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Los hijos de Abraham | Jesús y el escriba

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Durante un viaje a Israel, la guía turística que estaba al frente de mi grupo, una judía inteligente y espiritual, aprovechó cierto día el receso del almuerzo para decirme: Hace aproximadamente dos mil años, tal vez cerca de este lugar donde tú y yo nos hallamos hoy, un escriba de mi Ley se enfrentó a tu Jesús y le preguntó qué debía hacer para heredar la vida eterna.  Tu Jesús no le dijo: -Cumplir los minuciosos reglamentos de la Ley, sino le respondió con otra pregunta: – ¿Qué lees en la Ley? Entonces mi escriba dijo a tu Jesús, citando las Sagradas Escrituras: ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente y con todas tus fuerzas, y a tu prójimo como a ti mismo’.  Cuando mi escriba bajó las comillas, tu Jesús le dijo: – Bien has dicho.  Haz eso y vivirás eternamente.  Entonces, pastor, por el amor de Dios, si tu Jesús y mi escriba, si mi Ley y tu Evangelio están de acuerdo, ¿qué es lo que los judíos y los cristianos discutimos?

 

Recuerdo haber abrazado a aquella judía con toda la fuerza de que era capaz mi cristiano corazón. Hay muchas cosas discutidas y discutibles entre judíos y cristianos, incluso entre cristianos y judeo-cristianos, es decir, mesiánicos; pero no se trata de dirimir diferencias, sino de afianzar coincidencias.  Sin duda el patrimonio común del Antiguo Testamento, que es la Biblia judía, ofrece un marco teórico invaluable; pero, más que nada, conviene enfatizar la fe en el Dios de Abraham.  Nunca olvidemos, frente a islámicos y judíos, que hay textos comunes a las tres religiones, así como un cuerpo general de creencias que, por más que a muchos fastidie, es asombrosamente similar.  La esposa de Moisés era hija de un sacerdote madianita, Jetro, quien aconsejó a su yerno en decisiones claves con gran sabiduría.  ¿Lo desechó acaso Moisés? (Éxodo 18:1-12).

 

Por otra parte, mentes lúcidas como David Stern, líder del movimiento judeo-cristiano moderno, ha llamado la atención sobre hechos simples: el cristianismo es de origen judío, el antisemitismo no es cristiano, el rechazar o ser negligentes en evangelizar a los judíos es, en sí mismo, un hecho profundamente antisemita.

 

Es cierto que los reformadores pioneros, especialmente Lutero y Calvino, eran en cierta medida antisemitas, pues traían incorporados rezagos de su antigua herencia espiritual, el catolicismo romano; pero es cierto, igualmente, que la Reforma Protestante surgió como reacción contra usos y prácticas de la iglesia romana, incluidas las persecuciones a los judíos.  Y, aun cuando en algunos lugares esporádicamente se hayan presentado brotes adversos a los hijos de Jacob entre seguidores de Cristo Jesús, las notas predominantes han sido simpatía y cooperación con ese pueblo de parte de las distintas denominaciones evangélicas.

 

Esto último se hace explícito en los Estados Unidos de América, donde el judaísmo en sus diversas expresiones tiene garantizadas libertades totales; ello facilita que muchos talentos hebreos enriquezcan el tesoro cultural y económico.  No hay un lugar en este planeta donde se den condiciones más favorables para que los hijos de Abraham – cristianos, musulmanes y judíos – puedan mantener un diálogo constructivo en medio de sus diferencias.

 

Lo ocurrido el 11 de septiembre de 2001 no fue un ataque del Islam contra los ‘perros’ judíos y cristianos, sino el acto vesánico de un terrorista que se equivoca, como tantos, al querer realizar un trabajo para Dios con los métodos del diablo.   Ismael e Isaac oficiaron juntos, unidos, el funeral del padre Abraham y no hay noticia de que entre los dos se dieran confrontaciones, salvo las burlas infantiles del agareno a su hermano.  A base de terrorismo, Saulo de Tarso no logró retener a los primeros cristianos en el seno de la religión judía; Tocado por el rayo celestial, cuando abrió su ser a la acción del Espíritu Santo, pudo convencer a tantos, que nosotros mismos somos cosecha de su siembra.

