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VI-SEP-01

Los tesoros perdidos | El tesoro de Salomón

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Una vieja leyenda africana habla sobre las minas del rey Salomón, un tesoro que él habría compartido con la reina de Sabá. Ignoran sus acuciosos buscadores que el propio y espléndido rey no necesitaba tales minas, habiendo recibido desde  joven la llave del arca que guarda el tesoro perdido del hombre: la sabiduría.

“Si la buscas como a la plata, como a un tesoro escondido, entonces comprenderás el temor del Señor y hallarás el conocimiento de Dios”

Proverbios 2: 4-5

En la búsqueda de esta llave maravillosa se han tomado dos opciones: unos creen que pueden hallarla a través de la pobreza material; otros quieren comprarla con la riqueza económica.  Ambos puntos de vista son exagerados y contradicen, por lo tanto, la genuina orientación cristiana. Y aquí tenemos un claro factor divisorio entre Estados Unidos y América Latina: al sur del Río Grande y hasta la Tierra del Fuego, la teología de la miseria ha adoctrinado a las masas en la resignación; al norte, por el contrario, la teología de la prosperidad ha centrado la vida cristiana en el dinero.

El drástico contraste que puede observarse entre una y otra región del Nuevo Mundo en cuanto a los bienes materiales, ha generado cierto antiyanquismo que subyace en el inconciente colectivo como un fermento de la cólera popular. No cabe duda alguna de que la economía depende de la religión. En la aplicación de los principios económicos contenidos en la Biblia reposa la economía más sólida del mundo; en su desconocimiento y contradicción la miseria de sus vecinos.

Algunos piensan que ha sido la opulencia unida a la indiferencia el detonante de situaciones difíciles entre amerindios y anglosajones, no mejorada, sino agravada, por la acción de misiones norteamericanas que no siempre supieron acercarse adecuadamente a la realidad latinoamericana. Hoy las cosas empiezan a cambiar: los misioneros llegados en los últimos tiempos se han preparado mejor para sus tareas, como lo hicieran en África los europeos, de los cuales hay dos ejemplos maravillosos: David Livingston y Albert Schwaitzer. Hoy existe una mejor cooperación interiglesias a los dos lados de la gran frontera, y es de esperarse que ella conduzca a la recuperación de la unidad cristiana que es también un tesoro perdido.

Las durísimas lecciones del 11 de septiembre deben asimilarse con buen ánimo y llevarse a la práctica con decisión. Hay varios tesoros perdidos por la iglesia cristiana del siglo XXI, a cuya recuperación deben dirigirse nuestros esfuerzos, ojalá con idéntico celo al que despliegan en las aguas del Atlántico los buscadores de los galeones españoles náufragos y los tesoros del pirata Morgan en las islas caribeñas.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, páginas 164-165)

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VI-AGO-04

Los tesoros perdidos | Parte 2

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Un recuerdo recurrente de mi infancia se relaciona con un tesoro perdido. Nací en un ambiente marcadamente rural, de pintorescos paisajes y aldeas de pesebre navideño, donde los grupos humanos son íntimos y cerrados, las tradiciones se conservan genuinas, los relojes andan más despacio y las muchachas miran con ojos de otro siglo. Allí se asentaron desde antiguo familias venidas del Mediterráneo: españoles, algunos portugueses e italianos, y hasta un moro entrometido. Los pioneros, de los cuales quedan contadísimos descendientes, fueron remisos a la mezcla y mantuvieron fisonomías castizas.

No hay allí memoria de los amores clandestinos de algún fraile español disoluto y una princesa india atropellada; y, si hubo incursión de glóbulos precolombinos en el torrente sanguíneo, ellos fueron asimilados por el blanco hasta el punto de estar diluidos en la actualidad. El elemento camita es del todo desconocido, pese  a que en la época colonial algunos criollos poseyeron esclavos. Entre los inmigrantes que se constituyeron en patriarcas de la provincia surcolombiana hubo burócratas enviados por la Corona, honorables colonos en procura de oportunidades, honorables oportunistas, trotamundos fatigados, aventureros buscalavida e hidalgos calaveras a quienes sus familias quisieron tener lejos para evitarse dolores de cabeza. Y todos ellos, sin excepción, cruzaron el Atlántico con un solo propósito: buscar el tesoro perdido.

