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El Código Jesús Tag

La anatomía de Cristo P9

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Ahora caigo en la cuenta de por qué Martín Lutero calificaba  los dogmas como “doctrinas protectoras”. La ortodoxia es el esqueleto del cuerpo crístico. Estoy maravillado. Jesús, como es apenas natural, tenía un cuerpo físico similar al mío. Está claro que se fatigaba, sentía hambre y sed; ahora yo me pregunto: — ¿Sentiría jaqueca alguna vez? ¿Le dolerían las muelas? ¿Tendría siquiera un resfriado en el fin de semana? No son preguntas  ilógicas si  pensamos en que era un ser humano con todas las limitaciones propias de nuestra especie, que fue concebido en un útero femenino, creció durante nueve meses, fue dado a luz, le cortaron el ombligo, le dieron leche materna, lo envolvieron en pañales.

 

Algunos cristianos dirán que mis preguntas son necedades, puesto que Jesús, siendo la fuente de la sanidad  para tantos pacientes, mal podría sufrir quebrantos de salud. Objeción: varias personas se han sanado cuando  oré por ellas hallándome yo mismo enfermo. Otros argumentarán que, si Jesús era impecable, mal podría enfermarse. Objeción: la enfermedad no es en todos los casos un signo de pecado.

 

¡Perdón! Estas especulaciones carecen de sentido, solo que vinieron a mi mente al hablar de anatomía, fisiología y neurología. No son  temas relevantes ahora. Lo que importa es saber que  Jesús el Cristo tiene un cuerpo natural, glorificado después de la resurrección, pero que posee también un cuerpo espiritual que es la Iglesia, de cuya anatomía formamos parte los regenerados.

 

Cuando me duele la garganta, aunque el dolor tiene un núcleo localizado, todo mi cuerpo participa de él. Si suelto una carcajada, aunque el placer está focalizado en mi dentadura, todo mi cuerpo se alegra con la risa. Esa solidaridad debe darse en el Cuerpo de Cristo. No hay miembros autónomos ni independientes en ningún organismo. Señor: haz que mi hermano disfrute mi sonrisa y  que yo sufra su dolor.

 

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 224-225)

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La anatomía de Cristo P8

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

La figura anatómica-fisiológica-neurológica “Cuerpo de Cristo” no es puramente literaria. Se trata de una realidad vital. Los creyentes integramos la intrincada pero armónica red de miembros que, interconectados entre sí, obedecen a la cabeza, que es Cristo, y el  Espíritu Santo distribuye los fluidos vitales y dinamiza el sistema nervioso que lleva las órdenes a las coyunturas, al último músculo, al más pequeño cartílago, a la insignificante pestaña. Si todos entendiéramos algo tan simple, las cosas funcionarían mejor:

 

«El ojo no puede decirle a la mano: “No te necesito.” Ni puede la cabeza decirles a los pies: “No los necesito.” Al contrario, los miembros del cuerpo que parecen más débiles son indispensables, y a los que nos parecen menos honrosos los tratamos con honra especial. Y se les trata con especial modestia a los miembros que nos parecen menos presentables,  mientras que los más presentables no requieren trato especial. Así Dios ha dispuesto los miembros de nuestro cuerpo, dando mayor honra a los que menos tenían,  a fin de que no haya división en el cuerpo, sino que sus miembros se preocupen por igual unos por otros. Si uno de los miembros sufre, los demás comparten su sufrimiento; y si uno de ellos recibe honor, los demás se alegran con él».

1 Corintios 12:21-26

 

Para descifrar esta clave quiero sentarme como un niño ignorante en el aula escolar al inicio de clases, abierto al aprendizaje, sin prevenciones, sosteniendo hojas en  blanco donde se puede escribir algo nuevo, con los ojos abiertos sobre los grabados que muestran las distintas partes del cuerpo humano y, luego todas, armonizadas, en funcionamiento perfecto.

 

La anatomía me enseña la composición orgánica, la fisiología me adiestra sobre su funcionamiento, la neurología me aclara la conexión misteriosa entre el cerebro y todos los miembros. Pasa por mi mente un pensamiento fugaz: tal vez Lucas, el médico de Antioquia, le dio charlas a Pablo sobre este asunto, mientras le recetaba hierbas para sus molestias de salud.

