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Las Llaves del Poder Tag

VI-AGO-01

La Obediencia

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

El libro de Deuteronomio se atribuye a Moisés, quien, antes de ir a la presencia de Dios, decidió colocar por escrito alguna serie de recomendaciones a sus connacionales, recordándoles cómo Dios los bendeciría si ellos permanecían en obediencia. La parte final del tratado, su colofón, no es de Moisés sino, al parecer de alguno de sus colaboradores, probablemente Josué, quien relata los últimos días del gran legislador hebreo. De este testamento espiritual extractaremos algunas lecciones valiosas.

     

Si realmente escuchas al Señor tu Dios, y cumples fielmente todos estos mandamientos que hoy te ordeno, el Señor tu Dios te pondrá por encima de todas las naciones de la tierra.  Si obedeces al Señor tu Dios, todas estas bendiciones vendrán sobre ti y te acompañarán siempre.

Deuteronomio 28:1-2.

 

Tendremos ahora la llave de la obediencia. El tema es impopular. Todos, dicen las Sagradas Escrituras, somos rebeldes por naturaleza. Dicho de manera elemental, en palabras sencillas: La rebelión es el pecado original y, por eso, todos nacemos con la inclinación a ser rebeldes. El trabajo de Jesucristo consiste, a través del Espíritu Santo, en llevarnos otra vez a la obediencia, al plan original de Dios. Esta llave abre puertas de bendición sobre la vida humana, pero es una llave de dos vueltas: La primera, escuchar a Dios; la segunda, cumplir fielmente sus mandamientos. Oír la Palabra y llevarla a la conducta. La llave de doble vuelta es, pues, la obediencia. Todo el arte de la vida exitosa depende de esas dos acciones: Escuchar y practicar, pues ciertamente la obediencia es una ciencia.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, páginas 239-240)

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VI-JUL-04

El Silencio | La Reacción del Creyente

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

El poder del silencio.  En el amor de la pareja humana encontraremos exacto lo que nos dijeron nuestros antepasados coloquialmente: El silencio es más elocuente que la palabra.  En el refranero español encontramos otras verdades: El que calla otorga, lo cual es relativo, pues cuando hay que hablar, hay que hablar. Jesús habló cuando debía hablar. También se ha dicho con mucha razón, en el mismo refranero, que en boca cerrada no entran moscas.

 

Hay que equilibrar el  hablar y el callar, hay que balancearlo en nuestra vida, recordando que el que mucho habla, mucho yerra. Aún en la música, los compositores clásicos incorporan, como parte de la partitura, los silencios. El silencio hace parte de la música. El silencio, un gran tema humano y sobre todo espiritual, ha sido ahogado en medio de la verborrea generalizada. Si los dirigentes y los dirigidos por igual hablaran menos, se entenderían mejor. Actuarían más y acertarían más. Y, por eso, en medio de las crisis yo prefiero, salvo cuando sea para proclamar la verdad, callarme la boca. No atices el incendio, no contribuyas con tus palabras a que esta sociedad se nos siga desmenuzando irremediablemente entre las manos. Recuerda lo que dijo Amós al comenzar este capítulo: El prudente en el mal tiempo calla. Aprende a usar la llave del silencio en forma adecuada y eficaz.

    

 Mis queridos hermanos,  tengan presente esto: Todos deben estar listos para escuchar, y ser lentos para hablar y para enojarse. Santiago 1:19.

 

Si usted es pronto para oír y se demora en hablar, demorará en enojarse, porque la ira sale más fácilmente a través de las palabras. ¡Qué técnica extraordinaria! Tardo para hablar, tardo para airarse, pero pronto para oír, pues por un misterio genético, biológico o anatómico, Dios nos ha dado dos orejas y una boca. ¿Qué significa eso? Que debemos oír el doble de lo que hablamos, que debiéramos hablar la mitad de lo que debemos callar.  Para que los lectores saquen una lección práctica, los invito a usar la llave del silencio diariamente. ¿De qué manera? Durante la oración personal cierra los ojos, inclina el rostro y guarda unos segundos de silencio. Pídele a Dios que actúe sobre tu vida, tu familia, tus finanzas, tu iglesia, tu país, etc. A través de la llave maravillosa del silencio, si lo haces cumplidamente, Dios honrará tu actitud y abrirá la puerta de una completa bendición sobre tu vida.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, páginas 235-237)

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VI-JUL-03

El Silencio | La Reacción del Creyente

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

El poder del silencio.  He aquí una Escritura profundamente misteriosa.

