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La Generosidad | Las riquezas que Dios nos ha dado

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El Señor, en su infinita generosidad, nos entrega una serie de tesoros que nosotros debemos identificar muy bien.

 

La vida. La vida es la riqueza primordial. 

 

El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él es el Señor del cielo y de la tierra.  No vive en templos construidos por hombres, ni se deja servir por manos humanas, como si necesitara de algo.  Por el contrario, él es quien da a todos la vida,  el aliento y todas las cosas. 

Hechos 17:24-25.

Aquí nace la civilización cristiana.  Cuando San Pablo llega al Areópago, que es el templo del dios Ares en Atenas, y la gente está consumida por la idolatría, el apóstol se limita a hablar del Único Dios Verdadero. El primer tesoro, la primera riqueza que tú recibes de Él es la vida.  Dios es el autor de la vida, por esa vida tú tienes que dar gracias a Dios todos los días. ¿De qué manera uso yo la llave de la generosidad con las riquezas de mi vida? Viviendo generosamente, repartiendo la vida que Dios me da en forma amplia.  No puedo vivir avaramente conmigo mismo, no puedo ser egoísta, tengo que repartir la vida que Dios me da a todos los demás, porque, sin discusiones, la primera riqueza es la vida.

 

El tiempo.  Pocas personas administran correctamente las horas de cada día.

    

Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón adquiera sabiduría.

Salmo 90:12.

El salmista no dice: Contar nuestros milenios, o contar nuestros siglos, contras nuestros años, o nuestros semestres, nuestras semanas, nuestros meses.  Dice: Contar nuestros días, como Jesús enseñó: No se preocupe por el día de mañana, viva hoy.  Enséñanos a contar nuestros días, uno por uno.  Hoy. Un día cada vez y hay que emplearlo a fondo.  El propio Pablo nos exhorta a que redimamos el tiempo. Significa rescatarlo, usarlo con amplitud y eficiencia.  El tiempo que Dios te da, úsalo generosamente y no avaramente.  A cada asunto que tienes que despachar dale todo el tiempo que sea necesario.

  

 (Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, página 291-292)

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La Generosidad

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Hay quienes dicen que en realidad San Pablo escribió a los Corintios tres cartas.  La razón por la cual hay una que no figura en la Biblia, al parecer que era una carta bastante dura del apóstol, llena de sentimiento y reclamos.  Se supone tal cosa porque la que aparece aquí como número 2, se refiere a otra que se extravió finalmente.  Pero eso carece de importancia.  No figura en las Escrituras,  porque el Espíritu Santo no lo quiso así.  No es necesario especular.  Debemos atenernos a lo que está escrito. Punto.

  

 Ya conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que aunque era rico, por causa de ustedes se hizo pobre, para que mediante su pobreza ustedes llegaran a ser ricos. 2ª. Corintios 8:9.

  

 Para continuar con nuestra particular serie sobre las llaves del reino, tendremos ahora una muy especial.  La incomprensión de esta herramienta hace que la vida de la gente no disfrute toda la riqueza que Dios ha provisto en todos los aspectos.  Esta es la llave de la generosidad.

 Algunos piensan que el dinero, por ser material, no debe ser tema de la enseñanza cristiana.  Tales personas están equivocadas y, por sus incomprensiones, puede observarse al pueblo de Dios empobrecido, atravesando a menudo por grandes penurias.  Mi pueblo se ha perdido porque le faltó conocimiento, dice el profeta antiguo.

  

 Analicemos cuidadosamente los puntos de este capítulo y llévenlo a la práctica, para recibir la generosidad de Dios.  El versículo citado ¿qué es lo que muestra?  Que el primer ejemplo de generosidad es Jesucristo.  Pero ¿qué es lo que dice Pablo allí? Jesucristo, al ser rico, el dueño de todos los tesoros, de cuanto existe, visible e invisible; el Señor del Universo, el rey de la creación, se hizo pobre, ¿para qué?  Para que nosotros fuéramos enriquecidos. ¿Enriquecidos espiritualmente? Sí. Pero también enriquecidos materialmente.

