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DE TÚ CASA

VI-SEP-04

El acuerdo | Los estragos del desacuerdo p1

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Caín y Abel. Los dos iníciales hermanos que existen sobre la tierra son los protagonistas del primer inicial desacuerdo.  La primera contienda, comenzó en la primera familia con los primeros hermanos.  Allí ya se cumplía lo que dijo Dostoievski en su novela Los Hermanos Karamazov: «Los hermanos son semilleros de discordias».  Satanás divide el primer hogar que hay sobre la tierra y trae inmediatamente luto sobre los primeros padres. La única familia de duelo sobre la tierra, es la única familia que existe. ¿Por qué? Por el desacuerdo.  Caín y Abel, a pesar de ser hermanos, no estaban de acuerdo sino en desacuerdo, y ellos nos dan esa maldita herencia.  Satanás inaugura el primer sepulcro en el primer cementerio.  El emperador de la muerte gana su primera batalla. El desacuerdo produce muerte.

 

Agar y Sara.  Conocemos bien esta historia: Sara no podía tener hijos, Abraham era muy viejo y ella ya no menstruaba. Aunque Dios les había prometido descendencia, ellos se desalentaron en la demora y, por consejo de Sara, el viejo entró en la tienda de su esclava egipcia Agar, a cumplir esa penosa obligación. Y de allí nació el joven Ismael.  Este creció, fue destetado, y circuncidado y, poco tiempo después nació Isaac, según la promesa.

 

Pero Sara se dio cuenta de que el hijo que Agar la egipcia le había dado a Abraham se burlaba de su hijo Isaac.  Por eso le dijo a Abraham: -¡Echa de aquí a esa esclava y a su hijo¡ El hijo de esa esclava jamás tendrá parte en la herencia con mi hijo Isaac. Este asunto angustió mucho a Abraham porque se trataba de su propio hijo.  Pero Dios le dijo a Abraham: No te angusties por el muchacho ni por la esclava.  Hazle caso a Sara, porque tu descendencia se establecerá por medio de Isaac.  Pero también del hijo de la esclava haré una gran nación, porque es hijo tuyo. 

Génesis 21:9-13.

 

Los pueblos que salieron de los lomos de Abraham han vivido 4.000 años de desacuerdo.  Estas dos señoras, doña Sara y doña Agar, no se pusieron de acuerdo respecto de sus hijos, padres de palestinos y judíos.  Desdichadamente ellas tuvieron una relación muy traumática, y por eso, sus dos hijos crecieron separados: Isaac como tronco de los hebreos, Ismael como padre de los árabes.  ¿Qué habría pasado si estos dos pueblos hubieran sido uno sólo? ¿Cómo sería esta humanidad si los hijos de Abraham hubieran estado unidos desde el principio?.  La pelea de dos ilustres matronas hace cuatro milenios, trajo guerras, contiendas y divisiones que siguen hoy todavía en la Tierra Santa.  Cuatro mil años de consecuencias. Indudablemente, el desacuerdo origina guerras.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, página 270-271)

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VI-SEP-03

El tesoro de la amabilidad | Ejemplos de amabilidad p2

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Jesús de Nazaret. La gente, en algunos casos,  tiene la imagen de un Jesús un poco pendenciero, ¿no es cierto? “Lo cortés no quita lo valiente”, dicen los viejos españoles. Sin embargo, al  observar minuciosamente  la conducta de Jesucristo, se llega a una conclusión asombrosa: jamás, en  ningún caso, trató con dureza a personas en particular; sus grandes sermones admonitorios, sus famosas “andanadas” -perdóname, Señor tan dura expresión- eran todas dirigidas al  grupo, nunca al individuo. Observen los plurales: “Fariseos hipócritas, publicanos tales por cuales”, etc.  Siempre  al colectivo, nunca a la persona en particular. Por el contrario, a las personas individualmente las trató siempre con respeto y cordialidad; en suma, con un amor inmenso. He aquí una prueba de ello:

 

Uno de los fariseos invitó a Jesús a comer, así que fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa.  Ahora bien, vivía en aquel pueblo una mujer que tenía fama de pecadora. Cuando ella se enteró de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, se presentó con un frasco de alabastro lleno de perfume.  Llorando, se arrojó a los pies de Jesús, de manera que se los bañaba en lágrimas. Luego se los secó con los cabellos; también se los besaba y se los ungía con el perfume.

