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El Código Jesús Tag

VI-MAY-04

La triple clave de Tomás P2

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Tomando como brújula la ley de la relatividad universal del doctor Einstein, el Tomás de hoy está varado en el epicentro de una encrucijada, rodeado de vendedores ambulantes de abalorios religiosos. Ante sus ojos cubiertos de cataratas, se han desdibujado los perfiles nítidos: el bien y el mal, la virtud y el pecado, la veracidad  y el engaño, el varón y la mujer, el cielo y el infierno, Dios y Satanás. Cada Tomás individual, a partir de sí mismo, busca su propio camino de ida y regreso, en  un  taoísmo  generalizado. Antonio Machado sigue canturreando su tonadilla:

 

“Caminante, son tus huellas

el camino y nada más;

caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.

 

Al andar se hace camino

Y, al volver la vista atrás,

se vuelve a mirar la senda

que nunca se ha de pisar.

 

Caminante, no hay camino

sino estelas en la mar”.

 

(Por Dios, Tomás-Antonio: sí hay camino; y, por cierto, tu compatriota Teresa de Jesús lo llamó ‘Camino de Perfección’)

 

Siete mil millones de soledades ‘tomasinas’ deambulan sobre el planeta, a tientas y a ciegas, buscando cada una su camino particular. Nada es nada ni algo es algo.  Todo es algo y algo es todo. ¿Todo es todo? Hace algunos milenios, Judá, pueblo de dura cerviz, vivió una coyuntura similar a la del mundo actual, y Dios le envió al  profeta  Jeremías a amonestarlo de su parte: «Así dice el Señor: “Deténganse en los caminos y miren; pregunten por los senderos antiguos. Pregunten por el buen camino, y no se aparten de él.  Así hallarán el descanso anhelado.  Pero ellos dijeron: No lo seguiremos. (Jeremías 6:16).

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, página 190-192)

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VI-MAY-02

La triple clave de Tomás P1

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Es mejor una pequeña fe, ganada costosamente, lanzada sola en el infinito aturdimiento de la verdad.

Henry Drummond

 

«Ustedes ya conocen el camino para ir a donde yo voy. Dijo entonces Tomás: —Señor, no sabemos a dónde vas, así que ¿cómo podemos conocer el camino? —Yo soy el camino, la verdad y la vida  le contestó Jesús—. Nadie llega al Padre sino por mí. Si ustedes realmente me conocieran, conocerían también a mi Padre. Y ya desde este momento lo conocen y lo han visto».

(Juan 14:4,7)

 

La humanidad del siglo XXI es un ‘Tomás corporativo’. Como el apóstol escéptico, ha recibido mucha información sobre el camino, la verdad y la vida y todavía no tiene claro ninguno de los tres conceptos. Para  él, de hecho,  el camino es una quimera, la verdad una esfinge, la vida una utopía. Es posible que todo sea posible; y, por eso,  el Tomás posmoderno  solo hace preguntas y no le importan las respuestas.

 

¿EL CAMINO? —Si “todos los caminos conducen a Roma”, como se decía en tiempos del imperio, no importa  qué autopista, camino o atajo espiritual tomes, de todos modos llegarás a Dios, si es que Dios existe.

 

¿LA VERDAD?  —Al fin y al cabo, la relatividad es una ley; por lo tanto, no hay una verdad absoluta, sino fragmentos de verdad en todas las verdades. Tomás no entiende que un fragmento de la verdad es una mentira completa.

 

¿LA VIDA? Es un dato científico que “todos los ríos llegan al mar”; entonces, cada vida tiene su propio curso independiente. Existen las vidas, no eso que, en abstracto, algunos llaman LA vida. El gran poeta español Jorge Manrique lo expresó bellamente:

 

“Nuestras vidas son los ríos

que van a dar a la mar,

que es el morir;

allí van los señoríos

derechos a su acabar

e consumir”

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, página 189-190)

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VI-MAY-01

Opio del pueblo o vid verdadera P6

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Al margen de su tremendo simbolismo,  la vid es una planta formada por ramas nudosas,  flexibles, largas,  cortas,  gruesas,  delgadas,  que no se enredan entre ellas inamistosamente  por sus características, sino se limitan a dar fruto en la medida en que cada una lo puede hacer. Tienen ‘unidad en la variedad’, como deberían hacerlo las denominaciones cristianas, que son ramas de una vid a la que llamamos iglesia. Yo plagiaría a Carlos Marx para gritar: “Cristianos de todas las denominaciones, uníos”.

