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DE TÚ CASA

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¿Puede un hombre ser Dios?

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Por cierto, en Roma los emperadores eran declarados ‘dioses’ por medio del solemne acto público llamado Apoteosis (deificación), durante la cual se entonaba un resonante himno en honor del nuevo ‘dios’. Pablo redondea el tema de la deidad de Cristo precisamente con un himno de estilo apoteósico:

 

« Él es la imagen del Dios invisible,
el primogénito de toda creación,
porque por medio de él fueron creadas
todas las cosas en el cielo y en la tierra, visibles
e invisibles, sean tronos, poderes, principados o
autoridades:
todo ha sido creado
por medio de él y para él.
Él es anterior a todas las cosas,
que por medio de él forman un todo
coherente.
Él es la cabeza del cuerpo,
que es la iglesia.
Él es el principio,
el primogénito de la resurrección,
para ser en todo el primero.
Porque a Dios le agradó habitar en él
con toda su plenitud
y, por medio de él, reconciliar consigo
todas las cosas,
tanto las que están en la tierra como las
que están en el cielo,
haciendo la paz mediante la sangre
que derramó en la cruz». (Colosenses 1:15,20)

 

La llamada ‘nueva era’ enseña la divinidad del hombre, idea inaugurada por la serpiente antigua en el Edén, al prometerles a Adán y Eva: “Serán como Dios” (Génesis 3:5). Pero el simple sentido común dice: si es Dios no es hombre, si es hombre no es Dios. El ‘fuera de serie’ Pablo protestó cuando quisieron adorarlo como a un dios; él mismo reconoce que hay muchos llamados dioses en la tierra y en el cielo (1 Corintios 8:5,6); y declara que, en realidad, hay un solo Dios y Padre que habita corporalmente en Jesús de Nazaret.

 

¿Puede un hombre ser Dios? Claramente no. Pero Dios sí pudo ser UN hombre cuando quiso ser EL hombre.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 136-138)

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Pluralidad

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Es muy difícil descifrar el mapa del genoma espiritual latinoamericano, pero es importante detectar las pluralidades de la psicología colectiva cuando se intenta evangelizar a un continente apenas en proyecto. Eduardo Caballero Calderón expresa:

 

Todas las razas, todas las zonas, todas las épocas, ejercen aquí simultáneamente su presión espiritual y física sobre el hombre. Hacia lo que tiende este continente, sin proponérselo quizás y sin saberlo, es hacia la formación de ese hombre más comprensivo, menos limitado y más humano en una palabra, que constituye el ideal que persigue la humanidad sin tregua desde hace siglos, en un constante crear y construir de culturas y de imperios, en un continuo revolcarse contra el destino y la muerte.(1)

 

Es necesario entender, según este ensayista, que aquí aflora, en sorprendente sincresis,

 

la melancolía de todas las nostalgias humanas: la del indio que perdió su imperio, la del blanco frente al paisaje hostil, la del inmigrante que no ha de volver jamás, la del criollo que no podrá irse nunca.(2)

 

Por eso, aquí nada es igual en ninguna parte. Mi iglesia, por ejemplo, tendría enormes dificultades para evangelizar a los motilones, aborígenes de la región del Catatumbo. Con ellos, el misionero Bruce Olson tuvo un tremendo choque dialéctico, cuando les transmitió la porción evangélica de la Casa sobre la Roca; pues estos indios, dadas las condiciones de su tierra, encuentran azaroso edificar sus chozas sobre peñas expuestas al ventarrón, y mucho más seguro hacerlo sobre grandes zancos enterrados en la arena. Dicho expresamente: para los motilones, el hombre prudente es el que edifica su casa sobre la arena y no sobre la roca. A veces me he preguntado, con curiosa inquietud, cómo resolvería Jesús esta paradoja.

 

(1) CABALLERO CALDERON Eduardo. Suramérica Tierra del Hombre. Ediciones Guadarrama, Madrid. 1956. Pág. 262.
(2) Ibidem.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Reto de Dios, páginas 148-149)

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Diálogo

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Desde luego, y sin renunciar a su propia ortodoxia, la Iglesia Evangélica puede dialogar con gente de otros credos, como Jesús lo hacía con los samaritanos y Pablo con los paganos. Hay sectores del Catolicismo Romano amigos de los evangélicos. A este propósito, el Directorio de Ecumenismo editado por el Celam, contiene claves que conviene conocer.