 

Saulo el fanático se transformó en Pablo el radical.  Nunca olvidemos que radical es el que muere por sus ideas, fanático el que mata por las suyas.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, página 192-194)

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Los hijos de Abraham | Tradiciones y Costumbres P2

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Conservadores: Son una expresión de modernismo, para quitarles rigidez a las tradiciones y adaptarlas a las sociedades occidentales.  Utilizan el idioma hebreo en sus servicios y procuran conciliar el judaísmo ortodoxo con el reformado.

 

Reconstruccionismo: Movimiento fundado por el rabino Mordecai Kaplan en los Estados Unidos. No cree en la vida después de la muerte ni en la necesidad de una salvación eterna.  Los reconstruccionistas no tienen una filosofía bíblica, sino consideran al judaísmo como una civilización religiosa en evolución.  La cultura, la historia, el lenguaje y los ideales son los pilares de la vida judía.  La religión solo es una parte, y no la fundamental, de su razón de ser.  Para Kaplan la sinagoga debe ser un centro de todas las expresiones artísticas, culturales, sociales y políticas del pueblo judío.

 

Humanismo-secularismo: buena parte de los judíos actuales son agnósticos.  Si acaso creen en la existencia de dios, sostiene que es imposible llegar a conocerlo.  Sus visitas a la sinagoga se circunscriben a eventos sociales, como matrimonios, nacimientos o muertes.  Son especialmente celosos de que sus descendientes se casen con judíos.  Cultural, ética y socialmente son judíos, pero no lo son en lo religioso.  Se parecen a muchos de sus vecinos católicos y protestantes que solo son cristianos nominales.

 

Sionismo: escasamente existen judíos, religiosos o no, que no se interesen por el aspecto político de su cultura y el mantenimiento de Israel como estado.  Israel es su hogar, el eje de su cultura, una herencia que están dispuestos a defender hasta la muerte.

 

La ideología del llamado sionismo fue diseñada por el congreso celebrado en Basilea, Suiza, en 1897, bajo el patrocinio intelectual del abogado y periodista Teodoro Herzl, quien, preocupado por el proceso Dreyffus y los pogromos de la Rusia zarista, hizo patente la necesidad de que los judíos regresaran a su patria física, en la cual pudieran refugiarse, a causa de las persecuciones.

 

Autor de El Estado Judío, Herzl se anticipó varios decenios al holocausto provocado por los nazis en el siglo XX, y su visión, quizás profética, hizo posible el actual estado de Israel, donde conviven judíos de todas las tendencias. Grandes cantidades de ellos son, precisamente, latinoamericanos.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, página 191-192)

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Los hijos de Abraham | Tradiciones y Costumbres P1

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Las diferencias entre los dos grupos se derivan de condiciones de cultura y medio ambiente.  Tienen tradiciones, leyes, costumbres, sinagogas e instituciones separadas, aunque sin lugar a dudas pertenecen por igual al pueblo de Israel, como bien lo señala Roberto O. Passo[1]

Otros grupos judíos identificables son los siguientes:

Falashas: De raza negra, originarios de Etiopía, se consideran descendientes de Salomón y la reina de Sabá.

Yemenitas: Antiquísimo grupo ubicado en el sur de la península arábiga, de tez oscura y dialecto judeo – árabe.

Samaritanos: Oran en arameo, habitan la región central de Palestina y conservan en el monte Gerisim el lugar de adoración de sus antepasados.

Prosélitos: Gentiles convertidos al judaísmo, que provienen de distintas razas y naciones, incluidos japoneses, chinos y tailandeses.  los judíos mantienen su homogeneidad no propiamente por razones religiosas, pues muchos de ellos son agnósticos, ateos, ocultistas, etc.

Para los fines de un acercamiento adecuado a los judíos, conviene conocer las clasificaciones principales del judaísmo actual, a saber:

Jasidismo: Movimiento que busca una forma de vida dominada por la Torah, la ley talmúdica y las enseñanzas de Baal Shem Tov, rabino polaco del siglo xviii.  son espontáneos y entusiastas, no se oponen a la tradición aunque surgieron como reacción al intelectualismo judío de la época.  Son un fenómeno carismático dentro del judaísmo.

