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El Fruto Eterno Tag

VI-FEB-03

La luz de la bondad

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Por tanto, considera la bondad y la severidad de Dios: severidad hacia los que cayeron y bondad hacia ti. Pero si no te mantienes en su bondad, tú también serás desgajado.

Romanos 11.22

 

La bondad es la sexta característica del fruto espiritual, según la bien conocida enumeración paulina. Es este  un capítulo de Romanos en el cual el propio apóstol  habla sobre la relación de los cristianos con los judíos; en su perspectiva, ellos son el olivo natural, y nosotros, ramas silvestres  injertadas; y, por lo tanto, debemos tener la mejor relación posible con el pueblo de Israel. Pero, al margen de la deseable amistad entre judíos y cristianos, la referencia a la bondad de Dios -y a su severidad- nos viene como anillo al dedo ya que, en nuestra serie, vamos a hablar de la bondad.

 

En una definición básica, primaria, la bondad es propiamente la condición de bueno. Necesariamente, la bondad nace de un corazón bueno, pues un corazón malo produce maldad; y, como se trata de algo espiritual, obviamente la bondad proviene de Dios; exactamente, del corazón mismo de Dios. La razón es sencilla, porque Dios es infinitamente bueno, en su propia naturaleza esencial palpita la bondad. Miraremos por lo tanto el tema apasionante de la bondad de Dios.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Fruto Eterno, página 169-170)

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VI-FEB-02

El tesoro de la amabilidad | Ejemplos de amabilidad P4

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Unidad, convivencia y tolerancia. Por haber  dicho que con los católicos hay que tener “convivencia en la diferencia”, algunos sectores evangélicos me han criticado. Por Dios, ¿no entienden qué significa convivencia? Convivencia -en este caso- no implica acuerdo ni, mucho menos, contubernio, puesto que se añade  “en la diferencia”; y, aquí sí como decían los viejos, “juntos pero no revueltos”.  Lo que no  puede hacerse, en unos países  que ya tienen suficientes enfrentamientos, conflictos y guerras,  disensiones y discordias,   es trasladar a América Latina la anacrónica guerra de Irlanda entre protestantes y católicos como otro factor de perturbación.

 

Los cristianos debemos ser pacificadores y, aunque tracemos una línea divisoria bien clara con los católico-romanos,  tenemos  que convivir con ellos. Convivir es “vivir con”. ¿Acaso ellos viven en  países distintos a los nuestros? Compartimos el mismo espacio, acatamos las mismas autoridades y sufrimos los mismos problemas, aunque no tengamos los mismos dogmas y las mismas creencias. Y ¿de qué manera se logra esto? Tal como convivía con los hititas el patriarca Abraham, por ejemplo.

 

Por último,   frente a los demás sistemas  propiciamos “tolerancia en la distancia”. Yo no puedo tener la misma clase de relación con un politeísta que con un agnóstico, ni el mismo tipo de contacto con un agnóstico que con un monoteísta. Los judíos y los musulmanes creen en el  Dios de Abraham, son monoteístas como nosotros; pero,  dentro del monoteísmo, mi relación tampoco puede ser igual con un musulmán que con un judío.  Hay ciertas diferencias y graduaciones en el trato con las personas dentro de esas “empatías” espirituales; y, por eso, promovemos “tolerancia en la distancia”.

 

Es necesario mantener cierto trecho, más que nada con los practicantes de sistemas religiosos falsos; no es posible sostener el mismo grado de  comunicación con los miembros de las diferentes creencias, aunque se debe ser amable con todos por igual.  No es cierto que “todos los caminos conducen a Roma”. (Bueno, a Roma puede que sí, pero no a Dios).  Respecto a  este tema de la amabilidad, francamente debiéramos volver a la enseñanza sencilla de Agustín de Hipona en el siglo IV:

 

En lo esencial, unidad

En lo no esencial, libertad

Y en todas las cosas, caridad.