 

Cuando el Cordero rompió el séptimo sello, hubo silencio en el cielo como por media hora.  Apocalipsis 8:1.

 

Imaginemos un silencio de media hora en el cielo.  Los machistas afirman que esa es señal segura de que en el cielo no hay mujeres.  Media hora de silencio en el cielo ¿por qué razón? ¿qué significa eso? Para buscar ¿qué efectos?  Aquí hay sabiduría.  Después de esa media hora de silencio en el cielo, se desatan los ángeles que derraman la ira de Dios sobre la tierra.  Siempre que Dios va a obrar se produce un gran silencio, pues Dios actúa cuando el hombre calla.

 

La palabra y el silencio. Nunca me cansaré de decir que el cristianismo es cuestión de balance y equilibrio. No hay nada más desagradable que el cristiano extremista o fanático, porque eso va en contra de lo que se ha predicado desde los tiempos del apóstol San Pablo: Donde está el Espíritu de Dios, allí hay libertad. Y siempre el Espíritu Santo se encarga de colocar el fiel de la balanza. En síntesis, no se trata de estar todo el tiempo callado, ni de estar todo el tiempo hablando. El silencio y las palabras son alternativos. La llave de la palabra y la llave del silencio son complementarias, pero no simultáneas. Como diría Perogrullo, obviamente uno no puede usar al mismo tiempo la voz y el silencio. No se puede hablar mientras se calla, y no se puede callar mientras se habla. La elocuencia es muy buena, pero la charlatanería es muy mala.

 

No hay que hablar todo el tiempo de todas las cosas y con todas las personas. Eso no es sabiduría ni prudencia, ni eso encaja en el contexto espiritual. El silencio es una llave que abre y cierra puertas espirituales sobre la vida humana. Aún en el amor de la pareja, el silencio juega un papel muy importante. Cuando leo el Cantar de los Cantares concluyo en que Salomón no era carnal cuando escribió ese libro. El amor de la pareja humana es establecido por Dios, ordenado por Dios y bendecido por Dios. El gran poeta chileno, Pablo Neruda, tiene cosas que parecen sacadas del Cantar de los Cantares, y con Neruda podemos tener fronteras ideológicas, pero no fronteras líricas. En sus 20 poemas de amor y de dolor él dijo algo tan hermoso que vale la pena transcribir pues es concerniente para los matrimonios y aún a los novios.

 

Me gustas cuando callas porque estás como ausente

Y me oyes desde lejos y mi voz no te toca,

Parece que los ojos se te hubieran volado

Y parece que un beso te sellara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma,

Emerges de las cosas llenas del alma mía;

Mariposa de ensueño te pareces a mi alma

Y te pareces a la palabra melancolía.

Me gustas cuando callas y estás como distante,

Y estás como quejándote, mariposa en arrullo,

Mujer hecha de música y silencio

Déjame que me calle con el silencio tuyo

Déjame que te hable también con tu silencio,

Claro como una lámpara, simple como un anillo.

Eres como las noches callada y constelada.

Tu silencio es de estrella tan lejano y sencillo

Me gustas cuando callas y estás como distante

Distante y sibilina como si hubieras muerto;

Una palabra entonces, un gesto, una sonrisa,

Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, páginas 233-235)

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VI-JUL-02

El Silencio | La Reacción del Creyente

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El silencio en la tribulación. El libro de las Lamentaciones es una escritura amarga, muy poética y profundamente espiritual. ¿Qué es lo que ha sucedido? Jeremías vio cumplido todo lo que profetizó.  Los ejércitos de Nabucodonosor vinieron como langosta bélica.  La ciudad de Jerusalén, donde el profeta se ha quedado a vivir, está desolada, no ha quedado en ella piedra sobre piedra.  El templo destruido; los edificios gubernamentales, incendiados; la gente llevada cautiva a Babilonia.  Jerusalén es convertida en una morada de animales salvajes, de chacales y liebres, de ratas y topos.  Hay hedor de los cadáveres, pues los babilonios incluso masacraron a niños recién nacidos pasándolos a filo de espada. Cosa terrible el juicio de Dios sobre la ciudad. Allí está Jeremías en medio de esta caótica situación, y ¿qué dice?