Lucas 7:36-38.

 

Imagínese que está usted en su casa sentado a la mesa con un huésped muy especial y, súbitamente, irrumpe al comedor  una prostituta tristemente famosa y se tira a los pies de su invitado. ¿Cómo reaccionaría usted? Piense en la escena del evangelio: está Jesús en la casa de alguien  importante, un principal entre los fariseos, quien ofrece un  banquete en su honor; al acto social concurre   toda la gente principal, y esta mujerzuela protagoniza  semejante drama. En medio del estupor general, el fariseo piensa cosas feas en su torcida mente, pero Jesús le lee el pensamiento:

 

40-43. Entonces Jesús le dijo a manera de respuesta: __Simón, tengo algo que decirte.__Dime, Maestro —respondió. Dos hombres le debían dinero a cierto prestamista. Uno le debía quinientas monedas de plata, y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagarle, les perdonó la deuda a los dos. Ahora bien, ¿cuál de los dos lo amará más? Supongo que aquel a quien más le perdonó —contestó Simón.__Has juzgado bien —le dijo Jesús.

“Tranquilo, Simón,  yo sé qué clase de mujer es esta promiscua y conozco todos sus horribles pecados; no pienses que soy tonto. Me gustaría que observaras algunos contrastes entre ella y tú”:

 

44-47. Luego se volvió hacia la mujer y le dijo a Simón: __¿Ves a esta mujer? Cuando entré en tu casa, no me diste agua para los pies, pero ella me ha bañado los pies en lágrimas y me los ha secado con sus cabellos. Tú no me besaste, pero ella, desde que entré, no ha dejado de besarme los pies.  Tú no me ungiste la cabeza con aceite, pero ella me ungió los pies con perfume.  Por esto te digo: si ella ha amado mucho, es que sus muchos pecados le han sido perdonados. Pero a quien poco se le perdona, poco ama.

 

Es impactante el respeto, la gentileza, la cordialidad con que Jesús trata por igual al fariseo y a la prostituta que está a sus pies. Toda su enseñanza en esta anécdota  está centrada en el amor; no olvidemos que  “amable” significa que ama y que merece ser amado, Es el amor  el que origina la amabilidad. No se es amable si no se ama, sería un contrasentido. El que  no es amable  no ama, el que no ama no es amable. Sería muy bueno que, dentro y fuera de la  iglesia, rescatáramos algunos detalles de amabilidad: por ejemplo, saludar; hay gente que ni siquiera saluda al feligrés que se sienta a su lado en el templo.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Fruto Eterno, página 158-163)

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VI-SEP-02

El tesoro de la amabilidad | Ejemplos de amabilidad p1

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Aparte de Jesús, que no admite clasificaciones, la Biblia ofrece casos de amabilidad destacados, de los cuales recordaremos solo algunos.

 

El patriarca Abraham. No en balde  llamaron a este personaje clave de la historia universal “el padre de la fe”. En casi todos los sermones sobre el fruto del Espíritu, Abraham  hace presencia obvia, debido a su sólida personalidad de creyente; pues, como pronto lo veremos,  la fe es básica para  fructificar  espiritualmente. En cuanto a la amabilidad, tema que ahora nos ocupa, Abraham ofrece un ejemplo perfecto cuando su mujer Sara fallece y él busca un sepulcro para enterrar el cadáver.

