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VI-JUN-04-01

La quimera del ángel | Karma & Arrepentimiento

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

La creencia en la reencarnación proviene de la India,  donde fue predicada desde antiguo por los arios; allí algunas sectas creen, inclusive, que se puede renacer en un árbol o en un animal.  De ahí las vacas sagradas, que deambulan por las calles de las ciudades en medio de general reverencia, mientras la gente muere de hambre bajo sus ubres.  En Occidente la reencarnación ha sufrido cierto maquillaje para adaptarse a mentalidades menos primitivas, y ya se cree que es posible reencarnar en extraterrestres,  lo cual resulta muy sugestivo.

 

Desde un punto de vista científico, es poco serio hablar de cosas como ‘si un lugar te parece familiar, significa que estuviste allí en una vida pasada’, o bien: ‘si sientes predilección por el fado es porque fuiste portugués anteriormente’. Es bien sabido que el inconsciente almacena toda clase de experiencias: lecturas, conversaciones, imágenes televisivas, fotografías, partituras, lienzos, sustos, alegrías,  transmisiones radiales, todo lo que los sentidos captan; y que, bajo ciertos estímulos, se forman impresiones nostálgicas muy fuertes. Por otra parte, hoy es verdad científica que cada  archivo genético individual tiene almacenada la memoria de los antepasados.

 

Pese a que personas educadas, como la actriz Shirley McLaine, las defiendan, la mejor prueba de que tales religiones provienen de las tinieblas es el estado de indigencia en que se debaten las sociedades que las practican.  El cristianismo, en cambio, es positivo y busca la plenitud del hombre, no sólo en el cielo, sino también en la tierra.

 

Por lo demás, los reencarnacionistas no han podido explicar cómo uno, siendo parte de Dios en Dios, se tenga que desprender de Dios para degradarse en la carne; y, a través de una naturaleza pecaminosa -¿puede acaso Dios pecar?-, hacer méritos para volver a ser parte de Dios en Dios.  El círculo del bobo: ser perfecto y volverse imperfecto para volver, lentamente, a perfeccionarse.  Tal doctrina inutiliza el arrepentimiento, pues su ley de causa y efecto hace milimétricos el premio y el castigo, y forma una cadena interminable de penalizaciones: tú matas, otro te mata, un tercero matará al que te mató, y así sucesivamente.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Reto de Dios, página 189-190)

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AUTHOR - Casa Roca

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