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Los hijos de Abraham | Jesús y el escriba

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Durante un viaje a Israel, la guía turística que estaba al frente de mi grupo, una judía inteligente y espiritual, aprovechó cierto día el receso del almuerzo para decirme: Hace aproximadamente dos mil años, tal vez cerca de este lugar donde tú y yo nos hallamos hoy, un escriba de mi Ley se enfrentó a tu Jesús y le preguntó qué debía hacer para heredar la vida eterna.  Tu Jesús no le dijo: -Cumplir los minuciosos reglamentos de la Ley, sino le respondió con otra pregunta: – ¿Qué lees en la Ley? Entonces mi escriba dijo a tu Jesús, citando las Sagradas Escrituras: ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente y con todas tus fuerzas, y a tu prójimo como a ti mismo’.  Cuando mi escriba bajó las comillas, tu Jesús le dijo: – Bien has dicho.  Haz eso y vivirás eternamente.  Entonces, pastor, por el amor de Dios, si tu Jesús y mi escriba, si mi Ley y tu Evangelio están de acuerdo, ¿qué es lo que los judíos y los cristianos discutimos?

 

Recuerdo haber abrazado a aquella judía con toda la fuerza de que era capaz mi cristiano corazón. Hay muchas cosas discutidas y discutibles entre judíos y cristianos, incluso entre cristianos y judeo-cristianos, es decir, mesiánicos; pero no se trata de dirimir diferencias, sino de afianzar coincidencias.  Sin duda el patrimonio común del Antiguo Testamento, que es la Biblia judía, ofrece un marco teórico invaluable; pero, más que nada, conviene enfatizar la fe en el Dios de Abraham.  Nunca olvidemos, frente a islámicos y judíos, que hay textos comunes a las tres religiones, así como un cuerpo general de creencias que, por más que a muchos fastidie, es asombrosamente similar.  La esposa de Moisés era hija de un sacerdote madianita, Jetro, quien aconsejó a su yerno en decisiones claves con gran sabiduría.  ¿Lo desechó acaso Moisés? (Éxodo 18:1-12).

 

Por otra parte, mentes lúcidas como David Stern, líder del movimiento judeo-cristiano moderno, ha llamado la atención sobre hechos simples: el cristianismo es de origen judío, el antisemitismo no es cristiano, el rechazar o ser negligentes en evangelizar a los judíos es, en sí mismo, un hecho profundamente antisemita.

 

Es cierto que los reformadores pioneros, especialmente Lutero y Calvino, eran en cierta medida antisemitas, pues traían incorporados rezagos de su antigua herencia espiritual, el catolicismo romano; pero es cierto, igualmente, que la Reforma Protestante surgió como reacción contra usos y prácticas de la iglesia romana, incluidas las persecuciones a los judíos.  Y, aun cuando en algunos lugares esporádicamente se hayan presentado brotes adversos a los hijos de Jacob entre seguidores de Cristo Jesús, las notas predominantes han sido simpatía y cooperación con ese pueblo de parte de las distintas denominaciones evangélicas.

 

Esto último se hace explícito en los Estados Unidos de América, donde el judaísmo en sus diversas expresiones tiene garantizadas libertades totales; ello facilita que muchos talentos hebreos enriquezcan el tesoro cultural y económico.  No hay un lugar en este planeta donde se den condiciones más favorables para que los hijos de Abraham – cristianos, musulmanes y judíos – puedan mantener un diálogo constructivo en medio de sus diferencias.

 

Lo ocurrido el 11 de septiembre de 2001 no fue un ataque del Islam contra los ‘perros’ judíos y cristianos, sino el acto vesánico de un terrorista que se equivoca, como tantos, al querer realizar un trabajo para Dios con los métodos del diablo.   Ismael e Isaac oficiaron juntos, unidos, el funeral del padre Abraham y no hay noticia de que entre los dos se dieran confrontaciones, salvo las burlas infantiles del agareno a su hermano.  A base de terrorismo, Saulo de Tarso no logró retener a los primeros cristianos en el seno de la religión judía; Tocado por el rayo celestial, cuando abrió su ser a la acción del Espíritu Santo, pudo convencer a tantos, que nosotros mismos somos cosecha de su siembra.

 

Saulo el fanático se transformó en Pablo el radical.  Nunca olvidemos que radical es el que muere por sus ideas, fanático el que mata por las suyas.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, página 192-194)

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AUTHOR - Casa Roca

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