 

Sara vivió ciento veintisiete años,  y murió en Quiriat Arbá, es decir, en la ciudad de Hebrón, en la tierra de Canaán. Abraham hizo duelo y lloró por ella.  Luego se retiró de donde estaba la difunta y fue a proponer a los hititas lo siguiente: Entre ustedes yo soy un extranjero; no obstante, quiero pedirles que me vendan un sepulcro para enterrar a mi esposa. Los hititas le respondieron: Escúchenos, señor; usted es un príncipe poderoso entre nosotros. Sepulte a su esposa en el mejor de nuestros sepulcros. Ninguno de nosotros le negará su tumba para que pueda sepultar a su esposa.

Génesis 23:1-6

 

Abraham hace una nueva reverencia ante los hititas y les pide que, por favor, intercedan ante el dueño de la cueva de Macpela a fin de que se la venda para sepultar allí a Sara. El propietario, meneando la cabeza, le responde que, de ninguna manera, que él le regala la cueva para la sepultura de Sara. Sin embargo,

 

V.12-13. Una vez más, Abraham hizo una reverencia ante la gente de ese lugar,  y en presencia de los que allí estaban le dijo a Efrón: __Escúcheme, por favor. Yo insisto en pagarle el precio justo del campo. Acéptelo usted, y así yo podré enterrar allí a mi esposa.

 

Se trata de una situación embarazosa: Sara ha muerto, Abraham es un extranjero en aquella tierra, no tiene dónde sepultar el cadáver de su esposa; pero  es de observarse  la amabilidad del trato social,   tanto del padre de la fe como de las gentes que viven en Canaán, que eran idólatras, politeístas, estaban lejos de la fe verdadera. Sin embargo, el viudo los trata con reverencia, respeto, cortesía, amabilidad.  Abraham hace  una nueva reverencia ante los nacionales del lugar e insiste en pagar un precio por la tierra, pese a que el dueño de esta, el inconverso Efrén, se la quiere regalar y, también, derrocha reverencias y cortesías, es decir, amabilidad.

 

En tanto se lleva a cabo esta gentil discusión,  el cadáver de la vieja Sara espera a la intemperie a que se decida dónde lo van a depositar finalmente.  El trato que les da el padre de la fe a los incrédulos nos enseña algo valioso: todo hombre es una imagen de Dios, no importa su religión, su raza, su partido político, etc; y por todos sin excepción el Señor derramó gota a gota su sangre en el Calvario. Por esa razón, en el Sermón del Monte, Jesús nos encarece: “Sean imparciales como el Padre Celestial que hace salir el sol sobre los buenos y sobre los malos y que hace llover sobre los justos y sobre los pecadores”. No escuché nunca que el Señor ordenara en la madrugada: “Que hoy salga el sol sólo para los evangélicos y que haya lluvia sólo para los bautizados; es mi voluntad -¿o mi capricho?- que  los demás  se queden sin agua y sin sol”.

 

Esa misma imparcialidad que muestra Dios, la debemos mostrar sus hijos.  No tenemos ninguna autoridad ni nos asiste ningún derecho para cometer el abuso de desacreditar el nombre de nuestro Padre con nuestra conducta. La amabilidad es fruto del Espíritu Santo, no simple muestra de urbanidad.  Abraham era un hombre, por sobre todo, cortés.  La amabilidad y la fe marchan juntas.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Fruto Eterno, página 158-160)

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VI-SEP-01

El tesoro de la amabilidad | Lo que sí es la amabilidad p3

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Amabilidad con los incrédulos.

