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El carpintero es la puerta P4

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Uno de los iconos más firmemente grabados en el inconciente colectivo  es, precisamente,  el que muestra a Jesús llamando a la puerta con los nudillos de una mano, mientras en la otra sostiene una lámpara  cuyo resplandor se extiende por todo el contorno venciendo las tinieblas. Se trata, por supuesto, de la conocida escena del libro de Apocalipsis:

 

«Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo». Apocalipsis 3:20

 

Resulta significativo que en todas las iglesias de Apocalipsis Jesucristo se halle situado dentro del templo, menos en la de Laodicea, a la cual se dirige el mensaje citado. Allí el Señor está afuera, a la intemperie, golpeando a la puerta sin cesar, a ver si hay alguien, un solo  feligrés obvio,  a quien se le ocurra la idea elemental de abrirle la puerta al Dueño de casa. Laodicea es, en términos generales, la iglesia cristiana de la posmodernidad.

 

Hay dos obras de arte que me conmueven al respecto, entre las muchísimas que han recibido inspiración en la  imagen de Apocalipsis. Una es literaria y se trata de un clásico soneto castellano, obra del llamado “fénix de los ingenios”, Lope de Vega:

 

“¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?

¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,

que a mi puerta, cubierta de rocío,

pasas las horas del invierno a oscuras?

 

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras

pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío

si de mi ingratitud el hielo frío

secó las huellas de tus plantas puras!.

 

Cuántas veces el ángel me decía:

—Alma, asómate ahora a la ventana,

verás con cuánto amor llamar porfía;

 

Y cuántas, hermosura soberana,

‘mañana le abriremos’, respondía,

para lo mismo responder mañana”.

 

 

La otra obra de arte a la que me refiero es el  famoso lienzo del pintor William Holman Hunt, ‘Luz del mundo’, que representa a Jesús llamando a la puerta. Se dice que, cuando el cuadro fue develado al público,  había en el lugar un aguafiestas, porque nunca falta alguien así; y, en medio de los elogios, el hombre comentó que el cuadro era defectuoso, porque el maestro había olvidado un detalle elemental: la puerta no tenía picaporte; a lo cual Hunt, de inmediato, aclaró:  —-No se trata de un olvido de mi parte, solo que esa es la puerta del corazón humano y  solo puede  abrirse desde adentro. ¡Esa es la clave!

 

En el episodio comentado, las cosas se complican aún más cuando el Carpintero que dice ser  la Puerta, ahora es quien llama a la puerta. ¿Una puerta que toca a otra puerta? Esa idea  no se le habría ocurrido ni siquiera a Guiillaume Apollinaire, “abuelo” del movimiento surrealista.

 

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, página 202-204)

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El carpintero es la puerta P3

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En los tiempos del liberalismo teológico se puso de moda la llamada “desmitologización”. Hoy, por el contrario, se vive una era neopagana caracterizada por una creciente “remitologización”. Acuciosos obreros se ocupan ahora mismo, día y noche, en la construcción de un nuevo monte Olimpo, morada de falsos dioses, al pie de una Atenas llamada  Aldea Global, que  no tiene puertas de protección.

 

Entre tanto, el Carpintero que nos tiene acostumbrados a increíbles declaraciones sobre sí mismo, ahora suelta otra, que ya es el colmo:”Yo soy la puerta”. Algunos de quienes lo escuchan probablemente habrán adquirido puertas fabricadas por él y, por eso, lo entenderían si dijera: ‘Yo fabrico la puerta’. Pero nadie ha visto nunca que un carpintero sea una puerta.

 

«Jesús les puso este ejemplo, pero ellos no captaron el sentido de sus palabras.  Por eso volvió a decirles: “Ciertamente les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas”».

Juan 10:6,7

 

Oye, Carpintero, conocemos bien la Puerta de las Ovejas, está un poco  más allá, a tus espaldas. Todos hemos utilizado esa puerta alguna vez para traer a la ciudad el ganado lanar para el matadero. Esa puerta fue restaurada en tiempos de Nehemías y aún  sigue en pie, con sus enormes goznes de hierro. ¿Cómo puedes decirnos que tú eres esa puerta? Por favor, buen Jesús, o eres la puerta o eres el pastor que cruza por la puerta acompañado de sus ovejas.