 

Las iglesias y comunidades eclesiales que no están en plena comunión con la iglesia católica, no han sido en modo alguno privadas de significación y valor en el misterio de la salvación, porque el Espíritu de Cristo no rehúsa servirse de ellas como medios de salvación.

 

El mismo documento reclama recíprocas consideración y tolerancia interiglesias en mínimos asuntos:

 

Los católicos deben mostrar un sincero respeto hacia la disciplina litúrgica y sacramental de las demás iglesias y comunidades eclesiales, y a estas se les invita a que muestren el mismo respeto hacia la disciplina católica.

 

Se puede permanecer fiel y firme a la propia creencia sin romper relaciones personales o sociales con quienes practican otras, siempre y cuando se prevean y eliminen riesgos. Es excluyente evangelizar, por ejemplo, en cárceles y no hacerlo entre los que llevan vidas normales. Y, por supuesto, la buena voluntad que alguien nos muestre no debe ser rechazada. La xenofobia religiosa de Pedro fue reprendida por el Señor enviando al apóstol a casa del centurión romano Cornelio, donde el Espíritu Santo tuvo una gloriosa manifestación (Hechos 10).

 

Quienes propiciamos buena vecindad con el catolicismo, sin enajenar nuestras creencias, no somos partidarios de un sistema mundial en el cual los principios cristianos busquen mestizaje con doctrinas exógenas, pues la Biblia no permite concesiones a otros credos; y una autoridad universal sobre las iglesias es impracticable y marginal a las Escrituras.
El ecumenismo no es exclusivamente católico-romano; hay ecumenismos judío y musulmán y sectores protestantes ecumenistas; y, lo que es definitivamente peligroso, ecumenismos de estirpe oriental que invaden a Occidente, y amenazan con desdibujarle su perfil cristiano. Todo ecumenismo que represente sincretismo es adverso a las enseñanzas bíblicas y está profetizado como señal de los tiempos terminales de la humanidad.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Reto de Dios, páginas 146-148)

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Ecumenismo

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Desde hace varias décadas se oye hablar del ecumenismo en relación al tema religioso. Pero, ¿de qué se trata?, es la pregunta que millones de hombres se hacen. En el cristianismo primitivo el vocablo oikumene se utilizó con las acepciones de ‘mundo’, ‘imperio romano’, ‘gentilidad’, y similares. Un escrito del siglo II, El Martirio de Policarpo, habla de la ‘iglesia católica extendida por la oikumene’. La palabra se introduce oficialmente al lenguaje eclesiástico cuando el Concilio de Constantinopla (381) denomina al de Nicea (325) como ‘concilio ecuménico’, y desde ese momento designa doctrinas y usos aceptados como de validez indiscutible para la catolicidad.

 

Ampliada su intención y dicho en forma esquemática, el ecumenismo tiene como finalidad aglutinar a todos los cristianos en una religión mundial única, con el Papa como cabeza, y algunos juzgan que, con ello, se pretende un retorno, ya no solo político, a la Roma imperial. Hay quienes no disciernen entre la empresa del Espíritu Santo, que es la unidad de la fe, y una empresa promovida por el espíritu del mundo, que es la unidad de mando humano. De la extensa literatura publicada por el Vaticano sobre el ecumenismo, se infiere que él pretende aglutinar movimientos, ideas, obras e instituciones, con el propósito de preparar la reunión, no solamente de los cristianos, sino de todas las religiones existentes.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Reto de Dios, páginas 145-146)

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Sincretismo

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Así las cosas, preocupa la situación actual de la iglesia latinoamericana, necesariamente inmadura como su propio continente geográfico, en cuyo marco se mueven contradictorias ideologías que producen choques y rechazos, pero también, a veces, mescolanzas indeseables, sincretismos espirituales que parecieran conducirla a la creación de un cristianismo transgénico, especie de surrealista Frankenstein. Pero la Biblia dice:

 

No formen yunta con los incrédulos. ¿Qué tienen en común la justicia y la maldad? ¿O qué comunión puede tener la luz con la oscuridad? ¿Qué armonía tiene Cristo con el diablo? ¿Qué tiene en común un creyente con un incrédulo? ¿En qué concuerdan el templo de Dios y los ídolos? Porque nosotros somos templos del Dios viviente. Como él ha dicho: Viviré con ellos y caminaré entre ellos. Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. 2 Corintios 6:14-16.