En la antigua casona de mis antepasados muchos perciben ruidos, observan figuras en movimiento, oyen voces, sienten presencias. Se dice que ello proviene de entierros hechos por varias personas en aquel fundo; que un cura sepultó en lugar desconocido un cáliz de oro recamado de piedras preciosas; que otro caballero, escondió en sitio no determinado cofres llenos de ‘morrocotas’ (nombre vulgar de las monedas de oro), en previsión de lo que pudiera pasar durante una de las tantas guerras civiles de mi país. Hay quienes dicen que, atrás en el tiempo, funcionó allí un convento de frailes españoles que ocultaron objetos  de oro tomados de los indios. Otros van a un pasado más remoto para decir que una comunidad indígena, a vísperas de ser diezmada por los conquistadores, puso allí a buen recaudo sus riquezas bajo tierra.

Las suposiciones son todas válidas e, incluso, pueden combinarse entre sí. Lo cierto del caso es que esa vieja casona ha sido escenario de curiosos relatos. Aseveran, por ejemplo, que se oyen por las noches rezos en latín y tintineo de campanillas, como si se celebrara misa, y que, de madrugada, se siente llegar al paso, una cabalgadura cuyo jinete desmonta en la pesebrera, y, después de desenjaezar la bestia y soltarla en el potrero de enfrente, sube a trancos las escaleras del balcón volado hacia la quebrada.

Yo vivía crédulamente convencido de tales infundios y me convertí a Jesucristo cuando más ocupado andaba en la búsqueda del tesoro familiar perdido, pero el Espíritu Santo me disuadió de continuar la estéril pesquisa al revelarme que el tesoro que el hombre busca desde tiempos inmemoriales se extravió en el huerto del Edén y, desde entonces permanece vacía la urna que lo guardaba: el corazón humano. El tesoro perdido tiene un nombre anticuado: Dios, y solo se recupera por medio de la cruz. Quien obtiene el Gran Tesoro, recibe gratuitamente todos los pequeños tesoros que lo afanan y angustian sin sentido

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, páginas 162-163)

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VI-AGO-03

Los tesoros perdidos | Parte 1

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

La vida humana es la búsqueda de un tesoro perdido. Desde tiempos no codificados la memoria ancestral ha contado este cuento: el hombre perdió algo, no se sabe qué ni cuándo, y ha dedicado todos sus recursos y fuerzas disponibles a procurar su recuperación. Jamás ha tenido éxito en su empresa, pero nunca ha cejado en su intento. En culturales y folclóricas versiones, le ha dado muchos nombres a su pérdida: la fuente de la eterna juventud, el elíxir de larga vida, la felicidad, etc.

 

La epopeya de los argonautas griegos a la búsqueda del vellocino de oro en la remota Cólquide es quizás la más elaborada pieza literaria sobre este asunto. De alguna manera, todos los cultores artísticos se han ocupado del tema:  el Conde de Montecristo, de Alejandro Dumas, y la Isla del Tesoro, de Stevenson, son ejemplos populares de ello. La leyenda de El dorado de la América precolombina inspiró por igual la odisea de la conquista española y casi todas las escrituras hispano-amerindias desde Juan de Castellanos hasta García Márquez.

 

El Anillo de los Nibelungos, de Ricardo Wagner, es una pieza tomada de la mitología germano-escandinava, y en ella se nos informa que el tesoro perdido es custodiado por pequeños demonios que han recibido variados nombres: gnomos, elfos, duendes, etc.  Los siete enanitos de Blanca Nieves cumplen tarea parecida.  En la América Latina, principalmente sus zonas rurales, los tesoros guardados bajo tierra se llaman guacas; y, así como en los castillos escoceses son custodiados por fantasmas, en esta parte del mundo las almas del purgatorio están encargadas de tal celaduría.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, páginas 161-162)

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VI-AGO-02

Cuando Marx y Freud se abrazaron | La luz interior

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Un esfuerzo esencialista debería llevarnos a revisar antiguas creencias y prácticas que lucen para muchos anacrónicos. Los cuáqueros, por ejemplo, nos enseñaron durante su clara vigencia – precisamente en los orígenes de los Estados Unidos – un gran énfasis en la espiritualidad de la fe cristiana en contra del ritualismo y el formalismo. Ellos querían reeditar el cristianismo primitivo y propiciaban la inauguración de una nueva edad: la edad del Espíritu Santo.