 

El periodista cristiano Philips Yancey se ha aliado con un Lucas posmoderno, el doctor Paul Brand, y los dos han producido un libro que acabo de leer: ‘Temerosa y maravillosamente diseñado’, un auténtico ensayo de biología espiritual, en el cual se analizan las funciones paralelas del cuerpo humano y el “Cuerpo de Cristo” de modo impresionante. Allí encuentro percepciones como esta:

 

“Un cuerpo análogo, igual de avanzado y activo como los seguidores del  Cuerpo de Cristo, también necesita un esqueleto con dureza para darle forma, y  la doctrina de la iglesia es justo ese esqueleto. Dentro del cuerpo vive un núcleo de verdad que nunca cambia: las leyes que gobiernan nuestra relación con Dios y con los demás”

 

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 222-224)

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La anatomía de Cristo P7

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Inclino mi rostro, cierro mis ojos y elevo una pequeña plegaria, con voz conmovida: “Señor, que yo sea la molécula más sensible de la cicatriz que tienes en el pecho, o la uña del dedo meñique de tu mano izquierda, o la ceja de tu ojo derecho, o ese poro en tu frente. ¡qué sé yo!, lo que sea, hazme un buen miembro de tu Cuerpo, Amén”.

 

La idea de una labranza, sementera o campo de cultivo es preciosa. De hecho, el propio Jesús empleó reiteradamente metáforas similares: el sembrador, el grano de mostaza, el grano de trigo, la higuera estéril, la higuera verdecida, la vid y sus ramas, etc. En lo pecuario, nada más elocuente que un rebaño siguiendo a su pastor.

 

La comparación con un edificio es sólida. Jesús mismo habló de construir la Casa sobre la Roca, a prueba de inundaciones, huracanes y tempestades. El hombre mismo es un edificio: el templo del Espíritu Santo. Y allí, en lo más íntimo e inviolable, hay la morada interior -en el griego se llama katalyma mou– que es “mi habitación, mi sala de huéspedes” donde Jesús quiere habitar para siempre.

 

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 222)

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La anatomía de Cristo P6

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Es ya primavera y, a través de la ventana de mi biblioteca, veo un cielo  que luce inusualmente estrellado. Pienso en viejas premisas que hoy me parecen absurdas. ¿Cómo pudo Jacques Monod escribir que “el hombre está perdido  en la inmensidad del universo, de donde él emerge por azar”? O ¿cómo pudo Weinberg afirmar fríamente: “entre más comprendemos el universo, más nos parece vacío de sentido”?

 

La hipótesis de una creación nacida del azar es angustiosa. Ahora comprendo a Einstein cuando dijo: “Dios no juega a los dados con el universo”. De pronto, siento un leve temor de caer en el panteísmo, como a veces le ocurre a Paul Tillich;  y, por instinto de conservación espiritual, vuelvo a refugiarme seguro en las sentencias del cosmólogo Pablo.

 

«Porque por medio de él fueron creadas todas las cosas en el cielo y en la tierra, visibles e invisibles, sean tronos, poderes, principados o autoridades: todo ha sido creado por medio de él y para él. Él es anterior a todas las cosas, que por medio de él forman un todo coherente. Él es la cabeza del cuerpo, que es la iglesia». Colosenses 1:16-18a.

 

Esta última frase: “Él es la cabeza del cuerpo, que es la iglesia”, me aterriza de nuevo en la realidad operativa y funcional de la iglesia: este minúsculo grano de arena del desierto cósmico que es el planeta Tierra, donde un día Él  se hizo carne humana. Con los ojos húmedos,  trato de  concentrarme en mí mismo y me pongo a pensar: soy un miembro del cuerpo de Cristo, que es ese misterioso organismo vivo que llamamos Iglesia. Mi prueba de laboratorio genética-espiritual es positiva cien por ciento: tengo el ADN de mi Padre Celestial.

 

«Ahora bien, ustedes son el cuerpo de Cristo, y cada uno es miembro de ese cuerpo».