  

 ¿En qué consiste la generosidad de Dios? En darse a sí mismo.  No sólo da cosas, sino da su Persona completa en la cruz.  Piense por un momento lo que significa esta frase: Jesucristo se dio a sí mismo. ¿Quién podría abrir de una manera más amplia la llave de la generosidad que nuestro Señor?  En la Biblia hay cosas que pasan inadvertidas pero son altamente significativas: Los Evangelios contienen más advertencias contra el dinero y su abuso que sobre cualquier tema.  Uno de cada cuatro versículos de los Evangelios sinópticos: Mateo, Marcos y Lucas, es sobre el dinero.  Uno de cada seis versículos de todo el Nuevo Testamento trata sobre el dinero. ¿A qué se debe esa insistencia de Dios? Sin duda a que El considera que el tema es importante.  La mitad de las parábolas de Jesús tratan sobre el dinero.  Judas vendió a Jesús por dinero.  El temible 666, la marca de la Bestia, es una clave para poder comprar y vender, tiene una relación exacta y directa con el dinero. ¿Quién puede soslayar esa realidad?  De comprender la importancia que en las Sagradas Escrituras tiene el trato del dinero, depende nuestra vida material.  Las dos sociedades más ricas de la tierra son, precisamente, las que practican los principios económicos de las Sagradas Escrituras: Los gringos y los judíos. Dios creó las riquezas y las ha reglamentado.  El nos enseña y nos ordena la forma correcta de usarlas.  Y una de las claves más importantes que nos da es la que hoy vamos a analizar: la llave de la generosidad.

  

 (Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, página 289-291)

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La luz de la bondad | El fruto de la bondad P3

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Bondad en la estrechez: No quiero desprenderme del gran experto en la relación del hombre con Dios que es David, porque su himnario es una cantera inagotable de inspiración sobre la bondad divina.

 

 Tu familia se estableció en la tierra que en tu bondad, oh Dios, preparaste para el pobre.

Salmo 68:10.

 

 Habla con Dios el rey y le dice “tu familia”, es decir, la familia de Dios ha podido tomar posesión y establecerse en la tierra que “en tu bondad” habías preparado “para el pobre”. Obsérvese que eran pobres y nunca más lo fueron cuando Dios en su bondad les hizo entrega de la tierra. Mirar hoy a los judíos en todas partes del mundo es estimulante; ellos son ricos de varias maneras, no solamente la económica, sino, también, la científica, filosófica, literaria, artística, etc. En su bondad Dios prepara una tierra, para que su familia humana pueda enriquecerse. Él dispone posesión para el desposeído, para que el pobre precisamente deje de serlo.

 

 Deplorablemente, el inconciente colectivo causa un daño terrible a quienes provienen de países latinoamericanos.  ¿Cuál es la diferencia básica de mentalidad sobre los bienes materiales entre católicos y protestantes? Muy sencilla: el catolicismo tiende a la teología de la miseria, según la cual, para agradar a Dios se tiene que vivir en la inopia y vestidos de remiendos, según creencia popular; pues Dios, supuestamente, se agrada de tales personas. La mentalidad protestante, por el contrario, cree lo dicho de mil maneras en la Palabra de Dios: que lo importante no es tener o no tener bienes materiales; que habrá dificultades, que, a veces, pasaremos por momentos de estrechez económica; pero que, si confiamos en Dios, él sin duda hará que no nos falte lo necesario e, incluso, nos puede sobreabundar.

 

La prosperidad económica no es una maldición, pero es necesario entender la función social de las riquezas -muchas o pocas- que Dios pone en nuestras manos y que no son nuestras, sino de él. Cada uno de nosotros sólo es un administrador, un mayordomo, a quien Dios le tomará cuentas al revisar sus libros de contabilidad. ¿Cómo le ha manejado usted a su Amo y Señor los tesoros que le confió? El dinero es para bendecir a mucha gente. Lo que la Biblia condena es la codicia, la avaricia, el apego a los bienes materiales, el hacer del dinero un dios; por eso Pablo ha dicho tan claramente que “avaricia es idolatría”.