 

Si entendiéramos y aceptáramos estas consideraciones tan sencillas,  nuestra amabilidad crecería y seríamos seguidores más auténticos de Aquel a quien San Pablo describe como el máximo ejemplo de amabilidad conocido en la historia. Las instrucciones del apóstol tienen validez para todos los tiempos y, en cortos versículos, nos dan un marco teórico de la amabilidad:

 

Por tanto, si sienten algún estímulo en su unión con Cristo, algún consuelo en su amor, algún compañerismo en el Espíritu, algún afecto entrañable,  llénenme de alegría teniendo un mismo parecer, un mismo amor, unidos en alma y pensamiento.  No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos.  Cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses sino también por los intereses de los demás.

Filipenses  2:1-4

 

Amabilidad, fruto del Espíritu Santo que, al producirse en cada hijo de Dios, multiplica su semilla prodigiosa en los surcos de la sociedad para que ésta produzca  una gran cosecha jovial de seres humanos gentiles y respetuosos unos con otros. Soñemos con ese milagro de la productividad espiritual de Cristo.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Fruto Eterno, página 165-167)

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VI-FEB-01

El tesoro de la amabilidad | Ejemplos de amabilidad P3

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Los ángeles son amables. Saludar  es un acto de amabilidad  elemental que se ve hasta en los ángeles.   ¿Recuerdan cuando viene Gabriel en persona a visitar a la adolescente María de Nazaret?  Ella no era una princesa ninivita, egipcia o babilónica, sino una mujer realmente muy humilde. Un ángel es un ser superior a un ser humano; sin embargo, lo primero que Gabriel hace ante esta jovencita tímida y con acné es saludarla amablemente: “Salve, muy favorecida”. Cortesía angelical.

 

En los tiempos actuales, ve uno descortesía aún en los noviazgos, los muchachos  no saben lo que es cortejar correctamente a una mujer. En mis tiempos de juventud se decía: “Las damas primero”; pero, por supuesto, en la amabilidad había tarifas diferenciales: “Primero la edad que la belleza”. También se acostumbraba dejar la acera al anciano, al limitado, a la dama; ceder el puesto a las personas mayores en edad, dignidad y gobierno; abrir y cerrar la puerta  del automóvil a las señoras, etc.  Hoy lo que   se ve es descortesía, todo el mundo quiere pasar primero,  nadie dice: “Siga usted”, siendo que no se pierden diez  segundos dejando pasar al otro adelante.

 

El cristiano debería ser conciente de que  puede ganar -o perder- un alma con su conducta social. No es simplemente humanitario, sino cristiano, levantar al que ha caído, darle la mano al anciano que está cruzando la calle. La amabilidad   tiene mucho que ver con la misericordia. Ayudar a los necesitados en sus urgencias y, también, ser solidario con la gente en sus alegrías no son solo amabilidades sino principios de ética elemental. Últimamente  a muchos les cuesta trabajo sonreír, algo fácil de hacer y gratuito; y, claro,  no significa que yo debo andar exhibiendo  una sonrisa permanente de oreja a oreja, como un payaso de circo. No se trata de fingimiento, no es derrochar hipocresía, colocarse caretas, y cosas así. Pero practicar la amabilidad en todas las relaciones interpersonales es una  ordenanza  bíblica de ineludible cumplimiento.

 

Amabilidad entre padres e hijos, amabilidad entre cónyuges, amabilidad entre patronos y trabajadores, amabilidad entre hermanos y amabilidad con los inconversos. En mi iglesia se ha enseñado desde el principio esta consigna:

 

Entre cristianos, unidad en la variedad;

con católicos y ortodoxos, convivencia en la diferencia;

 frente a los demás sistemas, tolerancia en la distancia.