Ortodoxos: Se basan en la Torah, consideran la ley oral que presenta el Talmud su autoridad total y definitiva en materia de fe y moralidad.  Su piedra fundamental son los ‘Trece artículos de fe’, de Maimónides, rabino y profundo pensador español, cuyos dogmas afianzan la creencia en Dios, su unidad, su carácter espiritual y su calidad de Primero y Último.  Para los ortodoxos, al igual  que para los jasidim, es fundamental el consumo de alimentos  kosher, es decir, preparados ritualmente.  Su fuerza esencial radica en la relación personal de cada hombre con Dios, la espera del Mesías y la resurrección de los muertos.

Reformados: Durante el siglo XIX, en la rápida liberalización de Occidente, la educación y los negocios se veían estorbados por las tradiciones, y los judíos alemanes iniciaron una asimilación a la sociedad gentil.  Con el fin de detener esa perniciosa tendencia, surgió el judaísmo reformado, cuyos miembros practican sus creencias sin necesidad de comunidades ni templos.  Para ellos la Biblia y el Talmud son libros producidos por hombres y no tienen autoridad total sobre sus vidas.  Sus principios generales son: Dios es el centro del judaísmo y gobierna al mundo a través de la ley y el amor.  El hombre, creado a imagen de Dios, es su colaborador, tiene libertad moral y espíritu inmortal.  La Torah es una revelación de Dios a través del esfuerzo humano, pero debe adaptarse, dentro del prototipo judío, a las necesidades de época y país.

[1] Roberto O. Passo Al Judío primeramente Editorial Hami 1990

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, página 190-191)

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Los hijos de Abraham | El Judaísmo

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Al dividirse la nación en dos reinos, Israel y Judá, la denominación de esta última, judíos, terminó por cubrir a todos los israelitas que permanecieron fieles a su fe y etnia, negándose a mezclarse con los vecinos.  Desde entonces el término judíos ha designado a un grupo humano homogéneo y específico.  Perseguidos, encarcelados, deportados, víctimas de genocidios e intolerancias indescriptibles, le han aportado a la humanidad muchos de sus más grandes genios en todas las actividades.  En la época de Jesús de Nazaret convivían en Judea diversos partidos religiosos y políticos.

Fariseos: la secta de mayor influencia, era doctrinariamente ortodoxa, pero tan celosa de guardar la ley de Moisés en sus particulares interpretaciones, que sus miembros llegar a ser estrictos en apariencia, pero realmente hipócritas, orgullosos y autoconfiados.  Jesús tuvo fuertes enfrentamientos con ellos.

Saduseos: aristócratas, casi todos pertenecientes a la casta sacerdotal, profundamente materialistas, negaban la resurrección, los galardones y recompensas eternos y la existencia de los ángeles.

Escribas: copistas profesionales de la Ley, estaban investidos de autoridad respecto a las Escrituras y ejercían funciones docentes.  Eran, en esencia, de doctrina farisea.

Esenios: grupo de misántropos y célibes, de excéntricas costumbres, que esperaban el reino de Dios, en contacto con la naturaleza.  Repudiaban agresivamente a la sociedad de su tiempo y tenían su campo de acción en las cuevas de Qumram.

Publicanos: eran los recaudadores de impuestos para Roma, la potencia extranjera que sojuzgaba a su país, motivo por el cual la población, en términos generales, los odiaba.

Herodianos: partido político que deriva su nombre de Herodes el Grande, tetrarca de Galilea, marioneta del imperio romano, quien propiciaba la colaboración pacífica con los invasores.

Zelotes: partido político nacionalista, enemigo cerval de Roma, auspiciaba la resistencia judía a las autoridades imperiales, incluso por medio de las armas.  Al parecer, uno de los apóstoles de Jesús, de nombre Simón, perteneció al zelotismo.

En la actualidad, el nativo de Israel recibe el nombre de sabra, que es el de un fruto de higo de tuna, para significar que el judío es áspero por fuera pero dulce por dentro.  Después de la diáspora (dispersión) instigada por los romanos (año 70 d. C.), los judíos terminaron por bifurcarse en dos grandes agrupaciones.