Su perfil más nítido, que hoy hace buena falta a quienes provienen de la Reforma, es la doctrina de la ‘luz interior’, según la cual, en todo hombre existe tal  luz, conducida por el Espíritu Santo para llevarlo a la conversión. Ellos atacaron con ardentía la esclavitud, abogaron por los derechos de la mujer y fueron autores de profundas reformas educativas y penitenciarias. Las mismas persecuciones que afectaron a los puritanos alcanzaron también a los cuáqueros, y éstos, liderados por Willian Penn, fundaron las colonias que hoy constituyen los estados de Pennsilvania y Delaware, donde desde un principio se instituyeron los principios de la libertad religiosa, la armonía social y la convivencia con las minorías indígenas.

Estados Unidos, los evangélicos y el mundo entero tienen una deuda con los cuáqueros: fueron ellos los promotores por excelencia del principio de la tolerancia universal, tan caro a la democracia. Hoy muchos cristianos evangélicos se han especializado en el fanatismo, el sectarismo y el terrorismo verbal hacia sus feligreses y sus propios hermanos de otras congregaciones tan legítimas como las suyas propias.

La consigna es buscar otra vez esos tesoros extraviados de la iglesia cristiana y colocarlos en primera línea, desechando los accesorios que se han ido acumulando al ritmo del crecimiento denominacional, lleno de novedades constantes. El siglo XXI necesita un reexamen del verdadero sentido de la encarnación, muerte y resurrección de Jesucristo. Nos preocupamos por dogmas secundarios, hemos perdido las prioridades doctrinarias y ya vemos, casi con indolencia, a la mayoría de nuestros congéneres dando palos de ciego en medio  de la oscuridad sin encontrar la puerta para entrar a la Verdad. Tal vez Hermann Ridderbos nos vuelva a aterrizar en la realidad del hombre caído, sin brújula en su congoja existencial:

Lo que trae la muerte al ser humano es el hecho de que vive en  enemistad con Dios. Allí radica la destrucción de la verdadera humanidad, y es a partir de esa enemistad, que también se debe entender el pecado en sus implicaciones antropológicas.

El conflicto del hombre moderno fue volverse de espaldas a Dios. El esfuerzo del hombre posmoderno es regresar a Dios en reversa. Solo una Iglesia Cristiana Integral puede dirigir esa maniobra para que concluya con éxito.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, páginas 159-160)

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VI-ABR-02

Cuando Marx y Freud se abrazaron | Complejidad VS Simplicidad P2

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Me impactó en mi adolescencia un académico sueco que, al comentar el Premio Nobel de Literatura otorgado a Juan Ramón Jiménez en 1956, dijo a la BBC de Londres que el gran poeta andaluz había dominado como nadie ‘el difícil arte de la sencillez’. Difícil arte ciertamente, en el cual las parábolas de Jesús habrían sido declaradas fuera de concurso.  Fastidian los aires prepotentes de quienes creen que Dios ha hablado al hombre para que éste no lo entienda. El gran problema del cristianismo evangélico es, precisamente, su poder desintegrador. La maraña denominacional ha creado tal trama de contradicciones en sí misma que hoy el creyente desprevenido no sabe francamente a qué atenerse. La iglesia A dice que algo es blanco, la B afirma que ese algo es negro, la C pontifica que todo es gris.

 

En la orfandad de liderazgo que se vive, contrista ver apagarse vidas que han sido teas en la caverna. Billy Graham, por ejemplo, un actualista que permaneció durante largos años siempre vigente, empleando en  forma adecuada los medios del progreso para llevar la luz del evangelio a las almas angustiadas, ha sido hombre sencillo. Una revisión de sus mensajes clásicos sería refrescante para los amigos de las novedades. Auténtico comunicador, el doctor Graham nunca quiso ser original, no empleó frases rebuscadas ni conceptos abstractos, pero nadie ha convertido más almas que él en cien años de historia cristiana.

