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Sexo en la Biblia Tag

VI-JUL-01

La Soledad Compartida | La procreación

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Los hijos son un don incomparable de Dios y lo menos que se debería hacer por ellos es procurarles una familia equilibrada, emocional y espiritualmente; por desgracia, cada día aumenta el número de niños que vienen al mundo sin hogar, como productos de la fornicación, y abundan igualmente los que nacen y crecen en hogares destruidos o en conflicto. Dos pasajes paralelos de la Biblia arrojan luz al respecto:

 

“Y los bendijo con estas palabra: Sean fructíferos y multiplíquense” (Génesis 1:28a).

 

La orden reproductiva dada por el Creador a la primera pareja humana otorga solemnidad al acto sexual. Al degenerarse la prístina idea, como ya lo hemos analizado, la civilización cainita llega a su fin mediante el Diluvio; pero, después de este, Dios repite la misma orden original a la familia encargada de repoblar el planeta:

 

“Dios bendijo a Noé y a sus hijos con esta  palabra: Sean fecundos,

multiplíquense y llenen la tierra” (Génesis 9:1).

 

Se observa en los dos casos por igual una pauta que, al pasarse por alto, es la causa fundamental de los fracasos en noviazgos y matrimonios: primero bendición, después procreación; dicho de otro modo, ha de realizarse el matrimonio antes de emprender el acto reproductivo. Muchos sufren daños insoportables por alterar ese orden básico, ya que la anti-regla usada y abusada pareciera ser: primero el sexo y la procreación; y, después, la bendición, la cual generalmente llega como una salida de apuros, o para legalizar situaciones de hecho. En cuanto a la reproducción, como se ha señalado anteriormente, debe planificarse en oración, bajo la guía del Espíritu Santo, en perfecto acuerdo de los dos cónyuges y sin el empleo de métodos abortivos.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Sexo en la Biblia, páginas 211-212)

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VI-JUN-05

La Soledad Compartida

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LA COMPAÑÍA

A veces se pasa por alto una verdad incuestionable: lo primero que Dios decide respecto al hombre no es que se reproduzca, sino que tenga compañía. El texto sagrado no deja dudas al respecto:

 

“Luego Dios el Señor dijo: No es bueno que el hombre esté solo” (Génesis 2:l8a).

 

De donde se desprende que el matrimonio, en el plan de Dios es, antes que nada, un pacto de compañía, un remedio contra la soledad. En la pareja humana se hace posible la “soledad compartida”, de que habló el poeta checo Ranier María Rilke, un ideal que se cumple cuando “dos soledades mutuamente se limitan, se toleran y se reverencian”.

 

El matrimonio no es un simple dormir juntos; es, sobre todo, soñar y despertar juntos, desayunar juntos, reír y llorar juntos, juntos disfrutar la prosperidad y soportar la estrechez; y, de vez en cuando, inevitablemente, reñir y reconciliarse. ¿No hacemos lo mismo, a cada paso, con el propio Dios?

 

LA AYUDA

Si fuésemos lógicos en la lectura bíblica, veríamos que la segunda intención clara de Dios es que el hombre tenga alguien que le ayude, una colaboradora eficiente, en la administración de los bienes que se le han encomendado.

 

“Voy a hacerle una ayuda adecuada” (Génesis 2:18b).

 

Dicho en términos de hoy, el matrimonio es una sociedad limitada en la cual el hombre,  representante legal del Gran Empresario Universal, marcha hombro a hombro con su socia, la mujer, en el ejercicio de la mayordomía sobre los recursos, las finanzas y las posesiones puestos a su disposición generosamente por el Dueño de todo y de todos. Es deplorable que la idolatría del dinero haya llegado al extremo de que, en los Estados Unidos de América, los contrayentes firmen, antes de realizar las bodas, el llamado “contrato prenupcial”, en cuyas cláusulas se especifican con pelos y señales los bienes materiales para que quede claro qué es lo tuyo, y qué es lo mío, como si naturalmente todo no fuese lo nuestro.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Sexo en la Biblia, páginas 209-211)

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VI-JUN-04

La Soledad Compartida

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El acto por medio del cual se entregan el uno al otro un hombre y una mujer es la expresión del  impulso de unidad que guía las acciones humanas. Nadie puede vivir solo; por eso el cristianismo es colectivista, no individualista,  se muestra adverso a la “yoidad”, reemplaza toda forma de exaltación del ego: egocentrismo, egoísmo, egolatría, narcisismo por el esfuerzo heroico de amar al prójimo como al propio ego. Somos miembros los unos de los otros, ovejas de un rebaño con Jesucristo como pastor. En tal orden de ideas, Adán separado de Eva y Eva separada de Adán se fusionan en el supremo acto de unión del hombre y la mujer, que es entregarse el uno al otro para integrarse, para descubrirse (conocerse, dice la Biblia) en el cónyuge, que es como descubrir al hombre, o que es propiamente conocer al hombre.