1 Corintios 12:27

 

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 220-221)

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La anatomía de Cristo P5

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Ahora mismo, cuando escribo, mis manos digitan sobre el teclado y mis ojos siguen el curso de las palabras que van apareciendo en la pantalla. Mientras medito en la próxima frase, tomo un sorbo de café colombiano; mi nariz se satura de su aroma y mi lengua degusta su sabor,  mi sistema nervioso  se lubrica y mi psiquis siente euforia. Simultáneamente, mis oídos escuchan el ‘Mesías’ de Haendel y mis pies llevan rítmicamente el compás, en un leve zapateo, con su coro de ‘Aleluya’. Mi cabeza dirige toda esa múltiple actividad en forma perfectamente sincronizada.

 

«Dios sometió todas las cosas al dominio de Cristo, y lo dio como cabeza de todo a la iglesia. Ésta, que es su cuerpo, es la plenitud de aquel que lo llena todo por completo».

Efesios 1:22,23

 

Entonces pienso en lo que debe ocurrir en la relación Logos-Cosmos, de la cual Cristo es la cabeza y su cuerpo lo forman las galaxias, las  nebulosas, los  ‘universos paralelos’ en constante expansión. Recuerdo entonces a mi viejo conocido Job, quien, aún en medio del dolor y las penurias, sacaba fuerzas de debilidad  para exaltar esa Fuerza cohesiva que lo sostiene todo en el abismo eterno:

 

«Él remueve los cimientos de la tierra y hace que se estremezcan sus columnas. Reprende al sol, y su brillo se apaga; eclipsa la luz de las estrellas. Él se basta para extender los cielos;  somete a su dominio las olas del mar. Él creó la Osa y el Orión,  las Pléyades y las constelaciones del sur. Él realiza maravillas insondables, portentos que no pueden contarse».

Job 9:6-10

 

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 219-220)

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La anatomía de Cristo P4

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¡Qué acierto llamar a la iglesia “Cuerpo de Cristo”! Solo el Espíritu Santo pudo tener una ocurrencia semejante. La ‘teociencia’ certifica la explosión de un milagro biológico-espiritual: la creación de un nuevo ADN que se implanta directamente en la  regeneración, e identifica cien por ciento a las nuevas criaturas. ‘Cuerpo de Cristo’ es, pues, una maravilla de precisión conceptual, algo que no podía venir sino a través de una revelación directa de Dios

 

 «Ahora bien, el cuerpo no consta de un solo miembro sino de muchos. Si el pie dijera: “Como no soy mano, no soy del cuerpo”, no por eso dejaría de ser parte del cuerpo. Y si la oreja dijera: “Como no soy ojo, no soy del cuerpo”, no por eso dejaría de ser parte del cuerpo. Si todo el cuerpo fuera ojo, ¿qué sería del oído? Si todo el cuerpo fuera oído, ¿qué sería del olfato? En realidad, Dios colocó cada miembro del cuerpo como mejor le pareció. Si todos ellos fueran un solo miembro, ¿qué sería del cuerpo? Lo cierto es que hay muchos miembros, pero el cuerpo es uno solo».

1 Corintios 12:14-20

 

 

 (Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, página 219)

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La anatomía de Cristo P3

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Ciencia y arte al mismo tiempo, la arquitectura ha sido especialmente cuidadosa cuando de construir templos se trata. El diseño, los materiales preciosos, los espacios calculados para las necesidades del culto, todo ello sumado al ambiente espiritual que en ellos se respira, hacen de tales edificios lugares dignos de admiración general.  Lo que Pablo quiere transmitir es la idea de un edificio no hecho por manos de obreros humanos con recursos materiales, sino un templo elaborado con espíritus como bloques vivos, intangibles pero reales.

