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DE TÚ CASA

VI-FEB-03

Los tesoros perdidos | La oveja perdida P2

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

 

En dimensión cósmica, el planeta Tierra tal vez sea la oveja extraviada del redil divino y, por eso en su infinita misericordia, el Padre envió a su Hijo como el pastor que deja seguras en sus establos a las noventa y nueve para recuperar esta pequeña arisca que se le salió de las manos.  Planetariamente, en nuestro propio ámbito terrícola se repite la parábola:

 

El entonces les contó esta parábola: Supongamos que uno de ustedes tiene cien ovejas y pierde una de ellas.  ¿No deja las noventa y nueve en el campo, y va en busca de la oveja perdida hasta encontrarla?.  Y cuando la encuentra, lleno de alegría la carga en los hombros y vuelve a la casa.  Al llegar reúne a sus amigos y vecinos, y les dice: Alégrense conmigo; ya encontré la oveja que se me había perdido.

Lucas 15: 3-6

 

Hoy el pastor cristiano se ve cómodamente instalado en su redil, rodeado de ovejas gordas a las que ordeña y esquila a regusto, mientras la extraviada vaga por acantilados peligrosos, ciega y torpe, en medio de la oscuridad espantosa.  Si alguien se ha marchado, oremos para que regrese – opinan – pero no tomemos iniciativas que puedan perturbar la legítima libertad en uso de la cual se ha marchado lejos del rebaño.  El hombre posmoderno es esa oveja perdida,  que se cree autosuficiente cuando desconoce su esencia gregaria y la necesidad que tiene de todos los demás, como miembros de sus propios miembros.  Al individualismo russelliano se ha sumado la sentencia cómoda del proceso  kafkiano: el hombre es culpable de ser inocente.

 

Algunas ovejas perdidas de hoy son desertores de la fe cristiana.  Muchos de ellos se fueron alejando sin darse cuenta y sin que nadie se diera cuenta.  Que el Espíritu Santo nos envíe  una efusión de valor y poder para ir a su rescate.  Desde un lugar más alto que las torres gemelas alguien vigila sobre nosotros: el Príncipe de los Pastores, ante quien no podemos presentarnos con faltantes cuando venga a contar los rebaños que nos ha encomendado, oveja por oveja, en forma minuciosa.

 

Por tanto pastores, escuchen bien la palabra del Señor: Tan cierto como que yo vivo – afirma el Señor omnipotente -, que por falta de pastor mis ovejas han sido objeto de pillaje y han estado a merced de las fieras salvajes.  Mis pastores no se ocupan de mis ovejas; cuidan de sí mismos pero no de mis ovejas.

Ezequiel 34:7-8

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, página 170-171)

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VI-FEB-02

Los tesoros perdidos | La oveja perdida P1

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

 

Uno de los estragos más grandes producidos por las nuevas corrientes teológicas, cuando se salieron de cauce por contemporanizar con el medio ambiente intelectual y social del siglo pasado, fue la idea – hoy generalizada principalmente entre los jóvenes – de que el hombre es bueno por naturaleza y, siendo inocente de la existencia de las tentaciones, mal podría ser juzgado por caer en ellas.  Los pensadores de esta línea nunca nos aclararon por qué razón un niño es espontáneamente perverso: egoísta, mentiroso, cruel. ¿Quién le enseñó a ser así?

 

Tuvo mucha razón Bertrand Russell cuando dijo que este mundo será lo que nosotros queramos que sea.  El propio pensador británico quiso que fuera ateo, y lo fue.  O casi.  Al final de su vida, por llevarles la contraria y causarles indigestión, Russell solo legó a los gusanos un viejo esqueleto forrado de arrugas.  No pudo contradecir a la muerte quien dedicó toda su vida a contradecir a la vida.  Librepensador por tarea, fue campeón en el arduo deporte de nadar contra la corriente.

 

Cuando la humanidad pedía guerra, agitaba con nervuda mano la bandera de la paz; si la tierra necesitaba paz, se convertía en apocalíptico adalid de la guerra.  De joven, pagó con cárcel una censura a la conscripción; en la ancianidad, maldijo el que los años no le permitieron alistarse en el ejército.  Don Sarcasmo fue un símbolo del siglo XX, edad de la refutación, la duda, la contradicción, lo relativo.  El hombre de esa centuria fue un animal contradictorio, como Pablo dando coces contra el aguijón.

