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DE TÚ CASA

Dios no quiso ser soltero P1

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Cierto es que el Cristianismo representa

                                                           la única  vía segura hacia la felicidad.   

                                                                                          Ludwig Wittgemstein

 

«¡Alegrémonos y regocijémonos y démosle gloria! Ya ha llegado el día de las bodas del Cordero. Su novia se ha preparado, y se le ha concedido vestirse de lino fino, limpio y resplandeciente».

Apocalipsis 19:7,8.

 

En un libro llamado ‘El Código Jesús’, el titular  de este capítulo podría levantar sospechas sobre un hipotético matrimonio del Dios-Hombre, según la blasfema idea que se ha puesto de moda. Desde hace varios siglos se han tejido leyendas sobre María Magdalena, un personaje de veras importante en los relatos evangélicos.

Pertenecía a un grupo de mujeres distinguidas que apoyaban económicamente el  ministerio de Jesús, quien la había liberado de siete demonios que la atormentaban (Lucas 8:1,3). Estuvo presente en el Calvario durante la crucifixión y muerte de Jesús (Mateo 27:55,56). Acompañó a su madre, también llamada María, durante el rito funerario (27:61). Fue el primer testigo de la resurrección (Juan 20:11,17) y la encargada de dar la buena noticia a los discípulos (20:18).

No pocos han fusionado en ella a varias Marías, y a algunas mujeres de otros nombres, como si se tratara de una sola persona. La palabra ‘Magdalena’ es un gentilicio, e indica que esta María era oriunda de Magdala, un pueblo costero del Mar de Galilea. Es una arbitrariedad buscar cualquier  conexión entre ella y la prostituta arrepentida que unge los pies de Jesús en un banquete, de quien  el evangelio ni siquiera menciona el nombre. Son, a todas luces, dos personas distintas.

No pocos la confunden, así mismo, con María de Betania, la hermana de Lázaro y Marta, que es un personaje bien diferente, tanto de la prostituta como de María Magdalena.  En realidad se trata de tres Marías bien diferenciadas entre sí. ¿A qué se debe la confusión? A ignorancia, falta de rigor investigativo o simple mala fe.

El género literario que podríamos llamar  ‘religión-ficción’ ha encontrado una mina de oro inagotable en ese tipo de especulaciones. Para citar un caso bien conocido, la opereta rock ‘Jesucristo Superstar’ integró las tres Marías en un solo personaje con notable éxito de taquilla.

Curiosamente, nadie ha identificado a María Magdalena con otras mujeres homónimas bien conocidas en las Sagradas Escrituras, como María la mujer de Cleofás y madre de Santiago el menor, María la madre del evangelista Marcos, y María de Roma, a quien saluda San Pablo al escribir a los creyentes de esa ciudad. Estas Marías no  llaman la atención de los autores de ‘religión-ficción’, porque  llevaron vidas normales.

Muchos comentaristas excelentes han hecho claridad sobre la malévola pretensión de un matrimonio humano de Jesucristo y no vale la pena dedicarle más tiempo y espacio a un tema que debe reposar en el lugar adecuado: el bote de las basuras. Se trata de una blasfemia contra el Dios-Hombre y una calumnia contra una mujer piadosa.

 

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, página 207-209)

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El Carpintero es la Puerta P5

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“Yo soy la Puerta” significa: el único acceso a Dios se logra a través de mí.

 

 

“Yo estoy a la puerta y llamo” significa: si quieres encontrar La Puerta con mayúsculas tienes que abrir tu puerta con minúscula.

 

 La puerta con minúscula es solo una entre muchas puertas. Cada ser humano es una minúscula puerta. La Puerta con mayúsculas es una sola, la única (Jesús-Puerta), a través de la cual se entra, no a la presencia de Dios, sino a Dios mismo.

Francisco María Arouet, mejor conocido como Voltaire, fue profundamente desorientado desde la juventud por la lectura de textos literarios y filosóficos, grandes puertas del Hades abiertas por autores ateos, tan abundantes en su época, que era de cambios radicales como la nuestra.

Muchos de sus escritos fueron portazos en las narices de Jesucristo. Pocos intelectuales han ejercido una influencia más grande y malsana que Voltaire en las generaciones que lo han precedido. Sin embargo, al parecer al final de su vida atormentada, abrió la puerta de su corazón a Jesucristo, a través de una declaración firmada de su puño y letra en la cual le pedía a Dios perdón por sus pecados.