 

Bueno es esperar calladamente a que el Señor venga a salvarnos. Lamentaciones 3:26.

 

En medio de tanto dolor, de tantas cenizas, de tantas ruinas de la ciudad deleitosa convertida en un montón de escombros, el profeta exalta el poder del silencio. Jeremías observa que su palabra se ha cumplido.  El hizo el trabajo de Dios, pero está muy triste, lamentándose. Por eso su libro es terrible.  No obstante la columna vertebral de Lamentaciones dice: Es bueno esperar en silencio.  En medio de la tribulación hay que guardar silencio, entiende Jeremías. Como ilustración, examinaremos algunos versos de este poeta angustiado.

 

 Yo soy aquel que ha sufrido la aflicción bajo la vara de su ira.  Me ha hecho andar en las tinieblas; me ha apartado de la luz.  Una y otra vez, y a todas horas, su mano se ha vuelto contra mí.  Me ha marchitado la carne y la piel; me ha quebrantado los huesos.  Me ha tendido un cerco de amargura y tribulaciones.  Me obliga a vivir en las tinieblas, como a los que hace tiempo murieron.  Me tiene encerrado, no puedo escapar; me ha puesto pesadas cadenas.  Por más que grito y pido ayuda, él se niega a escuchar mi oración.  Ha sembrado de piedras mi camino; ha torcido mis senderos.  Me vigila como oso agazapado; me acecha como león.  Me aparta del camino para despedazarme; ¡me deja del todo desvalido! Con el arco tenso, me ha hecho el blanco de sus flechas.  Me ha partido el corazón con las flechas de su aljaba.  Soy el hazmerreír de todo mi pueblo; todo el día me cantan parodias.  Me ha llenado de amargura, me ha saturado de hiel.  Me ha estrellado contra el suelo; me ha hecho morder el polvo. Me ha quitado la paz, ya no recuerdo lo que es la dicha. Y digo: La vida se me acaba, junto con mi esperanza en el Señor.   Lamentaciones 3:1-18.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, páginas 229-231)

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008

El Silencio | La Reacción del Creyente

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Dios habla en el silencio. En estas grandes manifestaciones de la naturaleza, Dios no se manifiesta, no habla, no se revela. Por cierto, el profeta no reacciona frente al viento huracanado, ni reacciona frente al terremoto, ni frente al fuego calcinador. Sin embargo, tras el fuego, hay un murmullo apacible y delicado. No en el estruendo del huracán, del terremoto, del fuego crepitante. Cuando se hace completo silencio, cuando se restablece la paz, se percibe un silbo suave. Entonces el profeta, que es espiritual, que no reaccionó frente a los otros fenómenos, lo hace positivamente.

 

Cuando Elías lo oyó, se cubrió el rostro con el manto y, saliendo, se puso a la entrada de la cueva. Entonces oyó una voz que le dijo: -¿Qué haces aquí Elías? Vers. 13.

 

La voz del Señor en el silencio. A través de un siseo delicado y apacible en una cueva de la montaña. Dios no habla en el estruendo, sino en el silencio. Algunas personas piensan que en medio de grandes manifestaciones el Señor hablará. No es verdad. En reposo y descanso te pastorearé. El Señor se manifiesta, si, a través de fenómenos naturales, porque su presencia es incontenible. Hasta los seres inanimados reaccionan a ella. Sopla el viento y la tierra tiembla, viene un fuego que quema la arboleda porque Dios está allí. Pero la voz de Dios solo puede oírse cuando todo está en calma y en silencio. El silbo apacible y delicado nos enseña una lección espiritual. Dios no habla en el estruendo sino en el silencio.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, páginas 228-229)

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007

El Silencio | La Reacción del Creyente

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Dios habla en el silencio. En el silencio nos podemos oír a nosotros mismos. En el bullicio es muy difícil escucharnos. Uno de mis poetas favoritos, Antonio Machado, creía en Jesucristo, aun cuando no se supo que estuviera matriculado en alguna iglesia. A veces en sus versos dice cosas que solo pueden ser de un renacido. Cuando él murió, Rubén Darío, el más grande de los poetas de lengua castellana, le escribió una elegía, cuyo estribillo es elocuente y conmovedor.