 

Definitivamente las ovejas son animales torpes, tienen la vista corta y el oído pesado. Allí está su Pastor Eterno -el raah del Salmo 23- hablándoles personalmente, pero  no lo reconocen. Por el contrario, se desconciertan aún más cuando resulta que el Carpintero ya no solo pretende ser la puerta, sino la puerta de las ovejas; y, para completar la chifladura, finalmente quiere convencer a todo el mundo de que es también el pastor.

 

«Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas».

Juan 10:11

 

¿Un Carpintero que es una puerta, una puerta que es un pastor? Vaya, muchos de ellos son artesanos y saben algo sobre puertas, otros son pastores y entienden bastante de ovejas; y ahora viene  este tipo a tratar de convencerlos de que un carpintero es una puerta y una puerta es un pastor.  Sin embargo, hay también  entre ellos algunos testigos de que Jesús abre los ojos de los ciegos; por lo tanto, bien podría hacer otros milagros este Carpintero-Puerta-Pastor que tiene a todo el mundo desconcertado; por ejemplo, lograr que el carpintero sea puerta y la puerta pastor.

 

«De nuevo las palabras de Jesús fueron motivo de disensión entre los judíos.  Muchos de ellos decían: “Está endemoniado y loco de remate. ¿Para qué hacerle caso?” Pero otros opinaban: “Estas palabras no son de un endemoniado. ¿Puede acaso un demonio abrirles los ojos a los ciegos?”».

 

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, página 200-201)

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El carpintero es la puerta P2

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El ser humano constituye un edificio cuya parte visible es psico-física: el alma y el cuerpo, pero cuyo habitante es invisible: el espíritu. El edificio humano tiene, por lo tanto:

 

PUERTAS MATERIALES: los órganos de los sentidos. La piel, los ojos, los oídos, la nariz y la lengua son puertas sensoriales.

 

PUERTAS PSICOLÓGICAS: mente,  emociones y  voluntad. Pensar, sentir y obrar es abrir puertas intelectivas, sensitivas y volitivas.

 

PUERTAS ESPIRITUALES: los carismas, que se abren al mundo sobrenatural son puertas misteriosas de la revelación divina que el hombre puede abrir con autorización de Jesucristo.

 

Los israelitas señalaron con la sangre del cordero pascual las puertas de sus casas y, gracias a ello, el ángel exterminador pasó de largo sin causarles daño. Aquella fue una acción profética sobre lo que ocurre hoy con las casas de los redimidos, cuyas puertas están marcadas con la bendita sangre del Cordero de Dios como sello de completa seguridad.

 

«Tomarán luego un poco de sangre y la untarán en los dos postes y en el dintel de la puerta de la casa donde coman el cordero».

Éxodo 12:7

 

«La sangre servirá para señalar las casas donde ustedes se encuentren, pues al verla pasaré de largo. Así, cuando hiera yo de muerte a los egipcios, no los tocará a ustedes ninguna plaga destructora».

Éxodo 12:13

 

Las puertas han tenido a través de las edades un significado religioso evidente. Con motivo de la tan comentada, lamentada e incomprendida guerra de Irak, pasó casi inadvertido un detalle. Los invasores re-descubrieron un tesoro arqueológico de la vieja Mesopotamia: la puerta de Ishtar, que fue erigida hace muchos milenios para honrar a la diosa de la fertilidad.

 

Durante su acto de posesión, el presidente boliviano  Evo Morales  se vistió de sacerdote aborigen; y su perfil, como transpuesto de otro siglo, fue plasmado en imágenes digitales posmodernas, recortado en el horizonte andino y teniendo como marco solemne la ‘Puerta del sol’, misterioso acceso de los incas al mundo de los espíritus.

