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DE TÚ CASA

VI-JUL-01

El fin de una era | Los años de plástico

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

La mitad del siglo XX marca una transición. En los años 50s aun la vida de la calle en las ciudades latinoamericanas tenía cierta dignidad. No había drogadictos ni homosexuales exhibiendo cinismo por ahí, escaseaban los mendigos, y las prostitutas de esquina permanecían rígidamente acuarteladas en especies de distritos rojos bien definidos.

 

Los adolescentes nadábamos sobre la cresta de la ‘nueva ola’. Fuimos una generación transitiva, producto de la postguerra. Cruzamos como en salto de garrocha, del bolero al rock an roll, del pistón a la turbina, del cliché al offset. Atestiguamos el nacimiento de las computadoras, el sonido estereofónico y el cinemascopio a colores que exhibía las exhuberancias de Marilyn Monroe y Brigitte Bardot. Se declaró la guerra fría, con la excepción caliente de Corea. Soldados colombianos fueron a morir a las antípodas por ideales ajenos. Los estantes de las librerías se colmaron de nombres novedosos: Camus, Sartre, Hemingway, Miller, escritores de bolígrafo, otra invención coetánea. El sombrero dejó de usarse para que no estorbara al radio transistor sobre la oreja.

 

Fue un decenio tejido con fibras sintéticas. Todo se volvió de plástico, desde las muñecas hasta los automóviles.  La voluptuosidad pasó la raya: piernas femeninas forradas de nylon, gafas oscuras montadas sobre pestañas postizas. Los bellos cuerpos se enturbaron en vestiduras mórbidas. El blue jean vino para inquietar a los legalistas, porque:

 

La mujer no se pondrá ropa de hombre, ni el hombre se pondrá ropa de mujer (Deuteronomio 22:5).

 

Yo no me convertiría en aquel tiempo, pues llegó a decirse desde púlpitos que las mujeres que llevaran esa prenda no subirían con el Señor en el arrebatamiento de la Iglesia. ¿Y qué de las que se hallen bajo la ducha?, podría pensarse. Ciclismo y fútbol se convirtieron en catalizadores de la emoción colectiva, y Efraín Forero y Alfredo Distéfano en sus símbolos. La colombiana Luz Marina Zuluaga fue, por todo un año, la mujer más bella del mundo. La televisión –mula concebida por el burro cine y la yegua radio- tuvo su parto retardado en la región.

 

La luna perdió el encanto como novia de los poetas por la competencia de sus ilegítimos hermanos, los satélites artificiales. Arriba, el hombre, apoyado en Eistein como palanca, ensayaba la conquista del espacio. Abajo, en Nueva York, Billy Graham actualizaba la evangelización en el Madison Square Garden, ante una muchedumbre jubilosa que vitoreaba a Jesucristo. ¡El espectáculo de la fe! Los sobrevivientes de los hornos crematorios volvían de la diáspora a Tierra Santa, para reconstruir su patria con las uñas, como siempre. La voz del profeta sonaba asombrosamente actual, dos mil seiscientos años después de pronunciada.

 

Y todas las naciones de la tierra se juntarán contra ella. En aquel día convertiré a Jerusalén en una roca inconmovible para todos los pueblos. Los que intenten moverla quedarán despedazados.

Zacarías 12:3

 

Ministros protestantes, guiados por el Espíritu Santo, se entrevistan con Juan XXIII, y su diálogo inspira el Concilio Vaticano II. En la Unión Soviética, Nikita Kruschev intenta la primera glasnotz, llamada coexistencia pacífica. En los Estados Unidos, Kennedy esboza su sonrisa fascinante sobre las tarimas electorales.  Aparentemente los años 50s fueron el Monte Ararat, donde las cosas comenzarían de nuevo después del Diluvio.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Reto de Dios, páginas 174-175)

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VI-JUN-04

El fin de una era

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El concepto últimamente entendido por modernismo trasciende a las convenciones históricas: Edad Antigua, desde la escritura hasta la caída de Roma; Edad Media hasta la caída de Constantinopla; Edad Moderna hasta la Revolución Francesa, y Edad Contemporánea hasta nuestros días. También al modernismo artístico: pictórico, poético, arquitectónico, etc. Se refiere, más bien, al movimiento de reforma del cristianismo que quiso encauzarlo en las corrientes científicas y sociales del siglo XIX. Dentro de la Iglesia Romana, este modernismo fue condenado por Pío X en su decreto Lamentabili y su encíclica Pascendi.

