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VI-JUL-02

La quimera del ángel | Resurrección

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Algunos pretenden confundir los conceptos de reencarnación y resurrección pero,  en otra ocasión, los saduceos le plantearon a Jesús un interrogante drástico:

 

Ese mismo día los saduceos, que decían que no hay resurrección, se le acercaron y le plantearon un problema: -Maestro, Moisés nos enseñó que si un hombre muere sin tener hijos, el hermano de ese hombre tiene que casarse con la viuda para que su hermano tenga descendencia.  Pues bien, había entre nosotros siete hermanos. El primero se casó y murió y, como no tuvo hijos, dejó la esposa a su hermano.  Lo mismo les pasó al segundo y al tercer hermano, y así hasta llegar al séptimo.  Por último, murió la mujer.  Ahora bien, en la resurrección, ¿de cuál de los siete será esposa esta mujer, ya que todos estuvieron casados con ella?  Jesús les contestó: -Ustedes andan equivocados porque desconocen las Escrituras y el poder de Dios.  En la resurrección, las personas no se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles que están en el cielo.

Mateo 22:23-30.

 

Por cierto, si resurrección equivaliera a reencarnación, la respuesta del Maestro había sido bien distinta. Para colmo, la gente que nos ocupa sostiene que Jesús de Nazaret fue un espíritu muy evolucionado, que recibió al Cristo (la conciencia cósmica) cuando ya estaba listo para divinizarse, proceso por el cual tendremos que pasar todos.  Pero la Biblia no deja resquicios por donde pueda entrar una creencia semejante:

 

Si así fuera, Cristo habría tenido que sufrir muchas veces desde la creación del mundo.  Al contrario, ahora, al final de los tiempos, se ha presentado una sola vez y para siempre a fin de acabar con el pecado mediante el sacrificio de sí mismo.  Y así como está establecido que los seres humanos mueran una sola vez, y después venga el Juicio.

Hebreos 9:26-27.

 

El mismo Jesús de Nazaret es el Cristo, el Logos, Dios Encarnado, el Hijo, la Segunda Persona de la Trinidad, Rey de Reyes y Señor de Señores.  No reencarnó, ni predicó la reencarnación, porque la reencarnación no existe.  Si existiera, cada uno sería su propio salvador personal, y la expiación del Cordero de Dios pasaría a ser completamente inútil.  El misterio de la encarnación divina consiste, precisamente,  en que Dios  tiene que hacerse hombre porque el hombre no puede hacerse Dios

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Reto de Dios, página 192-194)

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AUTHOR - Casa Roca

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