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Los hijos de Abraham | El Judaísmo

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Al dividirse la nación en dos reinos, Israel y Judá, la denominación de esta última, judíos, terminó por cubrir a todos los israelitas que permanecieron fieles a su fe y etnia, negándose a mezclarse con los vecinos.  Desde entonces el término judíos ha designado a un grupo humano homogéneo y específico.  Perseguidos, encarcelados, deportados, víctimas de genocidios e intolerancias indescriptibles, le han aportado a la humanidad muchos de sus más grandes genios en todas las actividades.  En la época de Jesús de Nazaret convivían en Judea diversos partidos religiosos y políticos.

Fariseos: la secta de mayor influencia, era doctrinariamente ortodoxa, pero tan celosa de guardar la ley de Moisés en sus particulares interpretaciones, que sus miembros llegar a ser estrictos en apariencia, pero realmente hipócritas, orgullosos y autoconfiados.  Jesús tuvo fuertes enfrentamientos con ellos.

Saduseos: aristócratas, casi todos pertenecientes a la casta sacerdotal, profundamente materialistas, negaban la resurrección, los galardones y recompensas eternos y la existencia de los ángeles.

Escribas: copistas profesionales de la Ley, estaban investidos de autoridad respecto a las Escrituras y ejercían funciones docentes.  Eran, en esencia, de doctrina farisea.

Esenios: grupo de misántropos y célibes, de excéntricas costumbres, que esperaban el reino de Dios, en contacto con la naturaleza.  Repudiaban agresivamente a la sociedad de su tiempo y tenían su campo de acción en las cuevas de Qumram.

Publicanos: eran los recaudadores de impuestos para Roma, la potencia extranjera que sojuzgaba a su país, motivo por el cual la población, en términos generales, los odiaba.

Herodianos: partido político que deriva su nombre de Herodes el Grande, tetrarca de Galilea, marioneta del imperio romano, quien propiciaba la colaboración pacífica con los invasores.

Zelotes: partido político nacionalista, enemigo cerval de Roma, auspiciaba la resistencia judía a las autoridades imperiales, incluso por medio de las armas.  Al parecer, uno de los apóstoles de Jesús, de nombre Simón, perteneció al zelotismo.

En la actualidad, el nativo de Israel recibe el nombre de sabra, que es el de un fruto de higo de tuna, para significar que el judío es áspero por fuera pero dulce por dentro.  Después de la diáspora (dispersión) instigada por los romanos (año 70 d. C.), los judíos terminaron por bifurcarse en dos grandes agrupaciones.

Azquenazitas: asentados en Alemania, Polonia y Rusia, donde fueron llamados de tal modo por Azkenaz, hijo de Gomer y nieto de Jafet, cuyos descendientes poblaron esa zona geográfica.  Este grupo habla yidish, una mezcla de hebreo y alemán.  Casi todos tienen tez blanca, ojos claros y cabello rubio o castaño.

Sefarditas: este otro conglomerado se afincó principalmente en la península ibérica de donde se derivó su gentilicio, pues es casi unánimemente aceptado que el término Sefar (o Sefarad), que aparece en Abdías 1:20 define esa área del mundo.  Son de tez, ojos y cabellos oscuros, y hablan latino, español antiguo con algo de hebreo.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, página 188-190)

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AUTHOR - Casa Roca

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