 

 

En el seno de la Iglesia Evangélica, esta corriente tomó su máxima expresión en la llamada Teología Liberal, cuyos maestros y promotores fueron duramente criticados y, a veces, rechazados, sin tomar en cuenta que, en todas las épocas, los pensadores cristianos han trabajado con los elementos de la cultura coetánea. Orígenes, Basilio,  Agustín, Tomás, Buenaventura, Lutero, Calvino, Pascal, Hegel, Otto, etc. exploraron nuevos terrenos para entender mejor las verdades eternas. Solamente los escolásticos de la decadencia son culpables de que la teología se haya momificado, fenómeno especialmente agudo en Latinoamérica, donde el nihilismo y el narcisismo propios de la postmodernidad se extienden como plagas egipcias sobre la inanidad religiosa.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Reto de Dios, páginas 173-174)

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VI-JUN-03

Toda la luz en una lámpara P5

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El viernes, en el Calvario, la mano de Dios activó el off’. Satanás, el príncipe de las tinieblas, tuvo su cuarto de hora porque el Padre desconectó el interruptor de su Hijo, instalado en la cruz, cuando cargaba sobre sus hombros todos los pecados de todos los hombres de todas las épocas. Anselmo de Canterbury vio la expiación como el acto supremo por medio del cual Dios supera para siempre el conflicto entre su amor y su ira. «Desde el mediodía y hasta la media tarde toda la tierra quedó en oscuridad. Como a las tres de la tarde, Jesús gritó con fuerza: —Elí, Elí, ¿lama sabactani? (que significa: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”». (Mateo 27:45,46)

 

El domingo, la mano de Dios activó de nuevo el on Y, cuando el Padre prendió el interruptor del Jesús-Luz, Satanás fue cegado definitivamente por el resplandor de la resurrección y los poderes demoníacos se replegaron, aterrados, a sus agujeros negros.

 

El hombre posmoderno repite, en la vida real, la vieja y oscura saga del doctor Fausto, un ser complejo, lleno de contradicciones, que se deja comprar por Mefistófeles para seducir a Margarita y tener éxito en la vida. En la pluma de Goethe, esta leyenda germano-escandinava se convierte en “el mito filosófico por excelencia”, según Hegel.

 

Desde la óptica religiosa, el tema de “venderle el alma al diablo” propio de Fausto, fue tratado a fondo por Kierkegaard en su maravillosa obra ‘Temor y temblor’, que hace temer y temblar a las almas sensibles.

 

Se dice que Goethe, al momento de entregar el espíritu, exclamó con voz suave: “Luz, más luz”. De ser ello verdad, lo que el genio alemán estaba viendo en ese instante supremo no era el reino de aquel personaje que él bautizó con el nombre germano del príncipe de las tinieblas, Mefistófeles. ¡Gracias  a Dios si el poeta vio la luz eterna! El asunto es simple, como lo percibió Un Monje de la Iglesia de Oriente: “En torno de Jesús no hay tragedia, porque ningún problema permanece sin solución. De ahí que la dificultad de ser su discípulo radica no en desconocer lo que hay que hacer, sino en tener la fuerza de hacerlo. Lo que se ha llamado la tragedia de la existencia humana desaparece en Cristo. Si se ve la luz, se puede andar en la luz”.

