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El Código Jesús Tag

VI-SEP-01

Dios Como Hijo del Hombre

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

La idea de la deificación humana tomó fuerza durante el siglo XIX. Incluso el Libertador Simón Bolívar -producto típico de la Revolución Francesa, liberal y masón- llegó a sugerir que en Jesucristo se había dado “la asunción del hombre en Dios”. Otros hablaron de la “cristificación” que consistiría en un auto-deificarse el ser humano, tal y como, supuestamente, Jesús de Nazaret lo había logrado. La mal llamada “nueva era”  insiste hoy en posibilidades similares. Sin embargo, «Nadie ha subido jamás al cielo sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre». (Juan 3:13)

 

El gran misterio es la humanización de Dios, no la divinización del hombre; y no consiste, de ningún modo, en que el efecto-hombre se convierte en su causa-Dios, sino en que el Creador se hace criatura. No se olvide que Jesús es hijo adoptivo de José; lo cual significa, en otras palabras, que Dios se hace adoptar como Hijo del hombre para que el hombre pueda ser adoptado como hijo de Dios. Esa es la clave.

 

La única diferencia esencial entre Jesús de Nazaret y los demás hombres, sus hermanos, es que él fue tentado, como todos sin excepción, pero permaneció impecable. Sobre este tópico resulta apropiada la aclaración de Charles Ryrie: «Cristo no pudo pecar: no significa meramente que Cristo pudo no pecar.

 

» Objeción: Si Cristo no podía pecar, no pudo haber sido tentado en realidad  y, por tanto, no pudo ser un sumo sacerdote capaz de compadecerse  (Hebreos 4:15).

» Respuesta: La realidad de la prueba no se basa en la naturaleza moral del que es tentado; y la posibilidad de compadecerse no depende de corresponder exactamente en el resultado del problema planteado, con el resultado que tuvo en otra persona.

» Resultados: 1. La tentación probó la impecabilidad de Cristo. 2. También hizo de Él un sumo sacerdote que pudiese compadecerse”.

 

El apóstol Pablo recela de las genealogías, pero nadie puede retirarlas del texto sagrado; si el Espíritu Santo las puso allí algún objeto tienen, pues ni una tilde sobra en la Palabra de Dios. En el Antiguo Testamento son prolijas y, a veces, aburridas de leer, pero gracias a ellas conocemos los remotos orígenes de las sociedades humanas. Conviene destacar cómo en el linaje de Jesús de Nazaret figuran sobresalientes pecadores: asesinos, perjuros, prostitutas, polígamos, idólatras, adúlteros, incestuosos…

 

¡Oh, misterio del amor de Dios, cuya Segunda Persona no quiso ser de mejor familia que ninguno de los vástagos del desventurado Adán! .En realidad, no podía hacerlo, si es que había de ser hombre verdadero. Quizás por eso, el título que prefirió durante su ministerio terrenal fue, precisamente, el de Hijo del Hombre.

 

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 157-159)

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VI-AGO-05

Dios Como Hijo del Hombre

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Se trata, pues, de un hombre con todo lo que tal condición implica. De hecho, una revisión cuidadosa de su biografía, dada en los libros del Nuevo Testamento, arroja completa luz al respecto. En primer lugar, es evidente que nació de una mujer, lo cual informa Pablo (Gálatas 4:4). Todo el  que es parido de un vientre femenino es, necesariamente, un ser humano. Además, no cabe duda de que crecía física e intelectualmente, como lo atestigua el famoso médico de Antioquia: «Jesús siguió creciendo en sabiduría y estatura, y cada vez más gozaba del favor de Dios y de toda la gente». (Lucas 2:52)

 

Soportaba, sin lugar a dudas, todas las limitaciones propias de la naturaleza humana y compartía los problemas ordinarios que todos enfrentamos sin remedio. Su famoso encuentro con la mujer samaritana no deja dudas al respecto (Juan 4:6,8) Veamos algunas cosas significativas:

 

  • Se cansaba: “Fatigado del camino” (v.6)
  • Sentía hambre: “Sus discípulos habían ido al pueblo a comprar comida”. (vv.7,8)
  • Padecía sed: “En eso llegó a sacar agua una mujer de Samaria y Jesús le dijo: —Dame un poco de agua” (vv.7,8)

 

Hay otros relatos en los cuales la humanidad de Jesucristo es patente, a menos  que quien los recibe sufra de sordera, en cuyo caso es innecesario cualquier intento de convicción. Hay que  lograr, antes, que los oídos se abran a la evidencia. Ciertamente, “no hay peor sordo que el que no quiere oír”. He aquí dos datos irrefutables:

 

—Primero: Se airaba. Un día entró al templo con un látigo en la mano, expulsó a los mercaderes religiosos, regó por el piso el dinero de los negocios piadosos y volcó la estantería estrepitosamente. (Juan 2.15). La ira es, ciertamente, una emoción humana, que llega a ser pecado solo cuando no hay justicia plena en su motivación.