 

El sexo, pues, ha sido creado por Dios  y es un vehículo de realización a través del cual se nos manda a procrear, deleitarnos con nuestra pareja y guardar la pureza personal. La espiritualización radical termina cuando el enamorado experimenta el complejo de Otelo y  siente celos o los provoca, o cuando sus sentidos –vista, oído, olfato, gusto y tacto- le gritan que no se acostará con un espíritu. Los espíritus no se acuestan, pero generan el sentimiento que hace al alma desear y al cuerpo poseer. Un joven de semblante preocupado me abordó para comentarme que, por un servicio de consejería cristiana a través de Internet, se le había dicho que era pecado desear a la novia. Mi comentario fue sencillo: -Hay tres verbos que tú debes conjugarle a tu chica: Te amo, te necesito, te deseo, en ese orden; si falta uno de los tres, estás en graves problemas. Si no desearas a tu novia serías un anormal; canaliza tu natural deseo hacia la meta del matrimonio. Exigirle a un muchacho que no sienta apetito sexual, más que una tontería o una crueldad, es un esperpento.

 

El único parámetro dispuesto por Dios para que el ejercicio del sexo tenga su aprobación es el matrimonio, en el cual son identificables, entre muchas, seis bendiciones: compañía, ayuda, procreación, pureza, deleite y unidad espiritual. El adulterio vuelve añicos ese prisma. El caso del rey David y Betsabé, expuesto a lo largo de 2 Samuel 11 y 12, es bien significativo. Luego de asesinar a Urías por medios indirectos, y pagar con la muerte del hijo de la unión aborrecible su pecado, David y Betsabé se arrepintieron (Salmo 51) y fueron perdonados y bendecidos por Dios con el nacimiento de Salomón. En algunos grupos eclesiásticos de hoy estos antepasados directos de Jesús serían escarnecidos, vejados, tratados con inclemencia y hasta expurgados del Cuerpo. Inexplicablemente algunos dan prelación a la justicia sobre la misericordia y terminan prefiriendo el adulterio al divorcio.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Sexo en la Biblia, páginas 208-209)

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VI-JUN-03

La Soledad Compartida

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Ningún factor humano ha sufrido tantas distorsiones religiosas como el erotismo, su función y desarrollo, por ser precisamente el vehículo del amor que tiene chispa espiritual, fuerza motriz síquica y explosión corporal. La reivindicación del erotismo será posible si se comprende que el espíritu por si solo no puede expresar amor, el alma por si sola percibe el amor pero no lo concreta, el cuerpo por si solo únicamente animaliza el amor. El ser humano integral ama en su espíritu, siente el amor en  su alma y lo expresa en su cuerpo. La disgregación de los elementos constitutivos del hombre trino y uno –espíritu, alma y cuerpo- hace de él un amador incompleto y, por lo tanto, insatisfecho y acongojado, de quien Albert Samain ha dicho que, más allá del orgasmo, “el hombre es un animal triste”.

 

En la frontera modernidad-posmodernidad, Erich Fromm es a la psicología lo que Paul Tillich es a la teología. En su Arte de Amar, el pensador judeo-alemán habla de lo que llama “separatidad”, que es la vida conciente de sí misma en sí misma. El hombre está dotado de razón y, por lo tanto, se sabe y se siente a si mismo como un ser separado que necesita integración y unidad con Dios y con sus semejantes.

 

Esa conciencia de sí mismo como una entidad separada, la conciencia de su breve lapso de vida, del hecho de que nace sin que intervenga su voluntad, de que morirá antes que los que ama, o estos antes que él, la conciencia de su soledad y “separatidad”, de su desvalidez frente a las fuerzas de la naturaleza y de la sociedad, todo ello hace de su existencia separada y desunida una insoportable prisión. Se volvería loco  si no pudiera liberarse de su prisión y extender la mano para unirse en una u otra forma con los demás hombres, con el mundo exterior”

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Sexo en la Biblia, páginas 206-207)

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VI-JUN-02

La Soledad Compartida

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“Amar no es mirarse uno a otro; es mirar juntos en la misma dirección” – Saint-Exupéry

 