 

El hombre posmoderno es, pues, un doctor Fausto que le ha vendido el alma al diablo. Quiera Dios que, en medio de su ‘sorda ceguera’, finalmente escuche, como el personaje literario lo hizo,  la voz de Aquel que dice todo el tiempo: «Yo soy la luz que ha venido al mundo, para que todo el que crea en mí no viva en tinieblas». Juan 12:46

 

Todavía ese ‘Fausto corporativo’ que es la humanidad de hoy, puede romper el contrato firmado con el extorsionista espiritual que vive en las tinieblas, ama las tinieblas y gobierna las tinieblas, y suscribir el nuevo pacto con el Hombre-Luz, que garantiza el vitalismo espiritual de su fotosíntesis eterna. Ese contrato también se firma con sangre, solo que no es la propia de Adán-Fausto, sino la de Jesús de Nazaret, una sangre que alumbra.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 176-178)

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VI-JUN-02

Toda la luz en una lámpara P4

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El Logos es la luz que produce la creación y la armonía que la sostiene. (Colosenses 1:16,17). La luz es música y la música es luz, porque el Logos es luz y música. A propósito, el pentagrama es un código que tiene claves, el clavicordio es una clave que tiene cuerdas; y, por eso, me  pregunto ahora mismo: ¿no será  cada melodía un esfuerzo artístico por descifrar la Luz? Mientras escribo, estoy oyendo ‘El evangelio según San Mateo’, de Juan Sebastián Bach; y, en este instante, caigo en la cuenta de algo: es música cósmica. ‘El clave bien temperado’, del mismo autor, es música científica.

 

Tuvo mucha razón el popular cosmólogo Carl Sagan cuando, en una de sus últimas entrevistas antes de morir, le dijo a un ministro cristiano que ya era tiempo de que los científicos y los teólogos se sentaran a dialogar. Pensándolo bien, así como hay una ciencia de la teología, debiera haber una teología de la ciencia. Sería provechoso intentar en el futuro el desarrollo de una Teociencia capaz de  reconciliar la información sobre las criaturas con el conocimiento del Creador.

 

“Yo soy la luz” es la majestuosa presentación personal que Jesús hace en medio de sus perplejos conciudadanos, entre ellos los fariseos; estos, como es obvio, replican de inmediato increpándole a Jesús  que sea tan presuntuoso para auto-representarse siendo incapaz de traer algún testigo creíble en quien su descomunal afirmación encuentre algún respaldo. Sin perder la compostura, él se atreve a decir algo que hoy debiera resonar en las orejas del mundo perdido: «En la ley de ustedes está escrito que el testimonio de dos personas es válido. Uno de mis testigos soy yo mismo, y el Padre que me envió también da testimonio de mí. —¿Dónde está tu padre? —Si supieran quién soy yo, sabrían también quién es mi Padre». (Juan 8:17-19)

 

Aquellas gentes sufrían de amnesia. Su profeta Isaías, gran favorito de los mesiánicos, había hecho una advertencia clara y directa sobre “Galilea, tierra de paganos, en el camino del mar, al otro lado del Jordán”. Allí, precisamente en Nazaret, ese vaticinio había tenido cumplimiento de manera impactante, sin que la ciudadanía en general se diera cuenta:

 

«A pesar de todo, no habrá más penumbra para la que estuvo angustiada. En el pasado Dios humilló a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí; pero en el futuro honrará a Galilea, tierra de paganos, en el camino del mar, al otro lado del Jordán». El pueblo que andaba en la oscuridad». Isaías 9:1,2

 

Jesús andaba entre la gente como una lámpara con el dimmer atenuado hasta el mínimo. La transfiguración se produce cuando el atenuador vuelve a subir al máximo, y Jesús-Luz se muestra tal como es. «Allí se transfiguró en presencia de ellos; su rostro resplandeció como el sol, y su ropa se volvió blanca como la luz».  (Mateo 17:2)

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 174-176)

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VI-JUN-01

Toda la luz en una lámpara P3

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Como ya lo hemos señalado, todas las religiones falsas contienen algún esbozo de la religión verdadera. Entre los persas, por ejemplo, el dios Ahura-Mazdá encarnaba el bien, la belleza y el conocimiento; por oposición, Ahrimán, personificación del mal, era el príncipe de las tinieblas. La adoración pagana del sol nace del deseo inconciente de rendir culto a la luz. Eso ocurría con el antiguo Ra de los egipcios, hoy recurso de crucigramistas apurados.

