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VI-FEB-03

Los tesoros perdidos | La oveja perdida P2

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

 

En dimensión cósmica, el planeta Tierra tal vez sea la oveja extraviada del redil divino y, por eso en su infinita misericordia, el Padre envió a su Hijo como el pastor que deja seguras en sus establos a las noventa y nueve para recuperar esta pequeña arisca que se le salió de las manos.  Planetariamente, en nuestro propio ámbito terrícola se repite la parábola:

 

El entonces les contó esta parábola: Supongamos que uno de ustedes tiene cien ovejas y pierde una de ellas.  ¿No deja las noventa y nueve en el campo, y va en busca de la oveja perdida hasta encontrarla?.  Y cuando la encuentra, lleno de alegría la carga en los hombros y vuelve a la casa.  Al llegar reúne a sus amigos y vecinos, y les dice: Alégrense conmigo; ya encontré la oveja que se me había perdido.

Lucas 15: 3-6

 

Hoy el pastor cristiano se ve cómodamente instalado en su redil, rodeado de ovejas gordas a las que ordeña y esquila a regusto, mientras la extraviada vaga por acantilados peligrosos, ciega y torpe, en medio de la oscuridad espantosa.  Si alguien se ha marchado, oremos para que regrese – opinan – pero no tomemos iniciativas que puedan perturbar la legítima libertad en uso de la cual se ha marchado lejos del rebaño.  El hombre posmoderno es esa oveja perdida,  que se cree autosuficiente cuando desconoce su esencia gregaria y la necesidad que tiene de todos los demás, como miembros de sus propios miembros.  Al individualismo russelliano se ha sumado la sentencia cómoda del proceso  kafkiano: el hombre es culpable de ser inocente.

 

Algunas ovejas perdidas de hoy son desertores de la fe cristiana.  Muchos de ellos se fueron alejando sin darse cuenta y sin que nadie se diera cuenta.  Que el Espíritu Santo nos envíe  una efusión de valor y poder para ir a su rescate.  Desde un lugar más alto que las torres gemelas alguien vigila sobre nosotros: el Príncipe de los Pastores, ante quien no podemos presentarnos con faltantes cuando venga a contar los rebaños que nos ha encomendado, oveja por oveja, en forma minuciosa.

 

Por tanto pastores, escuchen bien la palabra del Señor: Tan cierto como que yo vivo – afirma el Señor omnipotente -, que por falta de pastor mis ovejas han sido objeto de pillaje y han estado a merced de las fieras salvajes.  Mis pastores no se ocupan de mis ovejas; cuidan de sí mismos pero no de mis ovejas.

Ezequiel 34:7-8

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, página 170-171)

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AUTHOR - Casa Roca

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