 

Jamás hay que confundir diversidad con sincretismo. Lo diverso es armónico, lo sincrético es desarticulado. La Iglesia Protestante es diversidad; la Católico-Romana, sincretismo. La arquitectura de Niemeyer es diversa; la de Gaudí, sincrética. Cristianismo es diversidad, Nueva Era es sincretismo. Diverso es el jazz; sincretista la música metálica. Las etcéteras son interminables

 

El sincretismo se manifiesta en el politeísmo; la diversidad, en la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo son Uno en esencia, pero son Tres en subsistencia. Yo soy uno y diverso: mi espíritu, mi alma y mi cuerpo se diferencian entre sí, pero hacen un solo hombre integral e indivisible en mí mismo. ¿Cómo mantener la unidad si se permite la diversidad?. Hace siglos, Agustín de Hipona ideó una fórmula de oro: En lo esencial, unidad; en lo no esencial, libertad, y en todas las cosas, caridad.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Reto de Dios, páginas 144-145)

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¿Quién es Jesús para Jesús?

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¿Puede Jesús ser su propio Padre? Es aquí donde toman pie algunos sofistas modernos, tan relativistas y escépticos como sus antepasados clásicos, para arrojar el manto de la duda. Ciertamente es absurdo que alguien pretenda ser hijo y padre en la misma persona al mismo tiempo. Eres lo uno o eres lo otro, pero no puedes ser lo otro y lo uno simultáneamente. No hay criatura capaz de engendrarse a sí misma, ni de originar a su propio padre; pues, en tal caso, el hijo sería padre del padre y el padre sería hijo del hijo. ¿De qué manera puede demostrar Jesús que el Padre y Él son uno? Dos no pueden ser uno ni uno puede ser dos.

 

(En este punto, alguien, seguramente, invocará la conocida imagen bíblica de la unidad del hombre y la mujer en el matrimonio, que yo creo radicalmente; sin embargo, no se pase por alto que los cónyuges siguen teniendo cada uno su personalidad definida y separada. Se trata, de lo que el poeta checo Rainer María Rilke, definió bellamente como la “soledad compartida”, que se produce cuando “dos soledades mutuamente se toleran, se limitan y se reverencian”)

 

Retomemos el hilo de nuestra clave. Pese a lo inaceptable de la afirmación, es desconcertante que Jesús la repita a cada paso. Felipe, uno de los miembros de su staff, tenía la confianza suficiente para hacerle preguntas difíciles; pues bien, un día sostuvo con el Maestro un diálogo que ratifica la sorprendente pretensión del Nazareno de ser igual al Padre:

 

«—Señor —dijo Felipe—, muéstranos al Padre y con eso nos basta. —¡Pero, Felipe! ¿Tanto tiempo llevo ya entre ustedes, y todavía no me conoces? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo puedes decirme: “Muéstranos al Padre”?». (Juan 14:8,9)

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 142-143)

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¿Quién es Jesús para Jesús?

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En mis tiempos de inconverso, cuando me asomaba al espejo exterior de vez en cuando, como Narciso a la fuente Castalia, me conocía menos pero me amaba más con esa común forma de auto-amor que es la ‘egolatría’. Desde que soy cristiano, me asomo al espejo interior todos los días, bajo la luz del Espíritu Santo; y, aunque me conozco un poco más, me sorprendo de lo mucho que me falta conocerme, pero me acepto en la medida en que Dios me acepta como soy porque me ama. Y entonces, me amo a mí mismo para poder amar a los demás con mi amor propio que ahora nace del amor de Dios.

 

Sigmund Freud, quien mira al ser humano como un simple animal (‘psíquico’ en griego), se sorprende del mandamiento “ama a tu prójimo como a ti mismo”, que le parece antinatural. Para el padre del psicoanálisis lo lógico sería decir: “ama a tu prójimo como tu prójimo te ama a ti”. Ello nos colocaría en la penosa situación de odiarnos los unos a los otros sin remedio.

 

Habiendo ya descifrado la pieza del código según la cual el humilde carpintero de Nazaret es Dios, este capítulo no tiene sentido. ¿Quién es Jesús para Jesús? parece una pregunta tonta; porque, si Dios no se conociera a sí mismo no sería Dios. Es más que obvio que Dios necesariamente ha de conocerse a sí mismo, de lo contrario dejaría de ser Dios. Él es el omnisciente, todo lo sabe y todo lo conoce: lo real, lo pasado, lo presente, lo futuro, lo posible, lo imposible y lo humanamente incomprensible. Por eso, precisamente, es Dios. En esencia es Dios porque sabe que lo es, se conoce a sí mismo como nadie más lo puede conocer.