 

 

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, página 199-200)

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El carpintero es la puerta

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Haz tu corona de amor como Cristo

con el oro de la humildad

y los diamantes del sacrificio.

Gonzalo Arango

 

«Yo soy la puerta; el que entre por esta puerta, que soy yo, será salvo. Se moverá con entera libertad, y hallará pastos». Juan 10:9.

 

Las puertas bíblicas han ejercido sobre mí una fascinación tan grande que, incluso, escribí todo un libro sobre el tema. En él analizo, con curiosidad intelectual y  sin grandes pretensiones, las principales puertas que las Sagradas Escrituras abren y cierran delante de nosotros, todas de profundo significado:

 

Las puertas de la ciudad

Las puertas del templo

Las puertas humanas.

Las puertas domésticas.

 

En las ciudades antiguas, las puertas cumplían funciones diversas: permitían acceso y salida de personas, animales y mercaderías;  brindaban seguridad ciudadana y, también, servían como cortes de justicia, bajo cuyo amparo se reunían los ancianos de la comunidad para dirimir controversias, realizar intercambios comerciales, acordar matrimonios, etc.

 

El arquitecto fenicio Hiram, contratista del rey Salomón para la construcción del templo, fue especialmente cuidadoso en  el diseño de las puertas del sagrado edificio, cada una con  destinación específica y estratégica  ubicación geográfica, que se ha prestado, en no pocos casos, para  elaboradas supersticiones masónicas. ‘Masón’ traduce literalmente ‘albañil’ y los misteriosos practicantes de esta forma de  ocultismo, agrupados en logias,  se auto-califican como “constructores de templos”.

 

Durante el exilio, el profeta Ezequiel tiene una visión sobre el nuevo y definitivo templo, en el cual las puertas están dotadas de un maravilloso simbolismo espiritual; pues, obviamente se trata de un edificio no hecho por albañiles con elementos materiales, sino construido por espíritus con bases y estructuras sobrenaturales.

 

Obsérvese que en la reconstrucción de las murallas de Jerusalén, el gran líder Nehemías le presta especial atención, recursos humanos y económicos  a la reconfección de las puertas, que habían sido “consumidas por el fuego” (Nehemías 2:17). De hecho, les dio a familias especiales el honor de restaurarlas.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, página 197-199)

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La triple clave de Tomás P4

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Después de tantos años, impacta saber que Gonzalo Arango, quien fuera una de las voces más estruendosas de la rebelión juvenil en la era ‘hippie’,  había encontrado el Camino, la Verdad y la Vida antes de entregar su espíritu. Será grato encontrarlo en el cielo, al lado de Jesús, quizás contándole historias interminables, ahora sobre el ‘Todoísmo’.

 

La nada lo es porque no existe. Jesucristo es Todo porque es el Ser en Sí Mismo. Toda persona sin Cristo es un nadaísta. En Cristo,  el ser humano  se totaliza, es decir, se convierte en todoísta. Cristo es todo en todos. Uno de los últimos poemas de Gonzalo Arango expresa:

 

El nadaísmo preparó el advenimiento de Cristo en nuestros corazones; fue infierno con calvario al fondo, empobreciendo el palacio de las vanidades y los egoísmos,  hasta convertirlo en pesebrera de nacimiento crístico”.

 

Cuando el Carpintero declara solemnemente: “Yo soy la verdad”, hay alguien, agazapado en la sombra, que se retuerce de cólera: es el padre de la mentira, el mismo que se disfraza como ángel de luz para cazar a los incautos. Él es experto en trazar nuevos caminos para cada generación; y, últimamente,  ha logrado confundir y refundir las señales de tránsito, estropear los semáforos y atravesar obstáculos en la vía para producir embotellamientos, desvíos, contravías, accidentes mortales.

 

Cuando Jesús proclama: “Yo soy la vida” solo ratifica lo dicho varias veces en las páginas de este libro: el Verbo, la Luz y la Vida son lo mismo. El Verbo produce luz porque es la Luz, la Luz produce  vida porque es la Vida. Verbo, Luz y Vida son una trinidad en la sola persona del Dios-Hombre. ¡Esa es la clave!