 

Algo parecido podría afirmarse de Bill Bright, el fundador de la Cruzada Estudiantil y Profesional, poderoso instrumento de evangelización. Hoy, cuando él se apresta, en medio del dolor colectivo, a ir ‘al encuentro del Amado’ – como lo dice con labios sonrientes – sus ‘cuatro llaves’ siguen siendo elementos simples y directos para golpear los corazones y llevarlos al arrepentimiento, la conversión y el encuentro personal con Jesucristo.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, páginas 156-157)

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VI-ABR-01

Cuando Marx y Freud se abrazaron | Complejidad VS Simplicidad P1

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

En mi libro El Reto de Dios he planteado el esencialismo, que consiste en desechar todo lo accesorio en aras de lo fundamental. Si algo caracteriza a la sociedad posmoderna es su complejidad. La cultura humana ha acumulado tantos elementos contradictorios entre sí, que hoy no sabemos dónde se encuentra el hilo conductor de un asunto. Existen múltiples ideas para desarrollar cada propósito. Las asesorías, dependiendo de dónde procedan, ofrecen al hombre necesitado de una solución múltiples opciones, algunas disparatadas, otras obvias, pero todas analizables por igual.

 

¿Qué hacer?, es la pregunta clave. El médico con la diagnosis, el abogado con el código, el ingeniero con el teodolito, el economista con la divisa, el jardinero con el abono, el pescador con la red, el financista con el interés, el sastre con la tijera, el cocinero con el adobo, la bruja con el brebaje, el pastor con los versículos, el confesor con las penitencias, el judío con la ley, el juez con el martillo, el futbolista con el balón, el niño con el juguete, todos presumen poseer salidas para todo.

 

Nos hemos complicado en un laberinto de especializaciones donde cada uno de nosotros supone tener siempre para cada problema la última solución, para cada pregunta la última respuesta; o bien, donde cada cual vive en su cubículo reducido y particular, encerrado en lo suyo, ensimismado, sin preocuparse poco ni mucho de lo que otros, en otros cubículos, encerrados en sus particulares mundillos, pueden estar experimentando.

 

Hace falta la simplificación de todas las cosas, el esencialismo de cada profesión. Pero, por supuesto, no se pueden confundir los términos ni las definiciones. Por ejemplo, no es igual lo simple que lo simplista. Simple significa sin gracia, plano, monótono. Un hombre simple es un ingenuo, alguien sin sagacidad. Lo suyo es simpleza. Simplista es el que reduce todo a fórmulas obvias. Simplismo tampoco es simplicidad. Simplicidad es el arte de desenredar los ovillos, de hacer fácil lo difícil, de volver sencillo lo complejo.

 

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, páginas 155-156)

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VI-MAR-05

Cuando Marx y Freud se abrazaron | Sectas musicales

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

En materias musicales hay mucha tela para cortar. Este arte se ha visto sometido a una gradual y creciente depreciación y vulgarización. Las inspiradas improvisaciones de Louis Armstrong en los viejos tiempos del jazz han dado paso a la explícita ordinariez de los raperos. El gran inconveniente de la música popular de hoy en día radica en su propia construcción rítmica, diseñada para golpear directamente el tálamo, allí donde reside el inconsciente, sin pasar por el cerebro razonante del hombre.

 

Cuando, demos por caso, Agustín Lara decía en su bolero: ‘Piénsalo bien, muchacha, piénsalo bien’, la muchacha lo podía pensar. Hoy los mensajes subliminales y aún los directos no dejan espacio a la reflexión, son dardos de fuego enviados desde las tinieblas exteriores directamente a la voluntad, robotizada por un corazón sin freno, sometido a una mente esclava del pecado. Hace ya varias décadas, el novio enamorado cantaba bajo el ventanal de su amada: ‘Quiero subir contigo al altar’. Hoy en día, en la penumbra mefítica de la discoteca, el adolescente dice a su ramerita con acné: ‘Quiero bajar contigo a la cama’.  El conoce la respuesta desde antes de salir a bailar con ella.

 

Podría hablarse apropiadamente de sectas musicales hoy en día. Nadie negaría que la música juvenil de los estilos light rock, pop, heavy metal y similares, se usan para inducir a sus oyentes a prácticas satánicas. Los Beatles recibieron lecciones de un gurú y su obra maestra ‘Mi dulce Señor’ le ora a un dios que puede llamarse Buda, Krishna, Cristo, cualquier cosa, sin alterarse. La tumba de Elvis Presley es un lugar de peregrinaciones religiosas. Jonh Travolta es adepto de la cienciología. Los Rolling Stones han montado ritos vudú en sus presentaciones públicas.