 

 Alguien me dirá: pero es que san Agustín, a quien usted a veces cita, dijo que “el dinero es el estiércol del diablo”. Sí, lo dijo san Agustín, pero no estoy de acuerdo con él en este punto, porque el profeta Miqueas dice, hablando por Dios: “Mío es el oro, mía la plata y míos todos los tesoros”; y ¿cómo de algo que Dios declara como suyo, puede decirse que es “estiércol del diablo”?

 

El dinero no es bueno ni malo, sino totalmente neutro; es malo o bueno nuestro corazón al usarlo en uno u otro sentido. Una pregunta sencilla, aquí entre nos: ¿por qué será que las potencias del mundo son los países protestantes? La respuesta es simple: es cuestión de mentalidad, porque lo que piensas es lo que sientes, lo que sientes es lo que dices, lo que dices es lo que recibes en tu vida. David, como vemos, habla muchísimo en sus salmos de la bondad de Dios, porque él la conoció como pocas personas sobre la tierra. Y observa cómo David liga la bondad a la prosperidad.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Fruto Eterno, página 179-181)

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La luz de la bondad | El fruto de la bondad P2

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Bondad en el país: Sé que resulta un poquito irónico o sarcástico hablar de bondad en los países que forman el mundo de hoy. Creo que Nehemías es una escritura pertinente, pues, al hablar de las bendiciones que el pueblo de Dios ha recibido, expresa:

 

Conquistaron ciudades fortificadas y una tierra fértil; se adueñaron de casas repletas de bienes, de cisternas, viñedos y olivares, y de gran cantidad de árboles frutales. Comieron y se hartaron y engordaron; ¡disfrutaron de tu gran bondad! Nehemías 9:25

 

En el país a donde llegaron los israelitas pudieron regocijarse disfrutando de la gran bondad de Dios. A los que creen, en medio de las tinieblas nacionales que los circundan, que es irónico o sarcástico hablar de bondad en algún país del mundo, quiero recordarles que en Canaán hubo guerras, violencia, muerte y destrucción, pero Dios intervino sobrenaturalmente y, entonces, aquel fue el país que aquí describe Nehemías. Ahora bien, hay que creer las promesas de Dios, apropiarse de ellas y esperarlas con certeza.

 

Bondad en la vida terrenal: Algunos se imaginan que las bendiciones de Dios son para el cielo. Claro que en el lugar así llamado es ya total la bendición divina; pero es un error de enfoque y apreciación pretender -como muchos lo hacen, desventuradamente- que la vida terrenal carezca de bendiciones. Vamos a confirmar, entonces, la bondad divina en nuestra vida terrenal.

 

Pero de una cosa estoy seguro: he de ver la bondad del SEÑOR en esta tierra de los vivientes. Salmo 27:13

 

David, que es experto en reconocer la realidad de Dios, está seguro de que verá la bondad del Señor “en esta tierra de los vivientes”; es decir, aquí mismo, en este planeta, durante el transcurso de esta vida. Cierto que tengo vida eterna, que mi lugar en el cielo no me lo quitará nadie; pero cierto, también, que yo veré -como David- la bondad del Señor ahora y aquí, en esta tierra y en esta vida. Y que conste: David atravesaba por enormes dificultades cuando compuso este salmo.

 

En ese momento, como rey, se hallaba en una situación muy parecida a la que tienen hoy los presidentes de muchos países. Había violencia, pestes, guerra civil, destrucción sobre la tierra santa; pero, así y todo, él decía estar seguro de que verá la bondad de Dios. David era un hombre de fe profunda, sin duda. La bondad de Dios vendrá no sólo para darnos la salvación eterna, no únicamente para asegurarnos la vida celestial, que es lo más importante; se hará evidente también aquí y ahora, en este mundo y en esta existencia transitoria.

