CR - Colombia
CR - España
CR - Panamá
CR - USA

 

Blog

Los hijos de Abraham | ¿Hispanoisraelismo?

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

España fue, propiamente, la segunda patria de los judíos.  El rabino Hananel Sevilla, jefe religioso de una comunidad  sefaradí en Sofía, Bulgaria, ha dicho que la presencia de su pueblo en tierras españolas se remonta a los tiempos de la dominación babilónica, cuando muchos huyeron por el Mediterráneo hacia Tarsis, en Andalucía.  Los sefarditas suelen decir que ellos no son culpables de la muerte de Jesús, puesto que se encuentran en Sefar o Sefarad (nombre bíblico de España) desde quinientos años antes de Cristo.

Nadie pone en tela de juicio la patente judeidad étnica de Antioquia en Colombia, Córdoba en Argentina y Monterrey en México.  Hay también quienes se aventuran con Menasé ben Israel y Antonio de Montezinos en la hipótesis de que en la América precolombina se afincaron algunas de las tribus israelitas perdidas en tiempos de Salmanasar.  Se encuentran indicios judaicos en algunas costumbres indígenas: la circuncisión en Yucatán y Acuzamil, el jubileo cada cincuenta años en Nueva España, el matrimonio con la viuda del hermano en el Perú, la guarda eterna del fuego en los altares por los Totones, el relato del diluvio universal y la Torre de Cholula, similar a Babel, para citar pocos ejemplos.

América Latina, por todo lo anotado anteriormente, es un crisol donde se funde el porvenir humano, y su presencia creciente en los Estados Unidos debe orientarse positivamente para que la masa migratoria entregue sus aportes creativos hacia la meta común de una humanidad más humana, si se permite tal expresión.  Dicho directamente, más cristiana.  Mejor aún: cristiana a secas.

No se crea que estoy propiciando, en medio de la actual confusión, algún tipo de ecumenismo.  ¡Dios me libre! Nadie podría válidamente acuñar un medallón en el cual lucieran juntos la Torah, el Evangelio y el Corán; pero yo he visto, por ejemplo, a Don Francisco, teleanimador chileno judío, presentar a Shakira, cantante colombiana árabe.

Hace algunos años el presidente egipcio Anwar el Sadat se impuso una obra faraónica: la construcción de un gigantesco templo en el monte Sinaí para estímulo de paz entre los hombres.  Las acciones de este líder egipcio le dieron una robusta imagen histórica, aunque fueron incomprendidas por los fanáticos, adversos a lo magnánimo.  Fueron terroristas de corte islámico los que asesinaron a Sadat,  dicho sea de paso.

Según pensaba este musulmán ilustrado, se hacía necesario un monumento para honrar la fe monoteísta; él ordenó al autor del proyecto coronar la nueva pirámide con la cruz, la estrella de David y la Media Luna, símbolos de las religiones que nacieron de la fe de Abraham.  Es verdad histórica que la región  levantina ha tenido sus momentos estelares cuando se produce la empatía entre agarenos y hebreos, cosa que ha ocurrido esporádicamente,  por desdicha.  Si los cristianos contribuimos a ello, despojados de prejuicios, con la neta ley de Jesucristo, que es el amor, podemos hacer mucho, sin ser ecumenistas. Ecumenismo no es sino la nueva esfinge.

En la agenda norteamericana de las misiones hoy no tiene prioridad la América Latina; la preocupación primordial se dirige hacia los países de la antigua órbita soviética en la Europa Oriental y, por supuesto, hacia los musulmanes, y  la tendencia se incrementa ahora mismo ante las necesidades creadas por la guerra de Afganistán.  Actualmente las grandes misiones transnacionales se empeñan en reclutar a latinoamericanos para que reciban adiestramiento y marchen a predicar en Irak, Irán, Paquistán, Arabia y aledaños.

Sin criticar tales esfuerzos,  es menester decir que América Latina  misma necesita ser, en gran medida, convertida a Cristo; o, por lo menos reevangelizada. Ante esta prioridad muchos prefieren dedicar todos los esfuerzos a la mano para la obra misionera a quienes hablan español en cualquier lugar del mundo.  Las megalópolis norteamericanas, europeas y asiáticas albergan a hispanohablantes por millones  y ellos no encuentran una visión eclesiástica que se acomode a sus particularidades.

Una de las lecciones más valiosas del 11 de septiembre fue observar a muchas familias enlutadas que hablaban español asistidas por clérigos de varias religiones, menos la iglesia cristiana evangélica. Hay mucho trabajo para hacer.  Y hay que empezar a hacerlo en forma inmediata.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, página 183-185)

Comparte...Email this to someoneShare on Google+Pin on PinterestTweet about this on TwitterShare on Facebook

AUTHOR - Casa Roca

No Comments

Post A Comment