 

Para el pensamiento surgido de cerebros como el de Russell, lo importante era ir al revés de lo convencional: los estudiantes contra los maestros, los hijos contra los padres, las mujeres contra los hombres, los feligreses contra el clero, los gobernados contra los gobernantes, los ateos contra Dios, todos los pájaros tirándoles a todas las escopetas,  porque sí o porque no, sencillamente.  El hombre fue así un tesoro que Dios perdió.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, página 168-170)

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VI-FEB-01

Los tesoros perdidos | El libro perdido P2

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

 

Hoy se leen muchos libros sobre la Biblia, pero no se lee la Biblia; y los que lo hacen, en vez de aplicar las lecciones derivadas del texto, se dedican a discutir sobre pergaminos, manuscritos, códices, traducciones, lenguas, escribas, talmudistas y otros temas subalternos.  A veces, sinceramente, la Biblia está perdida en lenguajes antiguos, arcaísmos y construcciones gramaticales vetustas e inactuales. Una buena forma de recuperar este tesoro perdido es la actualización del lenguaje para que se entienda por el lector de hoy, de una mentalidad muy diferente a la de hace, digamos, quinientos años, cuando las torres gemelas no existían ni en la imaginación más febril;  tanto menos atrás en el tiempo cuando el terrorista mas famoso fue Eróstrato por incendiar el templo de Artemisa en Éfeso.

 

En los años cincuentas del siglo pasado, el estado de Israel se vio invadido por las inmigraciones de la diáspora proveniente de todos los países del mundo, y le llegaron muchas novedades, algunas útiles, otras corruptoras. Entre las últimas, cierto liberalismo judío que, posando de ilustrado, menospreció la Biblia y enseñó en escuelas y universidades que tal libro era uno más de muchos textos religiosos propios del Oriente Medio. Estos inteligentes y modernos judíos habían cambiado la tradicional concepción divina esencial de su pueblo y algunos ya aceptaban la teología de la muerte de Dios, de Altuzer.

 

Pero cuando tales perversiones avanzaban muy orondas, desprevenidos beduinos tropezaron, sin proponérselo, con el tesoro perdido: los rollos del Mar Muerto. Si alguien quería una prueba científica objetiva sobre la validez y autenticidad de las Sagradas Escrituras, allí la tenía. El tesoro perdido se conservaba intacto en vasijas de barro dentro de unas cavernas, no custodiado por pequeños demonios: gnomos, elfos o duendes, sino por ángeles de Dios con espadas de fuego.

 

Cuando la cristiandad extravió el gran tesoro, la Biblia; cuando llego a prohibirse su búsqueda bajo pena de excomunión, unos nuevos esenios llamados los protestantes se enclaustraron en cavernas de bibliotecas  a recuperar, línea por línea, el tesoro escritural. No hay razón para que sus herederos, los evangélicos de hoy,  hayan permitido el extravío del bíblico tesoro. Lamentablemente, no pocos han contribuido a que se pierda, o la han escondido de los buscadores ansiosos. Hoy la Biblia se ha extraviado en el templo, como en los viejos tiempos de Josías.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, página 168-169)

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VI-ENE-05

Los tesoros perdidos | El libro perdido

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Después de la muerte del rey Ezequías, sus sucesores en el reino de Judá, Manasés y Amón, hicieron cosas abominables: reconstrucción de santuarios paganos, ritos sacrificiales  de niños, adoración de los signos del zodíaco, hasta el extremo de que el pueblo de Dios llegó a ser más idólatra que las naciones a las que se había despojado para darle la tierra prometida.  Durante ese período traumático se perdió otro tesoro: el libro de la Ley.  Nadie lo aplicaba porque nadie lo conocía, nadie lo conocía porque nadie lo leía, nadie lo leía porque nadie sabía donde había ido a dar en medio de tantas mudanzas espirituales.