 

La bondad como testimonio: Para no desaprovechar a un personaje tan rico en significado como David -experto en reconocer la bondad de Dios-, tomemos otro de sus maravillosos salmos:

 

Cuán grande es tu bondad, que atesoras para los que te temen, y que a la vista de la gente derramas sobre los que en ti se refugian.  Salmo 31:19

 

¿Te imaginas a Dios guardando su bondad como un tesoro? Ahora, ¿para qué o para quién es ese tesoro? Allí dice claramente: “para los que le temen”. En una imagen que denota abundancia, el salmista dice que Dios “derrama a la vista de la gente” su bondad; ésta es, pues, como una catarata permanente cayendo sobre nosotros, a los ojos de quienes nos rodean, para que todos se den cuenta que Dios es bueno con los que en él se amparan, los que han hecho de él su refugio. De todo corazón espero que sea realmente para ustedes esta bellísima palabra, para que den un testimonio público evidente de la bondad del Señor.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Fruto Eterno, página 177-178)

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La luz de la bondad | El fruto de la bondad

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La bondad de Dios Padre, manifestada en Dios Hijo a través de Dios Espíritu Santo se refleja en todas las áreas de la vida humana. Es, por lo menos, lo  que se supone que deben hacer los creyentes. Si no practicas bondad, no muestras fruto cristiano; si muestras maldad, eres un árbol malo, no el árbol bueno que Jesucristo quiere que seas. Vamos ahora a mencionar algunas áreas en las cuales el fruto debe ser evidente.

Bondad en el templo: En la historia religiosa de Israel hay un momento solemnísimo: Salomón ha construido el edificio más lujoso y monumental para honrar el nombre del Señor, el famoso templo de Jerusalén,  y ahora eleva una oración consagratoria, la cual contiene varios elementos dignos de minucioso análisis. He aquí uno de ellos:

Ahora, Dios mío, te ruego que tus ojos se mantengan abiertos, y atentos tus oídos a las oraciones que se eleven en este lugar.

Levántate, SEÑOR y Dios; ven a descansar, tú y tu arca poderosa. SEÑOR y Dios, ¡que tus sacerdotes se revistan de salvación! ¡Que tus fieles se regocijen en tu bondad!

SEÑOR y Dios, no le des la espalda a tu *ungido. ¡Recuerda tu fiel amor hacia David, tu siervo!»

2 Crónicas 6:40-42

En ese  lugar reservado para Dios, el templo, los siervos deben estar revestidos,  no de vestimentas físicas, sino “de salvación”; lo cual indica que, ante Dios, es más importante el ornamento interior que el  exterior; y los fieles, por su parte, los miembros de  la congregación, deben regocijarse en la bondad de Dios. Si, en su bondad.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Fruto Eterno, página 175-176)

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La luz de la bondad | La bondad divina P4

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La bondad del Espíritu Santo: En Gálatas 5:22, que ha sido la escritura marco  en esta serie de enseñanzas, leemos que el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad; y, ahora ¿tenemos qué? ¡Bondad! La palabra  que utiliza el apóstol en este pasaje particular, en el idioma griego, es Agathosune. Trataré de interpretarla, porque traducirla es imposible, ya que la riqueza de los vocablos en el griego es prácticamente incomprensible en nuestro idioma.  Agathosune quiere decir, más o menos: “estado natural del hombre bueno, que es virtuoso, benévolo, piadoso y misericordioso en vida y conducta”.  Agathosune, es una cualidad que sólo posee el que está lleno del Espíritu Santo.

No nos engañemos: con nuestro esfuerzo no podemos desarrollar esta virtud, porque la bondad es fruto; y, por lo tanto, al ser producido por un árbol, se da como algo natural.  El simbólico grano de mostaza sembrado en tu corazón se convierte en un árbol que da el fruto de la bondad. El árbol eres tú mismo. Por el contrario, al ofrecer las características de los falsos profetas -que ahora abundan- Jesús es muy terminante sobre el tema.

Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los cardos?  Del mismo modo, todo árbol bueno da fruto bueno, pero el árbol malo da fruto malo.