 

Silencioso y misterioso
iba una y otra vez,
su mirada era tan profunda
que apenas se podía ver.

 

Gran descripción sobre el carácter de Antonio Machado. Tenía esa mirada tan profunda, que apenas se podía ver, por ser un hombre que escuchaba en el silencio cosas extraordinarias. El propio Machado, en un poema autobiográfico expresa:

 

Detesto las romanzas de los tenores huecos
Y el coro de los grillos que chillan a la luna;
A distinguir me paro las voces de los ecos
Y entre las voces oigo, únicamente, una.

 

Aquí hay sabiduría. Pablo dijo: Examinadlo todo y retened lo bueno. Lo que escucha Antonio es la voz interior, la voz de Dios. Es en el silencio donde podemos percibir voces, sonidos, diapasones que no se oyen en medio del bullicio. Dios habla siempre en la armonía del silencio. Tengo un ejemplo bíblico maravilloso. El profeta Elías ha tenido una gran batalla con los sacerdotes de Baal y de Asera y los ha derrotado. Ahora Jezabel lo busca para quitarle la vida. Ha estado deprimido largo tiempo, le ha pedido a Dios que se lo lleve, que no resiste más la vida terrenal. Está muy triste, realmente desalentado, lleno de angustia. Entonces un ángel viene, lo reconforta y le ordena que vaya al monte para escuchar la nueva revelación que Dios tiene para darle.

 

El Señor le ordenó: -Sal y preséntate ante mí en la montaña, porque estoy a punto de pasar por allí. Como heraldo del Señor vino un viento recio, tan violento que partió las montañas e hizo añicos la roca; pero el Señor no estaba en el viento. Al viento lo siguió un terremoto, pero el Señor tampoco estaba en el terremoto. Tras el terremoto vino un fuego, pero el Señor tampoco estaba en el fuego. Y después del fuego vino un suave murmullo. 1 Reyes 19:11-12.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, páginas 227-228)

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006

El Silencio | La Reacción del Creyente

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Se supone que nosotros estamos en la iglesia para aprender a ser imitadores de Cristo. Él vino a nosotros para enseñarnos cómo vivir en la tierra y no exclusivamente darnos la salvación eterna. Él dijo: Aprended de mí. Pero no dice que aprendamos solo lo que nos parece agradable; sino que debemos aprender absolutamente todos los secretos conductuales que Él nos enseñó. Para que las cosas queden claras, no estoy enseñando a callar cuando hay que hablar. Se trata de no hablar cuando tenemos que callar, puesto que Jesús calló, pero después habló. El rey Salomón discierne la oportunidad de las cosas humanas: Hay tiempo para callar y hay tiempo para hablar. Tenemos la llave de la palabra y la llave del silencio. No trabaja la una sin la otra. Hay una llave de la palabra y hay una llave del silencio, que deben usarse alternativamente, pero en concordancia.

 

Con motivo de un documento que firmaron en la ciudad del Vaticano la Federación Luterana Mundial y la Iglesia Católica Romana, mucha gente afirma que ya se unificó el cristianismo. No sean ligeros, hay que pensar antes de hablar. Claro yo celebro mucho que 500 años después de Martín Lutero, la iglesia romana haya dado el primer paso algo tímidamente.

 

¿Qué fue lo que acordaron los luteranos y los católico-romanos? Declarar solemnemente, de acuerdo las dos iglesias, que la salvación y el perdón de Dios vienen únicamente por fe mediante la gracia de Dios, y que las obras son un resultado de la fe. Es una buena rectificación de Roma. Me alegro que esta iglesia se empiece a reformar, pero no voy a tirar las campanas al viento porque sucede que Martín Lutero tuvo noventa y cinco desacuerdos con Roma y apenas han acordado uno. Faltan noventa y cuatro todavía por discutir.