 

Pero al fin un rey piadoso, Josías, propició una reforma religiosa para recuperar la protección divina sobre sus gobernados y su propia persona.  Se dio  a purificar a Judá, retiró los santuarios de los dioses paganos, redujo a  polvo los lugares dedicados a la idolatría y ordenó reparar el templo de Dios.  Honrados y piadosos trabajadores recibieron salarios justos por las refacciones arquitectónicas que realizaban.  Y un dia…

 

Al sacar el dinero recaudado en el templo del Señor, el sacerdote Jilquías encontró el libro de la ley del Señor, dada por medio de Moisés.  Jilquías le dijo al cronista Safán: He encontrado el libro de la ley en el templo del Señor.  Entonces se lo entregó

2 Crónicas 34: 14-15

El libro sagrado estaba perdido…. ¡en el templo!  ¿No ocurre algo similar hoy mismo, por ventura?  La Biblia está extraviada, nadie la aplica porque nadie la conoce, nadie la conoce porque nadie la lee, nadie la lee porque nadie sabe a dónde ha ido a dar en medio de tantas mudanzas espirituales.  Si hoy se levantara un Josías en el pueblo del Señor, tal vez diría como aquel monarca, rasgando sus vestiduras después de leer el santo texto:

Con respecto a lo que dice este libro que se ha encontrado, vayan a consultar al Señor por mí y por el remanente de Israel y de Judá.  Sin duda que la gran ira del Señor se ha derramado contra nosotros porque nuestros antepasados no tuvieron en cuenta su palabra, ni actuaron según lo que está escrito en este libro.

2 Crónicas 34:21

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, página 167-168)

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VI-ENE-04

Los tesoros perdidos | El arca perdida

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Una aleccionadora historia del primer libro de Samuel nos relata que los filisteos derrotaron a los israelitas en una encarnizada batalla y que no solamente mataron a muchos sino robaron el Arca de la Alianza, precioso tesoro espiritual celosamente guardado desde la travesía por el desierto.  Ninguna derrota podía ser mayor que ésta; los dos inmorales hijos de Elí murieron en la batalla y el propio viejo sacerdote que había sido permisivo con ellos en extremo, al recibir tan terribles noticias, cayó de espaldas de la silla donde reposaba, se rompió la nuca y murió.  Además,

Su nuera, la esposa de Finés, estaba embarazada y próxima a dar a luz.  Cuando supo que el arca de Dios había sido capturada, y que tanto su suegro como su esposo habían muerto, le vinieron los dolores de parto y tuvo un alumbramiento muy difícil.  Al verla agonizante, las parteras que la atendían le dijeron: Anímate, que has dado a luz un niño.  Ella no respondió; ni siquiera les hizo caso.  Pero por causa de la captura del arca de Dios, y por la muerte de su suegro y de su esposo, le puso al niño el nombre de Icabod, para indicar que la gloria de Israel había sido desterrada.  Exclamó:  ¡Se han llevado la gloria de Israel! ¡El arca de Dios ha sido capturada!

1 Samuel 4:19-22

El nombre Icabod significa, patéticamente, ‘sin gloria’.  Cuando se pierde el tesoro de la alianza con Dios, como ocurrió a Israel en aquel tiempo, las desgracias se desencadenan en forma incontenible. ¿No habrá pasado algo de esto el 11 de septiembre? ¿No habría, acaso, algunos Ofnis y Finés que fornicaban a inmediaciones del templo? Por fortuna, esta arca siempre es recuperable;  no sucede con ella lo que con la de Noé, que ha originado tantos y tan variados mitos.  El arrepentimiento siempre establece el pacto con el Señor y, cuando es guiado por propósitos de sincera enmienda, tiene poder para devolver el arca a  su sitio: el corazón humano.  No hay filisteo capaz de retener ese tesoro, Dios mismo le ordena devolverlo a su dueño legítimo: el creyente.

Así que mandaron este mensaje a los habitantes de Quiriat Yerín: Los Filisteos han devuelto el arca del Señor; vengan y llévensela.

1 Samuel 6:21

En los últimos decenios del siglo XX el arca de Dios fue capturada por guerreros espirituales de un ejército adverso; tomaron lo sagrado, lo llevaron a tierra extraña e hicieron un mal uso de sus poderes;  algunos murieron, otros fueron a la cárcel, pues lo santo no puede manipularse con manos inmundas.  Quienes quisieron recuperar el arca, por otra parte, no tuvieron cuidado de llevarla al lugar que le correspondía; la dejaron en alguno diferente a la Santa Ciudad.