—Segundo: Lloraba, lo cual hizo, para citar un ejemplo ya analizado en este libro, cuando se detuvo ante la tumba de su amigo Lázaro. (Juan 11:35). No se diga que el llanto no es algo propio del ser humano, aunque alguien pudiera argumentar que existen también, las llamadas “lágrimas de cocodrilo”.

 

Jesús de Nazaret es, pues, un hombre integral  dotado de espíritu, alma y cuerpo, como queda  claro en varias porciones bíblicas que resuelven el tema satisfactoriamente. Hemos visto que  tenía un cuerpo físico (soma) que se cansaba, sentía sed y hambre;  estaba dotado de un alma (psyche), que lo hacía llorar y airarse, y que,  también, lo llevaba a la depresión: “Es tal la angustia que me invade que me siento morir”. (Mateo 26:38).

 

Para completar el cuadro, estaba dotado de un espíritu humano, lo cual es evidente cuando, en el momento de su muerte en la cruz, le entrega su espíritu (pneuma) al Padre (Lucas 23:46). Ahora bien, la clave reina de su humanidad es que pudo morir.

 

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 156-157)

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VI-AGO-04

Dios Como Hijo del Hombre

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Los escritores del Nuevo Testamento le salieron al paso, con gran diligencia,  a toda pretensión deshumanizadora del Hijo de Dios. El apóstol Juan, por ejemplo, escribe su primera epístola para refutar a quienes veían en Jesús un ángel o un eón despojado de humanidad aunque pareciera o apareciera en forma humana: él  mismo, personal y directamente, lo vio, lo oyó y lo palpó a través de sus órganos de los sentidos. «Lo que ha sido desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que hemos contemplado, lo que hemos tocado con las manos, esto les anunciamos respecto al Verbo que es vida» ( 1 Juan 1:1)

 

Más adelante, el propio Juan entrega una clave infalible para identificar a los falsos profetas, que en su época abundaban y hoy constituyen un fenómeno que ha pasado rápidamente de epidemia a endemia y ya va para pandemia. ¡Hay que vacunarse  de inmediato! El apóstol trae la jeringa lista en la mano: «Queridos hermanos, no crean a cualquiera que pretenda estar inspirado por el Espíritu, sino sométanlo a prueba para ver si es de Dios, porque han salido por el mundo muchos falsos profetas. En esto pueden discernir quién tiene el Espíritu de Dios: todo profeta que reconoce que Jesucristo ha venido en cuerpo humano, es de Dios». (1 Juan 4:1,2)

(La clave maestra que descifra al profeta auténtico es reconocer que el Cristo ha venido en cuerpo humano).

 

Los enemigos de Jesús no encuentran límites: unos atacan su divinidad y otros, su humanidad, sin darse cuenta de que, en muchos casos, los unos terminan refutando a los otros sin remedio. En efecto, hay quienes al negarle a Jesús su humanidad le reconocen su divinidad; y quienes, al no aceptarlo como divino, terminan  reconociéndolo como humano.

 

Este último es el caso de Ernesto Renán en su popular Vida de Jesús, que intenta un relato escueto de lo que el autor considera científicamente comprobable sobre el Nazareno. Con el rigor analítico propio de la crítica histórica positivista, el especulador francés despoja al personaje examinado de todo contenido milagroso y divino, pero concluye su ensayo con una afirmación que no puede pasar inadvertida: «Jesús no será superado. Su culto se rejuvenecerá sin cesar; su leyenda provocará infinitas lágrimas, sus sufrimientos enternecerán los mejores corazones; todos los siglos proclamarán que entre los hijos de los hombres no ha nacido ninguno más grande que Jesús».