 

Un buen ejemplo, pues, de que no hay que hablar antes de pensar, porque podemos cometer un error grave.

 

La paciencia del silencio. Este salmo es uno de mis favoritos. Hay que leerlo con frecuencia. ¿De qué nos habla fundamentalmente? De cómo prosperan los malos a la vista de los buenos. Pero ¿cuál será el final de los malos? Y ¿cuál será el final de los buenos? Y ¿cómo debemos reaccionar cuando vemos que la maldad crece?

 

“No te irrites a causa de los impíos ni envidies a los que cometen injusticias; porque pronto se marchitan, como la hierba; pronto se secan, como el verdor del pasto. Confía en el Señor y haz el bien; establécete en la tierra y manténte fiel. Deléitate en el Señor, y él te concederá los deseos de tu corazón. Encomienda al Señor tu camino; confía en él, y él actuará. Hará que tu justicia resplandezca como el alba; tu justa causa, como el sol de mediodía. Guarda silencio ante el Señor, y espera en él con paciencia; no te irrites ante el éxito de otros, de los que maquinan planes malvados”. Salmo 37:1-7.

 

El salmo tiene una columna vertebral, un eje, alrededor del cual gira todo su contexto: Es el versículo 7. El gran secreto consiste en guardar silencio delante de Dios y que entonces las bendiciones del salmo vendrán todas sobre tu vida. Es guardando silencio. Algunas personas se imaginan que el silencio es solo ausencia de ruido. Eso es ser muy elemental y mediocre en las apreciaciones. El silencio es algo mucho más profundo. El silencio es música. Los grandes creadores realizaron su obra, no en medio del bullicio, sino en medio del silencio.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, páginas 225-227)

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005

Las Reacciones de Jesús | El Silencio

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La profecía del silencio. Aquí no hay ninguna paradoja. Cierto que suena muy raro, Profecía del Silencio, pues todas las profecías se dicen con palabras, y el poder de la palabra se utiliza precisamente para profetizar. ¿Profecía del silencio? Es lo que vamos a analizar, porque las predicciones de Isaías, siete siglos antes de este juicio en la ciudad de Jerusalén, fueron milimétricas y perfectas.

 

Maltratado y humillado, ni siquiera abrió su boca; como cordero, fue llevado al matadero; como oveja, enmudeció ante su trasquilador; y ni siquiera abrió su boca. Isaías 53:7.

 

Esta escena, como hemos leído en los Evangelios, está clara: Ante Pilato, él estaba maltratado y humillado. Ante Herodes, él estaba maltratado y humillado. Ante el Sumo Sacerdote, él estaba maltratado y humillado. Pero ante todos tres, guardó silencio. Por tres veces el profeta habla del silencio del Mesías. Ante Pilato no abrió su boca. Enmudeció ante Herodes. No abrió su boca ante el Sumo Sacerdote. Lo dijo tres veces Isaías, lo hizo tres veces Jesús. Hay que aprender algo aquí: en la aflicción y en la angustia, no abrir la boca, porque la profecía se cumple en el silencio.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, página 224)

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004

Las Reacciones de Jesús | El Silencio

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La razón para hablar. Muchos dirían: Hay que callar siempre, nunca debemos hablar por ningún motivo.

 

-¿Eres el Cristo, el Hijo del Bendito? -le preguntó de nuevo el sumo sacerdote. Marcos 14:61b.

 

He aquí una novedad. No se dice: Jesús guardó silencio, Jesús no abrió la boca, Jesús calló. No. Inmediata-mente…

 

-Sí, yo soy -dijo Jesús-. Y ustedes verán al Hijo del hombre sentado a la derecha del Todopoderoso, y vinien-do en las nubes del cielo. Vers. 62.