Entendido el hombre como una tricotomía –espíritu, alma y cuerpo- se percibe que el catolicismo romano es una religión del alma, por el alma y para el alma; en tanto la llamada iglesia evangélica quiere organizar una religión del espíritu, por el espíritu y para el espíritu. El primer sistema, al enfatizar lo psíquico, es más bien mental y se inclina al humanismo; el segundo, al resaltar lo espiritual, ha pasado por alto que el hombre es también un  ser anímico y, por lo mismo, sentimental, sensible y sensitivo, con necesidades psicológicas y fisiológicas muy concretas. La antropología católica y la evangélica por igual rebajaron así al cuerpo humano a algo indigno, un intruso o un estorbo en la persona ideal, despojándolo de la importancia que le es propia. Convendría a los dos bandos recapacitar en la portentosa precisión de Justino Mártir:

 

“El cuerpo es la casa del alma,

el alma es la casa del espíritu”.

 

Los tres componentes del ser humano no deben disociarse, forman un todo integral: el espíritu trasciende; el alma comprende (mente), aprehende (emociones) y distiende (voluntad); el cuerpo, por su parte, tiende, enciende y suspende el impulso interior. Valdría la pena preguntarse qué es más torpe: una religión del alma o una religión sin alma. La iglesia es un  edificio construido de piedras vivas, lo cual significa seres espiritual-psíquico-somáticos en plenitud de actividad. Muchos grupos eclesiásticos no son espacios para la libertad sino reductos de la prohibición: prohibido reír, prohibido jugar, prohibido enamorarse, prohibido divertirse, prohibido sentir. ¡La crucifixión del alma! No hay redención sin Getsemaní, es cierto; pero no hay cristianismo sin resurrección. El Gólgota es un gran accidente, necesario e inevitable; pero en la tumba vacía por la resurrección se ha ahogado para siempre el gemido existencial de Adán.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Sexo en la Biblia, páginas 205-206)

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003

Dios Fertiliza lo Estéril | Avivamiento

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Meditemos ahora en el plan siniestro de las tinieblas para eliminar la vida del Mesías: el decreto real que ordenó el infanticidio colectivo comúnmente llamado “matanza de los inocentes”. El niño que Satanás quiso asesinar a través de Herodes es el fruto del más bello embarazo que la historia conoce:

 

“¿Cómo podrá suceder esto le preguntó María al ángel- puesto que soy virgen? –El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Así que al santo ser que nacerá lo llamarán Hijo de Dios” (Lucas 1:34-35).

 

De esta manera se hizo hombre el Autor de la vida, para librarnos de la muerte. El aborto es muerte. Satanás tiene el imperio de la muerte. Históricamente, sin embargo, en medio de los genocidios, los predestinados superviven: Faraón no pudo truncar la vida de Moisés. A Herodes le fue imposible matar a Jesús. Tampoco pudo hacerlo con Pedro, Andrés, Juan y Jacobo, Simón el zelote y Tomás el Dídimo; pues en la matanza de los inocentes podían estar incluidos los apóstoles y todos los que, siendo sus contemporáneos, fueron objeto del ministerio directo de Jesús en su tiempo: Lázaro el resucitado, Bartimeo el ciego, Nicodemo el intelectual, Zaqueo el millonario.

 

Hoy, como en los tiempos de Faraón y en los de Herodes, Satanás quiere exterminar a los niños. Siempre que se aproxima un avivamiento espiritual, ocurre otro tanto. ¿Será esta la razón por la cual el sacrificio inmisericorde de bebés se halla tan difundido en nuestra época? Quizás estemos a vísperas de un gran acontecimiento, presidido por aquel de quien se ha escrito:

 

“Por tanto, ya que ellos son de carne y hueso, él también compartió esa naturaleza humana para anular, mediante la muerte, al que tiene el dominio de la muerte –es decir, al diablo-, y librar a todos los que por temor a la muerte estaban sometidos a esclavitud durante toda la vida” (Hebreos 2:l4-l5).

 

El control poblacional, la contracepción sin límites y el aborto, sumados a la desnutrición, las epidemias y la guerra mantienen a la especie humana bajo un incesante holocausto infantil. Es deber de la iglesia proteger a los pequeños sobrevivientes de hoy, y a los que se hallen en camino, para garantizar la nueva sociedad que prepare la manifestación definitiva del Dios de la vida.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Sexo en la Biblia, páginas 203-204)