 

Igual que ayer, necesitamos un David decidido y corajudo que vaya por el arca y la ponga donde debe estar, como el propio Samuel lo relata en su segundo libro:

 

En cuanto le contaron al rey David que por causa del arca el Señor había bendecido a la familia de Obed Edom y toda su hacienda, David fue a la casa de Obed Edom y, en medio de gran algarabía, trasladó el arca de Dios a la Ciudad de David

2 Samuel 6:12

Sacudida por los luctuosos acontecimientos septembrinos, la iglesia cristiana tienen la perentoria obligación de retomar el arca de su santa alianza con Dios y ponerla a cubierto de merodeadores, oportunistas y mercaderes que la utilizaron como pretexto para sus transgresiones.  Que vuelva a reposar serenamente en corazones contritos y nunca más sea llevada a tierra de filisteos

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, página 165-167)

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VI-ENE-03

La quimera del ángel | Deificación P2

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Lleno de celos por el estado de felicidad del hombre, Satanás se acerca, sinuoso, a la madre Eva y le vende su idea, a través del primer anuncio comercial de la historia humana:

 

Pero la serpiente le dijo a la mujer: -¡No es cierto, no van a morir!  Dios sabe muy bien que, cuando coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y llegarán a ser como Dios, conocedores del bien y del mal.

Génesis 3:4-5.

 

Serán como Dios.  De una u otra manera, el ser humano ha creído la promesa mentirosa de Satanás, y para cumplir ese imposible sueño de su deificación, resolvió matar a Dios.  Finalmente, los filósofos ahogaron a Dios en tinta, y los astrónomos le dieron el Cosmos por sepulcro.  Pero las cosas se complicaron más sin Dios.  Detrás de la materia en transformación constante, la mente del hombre se llenó de nuevas preguntas.  Para tratar de descifrarlas lógicamente, prescindiendo de Dios, fue necesario crear la religión de la ciencia –Cienciología-, llena de dogmas sobre las causas de los efectos.  En nuestra centuria, los discípulos de Einstein, el sabio por antonomasia, prestaron oídos sordos a la poderosa fe del gran relativista judío y recobraron vigencia las palabras de San Pablo:
Timoteo, ¡cuida bien lo que se te ha confiado! Evita las discusiones profanas e inútiles, y los argumentos de la falsa ciencia.

1 Timoteo 6:20.

 

La falsa ciencia, pues, envió brigadas de excavadores al universo, pero éstos regresaron con las cajas destempladas: no habían podido encontrar por ninguna parte los restos mortales de Dios.  Sólo un Gran Quiensabe.  Es indudable que el siglo XXI será espiritual.  Pero, ¿de qué manera? ¿con qué orientación? ¿de parte de Dios o de parte del diablo?  Por lo pronto, con la expansión de los sistemas mencionados, Satanás parece ganar terreno.  Hoy es incontenible la proliferación de actividades que abren las ventanas sensoriales del hombre hacia el realismo mágico, estrechamente emparentado con las mitologías.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Reto de Dios, página 186)

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VI-ENE-02

La quimera del ángel | Deificación

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Esta descabellada pretensión hunde su raigambre en el huerto del Edén.  Satanás no cambia; sólo cambian sus  métodos, adaptables a las novedades del progreso.  La hechicería y la parapsicología tienen mucho en común, aunque ahora los amuletos no son patas de conejo sino cuarzos.  Conviene, sin embargo, analizar las causas de este fenómeno masivo.

 

El punto clave es instaurar la divinidad humana.  ¿De dónde proviene la idea de que el hombre es, o puede ser dios?  Vamos a la Biblia.  Antes de formar a Adán del polvo de la tierra, Dios creó los ángeles en el mundo sobrenatural.  El mayor de ellos,  comúnmente llamado Satanás, organizó una rebelión contra el Creador. ¿Por qué? El más grande de los profetas lo relata:

 

Tu majestad ha sido arrojada al sepulcro, junto con el sonido de tus arpas. ¡Duermes entre gusanos, y te cubren las lombrices! ¡Cómo has caído del cielo, lucero de la mañana! Tú, que sometías a las naciones, has caído por tierra.  Decías en tu corazón: Subiré hasta los cielos. ¡Levantaré mi trono por encima de las estrellas de Dios! Gobernaré desde el extremo norte, en el monte de los dioses.  Subiré a la cresta de las más altas nubes, seré semejante al Altísimo.