 

Ahora bien, que un erudito como Pablo de Tarso afirme sin titubeos que el exótico Carpintero de Nazaret es Dios mismo (todo Dios empaquetado en un frágil container humano) constituye una sorpresa descomunal. Pensemos ahora, por un momento, lo que significa que el propio Carpintero, sin vacilaciones ni reservas, tenga la osadía de decir que él es Dios mismo, el Rey del universo, el Señor de la creación, Aquel a quien nadie se atreve a nombrar. ¡El Gran Quién Sabe! ¿Puede alguien hacer una declaración de tal naturaleza y pretender quedar impune entre judíos? ¡Oh, no, eso nunca! Pues bien, leamos lo que la Biblia misma nos informa.

 

«El Padre y yo somos uno». (Juan10:30)

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 141-142)

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¿Quién es Jesús para Jesús?

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No hay nombre apropiado para EL QUE ES.
Filón

 

«Por eso les he dicho que morirán en sus pecados, pues si no creen que yo soy el que afirmo ser, en sus pe-cados morirán». (Juan 8:24)

 

La forma como nos vemos a nosotros mismos es muy importante. La personalidad se afianza cuando uno, a través de la autoestima dada por el Espíritu Santo, tiene consciencia de quién es en realidad; por el contrario, la falsa humildad lo lleva a menospreciarse a sí mismo, y eso lo limita severamente para la acción.

¿Ser humilde es, acaso, olvidarse del propio valor personal? ¡En absoluto! Humildad no es minusvalorarse a sí mismo; sino, equitativamente, permanecer en el nivel de lo que se es, ni más arriba (orgullo), ni más abajo (complejo de inferioridad). Kempis, el gran asceta holandés de la Edad Media, en su inimitable ‘Imitación de Jesucristo’, puso las cosas en el justo punto:

 

“No soy más porque me elogien, ni menos porque me vituperen; lo que soy, eso soy”

 

El filósofo griego aconsejaba, muy acertadamente, “conócete a ti mismo”. Lo que comúnmente se llama ‘amor propio’ no es ilegítimo, aunque pueda resultar peligroso si se desborda. El gran boxeador Cassius Clay, quien ‘tiró la toalla’ al apostatar del cristianismo y pasarse al Islam bajo el nombre de Mohamed Alí, solía vociferar a pulmón lleno, golpeándose el pecho desnudo con los guantes ante el ‘close up’ de las cámaras:

 

“Soy el más grande, soy el más fuerte, soy el mejor”.

 

Toda su prepotencia fue flor de un día. El colosal narcisismo del gran as del cuadrilátero cayó a la lona bajo el severo K. O. del mal de Parkinson. Como Paul Tillich lo define, el self love es, en realidad, “auto-aceptación paradójica”; en otras palabras, me amo —es decir, me acepto a mí mismo—, a pesar de los motivos que tengo para odiarme.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 139-141)

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El Gran Espíritu

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Si el creacionismo tiene razón -y resulta difícil cuestionarlo- nuestros indígenas provienen del continente asiático. No haber entendido el monoteísmo rudimentario de sus creencias, fue un grave error de los evangelizadores pioneros. Aún los aborígenes henoteístas pudieron ser convertidos con sagacidad, enfatizándoles al Dios Mayor; en vez de eso, les trastocaron sus deidades menores en los santos romanos. Y, para colmo, Roma incrementa las llamadas canonizaciones en forma alarmante, como ha ocurrido recientemente con varios personajes mexicanos que se suman en el santoral amerindio a Martín de Porres, Ezequiel Moreno, Rosa de Lima, el padre Marianito, etc. Ya algunos proponen que ingrese a ese partenón seudo-politeísta José Gregorio Hernández, el famoso venezolano a cuyo nombre se ha montado un próspero negocio de espiritistas, que pretenden sanar a través de médicos invisibles. Ante estos alarmantes fenómenos, hace falta una Iglesia Cristiana Integral que rescate la esencia de la fe dentro de una correcta lectura de la realidad latinoamericana. Posibilitar el solucionismo bíblico es la consigna.