 

La palabra ‘luz’, en todas las culturas de todas las épocas, supera lo físico para adquirir categoría de un ideal que ilumina, no ya  las cosas materiales, sino los espíritus. A fines de la Edad Media, cuando se pusieron de moda en España las ideas del pensador árabe Averroes, el rabino sefardita Hasday Crescas produjo su obra maestra ‘La luz del Señor’, que criticaba severamente la metafísica y el aristotelismo, para darle un reconocimiento expreso a los derechos del corazón.

 

Es precisamente en el corazón donde reside lo que los cuáqueros llamaron “la luz interior”, esa pauta divina que le permite a toda persona, en forma natural, distinguir lo bueno de lo malo, lo falso de lo verdadero, la virtud del pecado. Aún los gentiles, dice san Pablo, “llevan escrito en el corazón lo que la ley exige” (Romanos 2:15)

 

Ahora bien, la Luz con mayúscula produce luz con minúscula. Lo que los científicos materialistas no han podido explicar es el fiat lux, la operación primigenia del Logos.  El astrofísico vietnamita Trinh Thuan, en un reportaje para la revista ‘Paris Match’, hizo afirmaciones sorprendentes:

 

“La cosmología moderna (el estudio del universo en su conjunto) ha

impuesto la idea de una creación original y la cuestión de la existencia de

un Creador se plantea inevitablemente. En efecto, nosotros sabemos ahora

que el universo tuvo un comienzo, por el ‘big bang’. Pero ¿cómo todo esto

ha evolucionado? A esta pregunta algunos prefieren responder: “por azar”

Por  mi parte, considerando la fabulosa precisión de los mecanismos que

precedieron la evolución del universo para desembocar en el hombre, yo

prefiero situarme abiertamente  en el campo de los que creen en la

hipótesis de un Creador”.

 

El doctor Thuan es autor de un libro de vasta circulación a finales de los años ochenta: ‘La melodía secreta’, en el cual sostiene que el hombre y el universo deben considerarse en estrecha simbiosis: “si el universo es tal como él es, es porque el hombre está hoy en él para observarlo y plantearse preguntas”. La conclusión del científico vietnamita tiene un aire poético: “Más allá del universo en expansión, se percibe a Alguien tocando en un violín una melodía secreta”.

¿La ‘música de las esferas’ de  Pitágoras?

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 172-174)

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VI-MAY-05

Toda la luz en una lámpara P2

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Hallaremos una buena clave si recordamos lo ocurrido en el templo de Jerusalén unos treinta años atrás. Un anciano justo llamado Simeón esperaba ansiosamente la redención de su pueblo; y, claramente, el Espíritu Santo le había revelado que no moriría sin conocer al Mesías prometido por los profetas. Cuando el niño Jesús fue llevado al templo para circuncidarlo, Simeón lo tomó en sus brazos temblorosos y pronunció estas solemnes palabras: «Según tu palabra, Soberano Señor, ya puedes despedir a tu siervo en paz. Porque han visto mis ojos tu salvación, que has preparado a la vista de todos los pueblos: luz que ilumina a las naciones y gloria de tu pueblo Israel». (Lucas 2:29-32)

 

Imagino la reacción de algún farsante religioso presente allí:

 

—Oye, viejito, ese bebé nació en condiciones muy precarias, en un establo, entre una mula y un buey. ¿Cómo puedes pensar que es el Mesías? Francamente ya te está afectando el mal de Alzheimer, Simeón… “Luz que ilumina a las naciones”, ¡vaya despropósito!

 

Ya hemos explicado qué es el Logos, la palabra creadora en acción continua. Ahora tenemos una clave adicional: la palabra es la misma luz, conclusión a la que se puede llegar al comparar Génesis 1:4 y Juan 1.4. El primer acto de la creación consiste en que Dios ordena por medio de su Palabra que haya la luz y así sucede; pero hay un detalle que no debe pasarse por alto: la Palabra, es decir, el Verbo —Logos— era Dios desde el principio y  “en él estaba la vida, y la vida era la luz”.