Mateo 7:16-17

Allí tienes perfectamente claro que es del corazón de donde nace esta virtud, que el Espíritu Santo desarrolla el buen fruto en tu mundo interior y lo muestra en tu conducta. El árbol se conoce por su fruto; el ser humano se conoce por su bondad o su maldad.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Fruto Eterno, página 174-175)

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La luz de la bondad | La bondad divina P3

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La bondad de Cristo: Creo que es como llover sobre mojado hablar de la bondad de Jesucristo; pues él es, en realidad,  la bondad misma hecha hombre, la bondad encarnada.  Todo lo que él dijo y todo lo que hizo durante su tránsito terrenal, se reduce a ejercer la bondad. Por bondad se hizo hombre; por bondad, perdonó a las prostitutas; por bondad impidió que la adúltera fuera apedreada; por bondad puso a andar al paralítico; por bondad hizo ver al ciego; por bondad multiplicó los peces y los panes; por bondad calmó la tempestad, por bondad, ¿qué más hizo? Liberar a los endemoniados y…

 

Abreviemos diciendo que todo lo que hizo, lo hizo por bondad. Su sacrificio en la cruz es el acto de bondad más extraordinario que se conoce. Él hizo todo su trabajo redentor por bondad, resolviendo la ecuación: amor + bondad = misericordia. Cuando lo maltrataban sobre la cumbre del Calvario, de su lengua  exhausta brotó una breve imprecación:

 

Padre —dijo Jesús—, perdónalos, porque no saben lo que hacen.

Lucas 23.34

 

Cristo es misericordioso por su bondad y es bondadoso por su amor. Así de simple es el asunto. ¿”Perdónalos”? ¡Es increíble! Imagínate lo que le hemos hecho todos sin excepción a Jesucristo: Lo declaramos culpable siendo inocente, lo sentamos en el banquillo de los acusados con testigos falsos y calumnias, lo coronamos de espinas, le vendamos los ojos, le arrancamos la barba, lo escupimos, lo abofeteamos, lo golpeamos, lo condenamos a muerte. Y ahora está él en el madero como un nudo informe de cartílagos y nervios sangrantes; y, sin embargo, en sus labios amoratados y agonizantes hay fuerza todavía para decir: “Padre, perdónales”. Y si eso no es la bondad, ¿cómo tenemos que llamar a tal acción? En su más grande acto de bondad, Jesucristo se encarga de todas nuestras culpas. Mira el beneficio de su infinita bondad:

 

Y en unión con Cristo Jesús, Dios nos resucitó y nos hizo sentar con él en las regiones celestiales,  para mostrar en los tiempos venideros la incomparable riqueza de su gracia, que por su bondad derramó sobre nosotros en Cristo Jesús.

 

Efesios 2:6-7.

 

Dice la Biblia: “con él” y “en él”, pues por  la bondad de Cristo  nosotros fuimos perdonados. Del corazón del Padre al corazón del Hijo viene la bondad hasta nosotros. Pero, ¿cómo la obtenemos? Es lo sigue ahora.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Fruto Eterno, página 173-174)

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Los hijos de Abraham | Jesús y el escriba

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Durante un viaje a Israel, la guía turística que estaba al frente de mi grupo, una judía inteligente y espiritual, aprovechó cierto día el receso del almuerzo para decirme: Hace aproximadamente dos mil años, tal vez cerca de este lugar donde tú y yo nos hallamos hoy, un escriba de mi Ley se enfrentó a tu Jesús y le preguntó qué debía hacer para heredar la vida eterna.  Tu Jesús no le dijo: -Cumplir los minuciosos reglamentos de la Ley, sino le respondió con otra pregunta: – ¿Qué lees en la Ley? Entonces mi escriba dijo a tu Jesús, citando las Sagradas Escrituras: ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente y con todas tus fuerzas, y a tu prójimo como a ti mismo’.  Cuando mi escriba bajó las comillas, tu Jesús le dijo: – Bien has dicho.  Haz eso y vivirás eternamente.  Entonces, pastor, por el amor de Dios, si tu Jesús y mi escriba, si mi Ley y tu Evangelio están de acuerdo, ¿qué es lo que los judíos y los cristianos discutimos?

 

Recuerdo haber abrazado a aquella judía con toda la fuerza de que era capaz mi cristiano corazón. Hay muchas cosas discutidas y discutibles entre judíos y cristianos, incluso entre cristianos y judeo-cristianos, es decir, mesiánicos; pero no se trata de dirimir diferencias, sino de afianzar coincidencias.  Sin duda el patrimonio común del Antiguo Testamento, que es la Biblia judía, ofrece un marco teórico invaluable; pero, más que nada, conviene enfatizar la fe en el Dios de Abraham.  Nunca olvidemos, frente a islámicos y judíos, que hay textos comunes a las tres religiones, así como un cuerpo general de creencias que, por más que a muchos fastidie, es asombrosamente similar.  La esposa de Moisés era hija de un sacerdote madianita, Jetro, quien aconsejó a su yerno en decisiones claves con gran sabiduría.  ¿Lo desechó acaso Moisés? (Éxodo 18:1-12).