 

Un error grave de apreciación se comete al pensar que uno es descortés porque no está de acuerdo con algunos dirigentes eclesiásticos  sobre la forma  como manejan los temas bíblicos. Eso no es descortesía, sino búsqueda de una genuina identidad cristiana. Dentro de la sana doctrina, los grupos evangélicos son  diferentes entre sí, no hay congregaciones clones ni creyentes clonables; la iglesia es una vid y muchas ramas y, en ese conjunto,  unas ramas son largas y otras  cortas, unas  delgadas y otras  gruesas, pero todas están adheridas a la misma vid verdadera que es Jesucristo. Es importante entender lo que significa estar unidos siendo variados; pues,  si decimos “unidad en la variedad”, es porque somos variados, no porque somos iguales. Lo importante es que se trate con respeto al que ve algunas cosas diferentes a como uno las percibe.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Fruto Eterno, página 163-165)

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VI-SEP-03

El tesoro de la amabilidad | Ejemplos de amabilidad p2

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Jesús de Nazaret. La gente, en algunos casos,  tiene la imagen de un Jesús un poco pendenciero, ¿no es cierto? “Lo cortés no quita lo valiente”, dicen los viejos españoles. Sin embargo, al  observar minuciosamente  la conducta de Jesucristo, se llega a una conclusión asombrosa: jamás, en  ningún caso, trató con dureza a personas en particular; sus grandes sermones admonitorios, sus famosas “andanadas” -perdóname, Señor tan dura expresión- eran todas dirigidas al  grupo, nunca al individuo. Observen los plurales: “Fariseos hipócritas, publicanos tales por cuales”, etc.  Siempre  al colectivo, nunca a la persona en particular. Por el contrario, a las personas individualmente las trató siempre con respeto y cordialidad; en suma, con un amor inmenso. He aquí una prueba de ello:

 

Uno de los fariseos invitó a Jesús a comer, así que fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa.  Ahora bien, vivía en aquel pueblo una mujer que tenía fama de pecadora. Cuando ella se enteró de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, se presentó con un frasco de alabastro lleno de perfume.  Llorando, se arrojó a los pies de Jesús, de manera que se los bañaba en lágrimas. Luego se los secó con los cabellos; también se los besaba y se los ungía con el perfume.

Lucas 7:36-38.

 

Imagínese que está usted en su casa sentado a la mesa con un huésped muy especial y, súbitamente, irrumpe al comedor  una prostituta tristemente famosa y se tira a los pies de su invitado. ¿Cómo reaccionaría usted? Piense en la escena del evangelio: está Jesús en la casa de alguien  importante, un principal entre los fariseos, quien ofrece un  banquete en su honor; al acto social concurre   toda la gente principal, y esta mujerzuela protagoniza  semejante drama. En medio del estupor general, el fariseo piensa cosas feas en su torcida mente, pero Jesús le lee el pensamiento:

 

40-43. Entonces Jesús le dijo a manera de respuesta: __Simón, tengo algo que decirte.__Dime, Maestro —respondió. Dos hombres le debían dinero a cierto prestamista. Uno le debía quinientas monedas de plata, y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagarle, les perdonó la deuda a los dos. Ahora bien, ¿cuál de los dos lo amará más? Supongo que aquel a quien más le perdonó —contestó Simón.__Has juzgado bien —le dijo Jesús.

“Tranquilo, Simón,  yo sé qué clase de mujer es esta promiscua y conozco todos sus horribles pecados; no pienses que soy tonto. Me gustaría que observaras algunos contrastes entre ella y tú”:

 

44-47. Luego se volvió hacia la mujer y le dijo a Simón: __¿Ves a esta mujer? Cuando entré en tu casa, no me diste agua para los pies, pero ella me ha bañado los pies en lágrimas y me los ha secado con sus cabellos. Tú no me besaste, pero ella, desde que entré, no ha dejado de besarme los pies.  Tú no me ungiste la cabeza con aceite, pero ella me ungió los pies con perfume.  Por esto te digo: si ella ha amado mucho, es que sus muchos pecados le han sido perdonados. Pero a quien poco se le perdona, poco ama.