Gracias a Dios que nos obliga a ser amables con los inconversos; pues, si así no fuera, difícilmente les daríamos siquiera el saludo. La tendencia al fanatismo es deplorable, pero real, en el pueblo cristiano, pese a admoniciones tan precisas como esta:

 

Más bien, honren en su corazón a Cristo como Señor. Estén siempre preparados para responder a todo el que les pida razón de la esperanza que hay en ustedes.  Pero háganlo con gentileza y respeto, manteniendo la conciencia limpia,

1 Pedro 3:15-16a

 

El apóstol habla de responder; su consejo es para cuando te preguntan, no  que tú andes con el libro negro debajo del brazo en los autobuses, los trenes,  las paradas y los supermercados, dándole un garrotazo con la Biblia a cada persona que encuentras a tu paso por ahí. Por esa clase de proselitismos mal entendidos,  muchos  creerán  que tú eres mormón o testigo de Jehová, o miembro de alguna secta extravagante por  fuera de la sana doctrina. Dice también Pedro que hay que actuar en todo caso con gentileza y respeto, manteniendo la conciencia limpia. No es precisamente  gentileza, respeto y limpia conciencia  lo que se ve   en muchos cristianos, sino  todo lo contrario: una gran autosuficiencia, un irrespeto por el otro, una enorme chabacanería, una gran sordidez en la forma de transmitir el evangelio; y, deplorablemente, cierto aire de santa soberbia frente a los inconversos.

Por supuesto, esa conducta no convierte a nadie; sin  gentileza -que es amabilidad- no podremos ganar las almas.  Para citar un ejemplo clásico, Jesús le compartió su mensaje a la samaritana, que era una idólatra, junto al monte donde estaban las imágenes de Baal y de Asera que ella adoraba. ¿Qué falta de consideración y de respeto tuvo Jesús con ella? Sólo le ofreció amor. Se limitó a transmitirle la verdad con gentileza, con respeto y con limpia conciencia y, por eso, esta mujer recibió el agua viva del Espíritu Santo. Por otra parte, ¿cómo le compartió a Nicodemo que tenía algunas confusiones sobre el nuevo nacimiento? Con gentileza y respeto, como debe ser siempre.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Fruto Eterno, página 157-158)

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VI-AGO-05

El tesoro de la amabilidad | Lo que sí es la amabilidad p2

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Amabilidad es vitalidad. Vuelva conmigo por un momento a Tesalónica y se sorprenderá de los descubrimientos paulinos a la iglesia de esa antigua ciudad:

 

Así nosotros, por el cariño que les tenemos, nos deleitamos en compartir con ustedes no sólo el evangelio de Dios sino también nuestra vida. ¡Tanto llegamos a quererlos!

l Tesalonicenses 2:8

 

Es cuestión de compartir no solo una enseñanza magistral, más o menos dinámica de la Palabra de Dios, sino de compartir la vida misma con los hermanos. Yo puedo ser muy decente, tener buenas maneras, comportarme con mucho decoro, practicar la urbanidad, pero eso es sólo la superficie de la conducta. La Biblia   habla de algo más profundo, utiliza la palabra “cariño”. Es menester, pues, deleitarse no sólo en la presentación del  evangelio, sino  entregar la vida a aquellas personas a quienes se les comparte el mensaje del Señor. “Los quiero tremendamente”, dice Pablo. Puedo entenderlo, a mí me pasa eso con mis ovejas. Las quiero mucho.

 

La amabilidad es relativa. No se asuste. Es cierto que, después de que Albert Einstein descubrió la ley de la relatividad, algunos  entraron en el  relativismo, que es muy peligroso.  Hoy se vive en el mundo un gran relativismo moral; según esta tendencia,  todo no es absolutamente malo ni absolutamente bueno. Vivimos una época en la que nada es relativamente absoluto porque todo es absolutamente relativo. Aclarado lo anterior, vamos a la Biblia:

No reprendas con dureza al anciano, sino aconséjalo como si fuera tu padre. Trata a los jóvenes como a hermanos;  a las ancianas, como a madres; a las jóvenes, como a hermanas, con toda pureza.