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 154-155)

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VI-AGO-03

Dios Como Hijo del Hombre

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Curiosamente, ninguna de las dos genealogías menciona a Joaquín ni a Ana, considerados por cierta tradición oral como padres de la virgen María. Para evitar “irse por las ramas”, conviene atender a san Pablo cuando le recomienda a Timoteo no prestar atención a “genealogías interminables” que “provocan controversias”. (1 Timoteo 1:4)

 

Ahora lo importante es establecer en forma clara la humanidad de Jesucristo. Deja graves preocupaciones intelectuales el hecho de establecer que Él es Dios y aceptar, al mismo tiempo,  que pueda ser un hombre con todo lo que tal condición implica. Un hombre limitado no puede ser Dios; el Dios ilimitado no puede ser hombre. Cómo será de grave la cosa que, incluso las mitologías, llamaron solo ‘semidioses’ a algunos seres humanos extraordinarios, especialmente los héroes.

 

Alguien preguntaría: ¿se hace criatura el creador? Entonces, Edison podría ser una bombilla, Graham-Bell un teléfono, Goodyear un neumático, Gillette una afeitadora y Darío Silva-Silva un  libro. Es una broma, claro, pero esa clase de puerilidades y otras similares suelen   escucharse en un mundo gobernado por el más crudo materialismo, donde suelen confundirse los conceptos de inventor y creador.

 

Con todo, es necesario reconocer que ha habido muchos comentaristas, desde los tiempos iniciales del cristianismo, empeñados en demostrar que Jesús de Nazaret es un ser sobrenatural sin ninguna característica natural. No pocos han afirmado que Él es Dios pero no Hombre.

 

Los antiguos gnósticos fueron —y los que hoy subsisten son— enconados negadores de la “humanización de Dios”. Para ellos, el cuerpo es esencialmente malo y, por lo tanto, un “espíritu superior”, —en este caso Dios mismo—, no podría tener esa clase de habitación. Pero, un poco antes de la encarnación de Jesucristo, los esenios ya insinuaban al cuerpo humano como “templo del Espíritu”, lo cual vino a concretarse en el misterio de la encarnación.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 153-154)

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VI-AGO-02

Dios Como Hijo del Hombre

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El Logos se ha hecho hombre para llevar la creación a su perfección. (Teilhard de Chardin)

 

«Y Jacob fue el padre de José, que fue esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo». (Mateo 1:16)

 

Después de andar durante tres años continuos al pie de Jesús, como testigo ocular directo de todas sus sorprendentes acciones, nuestro viejo conocido, el alcabalero Mateo, quien estaba al servicio del imperio y se fue sin vacilaciones detrás del Divino Transeúnte, se ha dedicado a la profesión de cronista. Como buen judío, está empeñado en demostrar el carácter mesiánico del personaje que un día lo escogió como uno de los doce miembros de su staff apostólico. Para él, lo neurálgico de todo este asunto consiste en comprobar que Jesús es aquel “hijo de David” anunciado por los viejos profetas.

 

Su primera preocupación investigativa se centra, pues, en la genealogía, disciplina tan arraigada en las tradiciones de su pueblo. Para Mateo es absolutamente necesario demostrar el linaje davídico de Jesús de Nazaret, para lo cual elabora un árbol genealógico que parte de Abraham y se ramifica a través de David,  los deportados de Babilonia y los repatriados a la Tierra Santa, hasta desembocar en  ‘el Renuevo’ que es Jesús.

 

Otro cronista, este no judío sino gentil, el médico  Lucas, natural de Antioquia, ‘exagera’ la búsqueda genealógica de Jesús hasta los tiempos anteriores a Abraham,  en la propia civilización antediluviana, yendo al árbol primigenio de toda la especie humana que es Adán. Como buen griego, Lucas, obviamente, tiene interés en demostrar que el Mesías es universal y no limitado  al pueblo de Israel.

 

Las discusiones sobre las diferencias que aparecen en las dos genealogías evangélicas aludidas carecen de importancia. La crítica seria ha encontrado que Mateo toma la línea de José y Lucas la de María, lo cual hace que los antepasados no coincidan en todos los casos, aunque muchos de ellos sean comunes, siendo los esposos nazarenos parientes muy cercanos entre si y ambos descendientes de David

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 151-152)

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VI-2017-03-23

¿Quién es Jesús para Jesús?

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El erudito judío Jacob Neusner, en su libro ‘Un rabino habla con Jesús’, se muestra sinceramente conmovido con las enseñanzas del Sermón del Monte, en general todo lo que el evangelio transmite lo impacta positivamente, pero se aparta de Jesús radicalmente por sus afirmaciones sobre sí mismo. Al respecto afirma:

 

“Jesús da un paso importante en la dirección equivocada al transferir el

énfasis del ‘nosotros’ como comunidad judía a un ‘Yo’. El desacuerdo se

da en la persona de Jesús, y nunca en sus enseñanzas… Al fin el maestro Jesús

exige algo que solo Dios exige”.

