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La Restitución

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Job el desechable.  (Parte 2)

Satanás reta a Dios: Job está contigo porque Tú lo has rodeado de garantías, porque no tiene problemas, porque es un hombre próspero, un principal; pero tócalo, para que veas cómo reniega de ti.

“-Muy bien -le contestó el Señor-. Todas sus posesiones están en us manos, con la condición de que a él no le pongas la mano encima. Dicho ésto, Satanás se retiró de la presencia del Señor”.  Vers. 12.

El diablo corre a cumplir su tarea, a buscar la destrucción de Job.  Intentemos un  suscinto relato de las calamidades que vienen sobre Job, de un momento a otro.

“Llegó el día en que los hijos y las hijas de Job celebraban un banquete en casa de su hermano mayor.  Entonces un mensajero llegó a decirle a Job: Mientras los bueyes araban y los asnos pastaban por allí cerca, nos atacaron los sabeanos y se los llevaron.  A los criados los mataron a filo de espada. ¡Sólo yo pude escapar, y ahora vengo a contárselo a usted!. No había terminado de hablar este mensajero cuando uno más llegó y dijo: Del cielo cayó un rayo que calcinó a las ovejas y a los criados. ¡Sólo yo pude escapar para venir a contárselo! No había terminado de hablar este mensajero cuando otro más llegó y dijo: Unos salteadores caldeos vinieron y, dividiéndose en tres grupos, se apoderaron de los camellos y se los llevaron.  A los criados los mataron a filo de espada. ¡Sólo yo pude escapar, y ahora vengo a contárselo!  No había terminado de hablar este mensajero cuando todavía otro llegó y dijo: Los hijos y las hijas de usted estaban celebrando un banquete en casa del mayor de todos ellos cuando, de pronto, un fuerte viento del desierto dio contra la casa y derribó sus cuatro esquinas. ¡Y la casa cayó sobre los jóvenes, y todos murieron! ¡Sólo yo pude escapar, y ahora vengo a contárselo!  Al llegar a este punto, Job se levantó, se rasgó las vestiduras, se rasuró la cabeza, y luego se dejó caer al suelo en actitud de adoración.  Entonces dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo he de partir.  El Señor ha dado; el Señor ha quitado. ¡Bendito sea el nombre del Señor!. A pesar de todo esto, Job no pecó ni le echó la culpa a Dios”.  Vers. 13-22.

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, páginas 203-204)

VISIÓN INTEGRAL
(Antología de textos de nuestro pastor presidente)

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AUTHOR - Casa Roca

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