 

Es impactante el respeto, la gentileza, la cordialidad con que Jesús trata por igual al fariseo y a la prostituta que está a sus pies. Toda su enseñanza en esta anécdota  está centrada en el amor; no olvidemos que  “amable” significa que ama y que merece ser amado, Es el amor  el que origina la amabilidad. No se es amable si no se ama, sería un contrasentido. El que  no es amable  no ama, el que no ama no es amable. Sería muy bueno que, dentro y fuera de la  iglesia, rescatáramos algunos detalles de amabilidad: por ejemplo, saludar; hay gente que ni siquiera saluda al feligrés que se sienta a su lado en el templo.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Fruto Eterno, página 158-163)

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VI-SEP-02

El tesoro de la amabilidad | Ejemplos de amabilidad p1

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Aparte de Jesús, que no admite clasificaciones, la Biblia ofrece casos de amabilidad destacados, de los cuales recordaremos solo algunos.

 

El patriarca Abraham. No en balde  llamaron a este personaje clave de la historia universal “el padre de la fe”. En casi todos los sermones sobre el fruto del Espíritu, Abraham  hace presencia obvia, debido a su sólida personalidad de creyente; pues, como pronto lo veremos,  la fe es básica para  fructificar  espiritualmente. En cuanto a la amabilidad, tema que ahora nos ocupa, Abraham ofrece un ejemplo perfecto cuando su mujer Sara fallece y él busca un sepulcro para enterrar el cadáver.

 

Sara vivió ciento veintisiete años,  y murió en Quiriat Arbá, es decir, en la ciudad de Hebrón, en la tierra de Canaán. Abraham hizo duelo y lloró por ella.  Luego se retiró de donde estaba la difunta y fue a proponer a los hititas lo siguiente: Entre ustedes yo soy un extranjero; no obstante, quiero pedirles que me vendan un sepulcro para enterrar a mi esposa. Los hititas le respondieron: Escúchenos, señor; usted es un príncipe poderoso entre nosotros. Sepulte a su esposa en el mejor de nuestros sepulcros. Ninguno de nosotros le negará su tumba para que pueda sepultar a su esposa.

Génesis 23:1-6

 

Abraham hace una nueva reverencia ante los hititas y les pide que, por favor, intercedan ante el dueño de la cueva de Macpela a fin de que se la venda para sepultar allí a Sara. El propietario, meneando la cabeza, le responde que, de ninguna manera, que él le regala la cueva para la sepultura de Sara. Sin embargo,

 

V.12-13. Una vez más, Abraham hizo una reverencia ante la gente de ese lugar,  y en presencia de los que allí estaban le dijo a Efrón: __Escúcheme, por favor. Yo insisto en pagarle el precio justo del campo. Acéptelo usted, y así yo podré enterrar allí a mi esposa.

 

Se trata de una situación embarazosa: Sara ha muerto, Abraham es un extranjero en aquella tierra, no tiene dónde sepultar el cadáver de su esposa; pero  es de observarse  la amabilidad del trato social,   tanto del padre de la fe como de las gentes que viven en Canaán, que eran idólatras, politeístas, estaban lejos de la fe verdadera. Sin embargo, el viudo los trata con reverencia, respeto, cortesía, amabilidad.  Abraham hace  una nueva reverencia ante los nacionales del lugar e insiste en pagar un precio por la tierra, pese a que el dueño de esta, el inconverso Efrén, se la quiere regalar y, también, derrocha reverencias y cortesías, es decir, amabilidad.

 

En tanto se lleva a cabo esta gentil discusión,  el cadáver de la vieja Sara espera a la intemperie a que se decida dónde lo van a depositar finalmente.  El trato que les da el padre de la fe a los incrédulos nos enseña algo valioso: todo hombre es una imagen de Dios, no importa su religión, su raza, su partido político, etc; y por todos sin excepción el Señor derramó gota a gota su sangre en el Calvario. Por esa razón, en el Sermón del Monte, Jesús nos encarece: “Sean imparciales como el Padre Celestial que hace salir el sol sobre los buenos y sobre los malos y que hace llover sobre los justos y sobre los pecadores”. No escuché nunca que el Señor ordenara en la madrugada: “Que hoy salga el sol sólo para los evangélicos y que haya lluvia sólo para los bautizados; es mi voluntad -¿o mi capricho?- que  los demás  se queden sin agua y sin sol”.