 

«Esa luz verdadera, la que alumbra a todo ser humano, venía a este mundo.

El que era la luz ya estaba en el mundo, y el mundo fue creado por medio de él,

pero el mundo no lo reconoció»

(Juan 1:9,10)

 

Ahora tenemos la luz, toda la luz, enfrascada dentro de una bombilla humana que se llama Jesús de Nazaret. Se nos ha enseñado en el colegio, en las clases de física elemental, que el comportamiento de los cuerpos frente a la luz permite considerarlos como reluctantes o absorbentes, según la rechacen o la asimilen. Espiritualmente ocurre lo mismo: a Jesucristo lo asimilamos o lo rechazamos sin términos medios. No puede suceder de otra manera ya que Él es la luz. Frente al Jesús-Luz, ¿qué somos: absorbentes o reluctantes?

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 171-172)

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VI-MAY-04

Toda la luz en una lámpara P1

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El dolor viene de la oscuridad y lo llamamos sabiduría.

Randall Jarrell

 

«Una vez más Jesús se dirigió a la gente, y les dijo: —Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida».

(Juan 8:12)

 

Acaba de escenificarse uno de los episodios más espectaculares y dramáticos en la vida de Jesús de Nazaret. Estaba él enseñando en el templo, cuando un grupo de maestros religiosos irrumpió al recinto arrastrando de los cabellos a una asustada mujer que había sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. De acuerdo a la Ley de Moisés, ella debía ser apedreada sin juicio previo alguno.

 

Con su proverbial astucia, escribas y fariseos pusieron a Jesús en un tremendo aprieto:

Si decía:

—No la apedreen, se hacía trasgresor de la ley y él mismo debería ser juzgado.

Si decía, por el contrario:

-Apedréenla, entraría en contradicción consigo mismo y sus particulares enseñanzas. Es entonces cuando el Nazareno, como solía hacerlo, se sale con la suya de la manera más inesperada, al decirles:

—No hay problema, que tenga el honor de inaugurar la lapidación, tirando la primera piedra, aquel que esté libre de pecado.

 

¡Sorpresa! Los que a sí mismos se consideraban limpios y puros, son acusados directamente por ese  juez íntimo e implacable que todos llevamos dentro del corazón: la conciencia. Ninguno podía —ninguno puede— levantar su mano en juicio contra nadie a no ser contra sí mismo. Al quedarse solo con la adúltera, lo lógico habría sido que el único santo viable procediera a juzgar el caso con rigor. Sin embargo, él en persona, de cuerpo entero ante la mujer, se limita a decirle:

 

—¿Sabes una cosa? Ninguno de tus acusadores te podía condenar; yo, que  tengo plena autoridad para hacerlo, tampoco lo haré. Vete tranquila y no  vuelvas a pecar. (Juan 8:3,11) De esta manera, Jesucristo demuestra que hay una ley superior a la ley, que es la conciencia; y que hay, también, una ley superior a la conciencia, que es el amor.

 

¿Cómo puede Jesús hacer que luzca muy casual algo tan fuera de serie? Inmediatamente, ya ida del recinto la pecadora perdonada, el rabí retoma el curso de su interrumpido sermón y responde a los mudos interrogantes con una declaración de cuatro palabras: “Yo soy la luz”. Eso explica, tácitamente, el por qué Jesús todo lo tiene claro, sin sombras ni matices. Dicho nítidamente, sin dudas.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 169-171)

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VI-MAY-03

La Obediencia | Los Estragos de la Desobediencia P4

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Uza contra el Arca de Dios. Esta historia es patética. Recordemos: En el Antiguo Testamento eran sagradas las cosas, en el Nuevo Testamento son sagradas las personas. El Arca sagrada ha estado en tierra de filisteos, y David la rescata y la trae a Jerusalén para colocarla en el monte santo. Los coatitas -es decir, los hijos de Coat-, tenían exclusivamente el encargo de transportarla. Eran instruidos desde pequeños, para ser los portadores del Arca santa y cumplían unas normas muy estrictas y precisas que no podían infringir por ningún motivo. Miremos lo que pasa aquí con el coatita Uza:

 

Colocaron el arca de Dios en una carreta nueva y se la llevaron de la casa de Abinadab, que estaba situada en una colina. Uza y Ajío, hijos de Abinadab, guiaban la carreta nueva que llevaba el arca de Dios. Ajío iba delante del arca, mientras David y todo el pueblo de Israel danzaban ante el Señor con gran entusiasmo y cantaban al son de arpas, liras, panderetas, sistros y címbalos. Al llegar a la parcela de Nacón, los bueyes tropezaron; pero Uza extendiendo las manos sostuvo el arca de Dios. Con todo, la ira del Señor se encendió contra Uza por su atrevimiento y lo hirió de muerte ahí mismo, de modo que Uza cayó fulminado junto al arca. (2 Samuel 6:3-7).

 

Uno primeramente se cuestiona: ¿Cómo puede morir trágicamente un muchacho sólo por la preocupación de que el arca no caiga al suelo, y se llene de lodo, de pasto, o de polvo?.  Las cosas son menos sencillas que eso.  Las órdenes de Dios no se pueden interpretar, hay que cumplirlas tal cual él las da, al pie de la letra, como se dice en los textos literarios: Sic, así como está escrito.  He aquí las minuciosas instrucciones de Dios sobre este tema.

 

Cuando Aarón y sus hijos hayan terminado de cubrir el santuario y todos sus accesorios, los israelitas podrán ponerse en marcha.  Entonces vendrán los coatitas para transportar el santuario, pero sin tocarlo para que no mueran.  También transportarán los objetos que están en la Tienda de reunión  (Números 4:15).

 

Uza y sus hermanos cometieron un error garrafal. Debiendo cargar en sus propios hombros el arca, la colocaron sobre un carro tirado por bueyes. El sagrado utensilio debía ser llevado por hombres y no por animales. La regla decía: No la tocarás. El arca estaba dotada de argollas de metal para introducir en ellas unas varas que permitían el transporte a hombros. Estaba absolutamente prohibido tocar el arca, y ahora, además que la llevan sobre los lomos de unos bueyes, el  preocupado y obediente Uza, al ver cómo el arca se balancea al ritmo de los animales, siente temor normal de que se caiga a tierra y, automáticamente, la sostiene con su mano. De inmediato es fulminado por la ira de Dios, quien había dicho no toquen mi arca porque morirán. Uza lo sabía, no podía alegar que no lo instruyeron desde pequeño en casa de su padre sobre la manera de manipular las cosas sagradas. Estos detalles nos ayudan a entender el celo de Dios por la autoridad, a despecho de quienes se alarman por lo que le pasó al hijo de Coat, el joven Uza. En este caso, a Dios no le preocupaba que el arca fuera sobre los lomos de unos animales, tampoco si caía a tierra, si se enlodaba, o si se llenaba de pasto o de polvo.  Dios podría pasar esos detalles por alto. Lo que Dios no podía tolerar era que tocara la santidad de su arca la mano pecadora de un desobediente.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, páginas 253-255)

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VI-MAY-02

La Obediencia | Los Estragos de la Desobediencia P3

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Nadab y Abiú contra Aarón.  Aquí hablaremos de actividades litúrgicas y religiosas, y de la participación de sacerdotes y levitas en ellas.

       

Pero Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario y, poniendo en ellos fuego e incienso, ofrecieron ante el Señor un fuego que no tenían por qué ofrecer, pues él no se lo había mandado.  Entonces salió de la presencia del Señor un fuego que los consumió, y murieron ante él.  Moisés le dijo a Aarón: De esto hablaba el Señor cuando dijo: Entre los que se acercan a mí, manifestaré mi santidad, y ante todo el pueblo manifestaré mi gloria. Y Aarón guardó silencio.

 (Levítico 10:1-3).