 

Eduardo Bracho hizo un excelente informe titulado ‘El diablo siempre ha tocado guitarra eléctrica’, cuya conclusión es directa: conciertos de los géneros arriba citados son verdaderos cultos de alabanza y adoración a Satanás, con aterradores desbordamientos de violencia, sexo y droga. Hay una subcultura adolescente nacida de esta música que promueve la anarquía y el desenfreno. Todo ello made in USA. EL crítico Glenn O’Brian ha clasificado a estos ruidos ensordecedores con rudas palabras: “Música estúpida, proletaria e imbécil, hecha por mandibulones y greñudos estúpidos proletarios e imbéciles para renacuajos estúpidos”.

 

La excentricidad que provino de los hippies se manifiesta hoy en pandillas de punks y cabezas rapadas que practican la xenofobia. El informe de la revista ‘Feriado’ dice que las fuentes de la cosmogonía heavy son:

 

Deidades del panteón celta o normando o sajón o vikingo, ceremonialidad bárbara, conductas triviales, sensación de poderío patriarcal.  Las fases ritualísticas que atraviesa un concierto heavy son más complejas que cualquier rito de iniciación chamánica.

Pero Satanás es recursivo.  Al ver – u oir – que estas estridencias repelen a muchas personas, acaba de componerse más sofisticada partitura: Música de la Nueva Era.

 

Bajo la superficie de sonidos naturales – brisas, cascadas, trinos, ecos, lluvias, oleajes, etc. – sutilmente mezclados con arpegios religiosos indígenas y algo de clasicismo, este sistema (utilizado a veces como musicoterapia) conduce en suave rélax al oyente  a involuntarias actitudes panteístas. La adoración de la naturaleza es una grosera  forma de idolatría, porque consiste en rendir a la criatura el culto que solo se debe rendir al Creador.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, páginas 153-155)

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VI-MAR-04

Cuando Marx y Freud se abrazaron | La gran síntesis P2

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Uno de los pontífices mundiales de la Nueva Era, David Spangler, afirma que el ser que ayuda al hombre a alcanzar su punto culminante es Lucifer, a quien él llama ‘el ángel de la evolución del hombre, el espíritu de luz en el mundo microscópico, un agente del amor de Dios actuando por medio de la evolución’.

 

El cuadro se completa con la influencia de la música que siempre ha sido decisiva sobre la sociedad. Muchos inmigrantes, especialmente judíos, enriquecieron el repertorio norteamericano, elevando el jazz a música sinfónica. Tal es el caso de George Gershwin, Leonard Berstein e Irving Berlin, para citar algunos. El poder de asimilación de los Estados Unidos es tremendo: el italiano Toscanini, el ruso Stravinsky, el checo Dvorak, el austríaco Schoenberg y muchos más de varias nacionalidades, han realizado gran parte de su obra musical en Norteamérica.

 

Hubo un momento en que resultaba difícil escoger al mejor violinista del mundo porque tres judíos norteamericanos se disputaban la preeminencia: Yehudi Menuhin, Hacha Haifetz e Isaac Stern.  Hoy, en el terreno de la música popular, los latinoamericanos son los favoritos.  Este es, como se ha dicho razonablemente, el país de las oportunidades, donde se vale por lo que se es individualmente, sin tomar en cuanta raza, color, posición económica, religión, ideas políticas o nacionalidad.

 

Pero es forzoso reconocer que esta apertura generosa al inmigrante ha traído, también, estragos inevitables en muchos casos. Preocupa actualmente el caso latinoamericano, para ser precisos. Un síntoma de la pauperización que los inmigrantes del tal origen ocasionan sobre sus sitios de influencia se hizo notorio en el sur de la Florida. Recientemente, una estación radial que se especializaba en transmitir música culta, ante el fracaso de su pauta publicitaria, se dedicó al rock pesado y otras formas rastacueras del pentagrama popular, bajo estruendoso aplauso del respetable público, que antes bostezaba con Beethoven y Bach.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, páginas 152-153)

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VI-MAR-03

Cuando Marx y Freud se abrazaron | La gran síntesis

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

En el arte se ha dado un proceso similar: grandes genios culturas de diversas actividades emigraron desde Europa trayendo en sus valijas lienzos, bronces, partituras, poemarios. Enormes barcos arrojaban sobre el puerto de Nueva York, iluminado por la antorcha de “Lady Libertad”, verdaderas legiones de cerebros fugados. La capital del mundo cumplía así su propio destino manifiesto: albergar todas las razas, todas las nacionalidades, todas las religiones, todas las lenguas, todos los todos de todas partes en una gran síntesis que fue finalmente lesionada el 11 de septiembre.