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002

Dios Fertiliza lo Estéril | Esterilidad

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Pasando a otro tema, hay personas estériles desde el punto de vista de la genética, hombres que no engendran, mujeres que no conciben; y la teología de algunos grupos, sobre todo los reproduccionistas, está muy perturbada con este asunto. ¿Cómo decirle a una persona estéril que estará en pecado cuando se una sexualmente con su pareja, a sabiendas de que no pueden tener hijos? Es una aguda pregunta, en la cual sale involucrado en persona el mismísimo Abraham, al igual que muchos hombres y mujeres santos que tuvieron –y tienen- ese problema, sin que nadie sensato pueda acusarlos de pecado en el ejercicio de las relaciones conyugales. Pero Dios fertiliza lo estéril, como es fácil demostrarlo a través de una serie rapidísima de ejemplos bíblicos. Sara, mujer del padre de la fe, era de vientre estéril; pero, a la avanzada edad de noventa años, siendo su esposo casi de cien, fue fertilizada milagrosamente por el poder de Dios y parió a Isaac, llamado por esa causa “el hijo de la promesa”. Este, por su parte, contrae matrimonio con Rebeca, quien padece la misma anomalía; una vez más, el Dios de los imposibles se manifiesta milagrosamente y, como si quisiera abundar en demostraciones de poder, bendice a la pareja con gemelos: Esaú y Jacob, troncos patriarcales de dos naciones numerosas.

 

Jacob, por su parte, profundamente enamorado de su prima Raquel, paga un altísimo precio por ella: catorce años de duro trabajo, con el deprimente resultado de que el amor de su vida es estéril; Raquel, mujer de fe, deposita el asunto en manos de Dios y él, una vez más, hace resplandecer su omnipotencia como respuesta a la oración: La estéril se convierte en madre de José y Benjamín, dos patriarcas claves en la historia nacional del pueblo de Israel.

 

En la época turbulenta de los Jueces, la mujer de un varón llamado Manoa adolece de idéntica limitación: esterilidad; Dios le envía un ángel para darle la buena noticia de que su matriz servirá al propósito divino de darle a la nación en servidumbre un libertador. Así nace Sansón, quien rompe las cadenas del yugo filisteo sobre sus connacionales.

 

Uno de los personajes de más alto relieve de la Biblia es Samuel, el último de los jueces y el primero de los profetas, cuya vida fue posible porque su madre Ana, mujer de matriz infértil, oró clamorosamente al Señor y obtuvo abrumadora respuesta. Sí, Dios fertiliza lo estéril. De ello es prueba poderosa, así mismo, una historia que nos toca muy de cerca en la frontera espiritual definitiva, donde se cierra el a.C. para que el d.C. haga posibles todas las cosas. Un sacerdote llamado Zacarías se hallaba en situación idéntica a la de sus antecesores ya mencionados: estaba casado con una mujer estéril; pero el Dios de los imposibles envía un ángel a darle buenas noticias:

 

“El ángel le dijo: -No tengas miedo, Zacarías, ha sido escuchada tu oración. Elisabet te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan” (Lucas 1:l3).

Y, por cierto, de este Juan dijo el propio Redentor expresamente que era el más grande de todos los nacidos de mujer.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Sexo en la Biblia, páginas 200-202).

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001

Dios Fertiliza lo Estéril | Clonación

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La Comisión Europea pidió la prohibición de la clonación de seres humanos; lo hizo en labios de su comisionado de investigación científica Phillippe Busquen y en términos inequívocos:

 

“La clonación con fines reproductivos debe condenarse no solo por obvias razones éticas y valores morales comunes, sino porque es una práctica completamente irresponsable desde el punto de vista científico”.

 

La agencia Reuters divulgó al mundo la viva protesta del doctor Harry Griffin, famoso clonador de la oveja Dolly, por los anuncios de la empresa Clonaid, vinculada a la secta de los raelianos, sobre supuesta clonación humana. Las palabras textuales del autorizado sabio ponen punto final al tema en las páginas de este libro:

 

“Hay mucho sobre esta historia que no suena a verdadero. Las tasas de éxito en la clonación de otras especies han sido muy bajas, con un montón de problemas surgidos en los fetos y en los clones nacidos. Los intentos de clonar monos han sido desafortunados y la clase de éxito que dice haber tenido Clonaid contradice totalmente la historia de la clonación de otras especies”

 

El paso del tiempo irá dando pautas a la iglesia sobre un experimento que se halla, no digamos en pañales, sino apenas en embrión; pero no deja de ser claro pronóstico de meteorología espiritual que la clonación humana se esté promoviendo por una secta religiosa que rinde culto a extraterretres. Los demonios lo son en sentido muy real. Gracias a Dios, el presidente George W. Bush ha propuesto al congreso de los Estados Unidos una ley que prohíbe todo tipo de clonación humana. En este particular una discusión temprana teología-ciencia caerá en el campo especulativo, como ha ocurrido antes a través de la historia, en una comedia de equivocaciones. A un periodista del sur de la Florida que me preguntó por sorpresa: -¿Qué haría usted si, dentro de unos años, un clon humano quisiera hacerse miembro de su iglesia?, yo le respondí, sonriente: -En ese hipotético caso, entre un clon para Dios y un clon para el diablo, escogería lo primero.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Sexo en la Biblia, páginas 197-198)