 

Aunque Neusner —como muchos judíos— no lo acepte, el humilde Carpintero que nació en el pesebre, bajo el calor de animales domésticos, en un estado de indefensión y de pobreza, es el gran “Yo Soy el que Soy” de los hebreos, “el Dios no conocido” de los griegos, el Gran Quién Sabe. Solo que voluntariamente se ha despojado a sí mismo (kenosis) al descender hasta el agujero negro donde se halla el hombre caído para levantarlo, con la palanca de la cruz, en la dinámica de la redención.

 

En tales condiciones, a nadie debe extrañarle el absoluto desparpajo con que Él mismo se autocalifica, mejor dicho, se identifica como YHWH.

 

¿Quién es Jesús para Jesús?

—Lo que Jesús es: simplemente Dios.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, página 149)

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VI-2017-03-16

¿Quién es Jesús para Jesús?

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Durante la Edad Media, los místicos buscaron lo que se llamaba el sumum bonum, es decir, el bien supremo, que para ellos era, precisamente, ver a Dios. Sabían que la ‘visión beatífica’ estaba reservada exclusivamente para los limpios de corazón, según el propio Jesús lo había enseñado en las Bienaventuranzas (Mateo 5:8). Para citar un caso notable, Francisco de Asís se alejó del mundo y sus fascinaciones para limpiar los ojos interiores y poder ver a Dios en su corazón, ya que físicamente le era imposible hacerlo.

 

En Jesucristo nadie ve a Dios COMO un hombre, sino EN un hombre, porque ese Hombre, nacido de una mujer, exhibe un carácter moral, unos atributos y unas obras que solo pueden calificarse de divinos. Esa es la clave. Por eso, con toda autoridad, dialoga con los fariseos sobre temas ordinarios en forma extraordinaria:

«Abraham, el padre de ustedes, se regocijó al pensar que vería mi día; y lo vio y se alegró. —Ni a los cincuenta años llegas —le dijeron los judíos—, ¿y has visto a Abraham? —Ciertamente les aseguro que, antes que Abraham naciera, ¡yo soy!». (Juan 8:56-58)

 

Aquí la respuesta de Jesús es estremecedora: —Bien, muchachos, ciertamente —esto es verdad— les aseguro —no les sugiero— que ANTES de que Abraham naciera, YO SOY. No  dice: “Yo era”, en pretérito, para retrotraerse al tiempo de Abraham; sino “Yo Soy”, en un eterno presente.

 

La Biblia  identifica el nombre de Dios con el llamado ‘tetragrámaton’, representado por las letras YHWH, que es impronunciable. Generalmente se lo nombra bajo dos aproximaciones fonéticas: la clásica Yavéh y la  variante no muy ortodoxa y, más bien, acomodaticia, Jehová; pero que, en todo caso, significa “Yo Soy”.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 147-148)

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VI-2017-03-09

¿Quién es Jesús para Jesús?

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Yo creo radicalmente en la Trinidad porque mi corazón, instrumento de la fe, la discierne sin apoyarse en la razón de mi mente, instrumento de la duda. Pero hay razonamientos que me auxilian:

 

LÓGICA —Dios es el silogismo eterno: el Padre es tesis, el Hijo es antítesis, el Espíritu Santo es síntesis.

GRAMÁTICA —Dios  es el gran Yo-Tú-Él, el eterno pronombre: el Padre es Yo, el Hijo es Tú, el Espíritu Santo es Él.

CARIDAD  —Dios es el ágape eterno: el Padre es el amante, el Hijo es el amado, el Espíritu Santo es el amor.

 

En lo personal,  yo soy Darío, uno en esencia, mi ser en mí mismo, pero trino en subsistencia: espíritu, alma y cuerpo; y, aunque mi espíritu, mi alma y mi cuerpo son diferentes entre sí, soy un solo Darío, una trinidad humana a imagen y semejanza de mi Dios, que es la Trinidad divina.

 

Ahora bien: si Dios es trino en subsistencia (Padre, Hijo y Espíritu) pero uno en esencia, bien puede el Hijo decir que es uno con el Padre y bien puede afirmarse que el Señor —es decir, el Hijo— es el Espíritu.