Este célebre tío-bisabuelo del jesuita y paleontólogo Pierre Teihlard de Chardin, se quejaba de haber sido abandonado por Dios y por los hombres, y en el último año de su vida, l778, en la localidad de Ferney, donde agonizaba, lo oyeron gritar con frecuencia en tono lastimero: “¡Oh, Cristo! ¡Oh, Jesucristo!”

Hay un contraste evidente entre La Puerta con mayúsculas y las puertas con minúsculas. Mientras La Puerta-Jesús permanece todo el tiempo abierta, muchas puertas-adanes están siempre cerradas. Pero nadie se engañe: no es posible entrar por La Puerta con mayúscula si primero no se abre la puerta con minúscula. Cuando Jesús entra a mí por la puerta individual que yo soy, yo entro a Dios por la Puerta Universal que es Jesús.

 

 

¿Cómo obtengo acceso a la Puerta Eterna? Es sencillo: su llave tiene dos aristas: la fe y el amor, y su cerradura, es esa gran herida en el costado de Jesucristo. A través de ella, puedo penetrar al corazón de Dios.

 

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, página 204-205)

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El acuerdo | La necesidad del acuerdo P2

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El acuerdo ratifica la presencia de Dios. El gran profeta Amós es bien expresivo.

 

¿Pueden dos caminar juntos sin antes ponerse de acuerdo?  Amós 3:3.

¿Cómo puede funcionar una llave sin cerradura, o una cerradura sin llave?  Si voy a caminar, mis pies tienen que estar de acuerdo; no puedo pretender que mi derecho camine para un lado y mi izquierdo para otro lado. Mis ojos tienen que ver la misma imagen. Cuando hablo, tengo dos labios. ¿A quién se le ocurre que mi labio superior dice una palabra y mi labio inferior otra?  Tienen que estar de acuerdo los dos labios para decir la misma palabra.  Uno de los labios es cerradura y el otro es llave.  Ustedes tienen dos orejas, me imagino que sus dos orejas se ponen de acuerdo para oir el mismo mensaje que yo doy.  No que su oreja izquierda oye uno y la derecha otro.

 

El acuerdo asegura el caminar. Cristo es el camino ¿cómo vamos a caminar por ese camino en desacuerdo? Pasemos ahora a una cosa simple y elemental que nunca tomamos en cuenta.

 

Además les digo que si dos de ustedes en la tierra se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan, les será concedida por mi Padre que está en el cielo.  Mateo 18:19.

Dos creyentes de acuerdo, uno tiene que ser cerradura y otro llave, y a través de ese movimiento, se abre la puerta sobrenatural de la respuesta divina a lo que estemos pidiendo. Una sola mente, un solo corazón, un solo parecer: Principio de acuerdo.  Dos personas en la tierra, cerradura y llave, y un Dios en el cielo que abre la puerta y envía la bendición  ¿Por qué no recibimos de Dios todo lo que El mismo nos ha prometido? Porque vivimos en contiendas, disensiones, pleitos, celos, envidias.  Cómo honraría Dios la vida de los cristianos si entendieran este principio, si usaran esta llave. La necesidad humana mueve el corazón y la voluntad de Dios, pero, para ello, es elemental estar de acuerdo.

Resumamos las bendiciones del acuerdo: El acuerdo produce prosperidad, el acuerdo crea solidaridad, el acuerdo alimenta el amor, el acuerdo afirma la victoria, el acuerdo ratifica la presencia de Dios, el acuerdo asegura el caminar y el acuerdo garantiza la respuesta divina.  ¿Cuál es el más grande acuerdo que se conoce?  El acuerdo de Dios con el hombre. ¿Cómo se logró? En el Edén el hombre rompió la llave del acuerdo, y fue necesario que Dios mismo, el Creador, el Inefable, el Gran quién sabe, el Indescriptible, el que habita en luz inaccesible, el indefinible, el completamente Santo, el Absolutamente otro, dijera: No hay en la tierra quien ponga a los hombres de acuerdo conmigo; por lo tanto, yo mismo me haré hombre, para que el hombre se pueda poner de acuerdo con Dios.  Es el misterio de la Encarnación divina.