 

 La tercera comparación paulina para explicar la iglesia está basada en una ciencia que tenía mucho auge en su época, especialmente entre los griegos y los egipcios helenizados: la medicina, de manera específica la anatomía, objeto de profundos estudios en la gran universidad de Alejandría, donde, al parecer, estudió el doctor Lucas. Como por fuerza de gravedad pienso en Isaac Newton, quien decía: “En ausencia de toda otra prueba, el dedo pulgar solo me convencería de la existencia de Dios”. Cuánto, más -pienso yo- la neurona, que, según Theodore H. Bullock:

 

 “…es como una persona en miniatura, teniendo personalidad, teniendo

toda una variedad de partes disímiles, teniendo acciones espontáneas y

bajo estímulo. Habla finalmente con una voz que integra todo lo que hubo

antes”.

 

 

 (Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, página 218-219)

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La anatomía de Cristo P2

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Durante el siglo XX, el campesinado fue perdiendo importancia debido al colosal empuje de la agroindustria que, en los Estados Unidos de América, se ha transformado en el coloso que Amitai Etzioni llama “el agro-poder”;  y, muy pronto, quizás, el labriego de pico y pala será un cliché recordatorio de tiempos rústicos. Hay una anécdota que tiene relación con el tema. Cuando un desconocido poeta fue premiado al presentar como suyos unos versos campesinos originales de Virgilio, el verdadero autor compuso su célebre ‘sic vos non bovis’ que sigue la misma línea rural:

    

“Así vosotros, y no para vosotros,

lleváis vuestra lana, ovejas,

sacáis vuestra miel, abejas,

y cargáis el arado, bueyes”

    

Ovejas, abejas y bueyes son animales bíblicos. La experiencia de Virgilio es algo que ocurre frecuentemente en la sementera, labranza o campo de cultivo de Dios. Hay cizaña infiltrada (Mateo 13:25) y un demonio que se llama ‘espíritu de competencia’. El propio Pablo recomienda severamente “no edificar sobre fundamento ajeno” (Romanos 15:20). Y, a propósito, la segunda comparación paulina nos dice que la iglesia es el edificio de Dios:

    

«Según la gracia que Dios me ha dado, yo, como maestro constructor, eché los cimientos, y otro construye sobre ellos. Pero cada uno tenga cuidado de cómo construye, porque nadie puede poner un fundamento diferente del que ya está puesto, que es Jesucristo».

1 Corintios 3:10,11

    

Esta imagen coincide con  la idea expresada por el apóstol Pedro sobre la construcción de una casa espiritual con piedras vivas, que son los creyentes. (1 Pedro 2:4,5).  Los dos apóstoles se valen de un tema favorito de los griegos y los romanos por igual: la construcción, y especialmente la arquitectura, fue  refinada en el Mar Egeo y había progresado aún más en Roma. Hoy el turismo se beneficia grandemente en Grecia e Italia gracias a la supervivencia de  asombrosas edificaciones que atestiguan el pasado histórico de tales naciones.

 

 

 (Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, página 216-218)

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La anatomía de Cristo

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Cristo es la cabeza de la Iglesia, y esta es su                        

cuerpo. De ahí que el Cristo y la Iglesia sean                  

necesariamente interdependientes.

Paul Tillich                                                                                                                                                                                                

 

«De hecho, aunque el cuerpo es uno solo, tiene muchos miembros, y todos los miembros, no obstante ser muchos, forman un solo cuerpo. Así sucede con Cristo».

1 Corintios 12:12

                                                                                                                                          

El apóstol Pablo hace tres comparaciones objetivas para explicar lo que es la iglesia: una agrícola, otra arquitectónica,  la tercera anatómica. Se observa que él sabía utilizar hábilmente recursos de la cultura greco-romana para abrir el entendimiento de sus lectores y oyentes. Algo que  conviene hacer en toda época, aunque hoy resulte dispendioso por lo  multifacética que es  la cultura posmoderna.

En la primera comparación, la agrícola, la iglesia es sementera, labranza, campo de cultivo de Dios.

“Yo sembré, Apolos regó, pero Dios ha dado el crecimiento. Así que no cuenta ni el que siembra ni el que riega, sino sólo Dios, quien es el que hace crecer. El que siembra y el que riega están al mismo nivel, aunque cada uno será recompensado según su propio trabajo. En efecto, nosotros somos colaboradores al servicio de Dios; y ustedes son el campo de cultivo de Dios, son el edificio de Dios”.

