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VI-DIC-02

Opio del pueblo o vid verdadera P5

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

 

En el contexto de la guerra espiritual, Federico Nietzsche y Carlos Marx, para citar dos casos protuberantes, se alistaron, tal vez sin quererlo,  como lugartenientes de Mefistófeles y, bajo el fondo musical de Wagner,  fueron puntas de lanza  para la gran saga  del totalitarismo nazi que bajó el telón de su trágico final en el Holocausto. Dicho todo esto sin olvidar que los reformadores pioneros arrastraban un lastre de antisemitismo, heredado de la propia tradición religiosa de la que provenían.

 

¿Por qué Alemania tuvo oídos sordos y no escuchó al Marx cristiano que pedía a gritos “una unión vital con Cristo” como solución a los problemas de la sociedad? ¿Por qué los oídos del ‘super-hombre’ se abrieron, en cambio, para escuchar al Nietszche apóstata; y, luego, topa Europa fue hipnotizada por el Marx poseso? Yo prefiero  la primera versión marxista.

 

“Si la rama pudiera sentir, cuán alegremente miraría al labrador que la atiende, que cuidadosamente la libra de sus malezas y la ata firmemente: a la vid, de la cual saca su alimento y savia para formar más retoños hermosos… Pero, si pudiera sentir, la rama no solamente miraría hacia arriba al labrador, sino que se acomodaría cariñosamente hacia la vid, se sentiría estrechamente relacionada con ella y con las ramas que han brotado de ella. Entonces, amaría a las otras ramas tan solo porque el Labrador les sirve y la Vid les da fortaleza. Así, la unión con Cristo consiste en la más íntima comunión con Él, en tenerlo ante nuestros ojos y en nuestros corazones, y en estar impregnados del más alto amor por Él, al tiempo que tornamos nuestro corazón hacia nuestros hermanos, a los que Él ha atado tan cercanos a nosotros, y por quienes también se sacrificó.

 

Supongo que el lector está, igual que yo, perplejo. Lo que se conoce como ‘marxismo’ es hoy una pieza exótica del museo sociológico de la humanidad, una simple curiosidad para investigadores especializados. Los variados socialismos  de hoy no son  ramas de esa vid que se ha secado y pronto será arrojada al fuego. En cambio, la vid del primer Marx sigue viva -porque es eterna- y sus vástagos se multiplican cada día. Como el anti-profeta barbudo lo expresara bellamente: “Pero este amor por Cristo no es árido, no solamente nos llena con la más pura reverencia y el más sincero respeto por Él, sino causa también que nosotros mantengamos sus mandamientos,  nos sacrifiquemos por los demás y seamos virtuosos solamente por amor a Él. Una vez el hombre haya obtenido esa unión con Cristo, aguardará los golpes del destino con calmada compostura, oponiendo valientemente las tormentas de la  pasión  y podrá resistir intrépidamente la furia de los inicuos, por cuanto ¿quién podrá oprimirlo, quién lo podrá robar de su Redentor?”

 

¡Viva la clave marxista!

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 184-186)

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AUTHOR - Casa Roca

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