 

Aarón entiende perfectamente lo que ha pasado con sus hijos y no hace reclamos a Dios.  No dijo, por ejemplo: Señor, eso fue simplemente una ligereza de los muchachos.  ¿Por qué callar? El es el Sumo Sacerdote, y sus hijos se hallan autorizados para subir al altar y ministrar las cosas sagradas.  Pero aquí lo hacen a espaldas de su padre, sin estar autorizados a prender el fuego, pues el único que podía hacer tal cosa era Aarón.  Hoy en día, en no pocas iglesias, no todos los colaboradores se someten a la autoridad del líder.  A veces, aún las ovejas cometen ligerezas al estilo de Nadab y Abiú, que pueden traer consecuencias fatales sobre sus vidas.  En grupos caseros de oración, y, sobre todo, en ejercicio de dones espirituales, hay personas no autorizadas que, a espaldas de su pastor, prenden el fuego extraño.  Esta es una forma de rebelión más común de lo que uno se imagina, y quienes la practican suelen preguntarse: ¿Por qué Dios no me bendice? ¿Por qué no llegan las promesas bíblicas a mi vida, mi familia, mis finanzas?  Porque es necesario oír y cumplir la Palabra del Señor, y nunca un desobediente recibirá bendición del cielo.  No es asunto de poca monta entregarse a imponer manos, profetizar y, en general, realizar actividades espirituales, sin autorización para ello.  Es peligroso acercarse al fuego espiritual sin estar bajo autoridad, porque su llama consume a los rebeldes.  El fuego extraño siempre causa daño.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, páginas 252-253)

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VI-MAY-01

La Obediencia | Los Estragos de la Desobediencia P2

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Cam contra Noé. Ya pasó el Diluvio.  Los hombres cultivan otra vez los campos.  Se está recreando la especie humana sobre este planeta.

 

Noé se dedicó a cultivar la tierra, y plantó una viña.  Un día, bebió vino y se embriagó, quedándose desnudo dentro de su carpa.  Cam, el padre de Canaán, vio a su padre desnudo y fue a contárselo a sus hermanos,

 que estaban afuera. 

(Génesis 9:20-22).

 

Cam no se conforma con burlarse de su padre, sino comunica a sus hermanos el lamentable estado del patriarca para que ellos participen de su rebelión.  Pero, qué diferencia de conducta se observa entre la suya y la de Sem y Jafet.

 

Entonces Sem y Jafet tomaron un manto, se lo echaron sobre los hombros, y caminando hacia atrás cubrieron la desnudez de su padre.  Como miraban en dirección opuesta, no lo vieron desnudo.

(Vers. 23).

 

Reverencia, respeto: Sí, es cierto, nuestro padre se ha emborrachado, pero nosotros no lo infamaremos por eso.  Al fin y al cabo, él es nuestra autoridad.

 

Cuando Noé despertó de su borrachera y se enteró de lo que su hijo menor le había hecho, declaró:

¡Maldito sea Canaán! Será de sus dos hermanos el más bajo de sus esclavos.

(Vers. 24-25).

 

Dios había bendecido a Noé y a sus tres hijos, y el patriarca no podía revocar la bendición de Cam.  Por eso, le maldice su descendencia.  Sin entrar en muchos detalles, la historia nos enseña por los desarrollos inmediatos que la simiente de Cam surgió bajo maldición, hasta el punto de que Canaán es el antepasado de Nimrod, el primer rebelde espiritual después del Diluvio, constructor de la Torre de Babel, quien se endiosa a sí mismo, e inicia la religión babilónica, culto satánico por excelencia.  Por su parte los hijos de Canaán -los cananeos- fundaron una religión de error en su tierra.  Aprendamos un principio elemental, que Watch Man Nee enseñó hace décadas: Nadie tiene autoridad para juzgar a su autoridad. ¿Las autoridades cometen errores? Sí, pero el que está bajo autoridad no tiene ningún derecho a infamarlas.  En otras palabras, Cam no podía juzgar a su padre, aunque éste hubiera pecado.  Noé tenía quién lo juzgara, sobre él reposaba la autoridad suprema de Dios.  Hay que ser muy cuidadosos para no asemejarnos a este joven inconsciente que trajo maldición sobre su propia descendencia de generación en generación, ya que la desobediencia corrompe la conciencia.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, páginas 250-252)

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