Azquenazitas: asentados en Alemania, Polonia y Rusia, donde fueron llamados de tal modo por Azkenaz, hijo de Gomer y nieto de Jafet, cuyos descendientes poblaron esa zona geográfica.  Este grupo habla yidish, una mezcla de hebreo y alemán.  Casi todos tienen tez blanca, ojos claros y cabello rubio o castaño.

Sefarditas: este otro conglomerado se afincó principalmente en la península ibérica de donde se derivó su gentilicio, pues es casi unánimemente aceptado que el término Sefar (o Sefarad), que aparece en Abdías 1:20 define esa área del mundo.  Son de tez, ojos y cabellos oscuros, y hablan latino, español antiguo con algo de hebreo.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, página 188-190)

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Los hijos de Abraham | Contextualización e Integración

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La liberación de opresiones demoníacas, ejercida por Jesús, fue delegada por El a los creyentes, pero es lamentable que algunas personas hayan hecho de ella una enfermiza confrontación con el Hades, que reafirma ahincadamente la realidad de las tinieblas, en vez de prender la luz para que desaparezcan.  Los conceptos de guerra espiritual son sencillos y no requieren métodos especiales.  Y es claro que, si Satanás fuera el gran culpable de todo lo que nos ocurre, Jesucristo sobraría.  No necesitamos redentor si no hemos pecado voluntariamente.  Eso, en forma indirecta, convierte a Satanás en un redentor: será suficiente que él sea castigado por todo lo que nos hace.

Una persona que ha mezclado profecías bíblicas con predicciones ocultistas es la antigua periodista de la Casa Blanca Ruth Montgomery, médium espiritista de gran popularidad.  Ella, y otros del mismo oficio, dicen ser canales de espíritus guías.  Esta gente ya no habla de espiritismo, sino de canalización.  La nomenclatura no importa, el oficio sigue siendo el mismo.  Es verdad bíblica que los muertos no pueden entrar en contacto con el mundo natural, y que, en las manifestaciones espiritistas ocurre, simplemente, que demonios actores hacen el papel de los difuntos invocados.  Todo canalizador o médium es una antena paradiabólica que capta la señal del infierno y la transmite a los hombres.  Satanás posee una inmensa red televisora, con imagen y video, grabación, trucaje y postproducción.

Cuando alguien recibe mensajes del más allá, si no es reconocido profeta de Dios, es un canal del diablo.  Latinoamérica está atiborrada de canalizadores, casi a la par con Estados Unidos, donde se habla de más de quinientos.  Sin tomar en cuenta otros consultores síquicos que todavía usan métodos adivinatorios tan anticuados como el globo de cristal y el tarot, al que algunos llaman ‘la biblia del diablo’.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, página 187-188)

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Los hijos de Abraham | La nueva sinagoga

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Hoy en día hay un cierto hispanoisraelismo que se hace evidente en comunidades sefarditas que optan por la fe cristiana.  Todos debemos alegrarnos de que en el pueblo del Señor haya gente que lo acepte como su Mesías; sin embargo, las sinagogas mesiánicas hispanas que hoy surgen comportan riesgos para los cristianos gentiles.  Algunas personas se han dado a la tarea de excavar en sus árboles genealógicos para identificar el  elemento hebreo.  Hace varias décadas el poeta colombiano Rafael Ortiz González escribía:

 

Pero es tan fuerte el fiel determinismo

por estas latitudes milenarias,

que he sacudido el árbol de mi sangre

a ver si de la fronda de mis venas

vuela una vieja golondrina hebraica.

 

A muchos les queda fácil hallar el hilo que desenrede el ovillo de sus ancestros judíos.  Recientemente recibí un correo electrónico desde Atenas,  enviado por el judío mesiánico Félix Guttmann, en el cual se me informa que los Silvas son sefarditas que huyeron de la Inquisición y se afincaron en Colombia y Chile.  (Por este descubrimiento no se me ocurriría mandarme a circuncidar.) El gran inconveniente de esta nueva ola radica en que muchos entusiastas neófitos organizan grupos informales que se dedican a judaizar a los cristianos hasta descristianizarlos, o bien a cristianizar a los judíos desjudaizándolos y no cristianizándolos propiamente.