1 Timoteo 5:1-2

 

Timoteo, al parecer, era muy joven cuando fue nombrado pastor de la iglesia en Éfeso, y  aquí el apóstol le enseña la relatividad de la amabilidad. No significa ser más o menos amable con unas ó con otras personas; sino, dependiendo las edades, los rangos, los grados y las dignidades, ha de ser el tipo de amabilidad.   Cada uno debe tener una tarifa diferencial en la forma como recibe el trato de los otros, pero hay que ser amables con todos.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Fruto Eterno, página 155-156)

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VI-AGO-04

El tesoro de la amabilidad | Lo que sí es la amabilidad

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Tenemos como base para esta serie  la porción bíblica Gálatas 5:22, en la cual se enumeran las virtudes propias del fruto del Espíritu Santo, y allí  encontramos: amor, alegría, paz, paciencia;  y, luego,  amabilidad. La palabra griega que utiliza el apóstol San Pablo es Chrestotes, que  trataré de interpretar, ya que traducirla es muy difícil. Significa “gentil, cariñoso, refinado en conducta”. Como quien dice, chrestotes  implica urbanidad y buenas maneras.

 

Amabilidad es santidad: Está el amado apóstol Pablo dándonos normas de vida y conducta a través de la iglesia de Colosas y expresa textualmente:

 

Por lo tanto, como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de afecto entrañable y de bondad, humildad, amabilidad y paciencia.

Colosenses 3:12

 

Como siempre, es muy útil analizar las palabras que la Biblia emplea: “escogidos de Dios”,  Si usted  se considera escogido de Dios, este mensaje le pertenece por derecho propio. ¿Qué más dice? “Amables, con afecto entrañable”; no es a base de buenas maneras externas, sino por un cariño que nace de las entrañas, es decir, directamente del corazón. Porque yo puedo ser fríamente cortés con todo el mundo, pero eso no es amabilidad.

 

Amabilidad es una palabra que tiene relación con amor; por eso, el afecto entrañable es lo que me hace ser amable con los demás. No es cuestión de buenas maneras sociales solamente; obsérvese que Pablo habla de bondad, humildad y paciencia, virtudes todas a las cuales se halla indisolublemente   ligada la amabilidad.  Para yo ser amable, en otras palabras, tengo que ser santo, afectuoso, bondadoso, humilde y paciente, no solamente cortés o gentil con las personas.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Fruto Eterno, página 154-155)

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VI-AGO-03

Los tesoros perdidos | El hijo perdido p4

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Los tesoros perdidos deben ser recuperados: el arca, nuestra alianza con Cristo; la Biblia, el libro de Dios; esa oveja que clama en soledad que alguien la rescate: la moneda extraviada en las basuras; el hijo arrepentido.  Es porque hemos olvidado lo simple, lo elemental, lo sencillo, lo esencialista del cristianismo que nos han sobrevenido tantas desventuras.  Si la voz siempre actual de Jesucristo resuena en nuestros corazones, si entendemos el profundo mensaje de rescate a los pecadores que El nos entregó desde hace dos mil años, podremos zurcir el manto de la pérdida tranquilidad. Dios tiene tesoros escondidos para nosotros:

 

“Te daré los tesoros de las tinieblas, y las riquezas guardadas en lugares secretos, para que sepas que yo soy el Señor”

Isaías 45:3

¿Cuál es ese tesoro? ¿En qué consiste? ¿Cómo encontrarlo? El apóstol Pablo nos ayuda en nuestra nebulosa intelectual para entender el misterio:

Porque Dios, que ordenó que la luz resplandeciera en las tinieblas, hizo brillar su luz en nuestro corazón para que conociéramos la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Cristo.

“Pero tenemos este tesoro en vasijas de barro para que se vea que tan sublime poder viene de Dios y no de nosotros.”