 

Originaria de Asia, según acuciosos investigadores se han encargado de demostrarlo, la vid existía desde antes del diluvio, probablemente en el mismo Edén; y,  sin duda,  supervivió después de la aparición del arco iris; dígalo, si no, el viejo Noé, quien improvisó la primera destilería y fue víctima de su propio invento

 

El vino, producto de la vid, es un símbolo del Espíritu Santo. En la Biblia se usa como complemento alimenticio y su consumo moderado resulta conveniente en algunos casos, pero su abuso produce consecuencias fatales. Jesús mismo lo comparó con su propia sangre, lo cual es obvio: si Él es la vid, su sangre es el vino. Esa sangre es, precisamente, la savia que circula por todas las ramas adheridas a la Vid Eterna.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, página 186-187)

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VI-DIC-02

Opio del pueblo o vid verdadera P5

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En el contexto de la guerra espiritual, Federico Nietzsche y Carlos Marx, para citar dos casos protuberantes, se alistaron, tal vez sin quererlo,  como lugartenientes de Mefistófeles y, bajo el fondo musical de Wagner,  fueron puntas de lanza  para la gran saga  del totalitarismo nazi que bajó el telón de su trágico final en el Holocausto. Dicho todo esto sin olvidar que los reformadores pioneros arrastraban un lastre de antisemitismo, heredado de la propia tradición religiosa de la que provenían.

 

¿Por qué Alemania tuvo oídos sordos y no escuchó al Marx cristiano que pedía a gritos “una unión vital con Cristo” como solución a los problemas de la sociedad? ¿Por qué los oídos del ‘super-hombre’ se abrieron, en cambio, para escuchar al Nietszche apóstata; y, luego, topa Europa fue hipnotizada por el Marx poseso? Yo prefiero  la primera versión marxista.

 

“Si la rama pudiera sentir, cuán alegremente miraría al labrador que la atiende, que cuidadosamente la libra de sus malezas y la ata firmemente: a la vid, de la cual saca su alimento y savia para formar más retoños hermosos… Pero, si pudiera sentir, la rama no solamente miraría hacia arriba al labrador, sino que se acomodaría cariñosamente hacia la vid, se sentiría estrechamente relacionada con ella y con las ramas que han brotado de ella. Entonces, amaría a las otras ramas tan solo porque el Labrador les sirve y la Vid les da fortaleza. Así, la unión con Cristo consiste en la más íntima comunión con Él, en tenerlo ante nuestros ojos y en nuestros corazones, y en estar impregnados del más alto amor por Él, al tiempo que tornamos nuestro corazón hacia nuestros hermanos, a los que Él ha atado tan cercanos a nosotros, y por quienes también se sacrificó.

 

Supongo que el lector está, igual que yo, perplejo. Lo que se conoce como ‘marxismo’ es hoy una pieza exótica del museo sociológico de la humanidad, una simple curiosidad para investigadores especializados. Los variados socialismos  de hoy no son  ramas de esa vid que se ha secado y pronto será arrojada al fuego. En cambio, la vid del primer Marx sigue viva -porque es eterna- y sus vástagos se multiplican cada día. Como el anti-profeta barbudo lo expresara bellamente: “Pero este amor por Cristo no es árido, no solamente nos llena con la más pura reverencia y el más sincero respeto por Él, sino causa también que nosotros mantengamos sus mandamientos,  nos sacrifiquemos por los demás y seamos virtuosos solamente por amor a Él. Una vez el hombre haya obtenido esa unión con Cristo, aguardará los golpes del destino con calmada compostura, oponiendo valientemente las tormentas de la  pasión  y podrá resistir intrépidamente la furia de los inicuos, por cuanto ¿quién podrá oprimirlo, quién lo podrá robar de su Redentor?”

 

¡Viva la clave marxista!

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 184-186)

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VI-DIC-01

Opio del pueblo o vid verdadera P4

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

 

¿Era Marx un adicto al “opio del pueblo”? Sin duda, no. Lo que plantea no es activismo religioso, sino vitalismo espiritual. Miembro de una familia de judíos conversos, sus raíces espirituales le permitían armonizar los conceptos de fe y vida. Sin embargo, como Fausto, terminó vendiéndole el alma a Mefistófeles; y, bajo su influencia,  concibió al estado como una vid y a los proletarios como las ramas, pero prescindiendo de la savia espiritual.