Isaías 14:11-14.

 

Ser semejante al Altísimo, la quimera del ángel rebelde.  Expulsado del cielo, el sedicioso viene a la tierra, un planeta creado para el hombre, donde éste vive en plenitud, atento a la advertencia divina:

 

Pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no deberás comer. El día que de él comas, ciertamente morirás.

Génesis 2:17.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Reto de Dios, página 185)

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VI-ENE-01

La quimera del ángel

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Es muy difícil definir el movimiento que ha surgido últimamente en el mundo bajo el nombre general de Nueva Era, la más grande invasión padecida por Latinoamérica desde la conquista española.  Los diversos grupos que integran este engaño no poseen, en apariencia, una declaración de fe, una doctrina coherente, un cuerpo de dogmas ni una liturgia que lo identifique.  Sus adeptos se congregan de variadas formas: en una librería metafísica, en una logia masónica, alrededor de un maestro más o menos gnóstico o de un médico naturista,  en seminarios de percepción y desarrollo personal, o charlas sobre extraterrestres, en algunos templos, etc.  Sin embargo –así como el Cristianismo posee denominaciones que, en medio de su variedad, mantienen la sana doctrina- cuando se profundiza en las raíces de la Nueva Era, puede hallarse un cordón umbilical que une todos sus fetos: la divinización del hombre. Megatendencias 2000, libro de amplia circulación, afirma que en la Nueva Era, a diferencia del Dios judeocristiano que se representa muy por encima de la humanidad, hay un fuerte sentimiento de que la humanidad participa de lo divino.

 

Este movimiento extiende sus tentáculos estrangulantes por todo el planeta a distintas actividades: sicológica, comunicación masiva, motivación para el éxito, relaciones interpersonales, literatura y arte, ecología, política, modas, fisicoculturismo, negocios y hasta la propia iglesia cristiana.  Puede decirse que es una subcultura in y que uno corre el riesgo de parecer anticuado si no ingresa a ella.

 

No se trata de algo desmembrado, sino de todo un sistema, al cual muchos se vinculan insensatamente, por el afán de estar en la onda, o mejor dicho on line.  Su anarquía es sólo superficial y hace parte del juego.  Satanás no quiere que lo hieran en su talón de Aquiles.

 

La psíquica Jean Houston, apodada ‘la profeta de lo posible’, declaró en reciente entrevista que

pronto se verá el surgimiento de una nueva religión mundial, un nuevo sistema espiritual.

 

Esto nos sitúa frente a una escalofriante realidad: la dictadura mundial del Anticristo, profetizada por Apocalipsis, que no será solo política sino, sobre todo, espiritual. Parece ser éste el esfuerzo último de Satanás por apoderarse de la tierra, encadenando las mentes por medio de sutiles seducciones, para que no resistan a su enviado, cuando éste surja como la aparente solución de todos los problemas humanos.  En la cuidadosa preparación del terreno, se ha pregonado con insistencia que el Cristianismo, regido por el signo Piscis durante dos mil años, cederá paso a una nueva religión ecuménica, con un Cristo más moderno y actual que el humilde carpintero de Nazaret, y que se hallará bajo la protección de Acuario.  Pero la Nueva Era, ni es era, ni es nueva, como lo veremos.  Oramos al Señor porque, al final, la gente entienda que lo que se ha presentado como el gran boom espiritual del nuevo milenio, era la era que no era.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Reto de Dios, páginas 183-184)

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VI-DIC-04

El fin de una era | Lógica & milagros

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Para no anquilosarse en el segundo milenio, hay que entender el paso que de la edad moderna a la postmoderna se está dando de un tipo de cultura a otro, y, discernidas las diferencias, dar énfasis a lo correcto y desechar lo inconveniente dentro del contexto postmoderno.  Rechazar totalmente el cambio es tan absurdo como aceptarlo por completo.  El cristianismo ha tenido siempre flexibilidad en la cultura e inflexibilidad en la ortodoxia.  Eso lo ha mantenido en pie por dos milenios.  Actualismo futurizante.  En este orden de ideas, hay esfuerzos -no todos lógicos- por conciliar la ciencia y la fe.  El investigador español Eugenio Danyans ha intentado interpretaciones científicas a los hechos de Dios: Jonás y el gran pez, el día largo de Josué, los poderes del arca de la alianza, el carro de fuego de Elías, los seres vivientes de Ezequiel, los hijos de Dios como posibles cosmonautas, y otros fenómenos, son confrontados por este autor con datos científicos y tecnológicos no conflictivos con la sana doctrina.  Por el contrario, él se apresura a declarar:

 

Soy cristiano convencido, profeso la llamada religión evangélica; en el seno de la iglesia a la cual pertenezco como miembro comulgante ejerzo el ministerio de la predicación, por lo que, conciente de la responsabilidad espiritual que pesa sobre mí, deseo que en todo momento prevalezcan los principios sagrados e inamovibles de la fe cristiana, sustentando siempre la ortodoxia más rigurosa en cuanto a doctrina se refiere.

 

Hoy en día, quienes consideraron simple mito la formación de Eva de un costado de Adán, ¿qué piensan de la clonación? ¿No pudo el Dios eterno proveerle un duplicado clónico a Adán? Si la reproducción humana in vitro es posible, ¿no pudo el Absolutamente Otro gestar la vida humana de su Hijo en el útero de una virgen?. Si una puerta tiene, según la ciencia lo revela, tres cuartas partes de vacío y sólo una cuarta parte de sólido, ¿no pudo Jesús resucitado cruzar una aunque estuviera cerrada?  Si un do de pecho de Caruso rompió vidrios, ¿no podía una multitud gritar al unísono y derribar un muro? Si una pequeña cantidad de masa produce una enorme cantidad de energía -como Einstein lo demostró- ¿es inexplicable la multiplicación de los peces y los panes?  Sí, tal como Freud lo dilucidó, existe la somatización -convertir en enfermedad una dolencia síquica- ¿a qué extrañarse de que  Jesús, para restaurar a un  paralítico,  primero le perdone sus pecados -sanidad interior- y, como consecuencia, le ordene tomar sobre los hombros su propia camilla e ir a casa -sanidad física-?. Si es posible, como algunos aventuran ya, reanimar un dinosaurio a partir del ADN, ¿cuál dificultad tendría el Todopoderoso para resucitar a los muertos?  Ahí está la triada esencialista: vitalismo, actualismo, solucionismo.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Reto de Dios, páginas 181-182)

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VI-DIC-03

El fin de una era | Transición

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Nos hallamos en un mundo en transición y, por lo tanto, muertos ya todos los teólogos modernos, experimentamos un vacío en la conducción del pensamiento cristiano.  La Iglesia Evangélica tiene estómago de rumiante, con panza, redecilla, libro y cuajar, lento para engullir, regurgitar y digerir.  Al inicio de un nuevo milenio, permanece estática, con la mano sobre el arado y la vista puesta atrás, meditando sobre la forma de reeditar los anacrónicos métodos importados por los misioneros, sin percatarse de cómo las cosas cambian constantemente a su alrededor.  Lo único que no cambia es Dios, el Inmutable que maneja todas las mutaciones y quiere futurizarnos continuamente a través de ellas. Muchos se preguntan si el mensaje de Jesús no ha perdido, acaso, vigencia y relevancia en esta sociedad completamente secularizada.  Es necesario dar un salto audaz de la iglesia preterizada a la iglesia futurizante. Pero ya hay esbozos, líneas, trazos en ese sentido.  Llama la atención lo que ha planteado el profesor Antonio Cruz, doctor en Ciencias Biológicas y pastor cristiano, en su obra Postmodernidad:

 

De ahí que hoy en los albores del siglo XXI, los seres humanos continúen necesitando a Dios a pesar de todas las apariencias.  Como escribe González-Carvajal ‘tal vez sea necesario ahondar un poco bajo la superficie, pero al final descubriremos que también el hombre actual tiene sed de Dios y languidece lejos de sus fuentes’ porque en realidad, las grandes preguntas de la condición humana siguen ahí sin que nadie aporte soluciones satisfactorias.

 

La cruz permanece recortada en el horizonte de la historia como el eterno interrogante que todo hombre debe responder sin evasivas.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Reto de Dios, páginas 180-181)

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