 

Por otra parte, mentes lúcidas como David Stern, líder del movimiento judeo-cristiano moderno, ha llamado la atención sobre hechos simples: el cristianismo es de origen judío, el antisemitismo no es cristiano, el rechazar o ser negligentes en evangelizar a los judíos es, en sí mismo, un hecho profundamente antisemita.

 

Es cierto que los reformadores pioneros, especialmente Lutero y Calvino, eran en cierta medida antisemitas, pues traían incorporados rezagos de su antigua herencia espiritual, el catolicismo romano; pero es cierto, igualmente, que la Reforma Protestante surgió como reacción contra usos y prácticas de la iglesia romana, incluidas las persecuciones a los judíos.  Y, aun cuando en algunos lugares esporádicamente se hayan presentado brotes adversos a los hijos de Jacob entre seguidores de Cristo Jesús, las notas predominantes han sido simpatía y cooperación con ese pueblo de parte de las distintas denominaciones evangélicas.

 

Esto último se hace explícito en los Estados Unidos de América, donde el judaísmo en sus diversas expresiones tiene garantizadas libertades totales; ello facilita que muchos talentos hebreos enriquezcan el tesoro cultural y económico.  No hay un lugar en este planeta donde se den condiciones más favorables para que los hijos de Abraham – cristianos, musulmanes y judíos – puedan mantener un diálogo constructivo en medio de sus diferencias.

 

Lo ocurrido el 11 de septiembre de 2001 no fue un ataque del Islam contra los ‘perros’ judíos y cristianos, sino el acto vesánico de un terrorista que se equivoca, como tantos, al querer realizar un trabajo para Dios con los métodos del diablo.   Ismael e Isaac oficiaron juntos, unidos, el funeral del padre Abraham y no hay noticia de que entre los dos se dieran confrontaciones, salvo las burlas infantiles del agareno a su hermano.  A base de terrorismo, Saulo de Tarso no logró retener a los primeros cristianos en el seno de la religión judía; Tocado por el rayo celestial, cuando abrió su ser a la acción del Espíritu Santo, pudo convencer a tantos, que nosotros mismos somos cosecha de su siembra.

 

Saulo el fanático se transformó en Pablo el radical.  Nunca olvidemos que radical es el que muere por sus ideas, fanático el que mata por las suyas.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, página 192-194)

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Los hijos de Abraham | Tradiciones y Costumbres P2

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Conservadores: Son una expresión de modernismo, para quitarles rigidez a las tradiciones y adaptarlas a las sociedades occidentales.  Utilizan el idioma hebreo en sus servicios y procuran conciliar el judaísmo ortodoxo con el reformado.

 

Reconstruccionismo: Movimiento fundado por el rabino Mordecai Kaplan en los Estados Unidos. No cree en la vida después de la muerte ni en la necesidad de una salvación eterna.  Los reconstruccionistas no tienen una filosofía bíblica, sino consideran al judaísmo como una civilización religiosa en evolución.  La cultura, la historia, el lenguaje y los ideales son los pilares de la vida judía.  La religión solo es una parte, y no la fundamental, de su razón de ser.  Para Kaplan la sinagoga debe ser un centro de todas las expresiones artísticas, culturales, sociales y políticas del pueblo judío.

 

Humanismo-secularismo: buena parte de los judíos actuales son agnósticos.  Si acaso creen en la existencia de dios, sostiene que es imposible llegar a conocerlo.  Sus visitas a la sinagoga se circunscriben a eventos sociales, como matrimonios, nacimientos o muertes.  Son especialmente celosos de que sus descendientes se casen con judíos.  Cultural, ética y socialmente son judíos, pero no lo son en lo religioso.  Se parecen a muchos de sus vecinos católicos y protestantes que solo son cristianos nominales.