 

El gran deseo del hombre ha sido, a través de las edades, ver a Dios. Nadie ha podido hacerlo en realidad y, cuando la Biblia misma informa sobre visiones de Dios, lo hace en sentido figurado. Las llamadas ’teofanías’ no son apariciones materiales de Dios; si no, más bien, misteriosas proyecciones que Él hace de alguna manera —transmisiones vía satélite, hologramas, iconos cibernéticos qué se yo- generalmente a través de ángeles; pero nunca, eso es seguro, somatizaciones del propio Dios.

 

Ahora bien, aunque los espíritus no tienen formas físicas, los ángeles y los demonios las asumen a veces, fenómeno del cual hay abundantes testimonios antiguos y contemporáneos. Sin embargo,  Dios mismo no lo hace porque Él es el Espíritu que habita en luz inaccesible.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 146-147)

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VI-2017-03-02

¿Quién es Jesús para Jesús?

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Ahora las cosas empiezan a aclararse: Dios es uno en esencia (el ser en sí),  pero trino en subsistencia (el ser en actividad). De hecho, una observación más o menos minuciosa del universo, las criaturas y sus componentes, tiempos, espacios y estados, nos permite percibir atisbos y proyecciones de la Trinidad. He aquí algunas de tales sugerencias creativas del Creador:

 

Trinidad humana: Espíritu, alma y cuerpo.

Trinidad lumínica: Rayos invisibles, rayos visibles y rayos sentidos.

Trinidad atómica: Protón, electrón y neutrón.

Trinidad espacial: Longitud, latitud y altura.

Trinidad temporal: Pasado, presente y futuro.

Trinidad ovípara: Cáscara, clara y yema

Trinidad vegetal: Raíz, árbol y fruto.

Trinidad frutal: Corteza,  pulpa y savia.

Trinidad corporal: Cabeza, tronco y extremidades.

Trinidad orgánica: Órganos ectodermo, mesodermo y endodermo.

Trinidad psíquica: Mente, emociones y voluntad.

Trinidad familiar: Padre, madre, hijo.

Trinidad natural: Reinos animal, vegetal y mineral.

Trinidad gramatical: Sustantivo, verbo y participio.

Trinidad pronominal: Yo, tú, él.

Trinidad geométrica: Triángulo.

Trinidad triangular: Equilátero, escaleno e isósceles.

Trinidad acuática: Sólido, líquido y gaseoso.

 

En este último caso, la esencia es la  misma: H20, según su fórmula química, pero cambia la subsistencia: el iceberg, el río y la niebla son agua manifestada de tres modos distintos.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 145-146)

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¿Puede un hombre ser Dios?

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Por cierto, en Roma los emperadores eran declarados ‘dioses’ por medio del solemne acto público llamado Apoteosis (deificación), durante la cual se entonaba un resonante himno en honor del nuevo ‘dios’. Pablo redondea el tema de la deidad de Cristo precisamente con un himno de estilo apoteósico:

 

« Él es la imagen del Dios invisible,
el primogénito de toda creación,
porque por medio de él fueron creadas
todas las cosas en el cielo y en la tierra, visibles
e invisibles, sean tronos, poderes, principados o
autoridades:
todo ha sido creado
por medio de él y para él.
Él es anterior a todas las cosas,
que por medio de él forman un todo
coherente.
Él es la cabeza del cuerpo,
que es la iglesia.
Él es el principio,
el primogénito de la resurrección,
para ser en todo el primero.
Porque a Dios le agradó habitar en él
con toda su plenitud
y, por medio de él, reconciliar consigo
todas las cosas,
tanto las que están en la tierra como las
que están en el cielo,
haciendo la paz mediante la sangre
que derramó en la cruz». (Colosenses 1:15,20)

 

La llamada ‘nueva era’ enseña la divinidad del hombre, idea inaugurada por la serpiente antigua en el Edén, al prometerles a Adán y Eva: “Serán como Dios” (Génesis 3:5). Pero el simple sentido común dice: si es Dios no es hombre, si es hombre no es Dios. El ‘fuera de serie’ Pablo protestó cuando quisieron adorarlo como a un dios; él mismo reconoce que hay muchos llamados dioses en la tierra y en el cielo (1 Corintios 8:5,6); y declara que, en realidad, hay un solo Dios y Padre que habita corporalmente en Jesús de Nazaret.

 

¿Puede un hombre ser Dios? Claramente no. Pero Dios sí pudo ser UN hombre cuando quiso ser EL hombre.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 136-138)

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