Jesucristo, como lo dice el Credo de Atanasio, es verdadero Dios y verdadero hombre; Dios de la sustancia de su Padre, Hombre de la sustancia de su Madre.  Igual al Padre en su divinidad, menor que el Padre en su humanidad.  Y en esa doble naturaleza, El mismo se convierte en la cerradura y la llave para que Dios tenga un acuerdo con el hombre y el hombre pueda vivir de acuerdo con Dios.  Como Dios, intermediario de Dios con los hombres.  Como hombre, intermediario de los hombres con Dios.  El es la llave, El es la cerradura y El mismo es la puerta, pero su voluntad sólo se mueve si nosotros actuamos conforme a lo que El nos enseñó.  El desacuerdo trae maldición.  El acuerdo siempre genera bendición.

 

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, página 284-286)

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El acuerdo | La necesidad del acuerdo P1

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Pasamos por alto algunas de las enseñanzas de la Biblia.  Eclesiastés debía ser de lectura diaria, porque lo que nos muestra es cómo funciona la vida humana sobre la tierra en concordancia con la voluntad de Dios.  Es un libro práctico por excelencia.

 

Más valen dos que uno, porque obtienen más fruto de su esfuerzo. Eclesiastés 4:9.

Uno tiene que ser la cerradura, otro tiene que ser la llave.

 

El acuerdo produce prosperidad. Hay mejor remuneración cuando estamos de acuerdo.

 

Si caen, el uno levanta al otro. ¡Ay del que cae y no tiene quien lo levante! Eclesiastés 4:10

 

El acuerdo crea solidaridad. En cada contratiempo, en cada caída hay una mano amiga que nos levanta cuando estamos de acuerdo.  Tenemos una cerradura para nuestra llave, o tenemos una llave para nuestra cerradura.

 

Si dos se acuestan juntos, entrarán en calor; uno solo ¿cómo va a calentarse? Vers. 11

La unidad real del hombre y la mujer, el hecho de ser una sola carne.

 

El acuerdo alimenta el amor. Qué sabia y tierna es la Palabra de Dios.

 

Uno solo puede ser vencido, pero dos pueden resistir. Vers. 12 a.

 

El acuerdo afirma la victoria.  Dos pueden resistir lo que no puede resistir uno.

¡La cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente! Vers. 12 b.

No son dos, son tres dobleces con Jesucristo.  Donde hay unidad está el Señor y él refuerza el acuerdo para que no se rompa el cordón de tres dobleces.

 

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, página 283-284)

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El acuerdo | Cómo manejar los desacuerdos P3

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Pablo y Bernabé. Bernabé es la persona que sirvió de puente para que Pablo se hiciera amigo de los otros apóstoles.  Bernabé era la llave de Pablo, andaban juntos para todas partes.

 

Algún tiempo después, Pablo le dijo a Bernabé: Volvamos a visitar a los creyentes en todas las ciudades en donde hemos anunciado la palabra del Señor, y veamos cómo están.  Resulta que Bernabé quería llevar con ellos a Juan Marcos, pero a Pablo no le pareció prudente llevarlo, porque los había abandonado en Panfilia y no había seguido con ellos en el trabajo. 

Hechos 15:36-38.

 

Marcos es sobrino de Bernabé.  Cuando hicieron la primera campaña evangelística, Marcos que era un adolescente, se asustó porque los apedrearon y abandonó a Pablo y a su tío.  Ahora Pablo piensa razonablemente no llevarlo consigo.  Hasta ahora, Pablo y Bernabé han trabajado como cerradura y llave para abrir la puerta del acuerdo.  Nuevamente tienen un desacuerdo, porque son hombres; las diferencias de opinión se van a presentar siempre y las diferencias temperamentales son inevitables. No hay creyentes clones, cada ser humano es un original sin fotocopia.  Ahí tienen a Pablo y a Bernabé desacordados por causa de Juan Marcos.  No siguen juntos, pero nos enseñan cosas sabias.  Si no estamos de acuerdo, es mejor separarnos para no seguir peleando. (Esto no cuenta con los matrimonios. La única causal de disolución de un matrimonio es el adulterio irremediable). Pero a todas estas ¿se fue Pablo solo? ¿Se fue Bernabé solo?  Este último, claramente razonó: Mi llave  necesita una cerradura.  Me llevo a Marcos como cerradura de la llave del acuerdo.  Cualquiera diría, San Pablo, un coloso espiritual, no necesita quien lo acompañe, él se basta a si mismo.  Pero Pablo es espiritual y sabe cómo vienen las bendiciones del Señor.

     

Mientras que Pablo escogió a Silas. Después de que los hermanos lo encomendaron a la gracia del Señor, Pablo partió.

Vers. 40.