1 Corintios 3:6-9

 

Los romanos tenían una agricultura muy desarrollada para su tiempo, de lo cual deja constancia el poeta Virgilio en sus ‘Bucólicas’ y ‘Geórgicas’, que exaltan las labores agropecuarias propias del Imperio. La cosecha, la caza y la pesca eran —son aún hoy— actividades de escasa productividad; por eso, la invención de la agricultura y la ganadería fue toda una revolución, a través de la cual el hombre empezó a controlar a la naturaleza. Para la época del Imperio Romano el avance era considerable.

 

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, página 215-216)

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Dios no quiso ser soltero P4

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Dicho en otras palabras: el esposo representa a Cristo, la esposa a la iglesia; y, cuando ese misterio se discierne correctamente, la mujer ama y respeta a su marido como al Señor; y el marido, sin remedio, debe estar dispuesto a morir sacrificialmente por su mujer. Esto no es erotismo sino heroísmo. El apóstol avanza en su disertación y concluye:

Así mismo el esposo debe amar a su esposa como a su propio cuerpo. El que ama a su esposa se ama a sí mismo, pues nadie ha odiado jamás a su propio cuerpo; al contrario, lo alimenta y lo cuida, así como Cristo hace con la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo. “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos llegarán a ser un solo cuerpo” Esto es un misterio profundo; yo me refiero a Cristo y a la iglesia.

Efesios 5:28-32

La unión de un hombre y una mujer en el matrimonio, que se da en el mundo natural, es una representación objetiva, a nuestro limitado alcance, de lo que ocurre en el mundo sobrenatural, donde Jesucristo es el esposo y la iglesia es la mujer, Adán-Jesús y Eva-Iglesia en una nueva creación. Es por eso que algunos místicos vieron en el Cantar de los Cantares una exposición simbólica del matrimonio entre Cristo y la Iglesia.

Si algo demuestra la existencia de Dios es la complejidad del ser humano, que no puede ser obra del azar. Por eso, los avances científicos más sobresalientes del cruce de siglos y milenos que vivimos tiene que ver con el descubrimiento del genoma humano y su decodificación, que le han dado a la reproducción humana un nuevo significado.

Cuando escribía `precisamente sobre el matrimonio para este libro he recibido, como caído del cielo, un correo de Internet que me llena de sana alegría y satisfacción. Voy a copiarlo textualmente porque se comenta a sí mismo y por sí mismo:

“EL DESCUBRIDOR DEL GENOMA HUMANO SE HIZO CRISTIANO.  “31-01-2007. Washington, (Agencias/ACPress) Francis Collins confiesa en    su libro ‘El lenguaje de Dios’, que el descubrimiento del genoma humano le permitió vislumbrar el trabajo de Dios. Reivindica que hay bases racionales para un Creador y que los descubrimientos científicos llevan al hombre más cerca de Dios. Collins explica que cuando da un gran paso adelante en el avance científico es un momento de alegría intelectual; pero es también un momento en que siente cercanía con el Creador en el sentido de estar percibiendo algo que ningún humano sabía antes, pero que Dios sí conocía desde siempre. Francis Collins fue ateo hasta los 27 años, cuando siendo un joven médico, le llamó la atención la fuerza de varios de sus pacientes más delicados de salud y que, en vez de quejarse a Dios, parecían apoyarse en su fe como una fuente de fuerza y consuelo Luego leyó ‘Mere Christianity’ (Mero Cristianismo) del protestante C.S. Lewis, que lo ayudó a volver su corazón a Dios y convertirse. El científico considera que los milagros son ‘una posibilidad real’ y descartó que la ciencia sirva para refutar la existencia de Dios, debido a que está confinada al mundo‘natural’”.

 

¿Qué tiene qué ver el genoma con el matrimonio? Mucho en realidad. La unión del hombre y la mujer hace posible que el genoma se preserve al multiplicarse. Pero nunca se olvide que hay un “genoma espiritual” del cual proviene la nueva criatura, engendrada sobrenaturalmente en el matrimonio de Cristo y la Iglesia, que también se preserva y multiplica sin cesar. Vitalismo espiritual.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, página 212-214)

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