 

Portento similar ocurre cuando se enlazan Camino-Verdad-Vida. Son tres conceptos esencialistas e integrales que constituyen uno solo: cuando se camina guiado por la hoja de ruta de la verdad, caminar es vivir verdaderamente. El camino es la verdad de la vida y la vida de la verdad. La verdad es el camino de la vida, la mentira el camino de la muerte. La vida solo tiene un camino: la verdad. «Y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres». (Juan 8:32)

 

He aquí una clave maestra: la libertad nace de la verdad. Toda mentira es una forma de esclavitud. Conocer la verdad es conocer a Cristo. Él es la Verdad.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, página 194-195)

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La triple clave de Tomás P3

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A causa de su sordera espiritual, los judíos fueron deportados a Babilonia y esclavizados por largos decenios. Detenidos en la actual encrucijada, los miembros del Adán-Tomás deberían indagar cuál es el buen Camino, y enderezar sus pasos hacia él, para  encontrar el reposo anhelado en medio de la congoja existencial que los agobia.. Desgraciadamente, se observan muchos ‘taos’, variadas sendas, diversos caminos, ofertas espirituales a granel. El sabio de los sabios, Salomón, acuñó este proverbio ‘actualista’: «Hay caminos que al hombre le parecen rectos, pero que acaban por ser caminos de muerte». (Proverbios 16:25)

 

Un descendiente suyo, que misteriosamente era Dios mismo y se llamaba Jesús de Nazaret, habló largamente con sus íntimos amigos antes de su encarcelamiento, juicio y pena capital. Allí estaba presente, con veinte siglos de anticipación, como transportado en un misterioso túnel del tiempo, el Tomás posmoderno, preguntando: —Bueno, Jesús, pero ¿de qué manera podemos saber cuál es el camino? (Necio: tenías —tienes— el  Camino ante tus propios ojos en forma humana. Un camino que es un hombre, el Hombre que es el Camino. Estás a un paso del Camino. Todo caminar comienza con un paso… Vamos, Tomás, anímate: empieza a caminar ahora mismo; da ese paso, por favor.)

 

Ya metido en el Camino, no hace falta preguntar, como Pilatos: ¿Qué cosa es la verdad? El Camino es la Verdad. No una de esas pequeñas verdades que has creído y que son grandes mentiras, absolutamente relativas y relativamente absolutas. La verdad, apreciado y confundido Tomás, no es un concepto, ni una entelequia, ni una tesis, ni una hipótesis. La Verdad es una persona que se llama Jesús de Nazaret. Por eso Él declara abiertamente: “Yo soy la verdad”.

 

En Colombia, mi país, vivió un Tomás especial: el poeta Gonzalo Arango, quien comandó la insurgencia intelectual conocida bajo el nombre de Nadaísmo. Pluma brillante, cultura densa, corazón sensible, el hombre era un iconoclasta intelectual, al estilo de Sartre. No dejó títere con cabeza en la política, los negocios y la religión, como es usual en los buscadores de la verdad. Finalmente, el milagro se dio. Su compañera de los últimos años. Angie-Marie Hickie, a quien él llamaba cariñosamente Angelita, ha hecho la revelación completa: “Durante nuestros siete años juntos, Gonzalo experimentó un enorme cambio en su vida y este cambio incluyó el alejamiento de la vida pública y el giro total hacia Jesucristo, hacia la soledad y la búsqueda interior… En pocas palabras,  Gonzalo renació, haciendo sacrificios del ego, matando al hombre viejo que impide el renacimiento”.  “Dijo que si seguía leyendo se enloquecería, que no le cabía un libro más en su cabeza. Fue por eso que él mismo decidió vender su biblioteca y solo dejar unos diez libros de cabecera, entre ellos la Biblia”.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, página 190-193)

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La triple clave de Tomás P2

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Tomando como brújula la ley de la relatividad universal del doctor Einstein, el Tomás de hoy está varado en el epicentro de una encrucijada, rodeado de vendedores ambulantes de abalorios religiosos. Ante sus ojos cubiertos de cataratas, se han desdibujado los perfiles nítidos: el bien y el mal, la virtud y el pecado, la veracidad  y el engaño, el varón y la mujer, el cielo y el infierno, Dios y Satanás. Cada Tomás individual, a partir de sí mismo, busca su propio camino de ida y regreso, en  un  taoísmo  generalizado. Antonio Machado sigue canturreando su tonadilla:

 

“Caminante, son tus huellas

el camino y nada más;

caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.