 

En medio del gentío abigarrado hubo filtraciones: anarquistas, mafiosos, fanáticos, portadores de nuevas espiritualidades que llevaron a una sociedad posmoderna en la cual los principios y valores cristianos han sido desplazados en muchos casos por artilugios satánicos. Allí mismo, en Nueva York, la sede de las Naciones Unidas ha sido escenario de pasos de comedia preocupantes. Después de visitar a Sai Baba en la India y postrarse a los pies de este ‘hombre divino’ que convive en su lecho de sándalo con una horrible cobra de dos cabezas, el doctor Robert Muller  propuso la creación de un nuevo sistema espiritual mundial. ¿Quería hacer de la ONU el sitio de despegue del anticristo?

 

Otro personaje, éste oriundo del Oriente, Depak Chopra, ha plagiado los libros sagrados de la Biblia, sin darles el crédito correspondiente, en sus ‘siete leyes espirituales del éxito’  que ha logrado ganar adeptos a montón para la Nueva Era. Esta utopía de utopías es la maquinación que entraña mayores peligros en los tiempos actuales. Ofrece la divinización de la criatura, el mismo pecado de Satanás, transmitido por él a Adán y Eva, al venderles la idea de que el conocimiento del bien y del mal los haría iguales a Dios.

 

Según este sistema, si acaso lo es, el cristianismo se acerca vertiginosamente a su fin, como religión de era de Piscis o de los pescadores, para dar paso a una totalmente nueva regida por la Era Azul, o Era de Acuario, que es la Nueva Era. Ahora se cambia el verbo creer por el verbo conocer. Creer es el verbo que Jesucristo nos enseñó a conjugar esencialmente;  el mero conocimiento con prescindencia de la fe saca de en medio de la Divinidad, o la reduce al último eslabón de una cadena de deducciones lógicas.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, páginas 151-152)

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VI-NOV-03

Cuando Marx y Freud se abrazaron | El Gueto Dorado

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Otro judío, también germánico, el vienés Viktor Frankl, no tuvo gueto dorado durante la guerra, sino un horrible campo de concentración nazi.  Allí, en la soledad y el dolor, redescubrió sus raíces espirituales y pudo afirmar que el hombre es ‘un espíritu rodeado de capas sicosomáticas’, y propone que se pase de la idea dicótoma a la tricótoma, lo cual lo sintoniza con san Pablo.

 

Que Dios mismo, el Dios de paz, los santifique por completo, y conserve todo su ser-espíritu, alma y cuerpo- irreprochable para la venida de Nuestro Señor Jesucristo

1Tesalonicenses 5:23

 

En el campo cristiano ha bajado de volumen la discusión entre tricótomos y dicótomos, ya que estos últimos reconocen en la parte inmaterial del hombre dos componentes: alma y espíritu.

 

Esta discusión alrededor de Marcuse, el inmigrante que conmocionó a los Estados Unidos, no es caprichosa ni traída de los cabellos.  Con el arribo de la élite alemana a las universidades y los medios de comunicación norteamericanos,  el llamado ‘cinturón bíblico’ dejo de ser cinturón de castidad para el buen gringo.  Muy atrás quedaron los bucólicos tiempos  que la Casita de la Pradera y los Ingalls quisieron perpetuar en la TV con la capilla del pueblo endomingada por una feligresía de punto en pie y un pastor de cuello y estola dirigiendo la acción de gracias al Creador por la abundancia de la tierra y la inocencia de los niños.

 

Y así llegó la posmodernidad con todos sus estragos: la descomposición de la familia, la libertad sexual, la prohibición de la enseñanza religiosa en las escuelas, Elvis Presley, los Beatles, los hippies, la muerte de Dios…Las iglesias, en tanto, sometidas a presiones delirantes, tomaron  uno de dos caminos: un fundamentalismo hirsuto, en contravía con el pensamiento de actualidad; o un liberalismo desbordado que trajo la incontrolable permisividad que hizo de sus creyentes caricaturas de cristianos, lejos de la santidad predicada por Wesley.

 

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, páginas 150-151)

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