En Estados Unidos, por suerte, existen mejores controles de calidad para estos productos y, por supuesto, hacen presencia sólidas y correctas comunidades como la Alianza Judeo–Mesiánica Internacional que lidera el rabino y pastor David Sedaca, argentino por más señas, quien aporta elementos culturales latinoamericanos muy valiosos a este movimiento insurgente de grandes proyecciones.

Alguien pensará que las propuestas de este libro son utópicas.  Pretender que Estados Unidos, como eje del mundo actual, sea el núcleo de fusión de tantas fuerzas contradictorias suena a mera ilusión.  Sin embargo, lo que hoy es la Civilización Cristiana Occidental se amalgamó en Roma – los romanos eran los gringos de aquel tiempo – conciliando elementos disímiles en apariencia: la filosofía griega, la legislación romana, la ética semítica, la cultura celtogermánica, todo ello con el soplo del Espíritu Santo a través de las Sagradas Escrituras.  El cristianismo es el gran catalizador humano, pero ha sido funesto error considerarlo como una cultura en sí mismo, pues uno puede ser cristiano y anglosajón, cristiano y latinoamericano, cristiano y chino, cristiano e indígena, sin dejar de ser lo uno para poder ser lo otro.  La Biblia es bien clara al respecto:

Después de esto miré, y apareció una multitud tomada de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas; era tan grande que nadie podía contarla.  Estaban de pie delante del trono y del Cordero, vestidos de túnicas blancas y con ramas de palma en la mano

Apocalipsis 7:9

Lo maravilloso de los Estados Unidos es la diversidad sin límites.  La xenofobia es mal desconocido en su territorio, salvo el caso de fanáticos – terroristas nunca faltan – para quienes el ser humano superior es el que forma en sus propias filas.  De ahí que resulte relevante, en un examen de posibilidades futuristas, a la luz – o a la sombra – de la tragedia septembrina, detenerse a pensar en un posible acuerdo sobre temas mínimos entre las distintas vertientes del monoteísmo, sin descartar sus perfiles particularistas. La historia no se estanca, ni puede hacerlo, en pequeños reductos raciales, religiosos o culturales.  La virtud del cristianismo es aprovecharlo todo, sintetizarlo todo, organizarlo todo, del caos al concierto, bajo la batuta del Gran Maestro Universal.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, página 185-187)

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Los hijos de Abraham | ¿Hispanoisraelismo?

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España fue, propiamente, la segunda patria de los judíos.  El rabino Hananel Sevilla, jefe religioso de una comunidad  sefaradí en Sofía, Bulgaria, ha dicho que la presencia de su pueblo en tierras españolas se remonta a los tiempos de la dominación babilónica, cuando muchos huyeron por el Mediterráneo hacia Tarsis, en Andalucía.  Los sefarditas suelen decir que ellos no son culpables de la muerte de Jesús, puesto que se encuentran en Sefar o Sefarad (nombre bíblico de España) desde quinientos años antes de Cristo.

Nadie pone en tela de juicio la patente judeidad étnica de Antioquia en Colombia, Córdoba en Argentina y Monterrey en México.  Hay también quienes se aventuran con Menasé ben Israel y Antonio de Montezinos en la hipótesis de que en la América precolombina se afincaron algunas de las tribus israelitas perdidas en tiempos de Salmanasar.  Se encuentran indicios judaicos en algunas costumbres indígenas: la circuncisión en Yucatán y Acuzamil, el jubileo cada cincuenta años en Nueva España, el matrimonio con la viuda del hermano en el Perú, la guarda eterna del fuego en los altares por los Totones, el relato del diluvio universal y la Torre de Cholula, similar a Babel, para citar pocos ejemplos.

América Latina, por todo lo anotado anteriormente, es un crisol donde se funde el porvenir humano, y su presencia creciente en los Estados Unidos debe orientarse positivamente para que la masa migratoria entregue sus aportes creativos hacia la meta común de una humanidad más humana, si se permite tal expresión.  Dicho directamente, más cristiana.  Mejor aún: cristiana a secas.