 

El dijo: Yo también necesito una cerradura para mi llave del acuerdo, y se llevó a Silas.  A veces hay diferencias de opinión, de visión y de opción.  Cuando hay una diferencia de opinión es fácil allanarla, es más difícil cuando se trata de diferencias de opción, o cuando hay, sobretodo, diferencias de visión.  La iglesia no puede ser bizca y debe tener una sola visión.  Si el desacuerdo se trata bien, se convertirá en acuerdo.  Un desacuerdo bien manejado es acuerdo.

 

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, página 282-283)

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El acuerdo | Cómo manejar los desacuerdos P2

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Esaú y Jacob. En la tierra de Mesopotamia, Padan-aram, en casa de su tío Labán, Jacob es tremendamente prosperado por su fidelidad.  Se agachó durante catorce años, y ahora, riquísimo recibe instrucciones de Dios.  Obediente toma sus mujeres y sus hijos, sus criados y todos sus ganados y vuelve a Canaán, la tierra de su padre. Pero Esaú todavía se encuentra en Canaán y ha jurado que lo matará.

 

Cuando Jacob alzó la vista y vio que Esaú se acercaba con cuatrocientos hombres, repartió a los niños entre Lea, Raque y las dos esclavas.  Al frente de todos colocó a las criadas con sus hijos, luego a Lea con sus hijos, y por último a Raquel con José.  Jacob, por su parte, se adelantó a ellos, inclinándose hasta el suelo siete veces mientras se iba acercando a su hermano.  Pero Esaú corrió a su encuentro y, echándole los brazos al cuello, lo abrazó y lo besó.  Entonces los dos se pusieron a llorar.  Luego Esaú alzó la vista y, al ver a las mujeres y a los niños, preguntó: -¿Quiénes son estos que te acompañan? -Son los hijos que Dios le ha concedido a tu siervo -respondió Jacob. 

Génesis 33:1-5.

 

Jacob no tiene tan mal carácter como la gente se imagina.  Después de ser perfeccionado por el Espíritu Santo, se convierte en una gran figura de la historia bíblica.

 

Las esclavas y sus hijos se acercaron y se inclinaron ante Esaú.  Luego, Lea y sus hijos hicieron lo mismo y, por último, también se inclinaron José y Raquel.  -¿Qué significan todas estas manadas que han salido a mi encuentro? -preguntó Esaú. -Intentaba con ellas ganarme tu confianza -contestó Jacob.  -Hermano mío -repuso Esaú-ya tengo más que suficiente.  Quédate con lo que te pertenece. -No, por favor -insistió Jacob; si me he ganado tu confianza, acepta este presente que te ofrezco. Ya que me has recibido tan bien, ¿ver tu rostro es como ver a Dios mismo! Acéptame el regalo que te he traído.  Dios ha sido muy bueno conmigo, y tengo más de lo que necesito.  Fue tanta la insistencia de Jacob que, finalmente, Esaú aceptó. ,

Vers. 6-11.

 

El final de esta historia es hermoso: Cuando muere Isaac, sus dos hijos se unen en su sepelio. Esaú se quería convertir en otro Caín contra ese Abel que era su hermano.  Ahora el uno sirvió de cerradura y el otro de llave, para abrir la puerta del acuerdo.  Recuerda que Esaú había jurado matar a Jacob.  Dios había dicho a Jacob que regresara a Canaán, él viene al encuentro de su hermano, después de muchos años de separación.  No sabe cómo va a reaccionar Esaú cuando lo vea, porque lo ha odiado durante todas esas décadas. Y ¿qué hace Jacob? Siete inclinaciones, siete reverencias ante su propio potencial homicida.  Jacob, un gran carácter, nos enseña dos cosas: La tristeza de las contiendas familiares y la alegría de los acuerdos familiares.  La humildad hace amigo al enemigo.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, página 280-281)

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El acuerdo | Cómo manejar los desacuerdos P1

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Somos de carne y hueso, e inevitablemente tendremos desacuerdos.  La Biblia nos enseña cómo se manejan los desacuerdos cuando se presentan como cosa ineludible.

 

Abraham y Lot.  Estos dos parientes cercanos ofrecen un ejemplo edificante.

 

Abram se había hecho muy rico en ganado, plata y oro. Génesis 13:2.

Era riquísimo el padre de la fe.

 

Por eso comenzaron las fricciones entre los pastores de los rebaños de Abram y los que cuidaban los ganados de Lot. Además, los cananeos y los ferezeos también habitaban allí en aquel tiempo. Vers. 7.