 

Esa misma imparcialidad que muestra Dios, la debemos mostrar sus hijos.  No tenemos ninguna autoridad ni nos asiste ningún derecho para cometer el abuso de desacreditar el nombre de nuestro Padre con nuestra conducta. La amabilidad es fruto del Espíritu Santo, no simple muestra de urbanidad.  Abraham era un hombre, por sobre todo, cortés.  La amabilidad y la fe marchan juntas.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Fruto Eterno, página 158-160)

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VI-SEP-01

El tesoro de la amabilidad | Lo que sí es la amabilidad p3

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Amabilidad con los incrédulos.

Gracias a Dios que nos obliga a ser amables con los inconversos; pues, si así no fuera, difícilmente les daríamos siquiera el saludo. La tendencia al fanatismo es deplorable, pero real, en el pueblo cristiano, pese a admoniciones tan precisas como esta:

 

Más bien, honren en su corazón a Cristo como Señor. Estén siempre preparados para responder a todo el que les pida razón de la esperanza que hay en ustedes.  Pero háganlo con gentileza y respeto, manteniendo la conciencia limpia,

1 Pedro 3:15-16a

 

El apóstol habla de responder; su consejo es para cuando te preguntan, no  que tú andes con el libro negro debajo del brazo en los autobuses, los trenes,  las paradas y los supermercados, dándole un garrotazo con la Biblia a cada persona que encuentras a tu paso por ahí. Por esa clase de proselitismos mal entendidos,  muchos  creerán  que tú eres mormón o testigo de Jehová, o miembro de alguna secta extravagante por  fuera de la sana doctrina. Dice también Pedro que hay que actuar en todo caso con gentileza y respeto, manteniendo la conciencia limpia. No es precisamente  gentileza, respeto y limpia conciencia  lo que se ve   en muchos cristianos, sino  todo lo contrario: una gran autosuficiencia, un irrespeto por el otro, una enorme chabacanería, una gran sordidez en la forma de transmitir el evangelio; y, deplorablemente, cierto aire de santa soberbia frente a los inconversos.

Por supuesto, esa conducta no convierte a nadie; sin  gentileza -que es amabilidad- no podremos ganar las almas.  Para citar un ejemplo clásico, Jesús le compartió su mensaje a la samaritana, que era una idólatra, junto al monte donde estaban las imágenes de Baal y de Asera que ella adoraba. ¿Qué falta de consideración y de respeto tuvo Jesús con ella? Sólo le ofreció amor. Se limitó a transmitirle la verdad con gentileza, con respeto y con limpia conciencia y, por eso, esta mujer recibió el agua viva del Espíritu Santo. Por otra parte, ¿cómo le compartió a Nicodemo que tenía algunas confusiones sobre el nuevo nacimiento? Con gentileza y respeto, como debe ser siempre.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Fruto Eterno, página 157-158)

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VI-AGO-05

El tesoro de la amabilidad | Lo que sí es la amabilidad p2

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Amabilidad es vitalidad. Vuelva conmigo por un momento a Tesalónica y se sorprenderá de los descubrimientos paulinos a la iglesia de esa antigua ciudad:

 

Así nosotros, por el cariño que les tenemos, nos deleitamos en compartir con ustedes no sólo el evangelio de Dios sino también nuestra vida. ¡Tanto llegamos a quererlos!

l Tesalonicenses 2:8

 

Es cuestión de compartir no solo una enseñanza magistral, más o menos dinámica de la Palabra de Dios, sino de compartir la vida misma con los hermanos. Yo puedo ser muy decente, tener buenas maneras, comportarme con mucho decoro, practicar la urbanidad, pero eso es sólo la superficie de la conducta. La Biblia   habla de algo más profundo, utiliza la palabra “cariño”. Es menester, pues, deleitarse no sólo en la presentación del  evangelio, sino  entregar la vida a aquellas personas a quienes se les comparte el mensaje del Señor. “Los quiero tremendamente”, dice Pablo. Puedo entenderlo, a mí me pasa eso con mis ovejas. Las quiero mucho.