No se crea que estoy propiciando, en medio de la actual confusión, algún tipo de ecumenismo.  ¡Dios me libre! Nadie podría válidamente acuñar un medallón en el cual lucieran juntos la Torah, el Evangelio y el Corán; pero yo he visto, por ejemplo, a Don Francisco, teleanimador chileno judío, presentar a Shakira, cantante colombiana árabe.

Hace algunos años el presidente egipcio Anwar el Sadat se impuso una obra faraónica: la construcción de un gigantesco templo en el monte Sinaí para estímulo de paz entre los hombres.  Las acciones de este líder egipcio le dieron una robusta imagen histórica, aunque fueron incomprendidas por los fanáticos, adversos a lo magnánimo.  Fueron terroristas de corte islámico los que asesinaron a Sadat,  dicho sea de paso.

Según pensaba este musulmán ilustrado, se hacía necesario un monumento para honrar la fe monoteísta; él ordenó al autor del proyecto coronar la nueva pirámide con la cruz, la estrella de David y la Media Luna, símbolos de las religiones que nacieron de la fe de Abraham.  Es verdad histórica que la región  levantina ha tenido sus momentos estelares cuando se produce la empatía entre agarenos y hebreos, cosa que ha ocurrido esporádicamente,  por desdicha.  Si los cristianos contribuimos a ello, despojados de prejuicios, con la neta ley de Jesucristo, que es el amor, podemos hacer mucho, sin ser ecumenistas. Ecumenismo no es sino la nueva esfinge.

En la agenda norteamericana de las misiones hoy no tiene prioridad la América Latina; la preocupación primordial se dirige hacia los países de la antigua órbita soviética en la Europa Oriental y, por supuesto, hacia los musulmanes, y  la tendencia se incrementa ahora mismo ante las necesidades creadas por la guerra de Afganistán.  Actualmente las grandes misiones transnacionales se empeñan en reclutar a latinoamericanos para que reciban adiestramiento y marchen a predicar en Irak, Irán, Paquistán, Arabia y aledaños.

Sin criticar tales esfuerzos,  es menester decir que América Latina  misma necesita ser, en gran medida, convertida a Cristo; o, por lo menos reevangelizada. Ante esta prioridad muchos prefieren dedicar todos los esfuerzos a la mano para la obra misionera a quienes hablan español en cualquier lugar del mundo.  Las megalópolis norteamericanas, europeas y asiáticas albergan a hispanohablantes por millones  y ellos no encuentran una visión eclesiástica que se acomode a sus particularidades.

Una de las lecciones más valiosas del 11 de septiembre fue observar a muchas familias enlutadas que hablaban español asistidas por clérigos de varias religiones, menos la iglesia cristiana evangélica. Hay mucho trabajo para hacer.  Y hay que empezar a hacerlo en forma inmediata.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, página 183-185)

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Los hijos de Abraham | Árabes y Judíos

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Por otra parte, las luchas legendarias entre los hijos de Sara y Agar se agudizaron a finales del siglo XIX y durante todo el XX por la disputa territorial de Palestina.  Árabes y judíos derrocharon ingenio para perfeccionar el terror hasta límites nunca antes alcanzados por el hombre y que hoy subsisten en ese legendario campo de batalla.  No debe olvidarse que el antiguo comandante de las bandas terroristas judías, Menahem Begin, fue primer ministro de Israel, como el fundador de Al Fatah, Yasser Arafat, es presidente de la Autoridad Nacional Palestina.

Existe la percepción más o menos universalizada de que Estados Unidos es projudío y Europa proárabe.  El asunto tiene que ver con dos realidades históricas: el colonialismo europeo, principalmente británico y francés, que hizo presencia muy notable en el Oriente Medio; y, de otro lado, el hecho de que los judíos europeos que se vieron precisados a emigrar – perseguidos por los zares, el comunismo y el nazismo – decidieron, como entonces se decía, ‘hacer la América’ y constituyeron un grupo de fuerte influencia en los Estados Unidos.  En la sola Nueva York hay más judíos que en todo Israel.

Por contraste, en América Latina las principales oleadas migratorias fueron mayoritariamente árabes, pese a que los judíos también llegaron a muchos países, primordialmente Argentina y Brasil.  Los latinoamericanos nos hemos entendido bien con los árabes, especialmente sirio-libaneses- la procedencia más nutrida – y muchos de ellos se han destacado en la cátedra, las artes, los negocios, las ciencias y, particularmente, la política.  Los presidentes Carlos Menem en Argentina y Julio César Turbay en Colombia son solo dos ejemplos.