 

Al andar se hace camino

Y, al volver la vista atrás,

se vuelve a mirar la senda

que nunca se ha de pisar.

 

Caminante, no hay camino

sino estelas en la mar”.

 

(Por Dios, Tomás-Antonio: sí hay camino; y, por cierto, tu compatriota Teresa de Jesús lo llamó ‘Camino de Perfección’)

 

Siete mil millones de soledades ‘tomasinas’ deambulan sobre el planeta, a tientas y a ciegas, buscando cada una su camino particular. Nada es nada ni algo es algo.  Todo es algo y algo es todo. ¿Todo es todo? Hace algunos milenios, Judá, pueblo de dura cerviz, vivió una coyuntura similar a la del mundo actual, y Dios le envió al  profeta  Jeremías a amonestarlo de su parte: «Así dice el Señor: “Deténganse en los caminos y miren; pregunten por los senderos antiguos. Pregunten por el buen camino, y no se aparten de él.  Así hallarán el descanso anhelado.  Pero ellos dijeron: No lo seguiremos. (Jeremías 6:16).

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, página 190-192)

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La triple clave de Tomás P1

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Es mejor una pequeña fe, ganada costosamente, lanzada sola en el infinito aturdimiento de la verdad.

Henry Drummond

 

«Ustedes ya conocen el camino para ir a donde yo voy. Dijo entonces Tomás: —Señor, no sabemos a dónde vas, así que ¿cómo podemos conocer el camino? —Yo soy el camino, la verdad y la vida  le contestó Jesús—. Nadie llega al Padre sino por mí. Si ustedes realmente me conocieran, conocerían también a mi Padre. Y ya desde este momento lo conocen y lo han visto».

(Juan 14:4,7)

 

La humanidad del siglo XXI es un ‘Tomás corporativo’. Como el apóstol escéptico, ha recibido mucha información sobre el camino, la verdad y la vida y todavía no tiene claro ninguno de los tres conceptos. Para  él, de hecho,  el camino es una quimera, la verdad una esfinge, la vida una utopía. Es posible que todo sea posible; y, por eso,  el Tomás posmoderno  solo hace preguntas y no le importan las respuestas.

 

¿EL CAMINO? —Si “todos los caminos conducen a Roma”, como se decía en tiempos del imperio, no importa  qué autopista, camino o atajo espiritual tomes, de todos modos llegarás a Dios, si es que Dios existe.

 

¿LA VERDAD?  —Al fin y al cabo, la relatividad es una ley; por lo tanto, no hay una verdad absoluta, sino fragmentos de verdad en todas las verdades. Tomás no entiende que un fragmento de la verdad es una mentira completa.

 

¿LA VIDA? Es un dato científico que “todos los ríos llegan al mar”; entonces, cada vida tiene su propio curso independiente. Existen las vidas, no eso que, en abstracto, algunos llaman LA vida. El gran poeta español Jorge Manrique lo expresó bellamente:

 

“Nuestras vidas son los ríos

que van a dar a la mar,

que es el morir;

allí van los señoríos

derechos a su acabar

e consumir”

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, página 189-190)

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Opio del pueblo o vid verdadera P6

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Al margen de su tremendo simbolismo,  la vid es una planta formada por ramas nudosas,  flexibles, largas,  cortas,  gruesas,  delgadas,  que no se enredan entre ellas inamistosamente  por sus características, sino se limitan a dar fruto en la medida en que cada una lo puede hacer. Tienen ‘unidad en la variedad’, como deberían hacerlo las denominaciones cristianas, que son ramas de una vid a la que llamamos iglesia. Yo plagiaría a Carlos Marx para gritar: “Cristianos de todas las denominaciones, uníos”.