 

Se creó así una “religión de los trabajadores”, supuestamente llamada a reemplazar al cristianismo, y que  adoró al estado como su dios; pero, en la milenaria Rusia, tierra santa de este nuevo mesianismo, la utopía de un “paraíso comunista” solo fue un corto infierno de setenta años. Muy pronto, los devotos ortodoxos volvieron a santiguarse de derecha a izquierda ante sus tradicionales iconos.

 

Yo sería capaz de transcribir completo este auténtico sermón de Marx que no aceptarían los marxistas de hoy, pero es muy denso y prolongado. No quisiera, sin embargo, pasar por alto algunos conceptos en él emitidos, que parecen más de un pastor luterano, interesado en propiciar algún tipo de ’comunismo espiritual’, que del autor de ‘El Capital’. Por ejemplo: “Así, penetrados con la convicción de que esta unión es absolutamente esencial, estamos deseosos de encontrar este regalo excelso, este rayo de luz que desciende de mundos más altos para animar nuestros corazones… Una vez que hayamos capturado la necesidad de esta unión, la base de ella  es nuestra necesidad de redención, nuestra naturaleza inclinada hacia el pecado, nuestra razón vacilante, nuestro corazón corrupto, nuestra iniquidad en la presencia de Dios, son claramente visibles para nosotros y no tenemos necesidad de investigar adicionalmente”.

 

Los católicos romanos comentarían este discurso de Carlos Marx, meneando la cabeza, con su gracioso refrán: “el diablo haciendo hostias”.  A mí, personalmente, su lectura me ha llevado de la admiración a la incredulidad, de la afirmación a la duda, de la risa al llanto, del aplauso a la bronca. Y me he preguntado, profundamente inquieto: ¿en qué momento una potestad de las tinieblas vino sobre Alemania, donde Lutero había hecho posible el milagro divino de  la Reforma, para tomar posesión de almas selectas y convertirlas en títeres de su perversa acción? Fue, en verdad, un contra-ataque brutal.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 182-184)

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VI-NOV-05

Opio del pueblo o vid verdadera P3

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Cuando buscaba datos para este libro, vino a mi memoria vagamente el recuerdo de algo que leí hace muchos años. Se trata de un ensayo de Carlos Marx, precisamente titulado: ’La unión de creyentes con Cristo’, de acuerdo a Juan 15:1,14, el texto que nos ocupa ahora mismo. Quiero compartir con mis lectores los aspectos fundamentales de esta ‘perla en la ostra’, que cobra enorme importancia por llevar la firma del mismo personaje que, finalmente, apostató de su creencia original para abrazar el más crudo ateísmo. Leamos:

 

“Cuando consideramos la historia de los individuos y consideramos la  naturaleza del hombre, es cierto que siempre vemos una chispa de divinidad en su pecho, una pasión por lo que es bueno, luchando por conocimiento, anhelo y verdad. Pero las chispas de lo eterno son extinguidas por las llamas del deseo, el entusiasmo por la virtud es ahogado por la voz tentadora del pecado… La lucha por el conocimiento es suplantada por una base que lucha por los bienes materiales, el anhelo por  la verdad es extinguido por el dulce elogio del poder de las mentiras; y, entonces, ahí está de pie el hombre, el único ser en la naturaleza que no cumple  a cabalidad su propósito, el único miembro de la totalidad de la creación que no es digno del Dios que lo creó. Pero ese Creador benigno no puede aborrecer su obra; Él quería levantar al hombre hacia Él y envió a su Hijo, a través de quien proclamó para nosotros:

 

«Ustedes ya están limpios por la palabra que les he comunicado.  Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes. Así como ninguna rama puede dar fruto por sí misma, sino que tiene que permanecer en la vid, así tampoco ustedes pueden dar fruto si no permanecen en mí».  (Juan 15:3,4)

 

“En ninguna parte expresa Él más claramente la necesidad de unión con Él mismo que en la hermosa parábola de la vid y las ramas. Las ramas no pueden llevar fruto por sí mismas; por eso Cristo dice: -Sin mí nada pueden hacer”

 

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 181-182)

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VI-NOV-04

Opio del pueblo o vid verdadera P2

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Muchas de las afirmaciones del Dios-Hombre  sobre sí mismo que ya han sido analizadas en este libro, tienen un sentido puramente simbólico, como lo hemos visto en capítulos anteriores. Por ejemplo:

 

EL CORDERO: significa que Jesús asume el lugar que tomaba el  animal utilizado como expiación por los pecados en la religión judía. Los sacrificios provisionales de la antigüedad eran solo un anticipo del suyo, que fue definitivo.