 

La amabilidad es relativa. No se asuste. Es cierto que, después de que Albert Einstein descubrió la ley de la relatividad, algunos  entraron en el  relativismo, que es muy peligroso.  Hoy se vive en el mundo un gran relativismo moral; según esta tendencia,  todo no es absolutamente malo ni absolutamente bueno. Vivimos una época en la que nada es relativamente absoluto porque todo es absolutamente relativo. Aclarado lo anterior, vamos a la Biblia:

No reprendas con dureza al anciano, sino aconséjalo como si fuera tu padre. Trata a los jóvenes como a hermanos;  a las ancianas, como a madres; a las jóvenes, como a hermanas, con toda pureza.

1 Timoteo 5:1-2

 

Timoteo, al parecer, era muy joven cuando fue nombrado pastor de la iglesia en Éfeso, y  aquí el apóstol le enseña la relatividad de la amabilidad. No significa ser más o menos amable con unas ó con otras personas; sino, dependiendo las edades, los rangos, los grados y las dignidades, ha de ser el tipo de amabilidad.   Cada uno debe tener una tarifa diferencial en la forma como recibe el trato de los otros, pero hay que ser amables con todos.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Fruto Eterno, página 155-156)

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VI-AGO-04

El tesoro de la amabilidad | Lo que sí es la amabilidad

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Tenemos como base para esta serie  la porción bíblica Gálatas 5:22, en la cual se enumeran las virtudes propias del fruto del Espíritu Santo, y allí  encontramos: amor, alegría, paz, paciencia;  y, luego,  amabilidad. La palabra griega que utiliza el apóstol San Pablo es Chrestotes, que  trataré de interpretar, ya que traducirla es muy difícil. Significa “gentil, cariñoso, refinado en conducta”. Como quien dice, chrestotes  implica urbanidad y buenas maneras.

 

Amabilidad es santidad: Está el amado apóstol Pablo dándonos normas de vida y conducta a través de la iglesia de Colosas y expresa textualmente:

 

Por lo tanto, como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de afecto entrañable y de bondad, humildad, amabilidad y paciencia.

Colosenses 3:12

 

Como siempre, es muy útil analizar las palabras que la Biblia emplea: “escogidos de Dios”,  Si usted  se considera escogido de Dios, este mensaje le pertenece por derecho propio. ¿Qué más dice? “Amables, con afecto entrañable”; no es a base de buenas maneras externas, sino por un cariño que nace de las entrañas, es decir, directamente del corazón. Porque yo puedo ser fríamente cortés con todo el mundo, pero eso no es amabilidad.

 

Amabilidad es una palabra que tiene relación con amor; por eso, el afecto entrañable es lo que me hace ser amable con los demás. No es cuestión de buenas maneras sociales solamente; obsérvese que Pablo habla de bondad, humildad y paciencia, virtudes todas a las cuales se halla indisolublemente   ligada la amabilidad.  Para yo ser amable, en otras palabras, tengo que ser santo, afectuoso, bondadoso, humilde y paciente, no solamente cortés o gentil con las personas.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Fruto Eterno, página 154-155)

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VI-MAR-03

El tesoro de la amabilidad | Lo que no es la amabilidad P3

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La adulación es simulación

¡Qué observador perspicaz era el rey Salomón! Veamos cómo  trata temas que se relacionan entre sí, y que respaldan la línea de pensamiento que venimos exponiendo:

 

A fin de cuentas, más se aprecia al que reprende que al que adula.