2 Corintios 4: 6-7

¡Tesoro en vasijas de barro!  Una expresión simbólica para mostrarnos algo real: somos vasos formados del polvo de la tierra, pero en nosotros reside el Espíritu Santo.  Es imperfecto el continente pero perfecto el contenido.  Los tesoros más preciados se han preservado siempre en ollas de barro.  Ollas de barro guardaron el documento por medio del cual Jeremías compraba una tierra donde ya no había tierra para vender.  Ollas de barro guardaron los manuscritos de Qumram.  Ollas de barro son cajas fuertes en las cuales se conservan los secretos más preciosos desde la antigüedad.

Aprendamos a ser ollas de barro donde puedan conservarse sin pérdida los tesoros de Dios para el hombre: el arca   del pacto, el libro sagrado, la oveja, la moneda y el hijo.  Que nunca más tales tesoros se extravíen, que por nuestra culpa  jamás Dios vea perdidos  sus tesoros.  Las torres gemelas son irrecuperables, pero la gracia de Dios es imperdible.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, página 176-177)

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VI-AGO-02

Los tesoros perdidos | El hijo perdido p3

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Hay muchos como este resentido.  De hecho, abundan en las iglesias cristianas.  Se creen muy buenos, muy pulcros, muy laboriosos, muy irreprensibles, pero no tardan en mostrar su verdadero carácter: tienen el corazón invadido por el cáncer de la envidia.  Y no captan el verdadero mensaje de Jesús:

“Hijo mío – le dijo su padre -, tú siempre estás conmigo, y todo lo que tengo es tuyo.  Pero teníamos que hacer fiesta y alegrarnos, porque este hermano tuyo estaba muerto, pero ahora ha vuelto a la  vida; se había perdido, pero ya lo hemos encontrado.”

Lucas 15: 31-32

De hecho lo que nos ocurre hoy no es que hayamos perdido un hijo, sino un hermano.  Y, mientras el Padre extiende sus brazos llenos de amor para acogerlo, nosotros – los limpios, los puros, los santos, los irreprensibles – nos mostramos irremediablemente ofendidos por tanta generosidad.  A veces increpamos a Dios por ser tan bueno con los malos, cuando nosotros, en nuestro ilustrado concepto, mereceríamos un trato preferencial debido a nuestra santidad inocultable que resplandece ante todos los hombre.

Dios sale hoy todos los días, a todas horas, a la vera del camino humano a esperar a ese hijo perdido, mientras nosotros – los limpios, los puros, los santos, los irreprensibles – nos matamos trabajando en los campos del Padre para tratar de agradarlo y ganar su aprobación.  Si nuestro hermano se ha perdido, es su problema, no el nuestro.  Nos amargamos cuando el Padre acepta de buena gana a nuestros hermanos disolutos   si regresan al hogar, porque nos juzgamos a nosotros mismos dignos de mejor aprobación.

El gran tesoro perdido de Dios es el pecador.  ¿Cuántos perecieron en las torres gemelas sin conocer la verdad? ¿A cuántos rechazamos cuando quisieron  ir a la casa paterna con el corazón compungido? ¿Cuál fue nuestra reacción frente a hermanos descarriados que quisieron recuperar su posición como hijos del Padre común?  Reprendamos el orgullo espiritual que nos hace mirarnos al espejo narcisista de falsas virtud y perfección, y nos impide ver más allá de nuestro propio rostro las lágrimas del hermano que pide perdón y reclama una nueva oportunidad en la casa paterna.

Todos hemos sido, en algún momento, el rebelde que abandona el alero del padre y derrocha la herencia, comparte con cerdos y prostitutas el hambre y la desolación y, finalmente, acosados por una angustia existencial incontrolable, tomamos una decisión: Iré  a mi Padre, le pediré perdón y le diré que me reciba como sirviente.  Eso somos: sirvientes del Señor.  Que El nos dé sabiduría para abrir las puertas a sus hijos descarriados que decidan volver a casa.