 

Originaria de Asia, según acuciosos investigadores se han encargado de demostrarlo, la vid existía desde antes del diluvio, probablemente en el mismo Edén; y,  sin duda,  supervivió después de la aparición del arco iris; dígalo, si no, el viejo Noé, quien improvisó la primera destilería y fue víctima de su propio invento

 

El vino, producto de la vid, es un símbolo del Espíritu Santo. En la Biblia se usa como complemento alimenticio y su consumo moderado resulta conveniente en algunos casos, pero su abuso produce consecuencias fatales. Jesús mismo lo comparó con su propia sangre, lo cual es obvio: si Él es la vid, su sangre es el vino. Esa sangre es, precisamente, la savia que circula por todas las ramas adheridas a la Vid Eterna.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, página 186-187)

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Opio del pueblo o vid verdadera P5

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En el contexto de la guerra espiritual, Federico Nietzsche y Carlos Marx, para citar dos casos protuberantes, se alistaron, tal vez sin quererlo,  como lugartenientes de Mefistófeles y, bajo el fondo musical de Wagner,  fueron puntas de lanza  para la gran saga  del totalitarismo nazi que bajó el telón de su trágico final en el Holocausto. Dicho todo esto sin olvidar que los reformadores pioneros arrastraban un lastre de antisemitismo, heredado de la propia tradición religiosa de la que provenían.

 

¿Por qué Alemania tuvo oídos sordos y no escuchó al Marx cristiano que pedía a gritos “una unión vital con Cristo” como solución a los problemas de la sociedad? ¿Por qué los oídos del ‘super-hombre’ se abrieron, en cambio, para escuchar al Nietszche apóstata; y, luego, topa Europa fue hipnotizada por el Marx poseso? Yo prefiero  la primera versión marxista.

 

“Si la rama pudiera sentir, cuán alegremente miraría al labrador que la atiende, que cuidadosamente la libra de sus malezas y la ata firmemente: a la vid, de la cual saca su alimento y savia para formar más retoños hermosos… Pero, si pudiera sentir, la rama no solamente miraría hacia arriba al labrador, sino que se acomodaría cariñosamente hacia la vid, se sentiría estrechamente relacionada con ella y con las ramas que han brotado de ella. Entonces, amaría a las otras ramas tan solo porque el Labrador les sirve y la Vid les da fortaleza. Así, la unión con Cristo consiste en la más íntima comunión con Él, en tenerlo ante nuestros ojos y en nuestros corazones, y en estar impregnados del más alto amor por Él, al tiempo que tornamos nuestro corazón hacia nuestros hermanos, a los que Él ha atado tan cercanos a nosotros, y por quienes también se sacrificó.

 

Supongo que el lector está, igual que yo, perplejo. Lo que se conoce como ‘marxismo’ es hoy una pieza exótica del museo sociológico de la humanidad, una simple curiosidad para investigadores especializados. Los variados socialismos  de hoy no son  ramas de esa vid que se ha secado y pronto será arrojada al fuego. En cambio, la vid del primer Marx sigue viva -porque es eterna- y sus vástagos se multiplican cada día. Como el anti-profeta barbudo lo expresara bellamente: “Pero este amor por Cristo no es árido, no solamente nos llena con la más pura reverencia y el más sincero respeto por Él, sino causa también que nosotros mantengamos sus mandamientos,  nos sacrifiquemos por los demás y seamos virtuosos solamente por amor a Él. Una vez el hombre haya obtenido esa unión con Cristo, aguardará los golpes del destino con calmada compostura, oponiendo valientemente las tormentas de la  pasión  y podrá resistir intrépidamente la furia de los inicuos, por cuanto ¿quién podrá oprimirlo, quién lo podrá robar de su Redentor?”

 

¡Viva la clave marxista!

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 184-186)

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