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La Restitución

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Job el desechable.  

Este antiquísimo libro de Job contiene el más bello poema del dolor humano.  Allí leemos:

“En la región de Uz había un hombre recto e intachable, que temía a Dios y vivía apartado del mal.  Este hombre se llamaba Job”.     Job 1:1.

Subrayemos las cualidades personales de Job: Perfecto, recto, temeroso de Dios y apartado del mal.

“Tenía siete hijos y tres hijas; era dueño de siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes y quinientas asnas, y su servidumbre era muy numerosa. Entre todos los habitantes del oriente era el personaje de mayor renombre”. Vers. 2-3.

Para que nos quede claro, Job era un potentado, un hombre de alta clase social y económica en su patria.

“Sus hijos acostumbraban turnarse para celebrar banquetes en sus respectivas casa, e invitaban a sus tres hermanas a comer y beber con ellos.  Una vez terminado el ciclo de los banquetes, Job se aseguraba de que sus hijos se purificaran.  Muy de mañana ofrecía un holocausto por cada uno de ellos, pues pensaba: Tal vez mis hijos hayan pecado y maldecido en su corazón a Dios.  Para Job ésta era una costumbre cotidiana”.  Vers. 4-5.

Un hombre rico y un hombre santo.  Pero ¿cuál es el problema que se presenta en la vida de Job?

“Llegó el día en que los ángeles debían hacer acto de presencia ante el Señor, y con ellos se presentó también Satanás.  Y el Señor le preguntó: -¿De dónde vienes? -Vengo de rondar la tierra, y de recorrerla de un extremo a otro -le respondió Satanás. -¿Te has puesto a pensar en mi siervo Job? -volvió a preguntarle el Señor-. No hay en la tierra nadie como él; es un hombre recto e intachable, que me honra y vive apartado del mal.  Satanás replicó: -¿Y acaso Job te honra sin recibir nada a cambio? ¿Acaso no están bajo tu protección él y su familia y todas sus posesiones?  De tal modo has bendecido la obra de sus manos que sus rebaños y ganados llenan toda la tierra.  Pero extiende la mano y quítale todo lo que posee, ¡a ver si no te maldice en tu propia cara!”   Vers. 6-11.

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, páginas 202-203)

VISIÓN INTEGRAL
(Antología de textos de nuestro pastor presidente)

 

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AUTHOR - Casa Roca

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