 

Sionismo: escasamente existen judíos, religiosos o no, que no se interesen por el aspecto político de su cultura y el mantenimiento de Israel como estado.  Israel es su hogar, el eje de su cultura, una herencia que están dispuestos a defender hasta la muerte.

 

La ideología del llamado sionismo fue diseñada por el congreso celebrado en Basilea, Suiza, en 1897, bajo el patrocinio intelectual del abogado y periodista Teodoro Herzl, quien, preocupado por el proceso Dreyffus y los pogromos de la Rusia zarista, hizo patente la necesidad de que los judíos regresaran a su patria física, en la cual pudieran refugiarse, a causa de las persecuciones.

 

Autor de El Estado Judío, Herzl se anticipó varios decenios al holocausto provocado por los nazis en el siglo XX, y su visión, quizás profética, hizo posible el actual estado de Israel, donde conviven judíos de todas las tendencias. Grandes cantidades de ellos son, precisamente, latinoamericanos.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, página 191-192)

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Los hijos de Abraham | Tradiciones y Costumbres P1

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Las diferencias entre los dos grupos se derivan de condiciones de cultura y medio ambiente.  Tienen tradiciones, leyes, costumbres, sinagogas e instituciones separadas, aunque sin lugar a dudas pertenecen por igual al pueblo de Israel, como bien lo señala Roberto O. Passo[1]

Otros grupos judíos identificables son los siguientes:

Falashas: De raza negra, originarios de Etiopía, se consideran descendientes de Salomón y la reina de Sabá.

Yemenitas: Antiquísimo grupo ubicado en el sur de la península arábiga, de tez oscura y dialecto judeo – árabe.

Samaritanos: Oran en arameo, habitan la región central de Palestina y conservan en el monte Gerisim el lugar de adoración de sus antepasados.

Prosélitos: Gentiles convertidos al judaísmo, que provienen de distintas razas y naciones, incluidos japoneses, chinos y tailandeses.  los judíos mantienen su homogeneidad no propiamente por razones religiosas, pues muchos de ellos son agnósticos, ateos, ocultistas, etc.

Para los fines de un acercamiento adecuado a los judíos, conviene conocer las clasificaciones principales del judaísmo actual, a saber:

Jasidismo: Movimiento que busca una forma de vida dominada por la Torah, la ley talmúdica y las enseñanzas de Baal Shem Tov, rabino polaco del siglo xviii.  son espontáneos y entusiastas, no se oponen a la tradición aunque surgieron como reacción al intelectualismo judío de la época.  Son un fenómeno carismático dentro del judaísmo.

Ortodoxos: Se basan en la Torah, consideran la ley oral que presenta el Talmud su autoridad total y definitiva en materia de fe y moralidad.  Su piedra fundamental son los ‘Trece artículos de fe’, de Maimónides, rabino y profundo pensador español, cuyos dogmas afianzan la creencia en Dios, su unidad, su carácter espiritual y su calidad de Primero y Último.  Para los ortodoxos, al igual  que para los jasidim, es fundamental el consumo de alimentos  kosher, es decir, preparados ritualmente.  Su fuerza esencial radica en la relación personal de cada hombre con Dios, la espera del Mesías y la resurrección de los muertos.

Reformados: Durante el siglo XIX, en la rápida liberalización de Occidente, la educación y los negocios se veían estorbados por las tradiciones, y los judíos alemanes iniciaron una asimilación a la sociedad gentil.  Con el fin de detener esa perniciosa tendencia, surgió el judaísmo reformado, cuyos miembros practican sus creencias sin necesidad de comunidades ni templos.  Para ellos la Biblia y el Talmud son libros producidos por hombres y no tienen autoridad total sobre sus vidas.  Sus principios generales son: Dios es el centro del judaísmo y gobierna al mundo a través de la ley y el amor.  El hombre, creado a imagen de Dios, es su colaborador, tiene libertad moral y espíritu inmortal.  La Torah es una revelación de Dios a través del esfuerzo humano, pero debe adaptarse, dentro del prototipo judío, a las necesidades de época y país.

[1] Roberto O. Passo Al Judío primeramente Editorial Hami 1990

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, página 190-191)

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