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, página 175-176)

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VI-AGO-01

Los tesoros perdidos | El hijo perdido p2

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A medida que se acerca a la casa familiar, el panorama se le aclara: a la distancia puede ver a un hombre  que, con las manos como  quitasol, otea el horizonte desde una vuelta del camino.  Aprehensivo, piensa: Es algún delator de mi padre que espera mi regreso para ir a informárselo a fin de que me cierre la puerta en las narices.

 

Cuando está cerca lo suficiente para identificar mejor las cosas, queda sumido en la más profunda perplejidad: No lo puede creer, el vigilante del camino es su propio padre quien, al reconocerlo, se lanza sobre él corriendo, lo abraza, le da un beso en la mejilla y le dice: -Hijo mío, desde que te fuiste, todos los días he salido a este camino esperando que volvieras a mí.

 

De inmediato se desencadena una secuencia formidable: el buen Padre viste a su hijo con un traje de gala, le entrega el anillo de oro, contrata la mejor orquesta del lugar y organiza un gran baile para celebrar el regreso del perdido al seno del hogar.

 

En medio de tan edificante historia, hay alguien que protesta, alguien que no está de acuerdo, alguien que se considera a sí mismo tan bueno  que no puede tolerar a quien regresa sin recibir reclamos por su conducta desordenada.  Hay que tener mucho cuidado con este sujeto, es el santurrón.

 

Mientras tanto, el hijo mayor estaba en el campo.  Al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música del baile. Entonces llamó a uno de los siervos y le preguntó qué pasaba.  ‘Ha llegado tu hermano – le responde -, y tu papá ha matado el ternero más gordo porque ha recobrado a su hijo sano y salvo’.  Indignado,  el hermano mayor se negó a entrar.  Así que su padre salió a suplicarle que lo hiciera.  Pero él le contestó: ‘Fíjate cuántos años te he servido sin desobedecer jamás tus órdenes, y ni un cabrito me has dado para celebrar una fiesta con mis amigos!  ¡Pero ahora que llega ese hijo tuyo, que ha despilfarrado tu fortuna con prostitutas, y tú mandas matar en su honor el ternero más gordo!’

Lucas 15:25-30

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, página 174-175)

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VI-JUL-04

Los tesoros perdidos | El hijo perdido

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Las traducciones antiguas de la Biblia decían ‘hijo pródigo’.  Nunca pude entender el significado que se le ha pretendido acomodar a esa expresión.  Pródigo es un vocablo inadecuado, me parece, para indicar lo que Jesús quiso transmitirnos en esta clásica enseñanza.  Eso no es relevante, sin embargo.  Lo que importa entender aquí son algunas cosas bien simples que Jesús nos indica.

 

Un rebelde juvenil – como hay muchos hoy en día – decide irse de la casa paterna, sin que existan razones valederas para tal decisión.  El padre,  muy comprensivo, no lucha por convencer a ese hijo, no esgrime argumentos razonables para retenerlo, no suplica, no negocia, no transa.  Se limita a entregar al rebelde la herencia que le corresponde.  El joven se lanza a la gran vida, o lo que él supone que es la gran vida: toma una suite en el hotel de cinco estrellas, contrata las prostitutas a domicilio, los músicos del estilo subliminal, los vendedores de droga y alcohol, y cree haber hallado la felicidad hasta cuando las tarjetas de crédito son bloqueadas, los cheques del banco devueltos, los bienes embargados….

 

La situación llega a ser tan difícil que aquel joven  termina como cuidador de cerdos en una cochera.  Una noche, a altas horas, en ese silencio insoportable que nos obliga a oírnos a nosotros mismos, él adquiere un nivel de conciencia para pensar: -Qué tonto soy, en mi casa hasta los sirvientes viven mejor que yo.  Decide, entonces hacer su metanoia (palabra griega para arrepentimiento, que significa cambio de dirección), se levanta y va hacia su padre para pedirle perdón y rogarle que lo reciba como un sirviente.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, página 173-174)

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