Proverbios 28:23

 

Es mejor reprensión que adulación. Simular, palabra que he utilizado, es fingir. Por eso hay simulacros. Simulador es el fingidor, aquel que anda  por la vida como en un baile de máscaras, cambiando de careta cada vez que se encuentra con una persona, pero nunca se muestra como es. Y, ¡cosa terrible! disimular es simular dos veces. ¿Se ha dado cuenta que la gente  disimula muchas cosas? El que disimula es doblemente hipócrita, dos veces simulador, dos veces fingidor.

 

La amabilidad fingida es una trampa

No es necesario movernos del maravilloso libro de los Proverbios para continuar con nuestra enumeración. Leamos:

El que adula a su prójimo le tiende una trampa.

Proverbios 29:5

 

¿Saben una cosa?  Yo siempre me pongo en guardia cuando alguien se me acerca y me dice: “Oye, pastor, como tú no hay nadie en la zona tórrida, eres  la versión rústica de San Pablo” y cosas por el estilo. Me hacen temblar esa clase de palabras porque detrás de ellas está agazapado un traidor. Ahora bien, uno debe reconocer el mérito ajeno, por supuesto; pero hacerlo sin adulación y sin exageración. Digamos  lo justo, como Jesús lo enseñó. Y mucho cuidado, pues la falsa amabilidad despierta la vanidad.

 

Los estafadores son amables

Ahora volvemos a las valiosas enseñanzas del apóstol de los gentiles:

 

Como saben, nunca hemos recurrido a las adulaciones ni a las excusas para obtener dinero; Dios es testigo.

1 Tesalonicenses 2:5

 

Lo que Pablo afirma aquí es bien simple: “Yo no soy un estafador,  nunca le he  sacado la plata a nadie utilizando adulaciones ni zalamerías. Dios mismo es testigo de que jamás he actuado en esa forma”. Adulaciones y excusas dice el apóstol. Cuántas personas se nos acercan en las iglesias, llenas  de buenas maneras, gente aparentemente amable, pero que solo trata de ablandarnos a base de adulaciones para sacar provecho de nosotros. Hay que tener especial cuidado con tales burladores y engañadores que abundan en los grupos cristianos de hoy. Eso no es  amabilidad, sino solamente un disfraz. Mucho ojo, porque el adulador puede ser un estafador.

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Fruto Eterno, página 152-153)

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VI-MAR-02

El tesoro de la amabilidad | Lo que no es la amabilidad P2

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No es halagar al prójimo

Algunos  piensan que la amabilidad consiste en decirle al prójimo con voz engolada: “Yo te amo”,  y pasarle la mano por la espalda, desde donde esta comienza hasta donde termina su dulce nombre, friccionándolo en una forma que a veces resulta fastidiosa. Estas son costumbres de una subcultura “evangelicoide” que nosotros hemos heredado.  Pero la Biblia es muy clara al respecto:

 

Yo no sé adular a nadie si lo hiciera, mi Creador me castigaría.

Job 32:22

 

En medio del dolor, el despojo,  la ruina,  la pobreza,  la miseria, el luto, el abandono de su mujer y  la enfermedad, Job es un hombre íntegro, se conserva en su ley, y razona: “Yo no trataré de arreglar mis problemas adulando a nadie para que me ayude”. En contraste con Job, cuando pasamos por algún  fracaso, tendemos a  volvemos adulones con los demás porque tratamos de que nos tengan misericordia. Jamás debemos olvidar que “el halago recibe mal pago”

 

La zalamería es falsedad

Proverbios es –ni para qué recalcarlo- un libro que habla muchísimo de estos temas, como del diario vivir en general. Aquí un ejemplo:

 

Como baño de plata sobre vasija de barro son los labios zalameros de un corazón malvado.

Proverbios 26: 23

 

Imagínese  una vasija de barro recubierta de plata y tendrá una idea de lo que  es  la zalamería, algo simplemente exterior, un disfraz.  Algunos piensan que son amables sólo porque son zalameros, pero la Biblia  dice que, en el fondo,  tienen corazones malvados. Amabilidad es cordialidad pero zalamería es hipocresía.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Fruto Eterno, página 151-152)

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