job 14:7-12.

 

Antes de la resurrección de los muertos, cuando habrá nuevo cielo, ellos están impedidos de manifestarse en la carne. Si sus hijos reciben honores, él no lo sabe; si se les humilla, él no se da cuenta. Job 14:21

 

El rey Salomón, a quien muchos reencarnacionistas citan con frecuencia fuera de contexto, liquida el tema con estas palabras: ¿Por quién, decidirse? Entre todos los vivos hay esperanza, pues vale más perro vivo que león muerto.  Porque los vivos saben que han de morir, pero los muertos no saben nada ni esperan nada, pues su memoria cae en el olvido.  Sus amores, odios y pasiones llegan a su fin, y nunca más vuelven a tener parte en nada de lo que se hace en esta vida. Eclesiastés 9:.4-6

 

Es un truco muy común y burdo extraer textos aislados para justificar afirmaciones arbitrarias.   La gente seria toma en cuenta todas las concordancias y armonizaciones de un tema bíblico para sacar la conclusión correcta; y, por supuesto, se cuida de leer el pasaje completo en cada oportunidad, para evitar confusiones.  Entre los rosacruces se cita una frase de Jesús como si reafirmara la reencarnación: De veras te aseguro que quien no nazca de nuevo no verá el Reino de Dios. Juan 3:3.

 

¿Se fijan? Jesús habla de reencarnación.  No hay duda. ¿Para qué seguir leyendo? Y, por mala fe redomada, se omite la continuidad del texto del Evangelio; éste, inmediatamente después, expresa:

¿Cómo puede uno nacer de nuevo siendo ya viejo? –Preguntó Nicodemo-. ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el vientre de su madre y volver a nacer?. Juan 3:4

 

Esta es, sin dudas, una pregunta directa sobre la reencarnación.   Pero continuemos leyendo este episodio tan esclarecedor sobre la materia que nos ocupa: Yo te aseguro que quien no nazca del agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios –respondió Jesús-. Lo que nace del cuerpo es cuerpo, lo que nace del Espíritu, es espíritu. Juan 3:5-6.

 

La respuesta del Maestro es terminante: no se trata de entrar por segunda vez en el vientre de la madre para volver a nacer físicamente;  el nuevo nacimiento es ahora mismo, en nuestro propio espíritu, por el Espíritu de Dios.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Reto de Dios, página 190-192)

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AUTHOR - Casa Roca

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