 

Aquí Jesús no calla, sino abre los labios para hacer una solemne declaración. Conviene entender correctamente bien la diferencia de reacción de Jesús. Ante Pilato no dice una sola palabra. Ante Herodes guarda total silencio. Ante el Sumo Sacerdote reacciona de dos maneras distintas: Si es para contestar lo terrenal, no hablaré. Si es para contestar lo celestial, hablaré. Permanece en silencio, ante el reto de lo humano, pero no tarda en contestar ante el reto de lo divino. Si la autoridad espiritual lo confronta sobre el juicio, los falsos testimonios, todo lo que le están achacando, Jesús calla. Pero, cuando su autoridad espiritual lo confronta en el nombre del Padre, sobre la naturaleza de su filiación divina, Jesús habla claro, sin ambages; habla para que no haya duda ni confusión. Para dar testimonio de sí mismo, Jesús habla; para reconocerse como Hijo de Dios, Jesús habla. Para eso vino, para dar testimonio de la verdad; no para contestar calumnias, no para polemizar sobre falsos testimonios, no para recoger la basura verbal del piso. Lo condenaron por ser testigo de la verdad, es decir, testigo de sí mismo.

 

-¿Para qué necesitamos más testigos? -dijo el sumo sacerdote, rasgándose las vestiduras-. ¡Ustedes han oído la blasfemia! ¿Qué les parece? Todos ellos lo condenaron como digno de muerte. Vers. 63-64.

 

Digno de muerte ¿por qué? Por proclamar la verdad, por dar testimonio de su Padre celestial y de su propia persona divina hecha un hombre como tú y como yo. Pero en las falsas acusaciones calló, y es precisamente el silencio de Jesús lo que hace posible que nosotros hablemos hoy en libertad. Literalmente nuestra redención nació del silencio de Jesús. Ante las calumnias calla. Ante las injurias calla. Ante los acosos calla. Ante los ataques calla. Ante los insultos calla. Ante las provocaciones calla. Esa es la gran lección.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, páginas 222 – 224)

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El Silencio | Las Reacciones de Jesús 3

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La reacción ante el Sumo Sacerdote. Bueno, las autoridades políticas son una cosa. Pero, ¿cómo reacciona Jesús ante la autoridad espiritual? No es una cosa de poca monta lo que estamos analizando. Jesús va ante el representante del Emperador y guarda silencio. Ante la autoridad local, el rey en su tierra, el Tetrarca de Galilea, guarda silencio. Pero ¿qué pasará cuando lo lleven a una autoridad diferente que es el Sumo Sacerdote? Jesús es un judío, está obligado a cumplir la Ley de Moisés, y ahora comparece ante la máxima autoridad espiritual del judaísmo.

 

Poniéndose de pie en el medio, el sumo sacerdote interrogó a Jesús: -¿No tienes nada que contestar? ¿Qué significan estas denuncias en tu contra? Pero Jesús se quedó callado y no contestó nada. Marcos 14:60-61.

 

A veces no nos damos cuenta de todas las lecciones que vienen de Jesús. El Sumo Sacerdote es su autoridad. Jesús estuvo en todo sometido a la ley, cumplió hasta la última jota y la última tilde. Ahora la bomba de tiempo está en el templo: Jesús callaba y nada respondía. Calla primero frente al gobernador del Imperio, calla después frente al rey de su nación, y calla también frente a la autoridad del templo en Jerusalén. El Sumo Sacerdote no puede ser desacatado. ¿Quién se cree este carpintero de aldea tan particular, que no sólo calla ante la autoridad política, sino que ahora guarda silencio ante el líder máximo, que es el sumo sacerdote? Es como si un condenado a muerte no le contestara al Papa de Roma, en el contexto católico-romano. Pensemos ahora: Eras tú, era yo, éramos nosotros los que debíamos estar allí siendo interrogados. Y nosotros no seríamos interrogados ni por el representante del Imperio, ni por una autoridad local, ni por un Sumo Sacerdote en la tierra, sino por el Dios Eterno a causa de nuestros pecados. ¿Qué le habríamos contestado? Nada, o quizás, como lo hacemos, una buena tontería. Pero te tengo una noticia: No fue necesario. Jesús calló para que nosotros pudiéramos hablar.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, páginas 221-222)

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