La influencia del catolicismo romano, que ha marcado en forma indeleble la impronta latinoamericana, generó cierto antisemitismo en la población: los judíos eran los asesinos de Jesús; en cambio, casi todos los árabes por venir de países de influencia maronita y ortodoxa, daban con facilidad el paso hacia el catolicismo romano.  En la región se llama ‘turcos’ a los ismaelitas, porque los primeros  que a ella inmigraron traían pasaporte del imperio otomano, potencia mandataria de sus países en aquel tiempo.

Al margen de las anteriores consideraciones, no puede desconocerse que el monoteísmo ha sido, es hoy en muchos casos, y puede ser en el futuro un importante punto de confluencia de estas tres culturas, espiritualidades y formas de vivir.  En el pasado, por ejemplo, España fue un buen ensayo.

Pensadores profundos y decisivos de las tres corrientes religiosas fueron: españoles: el cristiano Isidoro, el judío Maimónides, el musulmán Averroes. Un popular romance andaluz relata los amores de un católico y una judía:

¿Qué dirán tus sinagogas?

¡Qué dirán mis arzobispos!

 

Chateaubriand, por su parte, dejó en ‘El último Abencerraje’ un relato romántico sobre situación similar entre un moro y una cristiana precisamente en España.

Ahora bien, en Estados Unidos existe también una fuerte colonia árabe con personalidades de alto relieve en la vida nacional e internacional, que practican la fe islámica. ¿No podría intentarse, ya que se disfruta de tolerancia, alguna forma de convivencia en la diferencia que lleve a cristianos, judíos y musulmanes a una alianza estratégica frente a los terrorismos de todas las vertientes?

Los latinoamericanos, de mano de los españoles, pueden ser un aglutinador de tales esfuerzos.  A través de la ‘madre patria’ han llegado hasta el torrente sanguíneo de Amerindia glóbulos hebreos y árabes en gran proporción.  Nadie discute la influencia de los hijos de Ismael a través de ocho siglos de presencia en la península ibérica;  es menos reconocida la del componente hebreo, pero se ha dicho razonablemente que aquel descendiente de españoles incapaz de recitar sus treinta y dos apellidos primarios, está impedido para afirmar que no tiene sangre judía.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, página 181-183)

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Los hijos de Abraham

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Es muy triste reconocer que el terrorismo religioso y, en buena parte, el político han tenido como protagonistas muy notorios  a través de la historia a los monoteístas; ejemplo de lo cual es la pugna actual entre maronitas e islámicos en el Líbano. Cristianos contra judíos, cristianos contra musulmanes, musulmanes y judíos entre sí han alcanzado un nivel de crueldad en sus guerras casi inaceptable para salvajes sin el conocimiento de Dios.  Todo comenzó cuando los fariseos, acaudillados por el terrorista paramilitar Saulo de Tarso, hicieron víctimas a los primeros cristianos de torturas y matanzas;  y, si bien es cierto que los césares, con Nerón mismo a la cabeza, entregaron a las fauces de los leones a los seguidores de Jesús, no lo es menos que, andando el tiempo, los últimos hicieron a los judíos reciprocidades violentas.

El cargo de deicidas que se les endilgó a los adeptos de la ley mosaica es una de las más grandes contradicciones al espíritu de la fe cristiana.  El  deicidio es, simplemente, una imposibilidad, puesto que si Dios no puede morir, no hay quien pueda matarlo; y, si Dios muriera, la muerte misma sería Dios, pues en ella residiría el poder absoluto.  Es obvio que Jesucristo muere en la cruz como hombre, no como Dios, de la misma manera que nace de María no como Dios sino como hombre.   Si Dios no puede nacer tampoco puede morir.

Siguiendo aquella lógica los cristianos deberíamos, más bien, estar agradecidos con los judíos por haber dado muerte a Jesús, puesto que de ese hecho vino nuestra redención.  En otras palabras, si Jesús no hubiera muerto no habríamos sido redimidos.  Sin embargo, la gratitud debe estar orientada en forma exclusiva a El por su sacrificio voluntario y no a los humanos agentes que lo hicieron posible.