 

EL PULPO COLOSAL

 

Al margen de las tres caudas monoteístas, es una amenaza la vigencia, al borde del tercer milenio, de formas de politeísmo, por el masivo advenimiento a Latinoamérica de religiones del Extremo Oriente. El hinduismo reconoce alrededor de tres millones de dioses, aparte de predicar la doctrina de que el hombre mismo es un ser divino, -autonomismo humanista- defendida, tridente en ristre, por las distintas sectas del sincretismo que se arropa bajo la colcha de retazos espirituales de la Nueva Era, y pretende llenar el vacío metafísico que han dejado la ciencia y la tecnología. Es horrorizante constatar, en personas no aclaradas sobre la neta doctrina del Cristianismo, una enorme curiosidad por las nuevas manifestaciones de la vieja hechicería que asumen rápidamente status de importancia como instituciones sociales en toda Latinoamérica.

 

El arcaico esoterismo es hoy exoterismo gracias al alud de publicaciones sobre el tema, muchas trivialidades, fábulas para mentes pueriles y gran cantidad de basura editorial. Muchos se quejan, con razón, de la polución física, pero pocos advierten esta polución intelectual moralmente venenosa. Si los astros y las pirámides dan éxito y poder, ¿por qué desaparecieron tan lastimosamente las civilizaciones que les otorgaron carácter protector?. Si la meditación y el yoga producen bienestar, ¿por qué la India y el Tibet, de donde provienen, son países tan harapientos y miserables?

 

Hoy,-como en los orígenes, como inmediatamente después del diluvio, como siempre-, la guerra del monoteísmo y el politeísmo sigue en pie, con más sofisticados armamentos, pero sin cambios esenciales: Satanás, con su ejército de ángeles caídos y aliados humanos incondicionales, continúa empecinado en su aventura de subversión contra el único Dios verdadero, el mismo que en la Eternidad lo expulsó de su presencia por el orgullo imperdonable de querer igualársele

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Reto de Dios, páginas 141-144)

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¿Puedes un hombre ser Dios?

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En medio de lo mucho y excelente que Pablo nos ha legado, lo más sorprendente es su declaración terminante de que Jesucristo es Dios. ¿Puede un judío llamar Dios a un hombre? No, ello es contrario a la estructura misma de su fe. ¡Blasfemia pura! Los griegos y los romanos, por su parte, endiosaron a hombres; y, curiosamente, ni el propio Pablo y su ‘partner’ Bernabé se escaparon de ello:

 

«Al ver lo que Pablo había hecho, la gente comenzó a gritar en el idioma de Licaonia: —¡Los dioses han tomado forma humana y han venido a visitarnos! A Bernabé lo llamaban Zeus, y a Pablo, Hermes, porque era el que dirigía la palabra. El sacerdote de Zeus, el dios cuyo templo estaba a las afueras de la ciudad, llevó toros y guirnaldas a las puertas y, con toda la multitud, quería ofrecerles sacrificios. Al enterarse de esto los apóstoles Bernabé y Pablo, se rasgaron la ropa y se lanzaron por entre la multitud, gritando: —Señores, ¿por qué hacen esto? Nosotros también somos hombres mortales como ustedes. Las buenas nuevas que les anunciamos es que dejen estas cosas sin valor y se vuelvan al Dios viviente, que hizo el cielo, la tie-rra, el mar y todo lo que hay en ellos». (Hechos 14:11-15)

 

Causa perplejidad que un personaje de tan elevada talla, capaz de alternar con los filósofos epicúreos y estoicos en ese centro cultural de alto nivel que era el Areópago, pueda decir con toda naturalidad que en un humilde carpintero que había nacido en un pesebre habita corporalmente la plenitud de El Gran Quién Sabe, el Ser Infinito y Eterno que para los griegos es “el Dios no conocido”. (Hechos 17:23)

 

Los antiguos, sin duda, habían tenido atisbos de tal portento, como ya lo hemos analizado, pero se requería mucho más que una mente aguda para establecer la conexión misteriosa judeo-greco-romana que desem-boca finalmente en la Civilización Cristiana Occidental. Se necesitaba un predestinado. «Sin embargo, Dios me había apartado desde el vientre de mi madre» (Gálatas 1:15ª )

 

“Toda la plenitud de la divinidad habita en forma corporal en Cristo” es la afirmación definitiva. El Creador se ha rebajado a criatura, Dios ha tomado condición de hombre. Toda la plenitud de Dios está en ese muchacho de Nazaret. Él es el ‘Logos’, la lógica divina que crea y sustenta todo lo que existe, solo que se ha vestido provisionalmente con un overol de carpintero. Esa es la clave.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 135-136)

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