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Clonación | Dios Fertiliza lo Estéril

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Mientras escribo, revolotea a mi alrededor otro de mis nietos, Pablo; francamente no me gustaría que lo clonaran. ¡Él es único! Pese a que en escritos anteriores intenté una rápida incursión a este espinoso tema, debo dejar en claro que jamás he pretendido hollar terrenos que me son vedados. ¡Dios me libre del diletantismo! Dicen que cuando Teilhard de Chardin planteó el evolucionismo dentro del ámbito católico-romano, algunos miembros de la jerarquía instigaron su excomunión, la cual no se produjo porque Juan XXIII les replicó: -Yo no puedo condenar lo que no entiendo.

 

Es claro que el padre Teihard y toda su farragosa bibliografía han pasado a buen retiro, como no tardará en sucederle al evolucionismo en su totalidad; pero esta anécdota sirve para que todos nos cuidemos de lanzar opiniones sobre temas propios de los especialistas. Doy gracias a Dios porque el admirado hermano Antonio Cruz es pastor y, también, biólogo, dotado así de autoridad para hablarnos de este tema en un libro que debe ser artículo de primera necesidad para obreros cristianos.

 

Lo anterior no elimina mi natural interés como dirigente espiritual, unido a una sana curiosidad de comunicador social y periodista, acerca de la clonación humana, sobre la cual soy moderadamente escéptico con base en informaciones serias que han sido difundidas profusamente. Veamos algunas: El director general de la Unesco, Koishiro Mansura, recordó en diciembre de 2001 la plena vigencia de la Declaración Universal sobre el Genoma Humano y los Derechos Humanos, que condena categóricamente investigaciones o prácticas encaminadas a la clonación humana con fines reproductivos. El funcionario recalcó:

 

“ la urgencia de hacer todo lo posible, a nivel nacional e internacional, para prohibir experiencias que no solo son científicamente arriesgadas, sino que además son éticamente inaceptables, puesto que constituyen un ataque intolerable a la dignidad humana”

 

Darío Silva-Silva. Extractado del libro Sexo en la Biblia, páginas 178-179)

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In vitro |Dios Fertiliza lo Estéril

  |   Darío Silva-Silva, Visión Integral   |   No comment

Por otra parte, la inseminación artificial, los bancos de semen y los vientres de alquiler que ya proliferan en la sexo-sociedad de consumo, abren graves interrogantes; pero, al margen de la responsabilidad que a los padres corresponda, ¿qué hacer con los seres humanos concebidos y nacidos por tales métodos? ¿No merecen ellos recibir, acaso, el mensaje de salvación igual que cualquier otra persona? Como quiera que sea, el médico posmoderno se está convirtiendo temerariamente en una especie de Frankenstein genético, y experimentos como la clonación humana son extralimitaciones inexcusables. Impresiona la abundancia de pretextos para abortar a un niño, por ejemplo: es hijo de un bígamo, de un asesino, de una ramera, de un incesto, de un adulterio, etc. Si revisamos el capítulo 1 de San Mateo, encontraremos en la genealogía de Jesús a los siguientes personajes: Judá, hijo de Jacob, quien tenía -el segundo- dos esposas y varias concubinas. Fares, hijo de Judá y de la nuera de este, Tamar, quien se disfrazó de ramera para engañar a su suegro. Booz, bisabuelo del rey David, hijo de Salmón en Rahab, la ramera de Jericó. Obed, hijo de Rut la moabita, descendiente de Moab, producto este último de un incesto. Salomón, hijo de David y Betsabé, quienes habían cometido adulterio anteriormente. Amón, hijo de Manasés, es decir, de un idólatra, pervertido sexual, y criminal. Porque todos estos hijos de pecadores no fueron abortados, pudimos tener un Salvador en su descendiente Jesús de Nazaret. Si algo muestra el misterioso amor de Dios por nosotros es el hecho de que su Hijo Unigénito no pudo nacer en la tierra de mejor familia que el resto de los hombres, sino de la raza caída de Adán. Impresiona vivamente que Él se autoproclame Hijo del Hombre.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Sexo en la Biblia, páginas 194-195)

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