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VI-ENE-05

Los tesoros perdidos | El libro perdido

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

 

Después de la muerte del rey Ezequías, sus sucesores en el reino de Judá, Manasés y Amón, hicieron cosas abominables: reconstrucción de santuarios paganos, ritos sacrificiales  de niños, adoración de los signos del zodíaco, hasta el extremo de que el pueblo de Dios llegó a ser más idólatra que las naciones a las que se había despojado para darle la tierra prometida.  Durante ese período traumático se perdió otro tesoro: el libro de la Ley.  Nadie lo aplicaba porque nadie lo conocía, nadie lo conocía porque nadie lo leía, nadie lo leía porque nadie sabía donde había ido a dar en medio de tantas mudanzas espirituales.

 

Pero al fin un rey piadoso, Josías, propició una reforma religiosa para recuperar la protección divina sobre sus gobernados y su propia persona.  Se dio  a purificar a Judá, retiró los santuarios de los dioses paganos, redujo a  polvo los lugares dedicados a la idolatría y ordenó reparar el templo de Dios.  Honrados y piadosos trabajadores recibieron salarios justos por las refacciones arquitectónicas que realizaban.  Y un dia…

 

Al sacar el dinero recaudado en el templo del Señor, el sacerdote Jilquías encontró el libro de la ley del Señor, dada por medio de Moisés.  Jilquías le dijo al cronista Safán: He encontrado el libro de la ley en el templo del Señor.  Entonces se lo entregó

2 Crónicas 34: 14-15

El libro sagrado estaba perdido…. ¡en el templo!  ¿No ocurre algo similar hoy mismo, por ventura?  La Biblia está extraviada, nadie la aplica porque nadie la conoce, nadie la conoce porque nadie la lee, nadie la lee porque nadie sabe a dónde ha ido a dar en medio de tantas mudanzas espirituales.  Si hoy se levantara un Josías en el pueblo del Señor, tal vez diría como aquel monarca, rasgando sus vestiduras después de leer el santo texto:

Con respecto a lo que dice este libro que se ha encontrado, vayan a consultar al Señor por mí y por el remanente de Israel y de Judá.  Sin duda que la gran ira del Señor se ha derramado contra nosotros porque nuestros antepasados no tuvieron en cuenta su palabra, ni actuaron según lo que está escrito en este libro.

2 Crónicas 34:21

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, página 167-168)

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AUTHOR - Casa Roca

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