 

EL PAN: informa que Jesús es quien nos alimenta espiritual, psíquica y físicamente, pero no significa  que él sea  un enorme bloque de harina cocida en forma humana como para el ‘Libro de Récords Guinnes’.

 

LA LUZ: se trata de la luz espiritual, no de la física, aun cuando esta última es producida indudablemente por aquella. No implica que Jesús de Nazaret se haya vuelto una enorme linterna que camina,  habla y acciona.

 

Algo similar ocurre con esta nueva auto-definición del Dios-Hombre: “Yo soy la vid”, la cual no significa, informa ni implica que Jesús de Nazaret se ha transformado en un vegetal. De ser así, la frase complementaria “ustedes son las ramas”, rebajaría a los creyentes de categoría dentro de los reinos de la naturaleza.

 

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 180-181)

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VI-NOV-03

Opio del pueblo o vid verdadera

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“El hombre justo es el que vive para la próxima generación”.

Dietrich Bonhoeffer

 

«Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador». (Juan 15:1)

 

Estoy  absolutamente convencido de que la Biblia es inerrable, pero no creo que su texto sea totalmente literal. Me identifico con C.S. Lewis cuando advierte que, por el hecho de que Jesús dice que seamos como palomas, él no está dispuesto a pasársela todos los días poniendo huevos. Yo suelo utilizar cuatro claves distintas, que pueden ser  complementarias, para escudriñar cada texto bíblico.

1) CLAVE LITERAL: El texto es tal como está escrito. No acepta ninguna clase de interpretaciones adicionales a lo que dice por sí mismo. Es de simple sentido común.

2) CLAVE HISTÓRICA: en qué época, para qué gentes, bajo qué cultura se emitió el texto que estoy considerando. Puede no ser aplicable hoy, aunque ofrezca lecciones valiosas.

3) CLAVE SIMBÓLICA: el texto  tiene un sentido figurado, alegórico, metafórico, etc. Por lo tanto, no puede tomarse al pie de la letra, sino averiguar qué significado tiene y qué enseñanza deja.

4) CLAVE VIRTUAL: el texto  me permite desentrañar, guiado por el Espíritu Santo, lo que me dice en forma personal, o bien a mi grupo en  particular. Se establece a través de  tres preguntas:

¿Qué dice?

¿Qué significa?

¿Qué aplicación tiene para mí?

 

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 179-180)

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VI-JUN-03

Toda la luz en una lámpara P5

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El viernes, en el Calvario, la mano de Dios activó el off’. Satanás, el príncipe de las tinieblas, tuvo su cuarto de hora porque el Padre desconectó el interruptor de su Hijo, instalado en la cruz, cuando cargaba sobre sus hombros todos los pecados de todos los hombres de todas las épocas. Anselmo de Canterbury vio la expiación como el acto supremo por medio del cual Dios supera para siempre el conflicto entre su amor y su ira. «Desde el mediodía y hasta la media tarde toda la tierra quedó en oscuridad. Como a las tres de la tarde, Jesús gritó con fuerza: —Elí, Elí, ¿lama sabactani? (que significa: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”». (Mateo 27:45,46)

 

El domingo, la mano de Dios activó de nuevo el on Y, cuando el Padre prendió el interruptor del Jesús-Luz, Satanás fue cegado definitivamente por el resplandor de la resurrección y los poderes demoníacos se replegaron, aterrados, a sus agujeros negros.

 

El hombre posmoderno repite, en la vida real, la vieja y oscura saga del doctor Fausto, un ser complejo, lleno de contradicciones, que se deja comprar por Mefistófeles para seducir a Margarita y tener éxito en la vida. En la pluma de Goethe, esta leyenda germano-escandinava se convierte en “el mito filosófico por excelencia”, según Hegel.

 

Desde la óptica religiosa, el tema de “venderle el alma al diablo” propio de Fausto, fue tratado a fondo por Kierkegaard en su maravillosa obra ‘Temor y temblor’, que hace temer y temblar a las almas sensibles.