Hay un desacuerdo entre Abram y su sobrino Lot por causa de las riquezas materiales.

Así que Abram le dijo a Lot: No debe haber pleitos entre nosotros, ni entre nuestros pastores, porque somos parientes.  Vers. 8.

 

El padre de la fe es Abram. Siempre supo manejar la llave del acuerdo. Inmediatamente comienza un problema, hay que ponerle punto final, es su clave.

 

Allí tienes toda la tierra a tu disposición.  Por favor, aléjate de mí.  Si te vas a la izquierda, yo me iré a la derecha, y si te vas a la derecha, yo me iré a la izquierda,  Vers. 9.

 

¿Qué nos dice la Biblia? Lot, a pesar de que su tío actuó con tanta generosidad, no le dijo, como sería de esperarse: Tú eres mi autoridad y tienes el derecho a elegir.

Lot levantó la vista y observó que todo el valle del Jordán, hasta Zoar, era tierra de regadío, como el jardín del Señor o como la tierra de Egipto.  Así era antes de que el Señor destruyera a Sodoma y a Gomorra. Vers. 10.

Lot visualizó la mejor parte de la tierra, y puso sus tiendas a la orilla del río Jordán hasta Sodoma, que era una gran ciudad de la época.  Compró un pent-house en el Central Park y fue tremendamente prosperado.  Y aunque Abraham  tuvo que resignarse a un peladero, también en este caso funciona la llave del acuerdo. Abraham renunció a sus derechos en beneficio de su sobrino, ¿y qué sucedió? La tierra que escogió Lot, empezando por la gran ciudad de Sodoma con el pent-house de Lot, fue arrasado por el fuego del cielo, y el peladero que le tocó en suerte a Abraham se convirtió, por un milagro divino, porque Abraham manejó la llave del acuerdo, en la tierra que fluye leche y miel.  El fruto del acuerdo es inocultable en este caso.  Lot  es un ingrato.  Abraham lo ha traído consigo, y, cuando su tío elimina la contienda renunciando a sus derechos, elige la mejor parte, lo que después queda reducido a cenizas.  Este episodio demuestra que el desprendimiento elimina el desacuerdo.

El apóstol San Pablo le dice a los Corintios: He oído que tienen pleitos entre ustedes, ¿cómo es posible que los cristianos tengan pleitos entre sí? ¿Por qué más bien no se dejan defraudar antes que tener pleitos?.  No dijo Jesús: Al que te pida el manto dale también la capa?  El acuerdo es el que permite que la bendición venga sobre Abraham.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, página 277-279)

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La luz de la bondad | La bondad Divina P2

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Esa es la quimera católico-romana que produjo -por reacción y gracias a Dios- la Reforma Protestante.  Los jubileos, las peregrinaciones, las limosnas, las penitencias, las indulgencias plenarias o de las otras, no sirven absolutamente para nada. Dios no se deja sobornar de nadie a base de buenas obras. No es por tu hoja de vida repleta de méritos que se te va a dar la salvación. Somos salvos únicamente cuando, por medio de la fe, aceptamos de Dios su amor y su bondad humanados  en Jesucristo, lo cual añade un elemento clave: misericordia. La ecuación perfecta   que plantea Pablo es: amor + bondad = misericordia.

 

Si seguimos leyendo este pasaje en su contexto, encontraremos cómo interactúan las tres personas de la Deidad. Últimamente en el cristianismo evangélico hay una nociva tendencia a fraccionar la  Trinidad. Algunos ya se llaman “los solo Jesús”, y hay otros que se centran exclusivamente en el Espíritu Santo. Tales posturas son erróneas. Como lo he dicho varias veces, si un cristiano se especializa en el Padre, se vuelve místico contemplativo; si se especializa en el Hijo se vuelve humanista; y, si se especializa en el Espíritu Santo, se vuelve ocultista. La Trinidad no se puede dividir, pues Dios es uno.