La iglesia romana extremó los procedimientos de crueldad para ‘castigar’ a los judíos por el deicidio y solo recientemente, por buenos oficios de Juan Pablo II, se ha pedido perdón a los descendientes directos de las víctimas de aquel absurdo terrorismo religioso, que tuvo sus expresiones más refinadas en la Santa Inquisición.

El caso de las Cruzadas no es menos grave.  Al surgir el Islam como opción espiritual para los árabes, Roma sintió amenazadas sus ‘posesiones’ en Tierra Santa y las emprendió a sangre y fuego contra los hijos de Ismael, quienes respondieron en forma similar.  Las historias que se conservan de aquellos enfrentamientos son espeluznantes.  Algunos cristianos, en nombre del Príncipe de la paz, idearon sadismos sofisticados e ignominias bélicas inimaginables contra los impíos.  Los musulmanes no salieron del todo mal librados de esta guerra terrorista, pues arrebataron a la cristiandad fuertes baluartes que no le ha sido posible recuperar.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, página 180-181)

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Los tesoros perdidos | Diálogo Norte-Sur

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Para los Estados Unidos el tesoro perdido ha sido América Latina.  Es prioritario reconstruir la confianza de los habitantes del sur del Río Grande – frontera geográfica, étnica, cultural, económica y espiritual – en los prósperos vecinos del norte cuyos ojos azules miraron sin interés durante mucho tiempo a una región que podía ser su amiga y aliada, ayudarlos, custodiarlos.  No es tarde aún para que se aprovechen las actuales circunstancias históricas en un reexamen que conduzca al panamericanismo bien entendido: no la imposición, ni la ley del más fuerte, sino lo que ha hecho grande a la superpotencia: la igualdad de oportunidades que no es cosa distinta a la imparcialidad cristiana:

“En esta nueva naturaleza no hay griego ni judío, circunciso ni incircunciso, culto ni inculto, esclavo ni libre, sino que Cristo es todo y está en todos.”

Colosenses 3:11

Si se ha logrado dentro de las fronteras ¿por qué no intentarlo fuera de ellas?   ¿No es más seguro para la vida interior garantizar la vida exterior? Los latinoamericanos, hastiados de diversos terrorismos, miran hoy con ojos de esperanza a quien puede salvarlos de ese yugo.  ¿No podría intentarse alguna alianza, algún plan, una suerte de liga interamericana que, a través de cooperación creativa, diera un nuevo impulso pacífico a pueblos tradicionalmente sometidos al abandono y la desesperanza?

Si no se aprovecha el momento actual, cuando las masas están desencantadas de sus fracasados libertadores violentos, las cosas podrán llegar a un punto muerto donde ya ningún esfuerzo fructifique.  La Iglesia  Cristiana Evangélica, por sus conexiones norte –  sur fortalecidas con el  elemento español, puede ser el motor de esa iniciativa.  Para lograrla, deberá recibir el nuevo vino de la revelación espiritual y lanzarse a la reconquista de los tesoros perdidos.  Es hora de decir como en tiempos de Salomón: ‘Manos a la obra’.

Sin embargo, uno se cuestiona sobre si los Estados Unidos tendrán, en el campo evangélico, algún interlocutor válido dentro del ámbito latinoamericano.  Cuando se observa el panorama continental cargado de densos nubarrones, causa inquietud la escasa presencia del liderazgo cristiano frente a los problemas, en tanto  las jerarquías católicas romanas, y aún el clero raso de esa iglesia, son muy dinámicos e influyentes. En general, la actitud pareciera ser un encogerse de hombros y exclamar: Que protesten otros, no los protestantes.

Hay también cierta sumisa reverencia de yesman hacia los hermanos mayores del norte, con quienes no se discute, ni siquiera se dialoga; a quienes solo se les obedece.  El primer diálogo norte – sur que podría dar buenos resultados es entre las iglesias; en ese organismo da vasos comunicantes que es el Cuerpo de Cristo podemos darnos mutuamente oxígeno y plasma para ser más saludables.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, página 177-179)

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