 

Se dice que Goethe, al momento de entregar el espíritu, exclamó con voz suave: “Luz, más luz”. De ser ello verdad, lo que el genio alemán estaba viendo en ese instante supremo no era el reino de aquel personaje que él bautizó con el nombre germano del príncipe de las tinieblas, Mefistófeles. ¡Gracias  a Dios si el poeta vio la luz eterna! El asunto es simple, como lo percibió Un Monje de la Iglesia de Oriente: “En torno de Jesús no hay tragedia, porque ningún problema permanece sin solución. De ahí que la dificultad de ser su discípulo radica no en desconocer lo que hay que hacer, sino en tener la fuerza de hacerlo. Lo que se ha llamado la tragedia de la existencia humana desaparece en Cristo. Si se ve la luz, se puede andar en la luz”.

 

El hombre posmoderno es, pues, un doctor Fausto que le ha vendido el alma al diablo. Quiera Dios que, en medio de su ‘sorda ceguera’, finalmente escuche, como el personaje literario lo hizo,  la voz de Aquel que dice todo el tiempo: «Yo soy la luz que ha venido al mundo, para que todo el que crea en mí no viva en tinieblas». Juan 12:46

 

Todavía ese ‘Fausto corporativo’ que es la humanidad de hoy, puede romper el contrato firmado con el extorsionista espiritual que vive en las tinieblas, ama las tinieblas y gobierna las tinieblas, y suscribir el nuevo pacto con el Hombre-Luz, que garantiza el vitalismo espiritual de su fotosíntesis eterna. Ese contrato también se firma con sangre, solo que no es la propia de Adán-Fausto, sino la de Jesús de Nazaret, una sangre que alumbra.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 176-178)

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VI-JUN-02

Toda la luz en una lámpara P4

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El Logos es la luz que produce la creación y la armonía que la sostiene. (Colosenses 1:16,17). La luz es música y la música es luz, porque el Logos es luz y música. A propósito, el pentagrama es un código que tiene claves, el clavicordio es una clave que tiene cuerdas; y, por eso, me  pregunto ahora mismo: ¿no será  cada melodía un esfuerzo artístico por descifrar la Luz? Mientras escribo, estoy oyendo ‘El evangelio según San Mateo’, de Juan Sebastián Bach; y, en este instante, caigo en la cuenta de algo: es música cósmica. ‘El clave bien temperado’, del mismo autor, es música científica.

 

Tuvo mucha razón el popular cosmólogo Carl Sagan cuando, en una de sus últimas entrevistas antes de morir, le dijo a un ministro cristiano que ya era tiempo de que los científicos y los teólogos se sentaran a dialogar. Pensándolo bien, así como hay una ciencia de la teología, debiera haber una teología de la ciencia. Sería provechoso intentar en el futuro el desarrollo de una Teociencia capaz de  reconciliar la información sobre las criaturas con el conocimiento del Creador.

 

“Yo soy la luz” es la majestuosa presentación personal que Jesús hace en medio de sus perplejos conciudadanos, entre ellos los fariseos; estos, como es obvio, replican de inmediato increpándole a Jesús  que sea tan presuntuoso para auto-representarse siendo incapaz de traer algún testigo creíble en quien su descomunal afirmación encuentre algún respaldo. Sin perder la compostura, él se atreve a decir algo que hoy debiera resonar en las orejas del mundo perdido: «En la ley de ustedes está escrito que el testimonio de dos personas es válido. Uno de mis testigos soy yo mismo, y el Padre que me envió también da testimonio de mí. —¿Dónde está tu padre? —Si supieran quién soy yo, sabrían también quién es mi Padre». (Juan 8:17-19)

 

Aquellas gentes sufrían de amnesia. Su profeta Isaías, gran favorito de los mesiánicos, había hecho una advertencia clara y directa sobre “Galilea, tierra de paganos, en el camino del mar, al otro lado del Jordán”. Allí, precisamente en Nazaret, ese vaticinio había tenido cumplimiento de manera impactante, sin que la ciudadanía en general se diera cuenta:

 

«A pesar de todo, no habrá más penumbra para la que estuvo angustiada. En el pasado Dios humilló a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí; pero en el futuro honrará a Galilea, tierra de paganos, en el camino del mar, al otro lado del Jordán». El pueblo que andaba en la oscuridad». Isaías 9:1,2

 

Jesús andaba entre la gente como una lámpara con el dimmer atenuado hasta el mínimo. La transfiguración se produce cuando el atenuador vuelve a subir al máximo, y Jesús-Luz se muestra tal como es. «Allí se transfiguró en presencia de ellos; su rostro resplandeció como el sol, y su ropa se volvió blanca como la luz».  (Mateo 17:2)

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Código Jesús, páginas 174-176)

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