 

Dicho lo anterior, observemos cómo interactúan las tres personas divinas en el misterio de la salvación: El Padre, que es amor y bondad, nos da la salvación por su misericordia; pero lo hace mediante  el lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo. El Padre actúa, pues,  por el Espíritu. ¿Cómo lo hace? Veamos: Lavamiento, ¿qué implica? Que estoy sucio y me doy un baño   para quedar limpio. Eso es lo que simboliza el bautismo en agua: limpieza, completo aseo interior. Ahora bien, regeneración, ¿qué significa? Nuevo nacimiento. No que usted es reformado, sino que  muere y vuelve a nacer, que es hecho una nueva criatura. Y, finalmente, renovación. Por desgracia, hay personas que confunden los conceptos: pero, por supuesto,  no es lo mismo regeneración que renovación. Regeneración es el acto de nacer de nuevo, renovación es el trabajo diario de mejoramiento de la personalidad, hecho por el Espíritu Santo. Significa que cada día soy mejor. “Mejor” no, digamos “menos peor”.

 

Allí tenemos, entonces, lavamiento, regeneración y renovación; luego, ya mencionados el Padre y el Espíritu, se añade que Éste fue derramado abundantemente por Aquel sobre nosotros por medio de Jesucristo nuestro Salvador. Dios actúa siempre como Trinidad, no separadamente. No soy yo por mis obras  meritorias quien logro mi propia salvación; tampoco la puedo obtener por medio de María o de los santos; El Salvador es Jesucristo, la salvación es sólo por medio de Él. Punto final. Y allí tenemos, ni más ni menos,  la más grande expresión de la bondad de Dios: nuestra salvación gratuita, sin merecerla. Somos salvos por la bondad de Dios.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Fruto Eterno, página 171-173)

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La luz de la bondad | La bondad Divina P1

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Siguiendo el método lógico que debe  aplicarse, examinaremos la bondad divina a través de la forma como se manifiesta en las tres personas de  la Santísima Trinidad.

 

La bondad del Padre. Al analizar la bondad del Padre Celestial, viene a mi memoria el viejo catecismo del sacerdote jesuita  Gaspar Astete, que redujo a fórmulas simples la doctrina del catolicismo; pero que, de todas maneras, contiene verdades básicas de la fe cristiana. Una de sus esencialistas definiciones dice en forma cabal: “Dios es un ser infinitamente bueno”; por eso, al manifestarse su bondad y su amor  nos dio salvación, no por nuestros propios méritos justificativos -que no los poseemos-, sino exclusivamente por su misericordia.

 

Pero cuando se manifestaron la bondad y el amor de Dios nuestro Salvador,  él nos salvó, no por nuestras propias obras de justicia sino por su misericordia. Nos salvó mediante el lavamiento de la regeneración y de la renovación por el Espíritu Santo,  el cual fue derramado abundantemente sobre nosotros por medio de Jesucristo nuestro Salvador.

Tito 3:4,6

 

Tenemos aquí claramente expuesto por el apóstol San Pablo, que es el sistematizador del cristianismo, cómo la bondad y el amor de Dios actúan juntos para salvarnos. Obviamente, nadie puede ser bondadoso si no es amoroso. Dios manifiesta su bondad y su amor en forma simultánea, porque  van de la mano, son “siameses”, el amor y la bondad. El amoroso es bondadoso, el bondadoso es amoroso. Es muy triste ver en iglesias cristianas que se suponen de sana doctrina,  multitudes de personas tratando de hacer méritos ante Dios para que las salve. ¡Qué contradicción, qué despropósito tan grande!

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Fruto Eterno, página 170-171)

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La luz de la bondad

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Por tanto, considera la bondad y la severidad de Dios: severidad hacia los que cayeron y bondad hacia ti. Pero si no te mantienes en su bondad, tú también serás desgajado.

Romanos 11.22

 

La bondad es la sexta característica del fruto espiritual, según la bien conocida enumeración paulina. Es este  un capítulo de Romanos en el cual el propio apóstol  habla sobre la relación de los cristianos con los judíos; en su perspectiva, ellos son el olivo natural, y nosotros, ramas silvestres  injertadas; y, por lo tanto, debemos tener la mejor relación posible con el pueblo de Israel. Pero, al margen de la deseable amistad entre judíos y cristianos, la referencia a la bondad de Dios -y a su severidad- nos viene como anillo al dedo ya que, en nuestra serie, vamos a hablar de la bondad.

 

En una definición básica, primaria, la bondad es propiamente la condición de bueno. Necesariamente, la bondad nace de un corazón bueno, pues un corazón malo produce maldad; y, como se trata de algo espiritual, obviamente la bondad proviene de Dios; exactamente, del corazón mismo de Dios. La razón es sencilla, porque Dios es infinitamente bueno, en su propia naturaleza esencial palpita la bondad. Miraremos por lo tanto el tema apasionante de la bondad de Dios.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Fruto Eterno, página 169-170)

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