CR - Colombia
CR - España
CR - Panamá
CR - USA

 

Blog

Los hijos de Abraham | Árabes y Judíos

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Por otra parte, las luchas legendarias entre los hijos de Sara y Agar se agudizaron a finales del siglo XIX y durante todo el XX por la disputa territorial de Palestina.  Árabes y judíos derrocharon ingenio para perfeccionar el terror hasta límites nunca antes alcanzados por el hombre y que hoy subsisten en ese legendario campo de batalla.  No debe olvidarse que el antiguo comandante de las bandas terroristas judías, Menahem Begin, fue primer ministro de Israel, como el fundador de Al Fatah, Yasser Arafat, es presidente de la Autoridad Nacional Palestina.

Existe la percepción más o menos universalizada de que Estados Unidos es projudío y Europa proárabe.  El asunto tiene que ver con dos realidades históricas: el colonialismo europeo, principalmente británico y francés, que hizo presencia muy notable en el Oriente Medio; y, de otro lado, el hecho de que los judíos europeos que se vieron precisados a emigrar – perseguidos por los zares, el comunismo y el nazismo – decidieron, como entonces se decía, ‘hacer la América’ y constituyeron un grupo de fuerte influencia en los Estados Unidos.  En la sola Nueva York hay más judíos que en todo Israel.

Por contraste, en América Latina las principales oleadas migratorias fueron mayoritariamente árabes, pese a que los judíos también llegaron a muchos países, primordialmente Argentina y Brasil.  Los latinoamericanos nos hemos entendido bien con los árabes, especialmente sirio-libaneses- la procedencia más nutrida – y muchos de ellos se han destacado en la cátedra, las artes, los negocios, las ciencias y, particularmente, la política.  Los presidentes Carlos Menem en Argentina y Julio César Turbay en Colombia son solo dos ejemplos.

La influencia del catolicismo romano, que ha marcado en forma indeleble la impronta latinoamericana, generó cierto antisemitismo en la población: los judíos eran los asesinos de Jesús; en cambio, casi todos los árabes por venir de países de influencia maronita y ortodoxa, daban con facilidad el paso hacia el catolicismo romano.  En la región se llama ‘turcos’ a los ismaelitas, porque los primeros  que a ella inmigraron traían pasaporte del imperio otomano, potencia mandataria de sus países en aquel tiempo.

Al margen de las anteriores consideraciones, no puede desconocerse que el monoteísmo ha sido, es hoy en muchos casos, y puede ser en el futuro un importante punto de confluencia de estas tres culturas, espiritualidades y formas de vivir.  En el pasado, por ejemplo, España fue un buen ensayo.

Pensadores profundos y decisivos de las tres corrientes religiosas fueron: españoles: el cristiano Isidoro, el judío Maimónides, el musulmán Averroes. Un popular romance andaluz relata los amores de un católico y una judía:

¿Qué dirán tus sinagogas?

¡Qué dirán mis arzobispos!

 

Chateaubriand, por su parte, dejó en ‘El último Abencerraje’ un relato romántico sobre situación similar entre un moro y una cristiana precisamente en España.

Ahora bien, en Estados Unidos existe también una fuerte colonia árabe con personalidades de alto relieve en la vida nacional e internacional, que practican la fe islámica. ¿No podría intentarse, ya que se disfruta de tolerancia, alguna forma de convivencia en la diferencia que lleve a cristianos, judíos y musulmanes a una alianza estratégica frente a los terrorismos de todas las vertientes?

Los latinoamericanos, de mano de los españoles, pueden ser un aglutinador de tales esfuerzos.  A través de la ‘madre patria’ han llegado hasta el torrente sanguíneo de Amerindia glóbulos hebreos y árabes en gran proporción.  Nadie discute la influencia de los hijos de Ismael a través de ocho siglos de presencia en la península ibérica;  es menos reconocida la del componente hebreo, pero se ha dicho razonablemente que aquel descendiente de españoles incapaz de recitar sus treinta y dos apellidos primarios, está impedido para afirmar que no tiene sangre judía.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, página 181-183)

Comparte...Email this to someoneShare on Google+Pin on PinterestTweet about this on TwitterShare on Facebook

AUTHOR - Casa Roca

No Comments

Post A Comment